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«La noche no es para mí»: el tardeo y la fiesta con luz de día

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«La noche no es para mí / No para mí».

Así de simple es el estribillo de «La noche no es para mí», y así de rotundo. Una frase que mucha gente ha pensado alguna vez a las dos de la madrugada, en una discoteca, con los pies destrozados y la sensación de que todos se lo están pasando mejor que tú.

La canción es oscura. Habla de confusión, de aburrimiento, de soledad, del alcohol corriendo por la sangre como un ritual que se cumple sin ganas. En «La hora del lobo» ya escribí sobre esa cara, la noche oscura de las dos de la madrugada. Hoy quiero mirar la frase desde otro sitio, más luminoso y más cotidiano.

Si la noche no es para mí, ¿qué es para mí? Quizá la tarde. Quizá el vermú del domingo, el tardeo del sábado, la fiesta que empieza a las seis y acaba a las once. Quizá bailar con luz de día y volver a casa en el último metro, con tiempo de quitarte el maquillaje y dormir ocho horas. Quizá la fiesta no tiene por qué ser de madrugada.

El ritual que no apetece

Hay un verso de la canción que describe muy bien lo que le pasa a mucha gente con la noche:

«Noto correr el alcohol / Por mi sangre efervescente / Cumpliendo siempre el ritual»

Cumpliendo el ritual. Es decir, haciendo lo que se supone que hay que hacer, aunque no apetezca. Salir el sábado porque es sábado. Beber porque se bebe. Quedarse hasta el cierre porque irse antes es de aburridos. La noche convertida en una obligación social.

Durante años, en muchos ambientes, y el gay es uno de ellos, la noche ha sido el centro de la vida social. Los bares, las discotecas, las fiestas temáticas. Era el sitio donde podías ser tú, donde encontrabas a los tuyos, donde ligabas. Y eso sigue siendo verdad para mucha gente. Pero también es verdad que no a todo el mundo le sienta bien la noche, ni a todas las edades, ni en todas las épocas de la vida.

Hay quien se da cuenta, a los treinta o a los cuarenta, que ya no le compensa. Que la resaca dura dos días. Que la música está demasiado alta para hablar. Que la gente que le interesa no está en la pista a las tres de la madrugada. Y que el ritual se ha vuelto eso, un ritual, vacío.

Para esa gente, la frase de la canción es casi una liberación. La noche no es para mí. Y no pasa nada.

A las dos ya todo es diferente

«El reloj pasa ya de las 2:00 / Todo a mi alrededor / Se vuelve diferente / Aunque en el fondo sea igual»

Me gusta mucho este verso porque describe ese momento de la noche que todos conocemos: cuando cruzas cierta hora y el ambiente cambia. La gente que estaba hablando ya no habla, baila o se besa o se pelea. Los que estaban sobrios ya no lo están. El bar que era un sitio agradable se convierte en otra cosa.

«Aunque en el fondo sea igual». Ese es el remate. Todo parece distinto a las dos de la madrugada, pero en realidad es la misma gente, el mismo bar, la misma música. Lo que ha cambiado es la luz, el alcohol y el cansancio. El hechizo de la madrugada es, en buena parte, una ilusión óptica.

Por eso el tardeo tiene tanto éxito. Porque mantiene lo bueno de salir, la gente, la música, el baile, las copas, sin esa transformación de las dos de la madrugada. A las ocho de la tarde, el bar sigue siendo el bar. Tú sigues siendo tú. Y cuando te vas, todavía puedes reconocer la calle.

Qué es el tardeo

Para quien no lo conozca, el tardeo es salir de tarde. Así de sencillo. Empezar a tomar algo después de comer o a media tarde, con música, con amigos, a veces con baile, y terminar a una hora razonable. Es algo que se ha extendido mucho por España en los últimos años, sobre todo los fines de semana, con bares y salas que organizan sesiones de tarde.

Fotogramas del videoclip oficial de «La noche no es para mí», de Mike Sain't Louis

En el fondo no es nada nuevo. El vermú del domingo, las verbenas de verano, las fiestas de los pueblos que empiezan con la merienda, las sobremesas que se alargan hasta la hora de cenar. España ha tenido siempre una cultura de tarde muy rica. Lo que ha cambiado es que ahora se le ha puesto nombre y se ha organizado.

Y tiene algo muy interesante: mezcla edades. En un tardeo conviven gente de veinticinco y de cincuenta y cinco, parejas con hijos que han dejado a los niños con los abuelos, amigos que se ven poco, gente que tiene que trabajar al día siguiente. Es una fiesta para quienes tienen vida además de la fiesta.

Bailar con luz

Una de las cosas que más me gustan del tardeo es bailar con luz.

En la noche, la oscuridad lo esconde todo. No se ve si bailas bien o mal, si sudas, si llevas la camisa arrugada. Eso tiene su encanto, una especie de libertad. Pero también tiene su trampa: la oscuridad invita a perderse, y a veces uno se pierde demasiado.

Bailar con luz es otra cosa. Te ves. Ves a los demás. Te das cuenta de que nadie baila como en los vídeos, de que todo el mundo hace el ridículo un poco, y de que eso es precisamente lo divertido. En «El único que no te juzga en la pista» escribí sobre bailar sin ironía a propósito de «Chihuahua», y creo que el tardeo es el mejor sitio para eso. Con luz, la ironía sobra.

Hay canciones mías que me imagino en un tardeo mucho más que en una discoteca a las cuatro. «Camela», por ejemplo, que es pura memoria de verbena. O «Marica chill», que es una canción de playa y de mañana. Son canciones de luz, no de oscuridad.

Volver en metro

Hay un placer muy pequeño y muy subestimado en volver a casa en metro después de salir.

Quien ha salido de noche en Madrid conoce la alternativa. El metro cierra de madrugada, y a partir de ahí quedan el búho, el taxi o la caminata. El búho, el autobús nocturno, es una experiencia antropológica fascinante, pero no siempre apetece compartir asiento con un desconocido que lleva tres horas más de fiesta que tú. El taxi es caro. La caminata, larga.

Con el tardeo, vuelves en metro. Con gente normal, que vuelve del cine o de cenar con sus padres. Te sientas, miras el móvil, te ríes solo de algo que te han mandado tus amigos. Llegas a casa a una hora en que todavía puedes cenar algo, ducharte y meterte en la cama con un libro.

Y luego está el día siguiente. Despertarte un domingo a las nueve, descansado, sin resaca, con la mañana entera por delante. Ir al mercado, desayunar con calma, dar un paseo. Es otra forma de vivir el fin de semana: en lugar de perder el domingo en recuperarte del sábado, lo ganas.

Aburrimiento y soledad

«Busco algún "leitmotiv" / Para saciar de golpe / Aburrimiento y soledad»

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «La noche no es para mí No para mí» de «La noche no es para mí»

Este verso es el más honesto de la canción, y conviene no pasarlo por alto. Muchas veces salimos de noche no porque nos apetezca, sino porque no sabemos qué otra cosa hacer con el aburrimiento o con la soledad. La noche promete llenar ese hueco: ruido, gente, alcohol, la posibilidad de conocer a alguien. Y a veces lo llena. Pero muchas otras, como en la canción, lo deja igual o peor.

En «Siempre apartado entre tanta gente» escribí sobre esa soledad que se nota más en la fiesta, en mitad de la pista, rodeado de cuerpos. Es una de las sensaciones más duras que conozco. Estar en el sitio donde se supone que te lo tienes que pasar bien y sentirte más solo que en casa.

El tardeo no cura la soledad, claro. Nada que tenga horario y música lo hace. Pero tiene una ventaja: es más fácil hablar. A las siete de la tarde, con la música a un volumen razonable, puedes conversar con alguien. Puedes conocerle de verdad, no solo bailar con él. Puedes salir con un número de teléfono y una conversación pendiente, en lugar de con un recuerdo borroso.

Si lo que sientes es una soledad que pesa, que no se va con un plan de fin de semana, no te lo guardes. Háblalo con alguien de confianza. En España, el 024 es la línea de atención a la conducta suicida: gratuita, disponible las 24 horas y también orienta a familiares y amigos; el Teléfono de la Esperanza está en el 717 003 717, y para urgencias, el 112.

Cuánto cuesta la noche

Hay un aspecto práctico de la noche del que se habla poco: el dinero.

Una noche de fiesta en una gran ciudad puede salir carísima. Entrada, copas, taxi de vuelta, el kebab de las cinco de la madrugada que nunca falta. Si sales todos los fines de semana, la cuenta a final de mes asusta. Y si encima la noche no te gusta tanto, estás pagando por algo que ni siquiera disfrutas.

El tardeo suele ser más barato. Los precios de tarde a menudo son más bajos, no necesitas taxi y no hay kebab de madrugada. Es una manera de salir sin arruinarse.

En «Cinco jarras en los Cien Montaditos» escribí sobre el dinero en las primeras citas y sobre el atractivo de los sitios baratos. El tardeo tiene algo de eso: es la fiesta en versión humilde, sin portero ni lista de invitados, al alcance de casi cualquiera.

El alcohol de tarde

No quiero hacer del tardeo una cosa idílica. También tiene sus riesgos, y el principal es el mismo de la noche: el alcohol.

Beber de tarde tiene una trampa. Como empiezas antes, puedes acabar bebiendo más. Una cerveza a las cuatro, otra a las cinco, un vermú a las seis, unas copas a las ocho. A las diez, cuando la noche apenas empieza, tú ya llevas seis horas bebiendo. Y la resaca, aunque llegues pronto a casa, es la misma.

Algunas ideas para que el tardeo no se convierta en una noche adelantada:

  • Come bien antes de empezar. El vermú con aperitivo es una tradición sabia por algo.
  • Alterna con agua o con refrescos. Nadie va a pensar que eres aburrido por pedir una caña sin alcohol.
  • Ponte una hora de vuelta y cúmplela. Esa es la gracia del tardeo: acabar a tiempo.
  • No mezcles demasiado. La cerveza, el vermú, el vino y los cubatas, todo en la misma tarde, es una receta conocida para el desastre.

En «Garrafón y resaca» escribí sobre las noches y las mañanas siguientes de mis letras, con su garrafón y su dolor de cabeza. El tardeo bien hecho debería ahorrarte esa mañana siguiente. Si no lo hace, es que no era tardeo: era una noche que empezó antes de tiempo.

La fiesta sin madrugada en el ambiente

En el ambiente LGTBI, la noche ha tenido una importancia enorme, y por buenas razones. Durante décadas, los bares y las discotecas fueron los únicos espacios donde se podía estar sin esconderse. Eran refugios. Allí se conocía gente, se formaban parejas, se construían familias elegidas.

Collage con un detalle de la carátula de «La noche no es para mí» y las carátulas de «Camela», «Marica chill»

Eso no ha desaparecido, y no tiene por qué. Pero hoy hay más opciones. Hay grupos de senderismo, de lectura, de deporte, de teatro. Hay cafés, librerías y centros culturales. Hay fiestas de tarde y comidas de domingo. Para quien la noche no es para él, por edad, por salud, por gustos o por cansancio, ahora hay otros sitios donde encontrarse.

Me parece importante decirlo porque durante mucho tiempo, en muchos ambientes, no salir de noche era casi como no pertenecer. Si no ibas a las discotecas, no existías. Hoy se puede pertenecer de otras formas. Se puede ser marica de tarde, de domingo, de vermú y de mercadillo. Como el protagonista de «Marica chill», que baja a la playa por la mañana con glitter de la noche anterior, pero con un café en la mano.

Decir que no a un plan

Para que la tarde gane terreno, primero hay que aprender a decir que no a la noche. Y eso, en según qué grupos de amigos, cuesta.

Todos conocemos la escena. Es sábado, el grupo de WhatsApp echa humo, alguien propone salir a las doce y tú, que llevas una semana horrible, solo quieres estar en tu sofá. Escribes «yo creo que paso» y llegan las respuestas: «venga ya», «no seas abuelo», «solo un rato», «que hace mil que no sales». La presión del grupo es amable, pero es presión.

Decir que no tiene una técnica sencilla: dilo pronto, dilo claro y propón otra cosa. «Esta noche no, pero el domingo os invito a un vermú» funciona mucho mejor que un «no me apetece» seco o, peor, que un «ya veré» que todos saben que es un no. Proponer una alternativa deja claro que no rechazas a la gente, sino el horario.

Y si el grupo insiste, no pasa nada por mantenerte. Quien te quiere entenderá que la noche no es para ti, igual que tú entiendes que para ellos sí. Las amistades que solo funcionan a las tres de la madrugada son amistades con horario de discoteca. Y las discotecas cierran.

En «Dos amigos contados» escribí sobre los amigos de verdad y los impostores. Una buena prueba para distinguirlos es esta: ¿siguen contando contigo cuando dejas de salir de noche? Los de verdad, sí. Te proponen otro plan, vienen a tu casa, quedan contigo a la hora del café. Los otros desaparecen con la música.

Planes de tarde que no son bares

El tardeo no tiene por qué ser solo bares con música. Hay muchas formas de ocupar la tarde con otros, y algunas sirven precisamente para salir del círculo de la copa.

Algunas ideas, de las que veo funcionar a mi alrededor:

  • Un mercadillo o un rastro, con parada para comer algo después. Es un plan de mañana que se alarga hasta la tarde sin que nadie lo note.
  • Un cine de sesión de las seis, seguido de una cena temprana para comentarla. Las mejores conversaciones sobre películas se tienen con hambre.
  • Un club de lectura, un grupo de teatro aficionado, un taller de cerámica. Ver a la misma gente cada semana es la forma más antigua de hacer amigos.
  • Un paseo largo por un barrio que no conoces, con merienda al final. Las ciudades cambian mucho a la hora dorada.
  • Una comida en casa que se alarga. La sobremesa española es el tardeo original, y no necesita ni música.
  • Una sesión de baile de tarde, de las que organizan algunos centros culturales y asociaciones. Bailar sin que nadie esté borracho es una experiencia sorprendente.

Muchas asociaciones LGTBI organizan actividades de tarde: grupos de conversación, excursiones, deporte, cine. Para quien la noche no es para él y busca a otra gente del colectivo, son una puerta de entrada mucho más amable que una discoteca a las tres.

La hora dorada

Hay una hora del día que los fotógrafos llaman la hora dorada: el rato antes del atardecer, cuando la luz se vuelve cálida y todo parece más bonito. Las fachadas brillan, las caras se suavizan, hasta el bar más feo parece un decorado de película.

Ficha de la canción «La noche no es para mí» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

El tardeo vive en esa hora. Empieza con el sol alto, atraviesa la hora dorada y acaba cuando ya es de noche, pero sin entrar del todo en ella. Es una fiesta que tiene un poco de cada cosa: la luz del día, el atardecer y las primeras horas de la noche, sin la madrugada.

Me gusta pensar que hay una forma de vivir que se parece a eso. No toda luz ni toda oscuridad. Una vida con sus tardes doradas, sus atardeceres y sus primeras horas de noche, pero que sabe cuándo volver a casa. Que no necesita llegar a las dos de la madrugada para sentir que ha vivido algo.

La canción dice que la noche no es para mí. Yo añadiría, en voz baja, que la tarde quizá sí.

La noche para quien la quiera

No quiero que este texto se lea como un ataque a la noche. La noche tiene su gente y sus milagros, y hay quien no la cambiaría por nada. Las grandes noches de baile, las fiestas que acaban con el amanecer, las conversaciones de madrugada en una barra, todo eso forma parte de la vida y de mis canciones.

La frase de la canción es «la noche no es para mí», no «la noche no es para nadie». Es una declaración personal, no una sentencia. Y lo que me gusta de ella es precisamente eso: que da permiso para decir que no. Para no ir. Para irse pronto. Para preferir la tarde.

Si eres de noche, disfrútala. Si no lo eres, no te obligues. Y si no sabes lo que eres, prueba las dos cosas y quédate con la que te deje mejor cuerpo al día siguiente.

Lo que me llevo

Escribí «La noche no es para mí» desde un sitio oscuro, y la canción conserva esa oscuridad. Pero releyéndola hoy, encuentro en ella una puerta que da a la tarde. A la luz. A la fiesta que no exige perder el domingo.

Quizá sea cosa de los años, o de las canciones. Quizá simplemente sea que, con el tiempo, uno aprende qué le sienta bien y qué no. Y aprende a decirlo sin pedir perdón, como en «Soltero y bien», donde defendía el plan sin plan.

La próxima vez que tus amigos te propongan salir a las doce, prueba a proponer tú las seis. A lo mejor compruebas que la fiesta también puede tener luz de día. Y que volver en metro, con tiempo de cenar y dormir, es uno de los pequeños lujos de la vida adulta.

La letra completa está en gayfolkplanet.com, y el resto, en mis letras.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «La noche no es para mí»? Es una canción sobre la sensación de no encajar en la noche: la confusión, el aburrimiento, la soledad y el alcohol convertido en ritual. Su estribillo, «La noche no es para mí», es una declaración personal de alguien que ya no encuentra su sitio en la madrugada.

¿Quién escribió la canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical. La música y la interpretación vocal se hicieron con inteligencia artificial.

¿Qué es el tardeo? Es salir de tarde: tomar algo, escuchar música y bailar a partir de media tarde y volver a una hora razonable. Se ha extendido mucho en España los fines de semana y mezcla edades y estilos de vida.

¿Cómo evitar que el tardeo acabe en resaca? Comiendo antes, alternando con agua o bebidas sin alcohol, sin mezclar demasiado y poniéndose una hora de vuelta.