
By Mike Sain't Louis ·
«Has viajado cinco horas»: el amor a distancia y «Mi novio de Albacete»
This article is only available in Spanish. Leer en español
«Has viajado cinco horas para dejar una nota / ¡Que ha acabado en el retrete!»
Cinco horas de carretera para una nota. Así de rotundo es el final del trayecto en «Mi novio de Albacete», una de esas canciones mías donde el desamor se cuenta con una mezcla de rabia y guasa que me sigue haciendo reír. El novio viaja, deja un papel y se va. El papel acaba en el váter. Fin de la historia.
La canción va de un engaño, eso está claro desde el primer verso: «Me has engañado». Pero hay un detalle que me interesa mucho más que el engaño en sí, y es la distancia. El novio es de Albacete. No vive en la misma ciudad. Para verse, alguien tiene que coger el coche o el autobús. Y cuando todo se rompe, la ruptura también tiene kilómetros: cinco horas para dejar una nota.
Hoy quiero hablar de eso. Del amor a distancia, que es una de las formas de amor más comunes y menos contadas. De los viernes en autobús, los domingos de despedida en la estación, las videollamadas con mala cobertura y la pregunta que todas las parejas a distancia se hacen tarde o temprano: ¿esto compensa?
Aviso, como siempre: la historia de la canción es inventada y sus personajes también. Albacete es una ciudad real, con su feria y su gente maravillosa, que no tiene la culpa de nada. Aquí no voy a contar la vida de nadie. Voy a contar lo que veo en la letra y alrededor.
La pareja gay del año
Antes de la distancia, el espejismo. La canción empieza con una lista de lo que parecían:
«Éramos la pareja gay del año / Tú tan cachas, yo tatuado»
Es una imagen de revista. Dos chicos guapos, uno de gimnasio y otro con tinta, la pareja perfecta para una foto de perfil. Y luego, poco a poco, la lista se va torciendo: «Yo currando, tú…», «Yo tan bueno, ¡y tú un coñazo!», «Yo soñando, tú actuando». La pareja del año era un decorado.
En «Cachas, tatuados y con canas» escribí sobre el cuerpo en mis letras, sobre cómo los músculos y los tatuajes aparecen a menudo como fachada. Aquí funcionan igual. «Tan cachas» y «tatuado» son lo que se ve desde fuera. Lo que no se ve es quién trabaja, quién sueña y quién actúa.
Con el amor a distancia pasa algo parecido. Desde fuera, y en las fotos, todo parece perfecto: los reencuentros son intensos, las despedidas, de película, y los fines de semana juntos, una luna de miel en miniatura. Lo que no sale en las fotos son los días de en medio. Y en los días de en medio es donde se juega todo.
Los días de en medio
Una pareja a distancia vive dos vidas. La de los fines de semana, cuando estáis juntos, y la de los días laborables, cuando cada uno está en su ciudad con su trabajo, sus amigos y su rutina.

La vida de los fines de semana es fácil de querer. No hay rutina. No hay platos sucios ni discusiones por quién baja la basura. Todo es especial porque es escaso. Cada encuentro tiene algo de fiesta, y cada despedida, algo de drama.
La vida de los días de en medio es más difícil. Es la de las llamadas cortas porque uno ha llegado cansado, la de los mensajes que tardan en contestarse, la de las cenas solos mirando el móvil. Es la de los planes con amigos a los que el otro no puede venir y de los que solo se entera por las fotos. Es la vida donde crecen las dudas.
Si estás en una relación a distancia, conviene cuidar los días de en medio tanto como los fines de semana. Algunas cosas que ayudan:
- Una rutina compartida, aunque sea pequeña. Una llamada a la misma hora, un mensaje de buenos días, una serie que veis a la vez cada uno en su sofá.
- Contarse lo pequeño. No solo las grandes noticias, también lo que te ha pasado en el súper o lo que te ha dicho el compañero de trabajo. Lo pequeño es lo que hace que el otro siga formando parte de tu vida.
- No convertir cada llamada en una reunión de seguimiento. Hablar por hablar, sin orden del día, es una forma de estar juntos.
- Dejar espacio. Estar a distancia no significa estar disponible las veinticuatro horas. Cada uno tiene su vida, y eso está bien.
El autobús de los viernes
Hay un ritual que cualquiera que haya tenido una relación a distancia conoce de memoria: el viaje de los viernes.
Sales del trabajo con la mochila preparada desde la mañana. Corres a la estación. Te sientas en el autobús o en el tren con un bocadillo y unos auriculares. Durante el trayecto, miras por la ventana y piensas en lo que vais a hacer. Llegas cansado, pero contento. El domingo por la tarde, el mismo trayecto en sentido contrario, con menos ganas y más silencio.
Ese ritual tiene algo hermoso y algo agotador. Hermoso porque es un esfuerzo que se hace por alguien. Agotador porque se repite semana tras semana, y el cansancio se acumula. Y también cuesta dinero: billetes, gasolina, peajes, comidas fuera. El amor a distancia es caro, y eso pesa más de lo que parece.
Por eso conviene hablar pronto de cómo se reparten los viajes. Si siempre viaja el mismo, el equilibrio se rompe. Uno acaba sintiendo que pone todo el esfuerzo y el otro, que le reprochan algo que no ha pedido. Alternar, o al menos compensar de otra forma, ayuda a que nadie se sienta el chófer de la relación.
En «Cinco jarras en los Cien Montaditos» escribí sobre el dinero en las primeras citas. En las relaciones a distancia, el dinero de los viajes es una conversación que no se puede evitar. Y como en las citas, lo importante es que nadie sienta que le deben algo.
Cinco horas para una nota
Vuelvo al verso que da título a todo, porque es el centro de la canción:
«Has viajado cinco horas para dejar una nota»
Me parece una de las imágenes más tristes y más ridículas de mis letras, y por eso me gusta. Cinco horas de viaje. Todo ese esfuerzo, todo ese tiempo, todo ese gasto. ¿Para qué? Para dejar un papel. No para hablar, no para dar explicaciones cara a cara, no para despedirse. Para dejar una nota y volverse.
Hay en eso algo muy revelador sobre cómo se rompen las relaciones a distancia. Muchas veces no se rompen con una conversación, sino con un gesto que evita la conversación. Un mensaje, una llamada corta, un silencio prolongado. Una nota. La distancia, que durante la relación se combatía con esfuerzo, se convierte al final en la excusa perfecta para no dar la cara.
Y la respuesta del protagonista es igual de rotunda: la nota acaba en el retrete. No la guarda, no la relee, no la enmarca. La tira por el váter. Es la versión doméstica de cortar por lo sano.
Las videollamadas
Las relaciones a distancia han cambiado mucho con la tecnología. Hace treinta años, una pareja a distancia se escribía cartas y se llamaba por teléfono fijo una vez a la semana, con la factura en la cabeza. Hoy puede verse la cara a diario, desde cualquier sitio, sin pagar nada.

Eso tiene ventajas enormes. Puedes ver la cara del otro cuando te cuenta algo, cenar juntos cada uno en su casa, enseñarle tu nuevo piso o presentarle a tus amigos por pantalla. La distancia se acorta.
Pero también tiene sus trampas. La videollamada puede convertirse en una obligación, en una especie de fichaje diario que hay que cumplir aunque no apetezca. Puede crear la ilusión de estar juntos sin estarlo de verdad, de compartir una vida que en realidad se comparte solo en parte. Y puede convertirse en una herramienta de control: «¿Por qué no me coges?», «¿Con quién estás?», «Enséñame dónde estás».
Esto último es importante. En «Te pongo a prueba» escribí sobre los celos y el control en parejas del mismo sexo, y la distancia es un terreno muy fértil para eso. Si tu pareja te exige estar localizable todo el tiempo, revisar tus redes, enseñarle con quién estás, no es amor a distancia. Es vigilancia a distancia.
La confianza y el silencio
En una relación a distancia, la confianza no es un extra. Es el cimiento. No puedes ver lo que hace el otro, no puedes conocer a todos sus amigos, no puedes estar en todas sus noches. Tienes que confiar o vivir con angustia.
La canción lo cuenta desde el otro lado: el protagonista confió y le engañaron. «Tú por Grinder, yo disfrazado». Mientras uno se esforzaba, el otro tenía la aplicación abierta. Es la pesadilla de cualquier pareja a distancia, y por eso la canción tiene tanta rabia.
Pero que te hayan engañado una vez no significa que todas las relaciones a distancia acaben así. Hay muchas parejas que viven separadas durante años, por trabajo o por estudios, y que se mantienen fieles a lo que acordaron, sea lo que sea. Hay parejas abiertas a distancia que funcionan perfectamente porque lo hablaron desde el principio. Lo que rompe la confianza no es la distancia. Es la mentira.
Un apunte sobre el silencio, que en las relaciones a distancia pesa el doble. Cuando el otro no contesta, la cabeza imagina. Y la cabeza, a distancia, suele imaginar lo peor. En «El castigo más duro» escribí sobre el silencio usado como castigo. A distancia, el silencio puede ser simplemente un día malo, una reunión larga o un móvil sin batería. Antes de montarte la película, pregunta. Y si eres tú el que va a estar desconectado, avisa.
Cuándo compensa
La pregunta del millón: ¿compensa el amor a distancia?
No tengo respuesta universal, pero sí algunas preguntas que pueden ayudar a encontrar la tuya:
- ¿Hay un horizonte? Una relación a distancia con fecha de final, porque uno de los dos se va a mudar, es muy distinta de una relación a distancia indefinida.
- ¿Los dos queréis lo mismo? Si uno quiere acabar viviendo juntos y el otro no tiene intención de moverse, la distancia es un problema que no se va a resolver solo.
- ¿El esfuerzo está equilibrado? Si siempre viaja uno, siempre llama uno, siempre propone uno, algo falla.
- ¿Estás mejor con esta relación que sin ella? Parece una pregunta obvia, pero a distancia es fácil confundir la emoción de los reencuentros con la felicidad.
- ¿Confías? Si cada fin de semana sin verle es una semana de angustia, la distancia te está costando demasiado.
Si las respuestas te dicen que sí, adelante. Hay pocas cosas tan bonitas como un amor que resiste kilómetros. Si te dicen que no, quizá sea el momento de hablarlo. Con la cara delante, a poder ser. No con una nota.
Mudarse o no mudarse
Tarde o temprano, casi todas las relaciones a distancia llegan a la misma encrucijada: alguien tiene que mudarse, o la relación tiene que aceptar que seguirá siendo a distancia para siempre.

Mudarse por amor es una de las decisiones más grandes que se pueden tomar. Supone dejar un trabajo, o buscar otro, alejarse de los amigos, de la familia, del barrio. Supone empezar de cero en una ciudad donde la única persona que conoces es tu pareja. Y eso tiene un riesgo evidente: si la relación se rompe, te quedas en una ciudad ajena, sin red.
Por eso conviene pensarlo con calma y hablarlo con todo detalle. ¿Quién se muda y por qué? ¿Tiene sentido que sea uno y no el otro, por trabajo, por vivienda, por familia? ¿Qué pasa si sale mal? ¿Tiene el que se muda una forma de construir su propia vida allí, con sus amigos y su trabajo, o va a depender por completo del otro?
Hay otra opción menos habitual: que los dos se muden a una tercera ciudad. Es más justo, porque ninguno juega en casa, pero también más difícil, porque los dos empiezan de cero.
Y hay una tercera, que también es legítima: no mudarse nunca. Hay parejas que viven en ciudades distintas durante años y se quieren, se cuidan y se ven cuando pueden. No es la forma más convencional de pareja, pero no hay ninguna ley que diga que el amor tiene que compartir código postal.
Lo que dicen los amigos
En las relaciones a distancia, los amigos juegan un papel curioso. Por un lado, son los que te acompañan en los días de en medio, los que salen contigo cuando tu pareja está lejos, los que te escuchan cuando le echas de menos. Por otro, son los que ven la relación desde fuera, y a veces ven cosas que tú no ves.
Hay una frase que los amigos de alguien con un novio a distancia suelen pensar y casi nunca dicen: «¿Seguro que no te está tomando el pelo?». Es una sospecha que nace de la preocupación, pero que también puede hacer daño. Nadie quiere oír que su relación es un engaño.
En la canción, si hubiera amigos, quizá habrían visto venir lo de Grindr. O quizá no. Los engaños bien hechos engañan a todos, no solo a la pareja. Lo que sí pueden hacer los amigos, y eso vale para cualquier relación, es estar ahí cuando las cosas salen mal. Ayudar a tirar la nota al váter, por así decirlo.
Si tienes un amigo con una relación a distancia, mi consejo es sencillo: pregúntale cómo está, no solo cómo está la relación. Inclúyele en los planes aunque su pareja no pueda venir. Y si un día te cuenta que algo no va bien, escúchale sin decir «ya te lo dije». Aunque se lo hubieras dicho.
La ciudad de él y la ciudad de uno
Hay un aspecto del amor a distancia del que se habla poco: la relación con la ciudad del otro.

Cuando tienes un novio en otra ciudad, esa ciudad deja de ser un punto en el mapa. Se convierte en su ciudad. Conoces sus bares, sus calles, su estación de autobuses. Aprendes a moverte por ella. Y cuando la relación termina, la ciudad sigue ahí, cargada de recuerdos.
En «Madrid to Benidorm» escribí sobre la carretera hacia la costa, llena de purpurina y de ganas. En «Mi novio de Albacete», la carretera es la que trae la ruptura. Y supongo que, para el protagonista, Albacete queda para siempre asociada a una nota en el váter, lo cual es muy injusto para una ciudad que tiene una feria preciosa y unas navajas famosas.
Lo mismo pasa con tu propia ciudad. Cuando el otro viene a verte, ves tu ciudad con sus ojos. Le enseñas tus sitios, le presentas a tus amigos, le cuentas tu historia. En «Madrid sin postal» escribí sobre Madrid como escenario de canciones, y muchas de esas escenas son las que uno enseña a quien viene de fuera. Cuando la relación se acaba, esos sitios también quedan marcados.
No hay solución para eso, salvo el tiempo. Las ciudades, como las canciones, se van llenando de otras historias. Un día pasas por la estación de autobuses y ya no piensas en él. Piensas en el bocadillo.
Seguridad cuando la distancia empieza en una app
Muchas relaciones a distancia empiezan en una aplicación, con alguien que vive lejos y al que conoces primero por pantalla. Eso tiene su encanto, pero también sus riesgos.
En «No quiero ver tus fotos» escribí con detalle sobre la seguridad en las apps de citas, la sextorsión y las quedadas trampa. Para las relaciones que empiezan a distancia, algunas precauciones básicas:
- Haz una videollamada antes de viajar a verle. Comprueba que es quien dice ser.
- La primera vez que os veáis, en un sitio público. Y que alguien de confianza sepa dónde estás.
- Ten tu propio alojamiento la primera vez, o al menos un plan B si las cosas no van bien.
- No envíes dinero a alguien que no conoces en persona, por muy convincente que sea su historia.
- Desconfía de quien te pide imágenes íntimas muy pronto o te presiona para conseguirlas.
No lo digo para quitarle romanticismo a nada. Lo digo porque un amor a distancia bonito empieza con dos personas reales, y conviene asegurarse de que lo son.
Vaya desastre
El estribillo de la canción resume la historia en tres palabras: «Vaya desastre con mi novio de Albacete». No es un lamento. Es casi un resoplido, un «vaya tela», el comentario que harías con tu mejor amiga tomando un café.
Me gusta esa forma de cerrar un capítulo. Sin melodrama, sin grandes declaraciones. Vaya desastre. Y a otra cosa. Es lo que hace el protagonista al tirar la nota por el váter: dar por terminado algo que no merecía más.
Si has vivido un amor a distancia que acabó mal, permíteme una última idea: el esfuerzo no fue en vano. Los viernes en autobús, las videollamadas, los domingos de despedida, todo eso dice algo bueno de ti. Dice que eres capaz de cruzar kilómetros por alguien. Que el otro no lo mereciera es asunto suyo. Tu capacidad de querer sigue intacta, aunque ahora esté de vuelta en casa, con la maleta deshecha.
Y si estás ahora mismo en una relación a distancia que funciona, cuídala. Los kilómetros son solo kilómetros. Lo que de verdad separa a dos personas es la mentira y el silencio, y eso ocurre igual en la misma cama que a quinientos kilómetros.
Si la ruptura te ha dejado hundido, no te lo quedes dentro. Habla con gente de confianza y, si lo necesitas, en España tienes el 024, gratuito y a cualquier hora, y el 112 para urgencias.
La letra completa está en gayfolkplanet.com, y el resto, en mis letras. Si te apetece otra historia de viajes que salen mal, en «¿Esto era un crucero o un tanatorio?» hay un barco entero de decepciones contadas con humor.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Mi novio de Albacete»? Cuenta la ruptura con un novio que vive en otra ciudad. Parecían «la pareja gay del año», pero él engañaba al protagonista y al final viaja cinco horas solo para dejar una nota, que acaba en el retrete. Es una historia de ficción contada con humor.
¿Quién escribe las canciones de Mike Sain't Louis? Mike Sain't Louis es el letrista, compositor y productor musical. La música y la interpretación vocal se hacen con inteligencia artificial. Los personajes de las letras son inventados.
¿Las relaciones a distancia funcionan? Pueden funcionar, sobre todo si hay un horizonte común, el esfuerzo está equilibrado y hay confianza. Lo que suele romperlas no es la distancia en sí, sino la mentira, el desequilibrio o la falta de un plan compartido.
¿Qué precauciones tomar si conozco a alguien a distancia por una app? Hacer una videollamada antes de viajar, quedar la primera vez en un sitio público, avisar a alguien de confianza, tener alojamiento propio y no enviar nunca dinero a alguien a quien no conoces en persona.