
By Mike Sain't Louis ·
Cinco palabras y un río: cómo hice «Sunshine», sílabas antes que frases y una nana sin historia
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Casi todas mis letras arrancan de algo que me ha pasado o de algo que me ha hecho gracia: un ex, una vecina, una frase oída en el metro. «Sunshine» no. Es la canción de mi catálogo que menos cuenta y la que más se parece a una respiración. En este texto no voy a inventarle una anécdota que no tiene. Voy a contar cómo está hecha, a partir de lo que se puede comprobar: la letra tal como se publicó, su ficha en esta web, lo que acompaña al vídeo en YouTube, los fotogramas del clip y lo que escribí sobre ella en mi diario.
Lo primero es lo básico. El videoclip oficial dura tres minutos y dieciocho segundos y salió en YouTube el 27 de marzo de 2025, a las ocho de la tarde en hora de Madrid. La descripción del vídeo no trae ninguna explicación: es la letra entera, línea a línea, la misma que está en la página de letras. En el catálogo de la web, la canción está dentro de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», y su ficha la etiqueta como pop independiente, pop alternativo, pop queer y camp.
Firmo la letra y la producción como letrista, compositor y productor musical. La grabación lleva música e interpretación vocal hechas con IA. Lo que sigue va de mi parte: de las decisiones de escritura y de producción que se ven en el resultado.
El punto de partida: no contar nada
En el diario lo dejé escrito con una frase que sigo suscribiendo: es la canción de mi catálogo que menos se deja explicar. Cuando la comparo con lo demás que he publicado, la diferencia salta a la vista. Las otras letras van cargadas de nombres inventados, de reproches, de chistes, de barbaridades. Esta se queda en la puerta de las palabras.
Esa fue la primera decisión, y condiciona todas las demás. Si una canción no va a contar una historia, tiene que sostenerse con otra cosa. En este caso, con tres materiales muy pequeños: unas sílabas sin significado, cinco imágenes de la naturaleza en inglés y un estribillo que gira sobre sí mismo como una peonza lenta.
En la ficha de la web lo resumí diciendo que, entre tanta canción de ex, de suegra y de rencor, esta era el rincón tranquilo. No era un accidente. Necesitaba un sitio del planeta donde no hubiera que pelearse con nadie.
Las sílabas, primero
Si miras la letra por encima, lo que más se ve no son palabras, sino sonidos: «mm-hmm» y «oh-oh», «ah-ah», «ee-ee» y «la-la». Las he contado en la letra publicada. «Oh-oh» sale veinticinco veces, «ah-ah» y «la-la» veintitrés cada una, «ee-ee» diecisiete y «mm-hmm» trece. Juntas son más de cien apariciones en una letra de 258 palabras.
En el diario escribí que en esta canción esas sílabas son la estructura. No están para rellenar huecos, como pasa en tantas canciones, sino para sostener el verso entero. Cada línea de estrofa arranca con dos sílabas iguales antes de nombrar algo, y vuelve a meter otra entre la imagen y su remate:
Mm-hmm, mm-hmm, Sunshine, mm-hmm, feel the warmth,
El orden de las sílabas tampoco es libre. En las estrofas largas siempre van igual: la boca cerrada del «mm-hmm», luego la «o», la «a», la «e» y por último el «la-la». Cinco sonidos para cinco líneas, de los más cerrados a los más abiertos. Es una escalera que se sube y se vuelve a bajar en cada estrofa, y que el oído aprende sin darse cuenta.
Cinco palabras elegidas una a una
Si quitas los sonidos, queda una lista muy corta: sunshine, moonlight, river, heartbeat, whisper. Sol, luz lunar, río, latido y susurro. No hay personajes ni conflicto. No hay nadie a quien echarle nada en cara.

Aquí está lo que en el diario llamé un trabajo más de arquitecto que de narrador. Mi parte en esta letra fue escoger las cinco imágenes, fijarles un turno de entrada, decidir cuándo regresan y asignarle a cada una su sílaba. Para mí, escoger lo poco que queda en la página también cuenta como escribir.
Las cinco tienen algo en común. Son cosas que se mueven o laten solas, sin que nadie las empuje: la luz que llega, el agua que corre, el corazón que va solo. Y dos de ellas, el latido y el susurro, son sonidos muy bajos, de los que solo se oyen si alguien está muy cerca. La lista baja desde lo enorme, el sol, hasta lo mínimo, un susurro. Es otra escalera.
Que las imágenes cambien de sitio
La segunda estrofa no inventa imágenes nuevas. Reordena las de la primera. Donde antes iba el sol, ahora va la luna; donde iba la luna, va el sol; el susurro sube al tercer puesto y el latido baja al último.
Mm-hmm, mm-hmm, Moonlight, mm-hmm, night's embrace,
Oh-oh, oh-oh, Sunshine, oh-oh, morning's face,
Esa permuta fue deliberada. Como la letra no avanza contando cosas, tenía que avanzar de otra manera, y la manera fue cambiar las piezas de sitio. El efecto es el de esos juguetes que cuelgan sobre una cuna y dan vueltas: siempre ves las mismas figuras, pero nunca en el mismo orden. Y con el cambio, noche y día cambian de puesto también. La primera estrofa empieza en el sol; la segunda empieza en la noche y amanece en la segunda línea.
Por qué en inglés
«Sunshine» está entera en inglés, sin una sola palabra en castellano. En mi catálogo eso no es lo habitual. Cuando escribo en castellano me salen el drama, la copla y el ajuste de cuentas; lo dejé escrito en el diario a propósito de otra canción, «Barcelona», donde comparé el inglés con un vestido prestado que me permite hablar de luces y de noches largas sin justificar cada sentimiento.
En «Sunshine» ese vestido va todavía más lejos. Las palabras inglesas que usa son tan básicas que casi funcionan como sílabas: sol, luna, río, latido, susurro, buenas noches. Se entienden aunque no hables el idioma. Y las sílabas sin significado no tienen idioma ninguno: un «la-la» es igual en Madrid que en cualquier otra parte. El resultado es una letra que se puede escuchar en cualquier país sin traducción, porque casi no hay nada que traducir.
Cómo se ve la letra en la página
Antes de seguir con las rimas, una cuenta más, porque la forma de la letra en la página también es una decisión. La letra publicada tiene 55 líneas con texto, pero solo veintidós son distintas. Hay tres estrofas largas de cinco líneas, un estribillo de cuatro y un puente de tres. La primera estrofa sale una sola vez; la segunda y la tercera, dos veces cada una; el puente, dos; y el estribillo, seis.
Casi todas las líneas terminan en coma, como si la frase no acabara nunca y se fuera encadenando con la siguiente. Los puntos solo aparecen al final de cada bloque: después del susurro, después del río, después de la instrucción del puente, después de la música que sigue. Es una puntuación de respiración. Lees de coma en coma, y en el punto tomas aire.
Tres familias de rima
Cada estrofa larga tiene su propia rima, y las tres son distintas. En la primera, los finales se apoyan en una «a» abierta: el camino, lo que corre deprisa, lo que dura, lo que se lanza bajito. En la segunda, la rima es exacta y se repite cinco veces seguidas en el mismo sonido inglés: la noche que abraza, la mañana con su cara, un rastro suave, un paso firme, un corazón que se acelera. En la tercera, la última, todo termina en otro sonido largo: lo que se apaga, lo que se tiende, lo que miran las estrellas, el final de los días, la música que sigue.

Mirado desde el taller, eso tiene una función clara. La letra no cambia de tema, así que la rima es lo que le dice al oído que está en otra parte de la canción. Cada familia de sonidos funciona como una habitación distinta de la misma casa.
Un estribillo para dormir
Si las estrofas ya son sencillas, el estribillo lo es más. Son cuatro líneas que juntan las cinco imágenes en el menor espacio posible:
Sunshine, sunshine, oh-oh,
En medio hay un saludo de despedida, el buenas noches, que es lo que más acerca la canción a una nana. Y cerrando, el río: dentro del estribillo, ninguna otra imagen tiene verbo propio; esta corre y no afloja nunca. Me gusta que sea el único elemento que no se detiene en una canción hecha para detenerse. Todo se calma, menos el agua.
El estribillo aparece seis veces en la letra publicada. Es lo que más se repite, con mucha diferencia, y está bien que así sea. Una nana funciona por repetición: no te duermes con una frase nueva, te duermes con la misma frase oída por quinta vez.
El puente: una sola instrucción
El puente es corto, de tres líneas, y es el único tramo de la letra que se dirige directamente a quien escucha. Primero pide que se note la brisa y que se miren los árboles mecerse. Luego llega la frase que más me importa de toda la letra:
La-la, la-la, set your mind at ease.
En la ficha la comparé con lo que te dice quien guía un ejercicio de respirar hondo. Y en el diario escribí que esta canción no habla de salud mental, pero responde a ella. Responde con el ritmo, no con argumentos. Es mi canción para cuando el pulso va demasiado rápido al final de una jornada torcida.
Se nota también en las proporciones. El puente usa solo las tres últimas sílabas de la escalera, el «ah», el «ee» y el «la», como si la canción hubiera bajado ya la mitad de los peldaños. Hay menos sonido porque la cabeza tiene que quedarse más quieta.
Lo que hay detrás de una canción tan tranquila
Escribo mucho, en mis canciones y en esta web, sobre lo que me ha costado llegar hasta aquí. Pasé veinte años atrapado en dos relaciones con personas narcisistas, y cuando se les cayó la máscara consiguieron que parte de mi gente se pusiera en mi contra. Hubo un tiempo en que estuve muy cerca de no seguir. Hoy vivo con ansiedad, entre otros diagnósticos, y estoy en tratamiento psiquiátrico y psicológico. Escribir canciones fue y sigue siendo mi manera de sacar fuera lo que tenía dentro.
«Sunshine» es la otra cara de ese trabajo. No cuenta nada de aquello, pero existe gracias a aquello. Cuando una parte de tu catálogo sirve para gritar, otra tiene que servir para descansar. Si estás pasando por un momento en el que todo pesa demasiado, por favor, no lo cargues a solas: en España puedes llamar al 024, gratis y a cualquier hora; si hay un peligro inmediato, al 112. El Teléfono de la Esperanza atiende en el 717 003 717, y la Fundación ANAR, para menores, en el 900 20 20 10. Desde otros países, findahelpline.com te dice a dónde llamar. Pedir ayuda me ayudó a mí a seguir aquí y a seguir escribiendo.
La última estrofa y el final que no se cierra
La tercera estrofa es la única que no tiene pareja en la primera mitad de la canción. Es la del anochecer:

Mm-hmm, mm-hmm, Sunshine fades,
Ee-ee, ee-ee, end of days,
Se va el sol, baja la sombra, las estrellas miran y aparece una expresión que suena a apocalipsis, el final de los días. En la ficha conté mi lectura: se acaba una jornada normal, no el planeta. Pero me gustó dejar esa ambigüedad sin resolver. Una canción tan dulce gana algo con una sombra pequeña.
La decisión que más me importa está en la última línea. En la letra publicada, la canción no termina con el estribillo, sino con esta estrofa, y su última frase dice que la música sigue sonando. Las cosas acaban, llega la noche, pero algo continúa. En el diario escribí que me gustaba cerrar con eso, y lo sigo pensando.
Un videoclip que lleva la contraria
Aquí viene la sorpresa para quien solo conozca la letra. El videoclip de «Sunshine» no es una nana. Es una fiesta de verano a todo volumen.
Lo he recorrido entero, fotograma a fotograma cada cuatro segundos, y esto es lo que pasa. Arranca con el título en letras amarillas y rojas sobre un grupo de chicas que bailan entre bengalas y confeti dorado, con mi nombre debajo en verde. Siguen unas bailarinas en un escenario con luces moradas, y enseguida aparece el fuego: columnas de llamas que salen del suelo detrás de una chica de top rojo, filas de lanzallamas a los lados del escenario, un grupo de baile que se mueve delante de las llamaradas.
Después hay mucha gente. Una explanada de noche llena de público con luces de colores; una chica con chaqueta roja que baila en primer plano; una pareja que baila agarrada en la penumbra, ella con vestido claro, él con chaqueta oscura. Desde arriba, un plano cenital enseña una coreografía de decenas de bailarines sobre una pista rectangular, rodeada de chorros de fuego.
Y en medio de todo eso, la carretera. Dos chicas en un descapotable gris recorren una avenida de costa con palmeras, rascacielos y una playa larga a un lado. Se ríen, levantan los brazos, el sol les da de frente. El coche vuelve una y otra vez, y en la última parte del vídeo ya casi no se va: es lo que se ve durante casi todo el último minuto.
Por qué esa contradicción funciona
Mirado desde el taller, el contraste es la decisión más grande del clip. La letra habla de calma, de brisa, de dormirse. El vídeo enseña fuego, multitudes y velocidad. Si las imágenes hubieran repetido lo que dice la letra, habría salido algo muy bonito y muy plano: lunas, ríos y cunas.
En vez de eso, la letra hace de banda sonora interior para un día de mucho ruido. Es lo que pasa en la vida real: la calma casi nunca llega en una habitación vacía, llega en mitad de la fiesta, en el asiento del copiloto, con el pelo al viento y la música alta. Esa es la calma que conozco. Y el sol del título, al final, sí está en el clip. Está en la carretera de la costa, entrando por el parabrisas.
Dónde están las cinco imágenes en el clip
Un ejercicio que hice al recorrer el vídeo fue buscar en él las cinco palabras de la letra. El resultado dice mucho de cómo está montado.

El sol está, y mucho: entra por el parabrisas del descapotable, se refleja en el capó y baña la avenida de la costa. La luna también, pero solo una vez y al final, enorme sobre el mar en el cartel de despedida. El río no aparece en ningún plano: hay mar, hay playa, pero no hay agua que corra en una dirección. El latido, si se quiere ver, está en las llamaradas que suben y bajan detrás de las bailarinas y en el público que salta a la vez. Y el susurro no está por ninguna parte. Es un clip sin un solo momento de silencio visual.
Me parece bien que sea así. La letra y el vídeo se reparten el trabajo. Lo que el clip no enseña, el río y el susurro, son justo las dos imágenes más íntimas, las que solo existen si alguien escucha con atención. Esas se quedan en la letra, para quien la lea despacio.
Una casa vacía para quien escucha
No contar una historia tiene otra consecuencia, y es la que más me gusta. En el diario lo expliqué con la idea de que la letra queda abierta para que entre quien escucha. Sin relato fijo, cada cual trae el suyo: hay quien oirá una nana, quien oirá un adiós y quien la tendrá de fondo caminando por la orilla.
Eso es justo lo que no consigo cuando escribo de un ex con identidad inventada. Las canciones con historia son de quien la cuenta; esta es de quien la escucha. Y el videoclip, con su fiesta y su carretera, es solo una de las muchas formas de llenarla. Otra persona podría ponerle imágenes de una habitación a oscuras y funcionaría igual.
El cartel del final
El vídeo se despide con un cartel que sí se parece a la letra. Una luna llena enorme sobre el mar, de noche, con espuma de olas, y una pareja que baila como en un salón, ella con un vestido rojo que se abre como una flor. Encima, otra vez el título en amarillo y rojo y mi nombre en verde.
Es el único plano tranquilo de todo el clip, y llega justo cuando la letra habla de las estrellas y de la música que sigue. Después de tres minutos de fuego, la luna. La letra y el vídeo se encuentran en el último segundo.
Dónde la puse
En el catálogo de la web, «Sunshine» vive en el segundo disco, junto a canciones mucho más ruidosas. No es un accidente que tenga vecinas tranquilas repartidas por todo el planeta. «Dreams Drift Afar», «Holy Stillness», «Whisper Fade» y «Lai» forman con ella una pequeña zona de descanso, cada una a su manera. «Limón» también tiene algo de nana, con un chihuahua dormido en un edredón en lugar de una luna.
Si te interesa el lado más técnico de las sílabas sin significado, en esta web hay un texto que pone la canción al lado de la jitanjáfora, el glíglico y otros juegos de sonido. Y si el descapotable del clip te ha dejado con ganas de carretera de costa, sigue con «Madrid to Benidorm», o con «Barcelona», que también es una noche junto al mar, pero bailada en dos idiomas.
El vídeo completo está en la página de «Sunshine» en el planeta de los vídeos. Para mí funciona a oscuras, justo antes de cerrar los ojos, o en un viaje largo con la frente pegada al cristal. Tres minutos de casi nada, que a veces basta.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Sunshine»? No cuenta una historia. Es una canción hecha de sílabas y de cinco imágenes de la naturaleza en inglés (el sol, la luna, el río, el latido y el susurro) que cambian de orden de una estrofa a otra, como una nana o un mantra.
¿Por qué la letra tiene tantas sílabas sin significado? Porque son la estructura de la canción. Cada línea de estrofa empieza con dos sílabas iguales, siempre en el mismo orden, antes de nombrar una imagen. Elegirlas y ordenarlas fue parte del trabajo de escritura.
¿Qué significa «end of days» en la letra? Lo leo como el cierre de una jornada normal, con estrellas y sin sol, no como el fin del mundo. Pero la expresión deja una pequeña ambigüedad que me gusta mantener.
¿Por qué el videoclip es una fiesta si la canción es tan tranquila? Es un contraste buscado: la letra funciona como una calma interior en mitad de un día de mucho ruido, con fuego, multitudes y un descapotable por la costa. La única imagen tranquila llega al final, con una luna llena sobre el mar.
¿Dónde puedo ver el videoclip y leer la letra completa? En la ficha de la canción de esta web, en la página del vídeo de Planeta Gayfolk y en el canal oficial de YouTube, donde se publicó el 27 de marzo de 2025.