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Un nombre en la niebla: cómo hice «So Insignificant», el muelle, el acordeón y el estribillo que se gasta

Hay canciones que se construyen como una casa, con cimientos, paredes y tejado. «So Insignificant» se construye como se apila la ropa sucia: una cosa encima de otra, sin orden aparente, hasta que el montón pesa más que tú. Es una de las piezas más grises de mi primer disco, y quiero contar cómo está hecha, pieza a pieza: la letra en inglés, la forma del estribillo, la producción y, sobre todo, el videoclip, que he vuelto a mirar fotograma a fotograma para escribir esto.

No es un artículo sobre la tristeza en general. Es sobre esta canción y sobre las decisiones que se ven en ella: por qué dice lo que dice, por qué lo repite tanto y por qué sus imágenes eligen la niebla, el agua y unos acordeones.

Una letra en inglés y en frases de una línea

Lo primero que hay que saber de «So Insignificant» es que la letra está en inglés. Escribo la mayoría de mis canciones en castellano, con mucho humor y muchas palabras de barrio, y algunas en inglés. En esta, el idioma cumple una función: el inglés pone una capa de distancia entre lo que dice la letra y quien la lee en España, como unas gafas de sol en un entierro.

La segunda cosa es la longitud de las frases. Casi todas caben en una línea y muchas no llegan a cinco palabras:

I’m so tired, One more worry to acquire.

Y siguen así: otra decepción, noticias malas recién llegadas y una pregunta. Son frases de inventario. Cansado. Otra preocupación. Otra decepción. Malas noticias recientes. Y una pregunta, la única de toda la letra: ¿cuándo se acaba esto? No hay metáforas, no hay paisaje, no hay un tú al que se le hable. Es la lista que uno hace por dentro en un día malo, cuando cada cosa que pasa se suma a la anterior.

Las rimas también son de inventario, palabras que casi suenan igual al final de cada línea. Rimas cortas, que cierran cada línea como un portazo pequeño. Aquí no hay sorpresa de verso brillante, sino lo contrario: cada línea suena a lo que ya sabías que iba a venir.

La segunda estrofa añade una ruptura

La segunda mitad de la estrofa empieza con la desgana, «I’m so unmotivated», y sigue con otra ruptura, el agotamiento, la tristeza que se repite y las fuerzas que se acaban. Aquí aparece la única pista concreta de lo que le ha pasado al narrador: «another breakup», otra ruptura. Y fijaos en el «another». No es la primera. El cansancio de la canción no viene de un desengaño, sino de la acumulación de varios. Esa palabra, repetida en las dos estrofas («another letdown», «another breakup»), es la que le da el tono: no se trata de un golpe, se trata de la serie.

Y luego llega la frase que para mí sostiene toda la canción: «just a name». Solo un nombre. Alguien que figura en una lista, en un chat, en una agenda, pero que no pesa. Ya escribí en otro sitio sobre cómo algunos nombres propios se vuelven palabras en mis letras, como «un don nadie». Esta es la versión en inglés de lo mismo: un nombre vacío de contenido.

El estribillo: decir poco y repetirlo mucho

Fotogramas del videoclip oficial de «So Insignificant», de Mike Sain't Louis
I’m of little importance, So insignificant, no performance.

El estribillo funciona como un diagnóstico que el narrador se pone a sí mismo. Poca importancia, insignificante, sin rendimiento. Y a continuación la frase más dura de la letra, que no es una queja sino una cuenta: «Never adding / to anyone’s day». Que tu presencia no le mejore la jornada a ninguna persona.

Lo que hace especial ese estribillo no es lo que dice, sino cuántas veces lo dice. En la versión publicada, «so insignificant» se repite tres veces al final de cada estribillo, y en el último tramo de la canción aparece siete veces seguidas. La letra completa no tiene más de cuarenta líneas, y casi un tercio son esas dos palabras.

Esa repetición es la decisión de construcción más importante de la canción. Cuando dices una palabra muchas veces, primero se clava y luego se desgasta. Al principio «insignificant» suena a sentencia. A la cuarta, suena a costumbre. A la séptima, ya casi no significa nada, que es justo lo que la palabra dice. La canción acaba vaciando de sentido el insulto que el narrador se repite, y en ese vaciado hay un pequeño alivio. Como cuando te dices una cosa horrible tantas veces que, de pronto, te suena ridícula.

Una letra sin verbos de acción

Hay otra decisión de escritura que se ve al poner la letra en limpio: el narrador nunca hace nada. Todas sus frases sobre sí mismo son de estado. «I’m so tired», «I’m so unmotivated», «I’m unimportant». Estoy cansado, estoy desmotivado, no importo. No hay un solo verbo de acción en primera persona: el narrador no sale, no llama, no rompe, no se va. Las cosas le llegan, la preocupación, la decepción, las noticias, la ruptura, y él solo constata cómo está.

Tampoco hay un tú. En la mayoría de mis canciones de desamor hay alguien a quien se le habla, se le reprocha o se le manda a freír espárragos. Aquí no. La ruptura aparece como un dato, «another breakup», pero la otra persona no tiene ni pronombre. Eso hace que la canción sea muy distinta de las que escribo con rabia. No hay culpable al que señalar, solo el peso que queda.

Esa ausencia de acción es justo lo que el videoclip toma como punto de partida. Durante casi cuatro minutos, el protagonista mira, camina despacio, se sienta. Nunca hace un gesto que cambie la escena. Hasta el final.

Cómo está producida

«So Insignificant» lleva mi letra y mi producción, y su música e interpretación vocal hechas con IA. En un tema así, producir es sobre todo decidir qué no poner. La canción no tiene un subidón ni un puente que cambie de color. No hay un momento en el que entre la batería a lo grande para decirte que todo va a ir bien. Lo que hay es una línea que avanza a la misma altura de principio a fin, con el estribillo volviendo como vuelven las preocupaciones de la primera estrofa, siempre iguales.

Esa falta de clímax es coherente con la letra. Una canción que dice «it’s all the same» no podía tener un final apoteósico. Habría sido mentirle al texto. Así que la canción se queda donde empieza y se va apagando con la repetición de su título, sin resolver nada. Si buscas un tema que te levante el ánimo, este no es. Este es el que se sienta contigo en el suelo de la cocina.

El videoclip: un chico de espaldas frente a la niebla

El videoclip dura cuatro minutos y diecinueve segundos y se publicó en YouTube el 4 de diciembre de 2024. Empieza con el título, «SO INSIGNIFICANT», en letras rosas grandes, y mi nombre en letra de neón en una esquina, sobre una imagen que resume la canción entera: un chico joven, de pelo oscuro y chaqueta de cuero negra, de espaldas a la cámara, frente a un lago o una bahía cubiertos de niebla. Delante de él, un muelle de madera que se pierde en el gris.

Durante los primeros veinte segundos casi no cambia nada. El chico sigue de espaldas, al borde del agua, y al fondo se recorta una montaña triangular entre la bruma. No vemos su cara. Es una manera muy directa de traducir «just a name» a imágenes: alguien de quien solo conocemos la silueta.

Cuando por fin se gira, hacia el segundo 36, está de pie en mitad de una pasarela de madera con barandillas, con la niebla detrás, y mira a cámara con una expresión cansada, sin dramatismo. No llora. No grita. Está ahí, que es exactamente lo que hace el narrador de la letra.

La ciudad de neón bajo la lluvia

De golpe, el vídeo salta a otro mundo: una calle de ciudad de noche, con lluvia, luces de neón rosas, verdes y amarillas desenfocadas, farolillos rojos colgando y taxis naranjas pasando detrás. El mismo chico, con la misma chaqueta, camina entre esas luces mirando al suelo.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Out of strength, just a name.» de «So Insignificant»

Es el contraste más claro de todo el clip. La ciudad está llena de color, de movimiento, de gente que va a algún sitio. Él está en medio y no participa. Los neones se reflejan en el asfalto mojado y en su chaqueta, pero no en su cara. Si hay una imagen para «never adding to anyone’s day», es esa: alguien que atraviesa la fiesta de otros sin formar parte de ella. Es la misma sensación de la que hablé en la soledad que se nota más en la fiesta.

Hay otros lugares de tránsito. Hacia el segundo 102 vemos el interior de un coche desde el asiento del conductor, con las manos en el volante y la carretera mojada delante, los faros de otro coche al fondo. Hacia el 114, el chico está de espaldas frente a los restos de una noria y una montaña rusa abandonadas en mitad de un campo verde, con agua estancada. Y a partir del segundo 172 aparece varias veces sentado en un vagón de metro, siempre de espaldas, con las luces del túnel pasando por las ventanillas.

Coche, noria muerta, metro. Son sitios hechos para ir de un lado a otro o para divertirse, y en el vídeo están vacíos de alegría. El chico está siempre de paso, nunca llega.

Las caras que sonríen

En la parte central del vídeo aparecen personajes que no son el protagonista, y todos tienen algo en común: sonríen. Hacia el segundo 132, una mujer rubia con un vestido rojo y pendientes grandes se ríe a cámara en un salón de baile con lámparas de araña. Un poco más tarde, una mujer pelirroja de pelo muy rizado, con los labios rojos, posa en un bar con luces cálidas. Hay también una mujer con una boina negra que se ríe con la mano en la mejilla. Y hacia el segundo 138, dos chicos con esmoquin y pajarita se miran y se ríen junto a un espejo de mano, como si se estuvieran preparando para una fiesta.

Todos son personajes inventados, y todos parecen estar pasándoselo bien. Esa es la función que tienen en el clip: ser el día de los demás, el día al que el narrador no suma. La canción dice «never adding to anyone’s day», y el vídeo nos enseña esos días ajenos, llenos de risas, salones y espejos, mientras el protagonista sigue en el muelle o en el metro.

Me gusta especialmente el plano de los dos chicos con esmoquin. Es la pista de que estamos en Planeta Gayfolk: dos hombres arreglándose juntos, felices, en el mismo vídeo en el que otro chico se siente invisible. Las dos cosas caben en el mismo mundo. La purpurina y la niebla.

Los acordeones frente al mar

Y luego está lo que más sorprende la primera vez: los acordeones. A lo largo del vídeo aparecen varios acordeonistas, y cada uno en un sitio distinto. Hacia los segundos 30 y 126, un chico rubio con tupé toca un acordeón negro con adornos claros en una calle empedrada de una ciudad antigua, con farolas encendidas y lluvia. Hacia el 150 y el 162, un hombre joven toca de pie en un muelle de madera, con el agua quieta y el sol bajo detrás. Y hacia el 180, un hombre mayor con bigote y camisa de cuadros toca con los ojos cerrados apoyado en una barandilla frente al mar, entre la bruma; en el segundo 228 lo rodean las gaviotas.

Collage con un detalle de la carátula de «So Insignificant» y las carátulas de «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Vas a escuchar un disco muy raro», «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», «In the Quiet Room»

El acordeón es un instrumento curioso para una canción así. Es el instrumento de las verbenas, de las plazas, de los músicos que tocan en la calle para gente que pasa sin pararse. Tiene algo de alegre y algo de triste a la vez, como un vals en un andén. En el vídeo funciona como un hilo: une la ciudad de la lluvia con el muelle de la niebla, une al chico joven con el hombre mayor. Es como si la canción tuviera músicos repartidos por el mundo que la tocan para nadie.

Y ahí está, para mí, la idea más bonita del clip. El acordeonista del muelle toca aunque nadie le mire. El hombre de las gaviotas toca con los ojos cerrados, para sí mismo. Ninguno parece insignificante. Hacen algo que llena el aire aunque no tengan público. Es la respuesta que el vídeo da a la letra sin decirla: lo que haces puede tener valor aunque nadie aplauda.

El final: el muelle roto y el mar abierto

Los últimos planos vuelven a la niebla. En torno al segundo 198, un primer plano de perfil del chico, con la mirada baja y el cielo blanco detrás, muy cerca. En el 240, el acordeonista joven toca en el muelle con el sol reflejado en el agua. Y en el 246, la imagen que cierra la historia: el chico camina solo, de espaldas, por un muelle de madera roto que se adentra en la bruma, hacia unos pilotes viejos que ya no sostienen nada.

Muy cerca del final hay también un plano del mar abierto, verde y tranquilo, sin nadie. Y por último llega el cartel de «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el disco al que pertenece la canción: tres chicos con esmoquin de colores sobre un fondo rosa con un planeta.

Ese final se puede leer de dos maneras. Una, triste: el chico se pierde en la niebla, se aleja hasta desaparecer. Otra, la que yo prefiero: el chico camina. Durante todo el vídeo ha estado quieto, de espaldas, sentado en el metro, parado frente a la noria. Al final, por primera vez, avanza. No sabemos hacia dónde, pero ya no está parado. Y detrás de él hay mar abierto, no una pared.

Tres colores para un mismo día

Si se miran los fotogramas en fila, el vídeo tiene tres paletas que se alternan y que cuentan la canción por sí solas.

La primera es el gris azulado de la niebla: el muelle, el lago, la montaña, la pasarela, el perfil del chico con el cielo blanco detrás. Es el color de la letra, el de «it’s all the same». Todo está borroso, sin contraste, como se ven las cosas cuando estás agotado.

La segunda es la de los neones: rosa, verde, amarillo y el rojo de los farolillos, todo desenfocado y reflejado en el asfalto mojado. Es el color de lo que pasa alrededor del narrador. Mucha luz, mucha vida, pero lejos, fuera de foco. Él la atraviesa sin que le toque.

La tercera es la luz cálida y dorada de los salones y los bares donde sonríen los demás: las lámparas de araña detrás de la mujer de rojo, las bombillas del bar de la pelirroja, la luz suave de la habitación de los dos chicos con esmoquin. Es el color del día ajeno, ese al que la letra dice no sumar nada.

Y al final, cuando el chico echa a andar por el muelle roto, aparece un cuarto color que no estaba antes: el verde del mar abierto, tranquilo, limpio. No es el gris de la niebla ni el neón de la ciudad ni el dorado de las fiestas de otros. Es un color nuevo para una escena nueva. Y es lo último que vemos antes del cartel del disco.

Dónde encaja en el primer disco

Si ordenas mis 273 canciones, «So Insignificant» ocupa el tercer puesto. Va justo después de «Vas a escuchar un disco muy raro», que es casi una advertencia al oyente, y justo antes de «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», que es puro humor. Esa colocación me parece muy honesta con lo que es Planeta Gayfolk: un mundo donde la carcajada y el bajón viven puerta con puerta.

Ficha de la canción «So Insignificant» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Dentro del catálogo, «So Insignificant» tiene hermanas en inglés que comparten su color gris. «In the Quiet Room» mira el silencio de una habitación; «Dark Corners» mira las esquinas oscuras. Juntas forman un pequeño rincón del planeta donde no hay purpurina, y donde la tristeza no se disfraza de chiste. También dialoga con lo que conté en la tristeza que no se ve desde fuera: esa sensación de que lo que pasa por dentro no deja marca visible.

Lo que hay mío en esta canción

No voy a fingir que «So Insignificant» es un ejercicio de estilo. La palabra «another» de la segunda estrofa la conozco bien. Durante dos décadas compartí mi vida con dos parejas narcisistas, una detrás de otra. El día que se les cayó la máscara, se ocuparon de que una parte de la gente que me quería se pusiera de su lado. Después de algo así, uno no se siente solo triste, se siente pequeño. Insignificante. Un nombre en la agenda de otros.

Con el tiempo llegaron los diagnósticos que pusieron nombre a todo aquello, entre ellos la depresión mayor y la fobia social, y de eso hablé en ponerle nombre a lo que pesaba. A día de hoy sigo en tratamiento con profesionales de la psiquiatría y de la psicología. Llegué a estar cerca de rendirme del todo, y lo menciono solo por una razón: porque salí de ahí, y porque escribir canciones como esta fue parte de la manera de salir. Contar mi versión, aunque fuera en inglés y con muy pocas palabras, me devolvió algo de peso.

Si esta letra te describe, no te quedes solo con ella. Marca el 024 desde cualquier teléfono de España: no cuesta nada, contesta día y noche y sirve tanto si las ideas de suicidio son tuyas como si temes por alguien. Ante un peligro inmediato, 112. Existe además la línea del Teléfono de la Esperanza (717 003 717), y para niños y adolescentes la de ANAR (900 20 20 10). Si vives en otro país, findahelpline.com te da el número que corresponde.

Por qué la sigo escuchando

Cuando oigo «So Insignificant» ahora no me hundo. Oigo el estribillo gastándose, la palabra perdiendo fuerza a base de repetirse, y pienso en el acordeonista del muelle que toca para nadie. Pienso que la canción misma es eso: algo hecho en un momento en que me sentía insignificante, y que existe, y que alguien puede escuchar hoy en un día gris y sentirse un poco menos solo.

Esa es la trampa bonita de la canción. Dice «never adding to anyone’s day», y sin embargo, si te acompaña una tarde, ya ha sumado algo al tuyo. El vídeo entero te espera en la ficha del clip en Planeta Gayfolk. Fíjate en los acordeones.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «So Insignificant»? De un día en que todo se acumula: cansancio, preocupaciones, decepciones, malas noticias y otra ruptura más. El narrador se describe como alguien de poca importancia que nunca suma nada al día de nadie, «just a name». La letra está en inglés y se publica tal cual con el videoclip oficial.

¿Qué pasa en el videoclip? Un chico con chaqueta de cuero negra aparece de espaldas frente a un muelle con niebla, camina por una ciudad de neón bajo la lluvia, viaja en coche y en metro y se para ante una noria abandonada. Entre medias salen personajes que sonríen (una mujer de rojo en un salón de baile, una pelirroja en un bar, dos chicos con esmoquin ante un espejo) y varios acordeonistas, uno en una calle antigua, otro en un muelle con el sol bajo y un hombre mayor frente al mar con gaviotas. Al final el chico camina solo por un muelle roto hacia la niebla.

¿Cuándo se publicó y en qué disco está? El videoclip se publicó en YouTube el 4 de diciembre de 2024 y dura 4:19. La canción pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primer disco de la trilogía, cuyo cartel cierra el vídeo, y es la número 3 de las 273 de la lista.

¿Quién hizo «So Insignificant»? La letra y la producción son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid. La música y la interpretación vocal están hechas con IA. Se publica en su sello independiente, MIKE SAIN'T LOUIS.

¿Por qué se repite tanto «so insignificant»? Porque la repetición forma parte del sentido: la palabra se clava al principio y, a fuerza de volver (siete veces seguidas en el último tramo), se desgasta hasta casi no significar nada, como el insulto que uno se repite en un día malo y que de tanto oírlo acaba sonando hueco.

¿Dónde pedir ayuda si me siento así? En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora; en una emergencia, el 112. También el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) y, para menores, la Fundación ANAR (900 20 20 10). Desde otros países, findahelpline.com.

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