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Quién se queda con la canción: el despecho como género y la Shakira de bazar

En toda ruptura se reparten cosas. Los muebles, los amigos, el perro si lo hay, la suscripción a la plataforma de series. Pero hay un reparto que no sale en ningún papel y que, a la larga, importa más que el sofá: quién se queda con la canción. Quién cuenta la historia. Quién tiene la última palabra.

En «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro» el narrador lo tiene clarísimo. Lo dice en el estribillo, sin anestesia:

«Lo siento, / a partir de ahora yo soy / la Shakira marica del Todo a un Euro / y tú eres el Piqué del excremento».

Se pide el papel de la diva. Al otro le deja el que queda. La ficha de la canción ya explica el tono de revista del corazón y la ironía de ese «lo siento» que no siente nada. Aquí quiero ir por otro lado: hablar del despecho como género musical, de por qué escogí precisamente a esa pareja famosa como molde y de por qué la versión tenía que ser de bazar.

Un género con muchos siglos

La canción de despecho no la inventó nadie de este siglo. Es de los géneros más viejos que existen. Hay coplas enteras dedicadas a decirle al que se fue lo poco que vale. Hay rancheras que son ajustes de cuentas con mariachi. Hay boleros donde la elegancia de la melodía disimula una crueldad finísima. Y luego está el pop, que ha hecho del despecho una industria.

Lo que caracteriza al despecho, frente a la canción triste de ruptura, es la dirección. La canción triste mira hacia dentro: me duele, lloro, no puedo vivir sin ti. La de despecho mira hacia fuera: tú te lo pierdes, tú eras el problema, mira qué bien estoy ahora. Una es una herida. La otra es un contraataque.

Yo tengo canciones de las dos clases. En «Llorar» el permiso es para la herida, para quedarse en el suelo un rato. En la de Shakira no hay herida a la vista. Hay un señor (o una señora, que el narrador se pide el papel de ella) que ya ha pasado la fase de las lágrimas y está en la de los apodos.

Por qué esa pareja

La ruptura de Shakira y Piqué fue, durante un tiempo, la conversación de medio país. Y no por la ruptura en sí, que separarse se separa todo el mundo, sino por lo que vino después: la canción.

En enero de 2023, Shakira publicó con el productor argentino Bizarrap una sesión en la que ajustaba cuentas con su ex de forma explícita, con nombres y marcas comerciales casi señalando con el dedo. La frase de que las mujeres ya no lloran, sino que facturan, se convirtió en meme, en camiseta y en grito de guerra. Los telediarios hablaron de ella. Las tertulias de la tele de la tarde se pasaron semanas analizándola verso a verso.

Lo que hizo Shakira fue recordarle a todo el mundo algo muy viejo: que cuando una pareja famosa se rompe, la que tiene un micrófono gana. Ella tenía la canción. Él tenía, como mucho, sus declaraciones a la prensa. Y la canción, como siempre, se quedó con el relato.

Eso es lo que mi narrador entiende. Por eso no se pide ser Shakira por su fama o por su dinero. Se pide ser Shakira porque Shakira es la que se quedó con la canción.

La pareja que sale en la tele

La canción no empieza con la ruptura. Empieza con la pareja en su mejor momento, vista desde fuera, con tono de cotilla: mírales qué monos, qué fashion, qué modernos. Son la pareja gay del año. Salen mucho en Telecinco. Ese arranque es una pequeña sátira de cómo se consume a las parejas famosas: primero las adoramos, las ponemos en las portadas, las vemos en los platós, y luego, cuando se rompen, nos repartimos los trozos.

Fotogramas del videoclip oficial de «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro», de Mike Sain't Louis

Me interesa que sea una pareja gay. Hace no tanto, una pareja de dos hombres en un programa de la tarde era una rareza, y casi siempre salía para reírse de ella. Que ahora pueda ser «la pareja gay del año», con su exclusiva y su reportaje, es una forma de normalidad. Discutible, porque la normalidad de la prensa rosa tiene sus trampas, pero normalidad al fin y al cabo. Si las parejas gais pueden salir en las revistas cuando están enamoradas, también pueden salir cuando se tiran los trastos.

Esa es la parte de la canción que menos se comenta y que a mí más me divierte: la prensa del corazón como espejo de la igualdad. Ya tenemos derecho a casarnos, a adoptar y a tener una ruptura de portada.

He escrito sobre otra pareja del año, más casera, en «Mi novio de Albacete». Esa es la versión tierna del mismo título. La de Shakira es la versión con los cuchillos fuera.

Todo a un Euro

Y ahora, la parte que hace que la canción sea mía y no un simple chiste sobre una noticia: el Todo a un Euro.

Para quien no lo sepa o no lo recuerde, en los años noventa se llenó España de tiendas «Todo a 100», donde todo costaba cien pesetas. Cuando llegó el euro, muchas se convirtieron en «Todo a un Euro», aunque cada vez menos cosas costaban un euro. Eran los bazares de barrio donde comprabas un abanico, unas pinzas para el pelo, un marco de fotos dorado con un cristal que se rayaba al mirarlo. Lo barato de verdad. Lo cutre con orgullo.

Mi narrador no se pide ser Shakira a secas. Se pide ser la Shakira marica del Todo a un Euro. La versión de bazar. La que lleva los tacones de plástico, los pendientes que te ponen la oreja verde y una peluca rubia que brilla demasiado. Y eso, para mí, lo cambia todo.

Porque una cosa es reírse del ex, que es fácil, y otra reírse también de uno mismo mientras lo haces. La Shakira de bazar sabe que no es Shakira. Sabe que no tiene ni sus millones ni su talento ni su productor. Lo único que tiene es el papel, y se lo pone igual, con la purpurina barata y todo. Ahí está el camp: tomarse en serio un papel que te queda grande sabiendo perfectamente que te queda grande.

El excremento

El otro papel, el del ex, no tiene adjetivos de bazar. Tiene uno mucho más directo: el Piqué del excremento.

Es la frase más bruta de la canción, y la escribí así a propósito. En el despecho no hay matices. Nadie, en plena rabia, dice «mi expareja tenía virtudes y defectos como todo el mundo». Se dice lo que se dice, y en el estribillo hay que decirlo con una palabra que suene.

Ahora bien, es importante una cosa, y la quiero dejar escrita. El Piqué de mi canción no es Piqué. Es un ex de ficción que se gana el apodo dentro de la historia. Yo no tengo nada que decir sobre la vida real de ese señor, a quien no conozco. La canción usa a la pareja famosa como molde, como quien usa un disfraz conocido en Carnaval, porque todo el mundo reconoce el disfraz y así no hace falta explicar nada. Lo que hay dentro del disfraz es otra cosa.

De la risa como forma de contar las rupturas hablo más despacio en por qué me río de mis ex.

Ella, no él

Hay un detalle de género en el estribillo que no quiero pasar por alto. El narrador es un hombre, un marica, y no se pide ser Piqué. Se pide ser Shakira. La Shakira marica, dice la letra, para que no haya dudas.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Lo siento, a partir de ahora yo soy…» de «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro»

Podría haber escrito una canción donde los dos fueran Piqués, o donde el narrador fuera el futbolista guapo y el ex la estrella despechada. No. El papel bueno, el que interesa, es el de ella. Porque en la historia original ella es la que se queda con la canción, la que convierte la humillación en éxito, la que sale ganando del reparto. Él solo sale como el que se ha ido.

Entre maricas, esto de pedirse el papel de la diva es tradición. Durante décadas, los gais se han identificado más con las heroínas que con los héroes de las películas y las canciones. Con la que sufre, la que se levanta, la que se pone los tacones y sale por la puerta grande. Las folclóricas, las actrices del Hollywood clásico, las divas del pop de los ochenta. No es casualidad: eran los únicos personajes que contaban emociones que nos sonaban, en una época en la que los hombres de las canciones no lloraban ni se despechaban con estilo.

La Shakira marica del Todo a un Euro es la última de esa larga fila. Una diva más en el panteón, aunque llegue con el precio puesto.

El molde famoso

No es la primera vez que uso a alguien famoso como molde de una canción. En mi catálogo hay unos cuantos nombres propios: Ojete Calor, Los Javis, Lola Flores, La Veneno en «Kaaa miga», Carmina Barrios en «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios».

Pero hay una diferencia importante entre esos casos y el de Shakira. En los otros, el nombre famoso es un homenaje: hablo de alguien a quien admiro, a quien agradezco algo o a quien me habría gustado tener cerca. En el caso de Shakira y Piqué, la pareja famosa no es el tema. Es el decorado. La canción no habla de ellos. Habla de otros dos que se miran en ellos.

Esto me parece una forma muy de nuestra época de contar las cosas. Ya no hace falta explicar los sentimientos desde cero. Basta con decir «somos como tal pareja» o «esto es muy de tal serie» y todo el mundo entiende. La cultura popular se ha convertido en un idioma compartido, un repertorio de modelos que usamos para hablar de nuestras propias vidas. Mi narrador lo usa con descaro: no dice «estoy dolido y quiero quedar por encima», dice «soy la Shakira». Y con eso ya está todo dicho.

El lo siento como arma

Hay una palabra en la canción que es el centro de todo, y no es Shakira ni Piqué. Es «lo siento».

Normalmente, «lo siento» es una disculpa. En la canción es lo contrario: un anuncio. «Lo siento, a partir de ahora yo soy…» quiere decir «te aviso, que te va a doler». Es el lo siento de los presentadores de concursos cuando el concursante ha fallado. Educado en la forma y demoledor en el fondo.

Me gusta mucho darle la vuelta a las fórmulas de cortesía. En castellano tenemos un montón de frases hechas que significan lo contrario de lo que dicen. «Con todo el respeto» suele anunciar una falta de respeto. «No es por nada» siempre es por algo. «Lo siento, pero» casi nunca lo siente. El lenguaje del despecho está lleno de estas fórmulas, y una canción de despecho que no las use se pierde la mitad de la gracia.

Sobre la exageración del habla cotidiana tengo un texto entero, «Me muero». El «lo siento» falso es primo hermano del «me muero» que no se muere nadie.

Facturar con lo que hay

La frase de Shakira sobre facturar tenía una lectura económica muy clara: convertir el dolor en negocio, en éxito, en dinero. Ella podía hacerlo. Tenía una carrera inmensa, un público mundial y un productor de moda.

Collage con un detalle de la carátula de «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro» y las carátulas de «Llorar», «Mi novio de Albacete», «Kaaa miga», «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios»

¿Y el que no tiene nada de eso? ¿El que no factura porque no tiene ni dónde facturar? Ahí entra la Shakira de bazar. Factura en el Todo a un Euro. Su venganza no va a salir en los telediarios ni la van a escuchar millones de personas. Va a salir en el grupo de WhatsApp de los amigos, en una historia de Instagram con cuarenta visualizaciones, en una canción que oirán unos pocos.

Pero es suya. Y para quien acaba de salir de una relación que le ha dejado hecho polvo, tener algo suyo, aunque sea de bazar, es mucho. La versión low cost de la dignidad sigue siendo dignidad.

Esto conecta con algo que me interesa desde siempre y que he trabajado en otras canciones, como «Ojete Calor en versión low cost»: el low cost como estética. No como algo de lo que avergonzarse, sino como un lugar desde el que hablar. Quien no tiene presupuesto para la mansión, se hace una mansión con cartón y purpurina. Y a veces le queda más gracioso.

La repetición del despechado

Una cosa en la que se fija quien escucha la canción entera es la repetición. El estribillo vuelve una y otra vez, casi igual, como un disco rayado.

No es pereza. Es la forma de hablar del despecho. Quien acaba de romper repite las mismas frases a todo el que se cruza. A la amiga del café, al compañero de trabajo, al camarero si se deja. «Pues ahora yo soy la Shakira y él el Piqué». Una y otra vez, hasta que se lo cree. La repetición es el método con el que uno se convence de su nuevo papel.

Hay algo de mantra en eso, como dice la ficha. Y algo de terapia casera. Repetir una frase hasta que deje de doler la frase anterior, la que te dijeron al romper, la que no te quitas de la cabeza. Si la nueva frase suena más fuerte, la vieja se apaga.

Cuando el despecho se pasa

Ahora, algo que también quiero decir, porque no todo es fiesta.

El despecho tiene fecha de caducidad. Durante un tiempo, ponerle apodos al ex es saludable, te da fuerza, te devuelve el control. Pero si al cabo de dos años sigues hablando del Piqué del excremento en cada cena, ya no es despecho, es otra cosa. Es que la historia te sigue teniendo a ti, en vez de tenerla tú a ella.

Por eso me gusta que la canción sea corta y que se quede en el estribillo. No hay una segunda parte donde el narrador planee venganzas ni persiga al ex. Hay un estallido, un cambio de papeles, y se acabó. Es una canción para la semana después, no para el año después. Para el año después tengo otras, más tranquilas, donde ya se puede mirar atrás sin apodos.

Hay un tipo de humor que cura y otro que envenena. El primero te ayuda a soltar. El segundo te ata. Lo he pensado mucho en de la risa ajena a la risa propia, y creo que la Shakira de bazar está del lado bueno, porque se ríe también de sí misma. Si solo se riera del otro, sería un ajuste de cuentas. Como se ríe de los dos, es una comedia.

Telecinco

Un apunte más sobre ese verso de «salen mucho ahora en Telecinco», porque no está puesto al azar.

Ficha de la canción «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Durante años, la tele española de la tarde y de la noche ha sido el gran escenario de las rupturas. Los platós de los programas del corazón han visto parejas que se casaban, se separaban, se reconciliaban y se volvían a separar, todo en directo y con el público aplaudiendo. Era un teatro de despechos semanal. Medio país ha aprendido a hablar de sus rupturas viendo cómo hablaban de las suyas los famosos de la tele.

Por eso el narrador no necesita explicar qué es una pareja que sale en Telecinco. Todo el mundo lo sabe. Es la pareja que vende su amor por capítulos y, cuando se acaba, vende también el final. Que mi pareja gay del año salga ahí es una forma de decir que han llegado a lo más alto y a lo más bajo a la vez. Y que lo que viene después, la ruptura, tendrá público.

El despecho en la pista

Las canciones de despecho tienen una vida curiosa cuando salen de los auriculares y llegan a una pista de baile. En casa, a solas, son confesiones. En una discoteca, se convierten en otra cosa: un grito colectivo de gente que no se conoce de nada pero que ha pasado por lo mismo.

Cualquiera que haya estado en una pista cuando suena un himno de ruptura lo ha visto. Cien personas señalando al aire, a un ex imaginario, con la misma frase en la boca. Cada una piensa en el suyo. Nadie sabe en quién piensa el de al lado. Y todos se sienten acompañados. El despecho, que es una emoción solitaria, se vuelve fiesta compartida.

Esa es otra razón por la que el estribillo de la Shakira de bazar es tan repetitivo y tan fácil de recordar. Está pensado para que se pueda gritar sin haberlo oído antes, a la segunda vuelta. «A partir de ahora yo soy» es una frase que cualquiera puede completar con su propio papel. En la pista, cada uno elige su diva.

Sobre lo que necesita una pista para funcionar, sobre todo en días de celebración, escribí en qué pide una pista de baile en el Orgullo. Una de las cosas que pide, creo, es esto: frases que te dejen ajustar cuentas sin hacer daño a nadie.

Para qué sirve una canción así

Vuelvo al principio. ¿Para qué sirve una canción de despecho de bazar?

Sirve para que quien acaba de romper tenga un estribillo que repetir en la ducha. Sirve para reírse de la pareja famosa del momento sin tener que tomarse en serio la prensa rosa. Sirve para recordar que el despecho, tan dramático en las canciones de las grandes estrellas, también es cosa de gente corriente, de los que compran en el bazar del barrio. Y sirve, sobre todo, para quedarse con la canción.

Porque en toda ruptura hay un momento en que uno decide quién va a ser en la historia que se contará después. Mi narrador elige ser la diva, aunque sea la de saldo. No está mal como elección. Las hay peores.

Preguntas frecuentes

¿De qué va «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro»? De una pareja gay famosa que se rompe y de cómo uno de los dos se pide el papel de la Shakira de bazar y le deja al otro el del Piqué del excremento. La letra completa está en gayfolkplanet.com/letras.

¿Habla de Shakira y Piqué de verdad? No. Usa a la pareja famosa como molde reconocible para contar la ruptura de una pareja de ficción.

¿Qué significa lo del Todo a un Euro? Es la versión de bazar de la diva: alguien que se pide el papel de Shakira sabiendo que no es Shakira, con humor y con orgullo de lo cutre.

¿Quién hace la canción? Mike Sain't Louis escribe la letra, compone y produce. La música y las voces se hacen con inteligencia artificial.

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