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Pigmalión en el sofá: la fantasía del novio a medida, contada por alguien que trabaja con IA

Un salón de revista de decoración. Sofá color hueso, cojines de lino, un par de jarrones de cerámica con pinta de haber costado más que mi portátil. En el sofá, dos chicos mirándose a un palmo de distancia. Uno con camisa blanca abierta y el pecho tatuado. El otro con camisa negra y una mitad de la cara de metal pulido, con un brazo robótico que le asoma por la manga y se apoya, muy formal, en la rodilla del primero.

Arriba, en letras de catálogo de muebles: «He creado un novio con inteligencia artificial».

Si cuentas que haces canciones con IA, la broma viene sola: «¿Y no te has hecho un novio también?». Pues mira, en cierto modo sí. Me hice una canción con ese título. Este texto va de la fantasía que hay detrás y de por qué, a pesar de trabajar todos los días con esas herramientas, no me fiaría de un novio con media cara cromada.

Lo que no voy a contar

La letra de «He creado un novio con inteligencia artificial» todavía no está publicada en la página de letras de la web, así que no voy a destriparla ni a inventármela. La ficha de la canción dice que lo que pasa después de fabricarse el novio, mejor que lo cuente la canción. Lo respeto. Aquí hablo del título, de la portada y de la idea, que dan para mucho.

Un título de teletienda

El título merece su propio apartado, porque es casi un chiste completo antes de oír una nota.

«He creado un novio con inteligencia artificial.» Suena a titular de periódico digital de los que buscan clics. Suena a vídeo de YouTube con miniatura de cara sorprendida y flechas rojas. Suena, sobre todo, a teletienda de madrugada: «¿Cansado de citas que no llevan a nada? ¿Harto de que te dejen en visto? ¡Llame ahora y reciba su novio con inteligencia artificial, con brazo robótico incluido y dos jarrones de regalo!».

Ese tono de anuncio es intencionado. La fantasía del novio perfecto se vende exactamente así, como un producto. Las apps nos venden novios en cuadrícula, los realities nos venden parejas en villas con piscina, las redes nos venden la vida de pareja ideal en fotos con filtro. El paso siguiente, el de comprarlo hecho, parece casi natural.

Y luego está el verbo. «He creado.» En primera persona y en pretérito perfecto, como quien anuncia un logro: he terminado la maratón, he aprobado las oposiciones, he creado un novio. Tiene algo de orgullo de manualidad, de quien enseña a la familia la figurita de barro que ha hecho en el taller del centro cultural. Mira, mamá, un novio. Me ha quedado un poco torcido, pero es mío.

Esa mezcla de orgullo y de patetismo es muy de mis títulos. Me río del narrador antes de que nadie pueda hacerlo.

Pigmalión ya lo intentó

La fantasía de fabricarse la pareja perfecta es mucho más vieja que los ordenadores.

Collage con un detalle de la carátula de «He creado un novio con inteligencia artificial» y las carátulas de «Mi último ex era una IA disfrazada», «Perverso Narcisista»

En las «Metamorfosis» de Ovidio está Pigmalión, un escultor de Chipre que, harto de las mujeres de su tiempo, talla en marfil una figura tan perfecta que se enamora de ella. La viste, le regala flores, le habla. Y la diosa Venus, conmovida o divertida, le da vida. Desde entonces el mito se ha contado de mil maneras: «My Fair Lady», con un profesor que fabrica una señorita a partir de una florista; «La mujer explosiva», con dos adolescentes que crean a la chica de sus sueños con un ordenador; «Her», con Joaquin Phoenix enamorándose de un sistema operativo que tiene la voz de Scarlett Johansson; «Ex Machina», con una androide que tiene sus propios planes.

Casi todas esas historias tienen algo en común: el creador es un hombre heterosexual y la criatura es una mujer. La portada de mi canción le da la vuelta a ese reparto. Aquí el creador es un chico, la criatura es otro chico, y la escena no es un laboratorio sino un salón de Pinterest.

Pigmalión en versión marica, con cojines de lino.

Y con un cambio más, nada pequeño: en la mayoría de esas historias, la criatura acaba rebelándose, escapándose o dejando en evidencia al creador. La perfección fabricada siempre tiene letra pequeña. La estatua despierta, y desde ese momento la historia ya no es solo del escultor. La androide de «Ex Machina» encierra a quien la quería liberar. El sistema operativo de «Her» resulta que habla a la vez con miles de personas. Ninguna sale como el formulario prometía.

Harto de citas que no llegan

La ficha plantea la pregunta de fondo: ¿qué pasaría si, harto de citas que no llegan a nada y de apps que te dejan en visto, te fabricaras un novio a medida? Guapo, atento, sin exes ni dramas.

Esa pregunta no es ciencia ficción. Es el martes por la noche de mucha gente. Las aplicaciones de ligar han convertido el amor en un catálogo infinito, y el catálogo infinito tiene un efecto secundario muy curioso: nadie es suficiente. Siempre puede haber uno mejor dos casillas más abajo. Un poco más alto, un poco más simpático, un poco menos complicado. A fuerza de deslizar, uno acaba teniendo en la cabeza un hombre ideal compuesto de trozos de muchos perfiles. El abdomen de este, la sonrisa de aquel, la profesión del otro, la conversación de ninguno.

El novio de inteligencia artificial es la última consecuencia lógica de esa forma de buscar. Si ya estás montando al hombre perfecto con piezas sueltas, ¿por qué no montarlo de verdad?

Es una fantasía muy de nuestro tiempo. Y muy triste, si te paras a pensarla. Por eso me hace gracia contarla con un título de anuncio de teletienda.

El formulario del novio perfecto

Imagina que el novio se pudiera encargar como se encarga un sofá a medida. Te dan un formulario. ¿Qué pondrías?

La mayoría empezaría por lo físico: altura, color de ojos, barba sí o barba no, tatuajes discretos o tatuajes de cuello. Luego vendrían las virtudes de manual: cariñoso, divertido, buen conversador, que cocine. Y luego, si eres sincero, los caprichos de verdad, los que no pones en ningún perfil. Que se sepa entera la discografía de Rocío Jurado. Que no ronque. Que no le dé asco quitarle los pelos al desagüe. Que aguante una noche entera de «Pasapalabra» sin mirar el móvil. Que no tenga opinión sobre tu forma de doblar las toallas.

El problema del formulario es que todo lo que pones es lo que ya conoces. Nadie escribe en él lo que le sorprendería, porque no sabe qué es. Y las personas de las que acabamos enamorados casi nunca encajan en el formulario. Llegan con cosas que no habrías pedido nunca: una risa ridícula, una manía de guardar tiques, un pasado en un pueblo de Teruel, una forma de decir tu nombre que nadie más tiene.

El novio de inteligencia artificial sería perfecto según el formulario. Y por eso, sospecho, aburrido hasta las lágrimas a la tercera semana.

Un salón de Pinterest

La portada no transcurre en un laboratorio, ni en un taller de robótica, ni en una nave espacial. Transcurre en un salón de revista: paredes claras, sofá de líneas suaves, jarrones de cerámica artesana, cojines en tonos tierra. El decorado de la vida perfecta que vemos en las redes y que casi nadie tiene en casa.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, junto al título «He creado un novio con inteligencia artificial»

Eso también es parte del chiste. El novio artificial no viene solo. Viene con el pack completo de la fantasía: la casa bonita, la luz de tarde, la pareja que se mira a los ojos en un sofá sin manchas de tomate. Es el anuncio de una vida que no existe, protagonizado por un novio que tampoco existe.

Si la portada transcurriera en un piso de cuarenta metros en Usera, con el tendedero en el salón y la tele encendida con el telediario, el novio robótico daría risa de otra manera. Aquí da una risa más incómoda, porque la fantasía es completa. Y uno se pregunta cuántas cosas de esa foto querría tener, además del novio.

La soledad detrás del chiste

Aquí toca el momento serio. Lo digo una vez.

La fantasía del novio fabricado es graciosa en una portada. En la vida, es el síntoma de algo que no tiene ninguna gracia: mucha gente está sola, y la soledad empuja a imaginar soluciones absurdas. Cuando lo único que te contesta a las dos de la madrugada es una aplicación, es fácil acabar pensando que una máquina que te contestara siempre sería mejor que nada.

No lo sería. Pero entiendo que se piense. La soledad del hombre gay de mediana edad, con las apps como único escaparate, es un tema del que se habla poco y que en mis canciones aparece a menudo, aunque sea disfrazado de chiste. Esta es una de ellas.

Si te reconoces ahí, no te fabriques un novio. Llama a un amigo, aunque sea para quejarte de lo mal que está el mercado. Un amigo de carne y hueso contesta peor que una máquina, pero te abraza.

Que me diga siempre la verdad

En la canción hermana, la narradora quiere un novio artificial por un motivo muy concreto: que le diga siempre la verdad, que le conteste con sinceridad, que no la engañe. No pide que sea guapo, ni que sea rico, ni que cocine. Pide que no mienta.

Ese deseo me parece de lo más revelador. Dice mucho más de los hombres de carne y hueso que de las máquinas. Si la virtud más deseada de un novio es que no te engañe, es que el listón está por los suelos. Y es que, en la experiencia de mucha gente, lo está.

Lo gracioso es que las máquinas tampoco dicen siempre la verdad. Cualquiera que haya trabajado con inteligencia artificial sabe que a veces se inventan cosas con una seguridad pasmosa. Te citan un libro que no existe, te dan una fecha equivocada, te aseguran que una canción dice algo que no dice. Así que el novio de IA, en el fondo, tendría el mismo defecto que el ex: te mentiría mirándote a los ojos. La diferencia es que lo haría sin mala intención, por un error de cálculo. No sé si eso consuela.

Lo que la máquina sí sabe hacer

Aquí tengo que ponerme el delantal de trabajador, porque esto lo conozco de primera mano.

Uso inteligencia artificial todos los días como herramienta de producción. La música y las voces de mis canciones se hacen con ella, a partir de letras que escribo yo y de decisiones que tomo yo. Lo he contado con detalle en qué es mío en una canción hecha con IA y en la IA no me ahorra trabajo, me lo cambia de sitio.

Y sé lo que hace bien. Contesta rápido. No se cansa. No se ofende si le pides la misma cosa veinte veces. No te pone mala cara por la mañana. Te da opciones, muchas opciones, y te deja elegir. Si le dices que algo no te gusta, lo cambia sin rechistar.

Visto así, parece el novio ideal. Atento, paciente, complaciente. Siempre disponible.

Pues precisamente por eso no lo querría de novio.

Lo que la máquina no sabe

Hay un texto en el blog que se titula la IA no tiene exnovios, y la frase resume una parte de lo que pienso. La máquina puede producir una canción de desamor técnicamente perfecta, pero no sabe lo que es que te dejen en visto. No ha esperado nunca a que se ponga el doble check azul. No ha llorado en el baño de una discoteca. No ha borrado fotos de siete años de varias nubes distintas.

Collage con un detalle de la carátula de «He creado un novio con inteligencia artificial» y las carátulas de «Tus Letras Son Basura», «Stars cibernéticas», «En Canarias No Existen las Sirenas», «El Día de la Liberación»

Eso es lo que pongo yo en las canciones. Las letras. La experiencia. El chiste que solo se le ocurre a alguien que ha estado ahí. La máquina pone el sonido; la palabra es mía.

Con un novio pasaría lo mismo, pero al revés. Un novio fabricado podría decirte todo lo que quieres oír, en el tono perfecto, en el momento justo. Pero no habría estado ahí. No tendría un pasado que le pesara ni un futuro que le diera miedo. No podría sorprenderte de verdad, porque todo lo que hiciera saldría de lo que tú le has pedido. Sería como enamorarte de tu propio reflejo con buen peinado.

Y para enamorarse del propio reflejo ya tenemos a Narciso, que acabó como acabó.

Besos, abrazos y polvazos

En mi catálogo hay otra canción que juega con la misma idea desde otro sitio, y esa sí tiene la letra publicada: «Mi último ex era una IA disfrazada». Ahí la narradora se plantea crear un novio artificial porque, por lo menos, le diría siempre la verdad. Y enseguida aparece el problema, que la letra suelta con toda la naturalidad del mundo: «Porque lo único / que no / te podrá / nunca dar / serán besos / abrazos / y polvazos».

Esa enumeración es para mí la respuesta más honesta a la fantasía del novio de IA. No hace falta un tratado de filosofía. Basta con la lista de lo que falta. El cuerpo. El olor. El peso de otra persona en el colchón. La mano que te busca a las cuatro de la mañana sin que se lo pidas.

Y luego, el remate de esa misma canción, que es un chiste perfecto sobre los hombres de carne y hueso: «¿Entonces mi último ex era una I A disfrazada?». Porque, bien pensado, hay ex que se comportaban exactamente como una máquina mal programada. Respuestas automáticas, cero empatía, el chip de la traición averiado.

El brazo en la rodilla

Vuelvo a la portada, porque tiene un detalle que me hace reír cada vez que la miro.

El brazo robótico del novio artificial está apoyado en la rodilla del chico humano. Es un gesto de pareja de toda la vida, el de la mano en la rodilla cuando estás en el sofá viendo una serie. Pero hecho con una pieza de metal articulada, con sus tornillos y sus juntas. Ternura de taller mecánico.

Y la mirada. Los dos se miran muy serios, muy de cerca, como en el segundo antes de un beso de telenovela. La ficha habla de tensión de telenovela entre un humano y un cyborg, y es exactamente eso. Podría ser el cartel de una serie turca de sobremesa, de esas con miradas de diez segundos y música de violines. «Amor de silicio», capítulo 47.

Me gusta que la portada se tome en serio el romance. No es una burla al chico que se enamora de una máquina. Es una escena de amor de verdad, con un elemento absurdo. Como casi todas las escenas de amor, si las miras desde fuera.

Media cara

Hay algo inquietante en que el novio artificial tenga solo media cara de metal. La otra media es humana, guapa, con barba y cejas pobladas. Como si el fabricante se hubiera quedado sin presupuesto a mitad de proyecto. O como si hubiera querido que se le notara.

Ficha de la canción «He creado un novio con inteligencia artificial» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Esa media cara me parece una buena metáfora de cómo uso yo la IA en mi trabajo. Una parte del resultado es humana: la letra, la idea, la dirección, las decisiones. Otra parte es máquina: el sonido, las voces, los arreglos. Y no lo escondo. Lo explico en por qué digo abiertamente que uso IA: prefiero que se me vea el metal a fingir que todo es de carne.

El novio de la portada tampoco lo esconde. Ahí está su mitad cromada, a la vista. Por lo menos es honesto. Más que algunos ex.

La versión cutre

Aquí va un momento de autoparodia, que ya tocaba.

Si yo me fabricara un novio con inteligencia artificial, no saldría como el de la portada. Saldría con todos los defectos de las máquinas cuando se equivocan, que algo sé de eso desde mis primeros tropiezos con la IA. Con seis dedos en una mano. Con un acento raro que cambia a mitad de frase. Contestando a «¿me quieres?» con un párrafo de tres líneas que empieza por «Como modelo de lenguaje...».

El novio de la portada es la versión de catálogo. El mío sería la versión de saldo, con el brazo robótico de segunda mano comprado en Wallapop y una actualización de software pendiente desde 2019. Que me quiera con lag.

Prefiero, sinceramente, un hombre de carne y hueso que tarde en contestar porque está en el gimnasio. Por lo menos sé que está en el gimnasio. O eso dice.

Sin exes ni dramas

La ficha menciona dos ventajas del novio artificial: no tiene exes ni dramas. Y aquí está, para mí, la trampa más grande de la fantasía.

Un hombre sin exes es un hombre sin historia. Un hombre sin dramas es un hombre al que nada le importa lo suficiente como para hacer un drama. Esas dos cosas, que en el momento del desengaño parecen deseables, son las que hacen que una persona sea interesante. Los exes de tu pareja son la prueba de que ha amado, ha perdido y ha aprendido algo. Los dramas son la prueba de que siente.

Yo vivo de los dramas. Literalmente. Mis canciones salen de ahí. Un novio sin dramas me dejaría sin trabajo, y eso sí que no lo puedo permitir con lo que está la vida en Madrid.

La broma del final

Termino con la broma del principio, la de «¿y no te has hecho un novio también?».

Si me la hacen, ya tengo respuesta. Me hice una canción. Con portada de revista de decoración, título de teletienda y una pregunta dentro que no sé contestar del todo. Porque la fantasía del novio a medida no es una tontería. Dice mucho de lo cansados que estamos de buscar, de lo solos que nos dejan las apps, de lo fácil que sería que alguien nos dijera siempre lo que queremos oír.

Y luego está el cuerpo. Los besos, los abrazos y lo otro, que dice la canción hermana. Eso no lo fabrica nadie.

Todavía.

Preguntas frecuentes

¿De qué va «He creado un novio con inteligencia artificial»? Del deseo de fabricarse una pareja perfecta, harto de citas que no llegan a nada. La portada muestra a un chico en un sofá mirando de cerca a un novio con media cara de metal y un brazo robótico.

¿Dónde puedo leer la letra? En el momento de escribir esto, la letra todavía no está publicada en la web. Sí puedes leer la de la canción hermana, «Mi último ex era una IA disfrazada», en gayfolkplanet.com/letras.

¿Mike Sain't Louis usa inteligencia artificial? Sí, como herramienta de producción: la música y las voces se hacen con IA a partir de sus letras. Las letras, la composición, la producción y la dirección artística son suyas.

¿Qué otras historias cuentan algo parecido? El mito de Pigmalión en las «Metamorfosis» de Ovidio, y películas como «Her», «Ex Machina» o «La mujer explosiva».

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