
Por Mike Sain't Louis ·
La IA no tiene exnovios
Tengo una frase que me gusta mucho, medio en broma: la inteligencia artificial no tiene exnovios. No ha esperado nunca un mensaje que no llegó. No ha borrado una foto para luego buscarla en la papelera. No ha fingido que le daba igual ver a alguien en una terraza con otro. Y por eso, por mucho que haga, no puede escribir mis letras.
Lo digo en broma, pero lo pienso en serio.
Lo que sabe y lo que no
La herramienta con la que produzco la música de PLANETA GAYFOLK sabe muchas cosas. Ha escuchado más canciones de amor de las que yo escucharé en mi vida. Sabe cómo suena una balada triste, cómo suele construirse un estribillo de despecho, qué acordes nos ponen melancólicos. Si le pidiera una letra sobre una ruptura, seguramente me daría algo correcto. Con sus rimas y sus metáforas.
Lo que no sabe es qué se siente cuando la ruptura es tuya. Y eso, en una letra, se nota más de lo que parece.
Una letra escrita sin haber vivido nada tiende a irse a lo general. Habla de «dolor», de «corazón roto», de «lágrimas». Palabras grandes que no pesan nada. Una letra escrita por alguien que ha pasado por ahí tiende a irse a lo concreto, al detalle tonto que solo conoce quien estuvo: la taza que sigue en tu armario, la canción que ya no puedes poner, el sitio del metro donde te bajabas para ir a su casa. Lo concreto es lo que hace que otra persona diga «a mí también me pasó».
Hay otra diferencia más sutil. Quien ha vivido una ruptura sabe que no se siente una sola cosa. Se sienten varias a la vez, y se contradicen. Echas de menos a alguien y te alegras de que se haya ido. Le deseas lo mejor y te gustaría que su nuevo novio tuviera mal aliento. Esa mezcla, tan poco elegante, es lo más verdadero del desamor. Las máquinas tienden a elegir una emoción y a quedarse con ella, limpia y ordenada, como en una tarjeta de felicitación. La vida no es tan ordenada, y mis letras tampoco quieren serlo.
Los exnovios como material
Escribo mucho sobre exnovios. Es uno de los temas que más vuelven en mis canciones, junto al amor gay, el orgullo, la autoestima y la vida de cada día. No lo hago por rencor. Lo hago porque un ex es un personaje buenísimo. Sabes cómo es, conoces sus manías, tienes opiniones sobre él que nadie te ha pedido. Y casi siempre hay algo de ridículo en cómo terminó, aunque en su momento no tuviera ninguna gracia.
Fíjate en un título como «No quiero otro novio cojín». No hace falta explicar nada: cualquiera que haya salido con alguien reconoce la figura. El que está ahí como está un cojín, blandito, cómodo y sin sostener gran cosa. Para que esa imagen se te ocurra, tienes que haberla visto de cerca, en tu vida o en la de tus amigas. Esa observación no se le puede pedir a una máquina. No ha tenido ningún cojín.
El humor necesita una herida
Hay otra cosa que me parece importante. Mis canciones tienen humor, a veces mucho. Y el humor sobre el desamor solo funciona si hay una herida debajo. Si no la hay, es un chiste sin gracia, de esos que se cuentan en una cena de empresa para romper el hielo.
La gracia de reírte de un ex está en que te importó. En que dolió, y ahora puedes mirarlo desde un poco más lejos. Eso es una distancia que se recorre viviendo. No se puede fingir con una instrucción. La máquina puede imitar el tono burlón, pero no sabe de qué se está burlando, y el oyente lo nota aunque no sepa explicar por qué.
Por eso tengo tan clara la división. La letra la escribo yo, siempre. La música la produzco con inteligencia artificial, que dirijo: decido, descarto, elijo entre lo que me propone. No voy a decir que la parte musical no importe, porque importa muchísimo, y a veces la herramienta encuentra algo que yo no habría imaginado. Pero la experiencia, lo que se cuenta, viene de alguien que ha vivido.
A veces me preguntan si no me da miedo que algún día la IA escriba letras igual de buenas. Me lo planteo. No lo descarto del todo. Las máquinas aprenden rápido y no seré yo quien diga «nunca». Pero sospecho que, aunque llegue a escribirlas bien, faltará algo que el oyente busca sin saberlo: la certeza de que detrás de esa frase hay alguien que pasó por ahí. Cuando escuchas una canción de despecho, una parte de ti quiere saber que alguien sufrió igual que tú y sobrevivió. Si sabes que no sufrió nadie, la canción se queda en decorado.
Una contradicción
Ahora la parte incómoda, porque no quiero quedar de purista.
La música de mis canciones también emociona, y esa parte la produce la máquina. Hay oyentes que se emocionan antes con la melodía que con la letra. A veces sin haber entendido la letra. ¿Quiere decir eso que la emoción puede llegar sin experiencia detrás? Puede ser. No lo tengo resuelto. Lo que sí sé es que, en mi caso, la canción empieza siempre en algo vivido, y que eso le da una dirección a todo lo demás.
La máquina no tiene exnovios. Yo sí, y algunos hasta me lo agradecerían si supieran cuántas canciones les debo. Prefiero que no se enteren.
Las letras completas de todas mis canciones están en mikesaintlouis.com.