
Por Mike Sain't Louis ·
Por qué digo abiertamente que uso IA
Habría sido fácil callármelo. Mucha gente lo hace. Sube canciones producidas con inteligencia artificial, se inventa una foto de estudio con auriculares grandes y deja que cada uno imagine lo que quiera. Nadie pregunta, o pregunta poco, y la vida sigue.
Yo decidí lo contrario. Me presento como el primer cantautor IA, y la palabra IA está ahí, pegada a mi nombre, desde el principio. Quiero explicar por qué, porque no fue una decisión tan obvia como parece ahora.
La tentación
Te la cuento sin vergüenza. Hubo un momento en que pensé que decirlo me iba a perjudicar. Que la gente escucharía «IA» y dejaría de escuchar lo demás. Que la palabra se comería las letras, los títulos, el humor, todo lo que me importa. Y en parte tenía razón: hay personas que no pasan de esa palabra. Cierran la pestaña y no vuelven.
La tentación de callar no venía de querer engañar a nadie. Venía de querer que me juzgaran por las canciones antes que por la herramienta. Me parecía un deseo legítimo. Todavía me lo parece.
Por qué no callé
Por varias razones, y no todas son nobles.
La primera es práctica. Esas cosas se acaban sabiendo. Siempre. Y cuando alguien se entera por su cuenta de que lo que escuchaba estaba hecho con IA, no se enfada por la IA. Se enfada porque se siente tonto. Eso no se arregla después con una explicación larga. Prefiero perder a alguien al principio, por algo que le dije, que perderle más tarde porque se lo escondí.
La segunda razón es de carácter. Escribo canciones con humor, con camp, sobre exnovios y sobre autoestima. Casi todas tienen algo de confesión, aunque vaya disfrazada de chiste. Me parecería muy raro escribir así y luego ser opaco sobre cómo trabajo. Sería como contar tus intimidades en una cena y negarte a decir de qué es la salsa.
La tercera es más egoísta. Diciéndolo, me quito un peso. No tengo que vigilar lo que cuento en cada conversación, ni acordarme de qué versión le di a quién. La verdad es más cómoda de mantener. Cualquiera que haya tenido una relación con secretos lo sabe.
Y hay una cuarta, que pesa más que las otras tres juntas. Hago pop queer. Mucha de la gente que me escucha sabe muy bien lo que es esconderse: callar con quién sales, cambiar un pronombre en una conversación, medir cada palabra delante de la familia. Hay quien lo ha hecho durante años. Escribo para esa gente, y no me parecía bien pedirles que confiaran en canciones sobre el orgullo mientras yo escondía algo tan simple como la herramienta con la que trabajo. Sería una pequeña incoherencia, pero de las que se notan. Una trilogía que termina con «El día de la liberación» no puede venir de alguien que va por la vida con un secreto de fábrica.
Lo que me ha costado
No voy a fingir que salió gratis. Seguramente hay puertas que se me cierran sin que me entere. Habrá quien piense que lo mío no es música, y está en su derecho. Hay quien piensa que la etiqueta es una provocación para llamar la atención. Un poco lo es, no te voy a engañar. Pero una provocación que dice la verdad me parece mejor que una discreción que miente.
También me ha costado algo más sutil. A veces la conversación se queda en la IA y no llega nunca a las canciones. Me pasa más de lo que querría. Alguien me habla durante media hora de la herramienta y no me pregunta ni una vez por qué una canción se llama «No quiero otro novio cojín». Eso me da un poco de pena, porque la parte interesante es esa.
He aprendido a reconducir esas conversaciones con paciencia. Contesto lo de la herramienta, que es razonable preguntarlo, y luego intento llevar la charla hacia lo que de verdad me ocupa los días: una palabra que no encaja, un estribillo que se resiste, un título que todavía no me hace reír. No siempre lo consigo. Pero cuando lo consigo, la conversación mejora mucho.
A cambio, la gente que se queda, se queda sabiendo. No hay malentendido. Cuando alguien me escribe para decirme que una letra le ha tocado, sé que lo dice con toda la información delante. Ese mensaje vale más que diez que llegarían por un equívoco.
Y me ha dado una forma de explicar lo que hago con precisión. Escribo todas las letras. La música la produzco con Suno, que dirijo yo: decido, descarto, elijo. Dirijo los más de 280 videoclips. Llevo mi propio sello, MIKE SAIN'T LOUIS. No canto. Decir que uso IA me obligó a separar con cuidado lo que es mío de lo que no, y esa separación me ha servido a mí antes que a nadie.
Lo que no sé
Tengo una duda que no he resuelto. Cada vez más gente usa estas herramientas, y llegará un momento en que decir «uso IA» sea tan poco llamativo como decir «uso un ordenador». No sé si entonces la etiqueta seguirá teniendo sentido o si sonará antigua, como cuando alguien presumía de tener página web.
Puede que sí. Si llega ese día, me la quitaré sin drama. De momento, mientras muchos lo esconden, decirlo todavía significa algo. Significa que no tienes que adivinar.
Y una última cosa, por si alguien pensaba que esto es una estrategia muy calculada. Hay días en que me arrepiento un poco. Días en que pienso que, sin esa palabra delante, «Tan Cateto» o «La primera drag» habrían llegado a más gente. Luego se me pasa. Prefiero llegar a menos personas y no tener que mirar a ninguna de reojo.
Todo lo que hago, con su letra y su videoclip, está en mikesaintlouis.com.