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Más pesado que un Goya: el melodrama como unidad de medida en «Almodóvar»

«No me hagas hablar.»

Es la frase de las vecinas de toda la vida cuando están a punto de contarlo todo. La dice tu tía en la cocina, con el trapo en el hombro, justo antes de largar lo del primo. «No me hagas hablar, que yo sé cosas.» Es una amenaza y una invitación a la vez. No me hagas hablar significa, en realidad, pregúntame una vez más y te lo cuento con pelos y señales.

Así empieza «Almodóvar». Y lo que viene después es la comparación más exagerada que he hecho nunca:

No me hagas hablar / Que ni Almodóvar / en sus mejores tiempos

Que ni Almodóvar. Que este drama no lo filmaba ni el manchego en su mejor década.

Es una de las letras más cortas del catálogo. Cuatro ideas, un estribillo de cuatro palabras y una rima que me sigue haciendo reír. En la ficha de la canción está lo básico. Aquí quiero hablar de otra cosa: de por qué, para medir un desamor, cogí el cine de Pedro Almodóvar como regla. Y un Goya como báscula.

Medir el dolor con lo que uno tiene a mano

Todo el mundo mide su drama con lo que conoce. Hubo generaciones que medían los disgustos en novelas de Corín Tellado. La mía los mide en telenovelas, en culebrones de sobremesa, en realities. Quien creció con «Sálvame» los mide en tertulias. Y quien creció marica en España, en algún momento, los mide en Almodóvar.

No hay otra unidad de medida igual. Almodóvar es el sistema métrico del melodrama en este país. Cuando algo es muy exagerado, muy de llorar con el rímel corrido, muy de mujeres al borde, decimos «esto es muy de Almodóvar». No hace falta explicar más. Todo el mundo entiende.

Así que la letra lo usa así. Mi dolor es tan grande que ni Almodóvar. Y luego, para no quedarse corta, cambia de unidad: «más pesado que un Goya».

Que ni Almodóvar en sus mejores tiempos

El verso tiene una trampa, y quien la pille se va a reír.

«En sus mejores tiempos.» ¿Cuáles son los mejores tiempos de Almodóvar? Ahí empieza la discusión de bar. Unos dicen que los ochenta, la Movida, «Pepi, Luci, Bom», «¿Qué he hecho yo para merecer esto?», «La ley del deseo», «Mujeres al borde de un ataque de nervios». Otros dicen que los noventa y principios de los dos mil, «Todo sobre mi madre», «Hable con ella», con sus Óscar. Otros, que «Volver». Otros, que «Dolor y gloria», ya en 2019, cuando se puso a hablar de sí mismo con Antonio Banderas de alter ego.

No elijo. La letra no dice cuáles son esos mejores tiempos. Lo deja abierto a propósito, porque cada uno tiene su Almodóvar favorito, y la comparación funciona con cualquiera. Lo que dice es que, en el mejor de todos ellos, el que tú prefieras, no llegaría a esto.

Es una exageración de manual. Y la exageración en mi casa tiene sus leyes, como el decálogo que tengo escrito por ahí. Una de ellas es que la comparación tiene que ser con lo más grande que haya. Si vas a exagerar, no te quedes en el cine de barrio. Ve a por el manchego directamente.

Pepa, el gazpacho y la tradición

Hay una razón más para elegir a Almodóvar y no a otro, y tiene que ver con el tipo de drama.

Fotogramas del videoclip oficial de «AlmodóVar», de Mike Sain't Louis

En «Mujeres al borde de un ataque de nervios», Pepa, que hace Carmen Maura, prepara un gazpacho cargado de somníferos mientras espera noticias del hombre que la ha dejado. Es una de las escenas más famosas del cine español. Una mujer destrozada por un abandono, y lo que hace es ponerse a cocinar. Con veneno, pero a cocinar.

Ese es el tipo de drama de Almodóvar: el desamor tremendo metido en una cocina, entre electrodomésticos, con colores imposibles y una ironía que no rebaja el dolor sino que lo hace más visible. Es exactamente lo que yo intento hacer en mis canciones. Lo cotidiano y lo cutre junto a lo trágico. La tragedia con delantal.

No me comparo con él, que conste. Ni en sueños. Lo que digo es que su forma de contar el desamor es una de las tradiciones de las que bebo. Igual que bebo de la copla, y lo conté en por qué el drama de siempre le sienta tan bien al pop queer. Almodóvar y la copla son primos. Los dos le dan a la mujer abandonada un escenario y un vestido rojo.

Más pesado que un Goya

Segundo verso del segundo bloque:

este dolor es más pesado / que un Goya

Esta es mi línea favorita de la canción, y es por la imagen física. Un Goya es una estatuilla de bronce. Un busto del pintor, en metal, con su peana. No es un trofeo de plástico de los que dan en las ligas de pádel. Pesa. Se nota en la gala, cuando los premiados lo levantan y se les tuerce un poco el brazo mientras dan las gracias a su madre y a su productora.

Así que el dolor de la canción pesa más que eso. Es una medida concreta. No dice «este dolor es muy grande» ni «este dolor es infinito», que son frases de canción de radiofórmula. Dice: coge un Goya, sopésalo. Pues más.

Y además el Goya es un premio. Es el premio al mejor drama del año. Al decir que mi dolor pesa más que un Goya, estoy diciendo también que mi drama merecería ganarlo. Es una autoparodia muy fina: me estoy dando yo mismo el premio a la mejor interpretación dramática por mi propio desamor. Con discurso y todo.

Y luego, sin aviso, viene el golpe.

Y todo por pensar con la polla

y todo por pensar con la polla

Rima con «Goya». Y lo destroza todo.

Toda la solemnidad de Almodóvar, de los mejores tiempos, del bronce, del drama de premio, se cae en una sola línea. ¿Por qué tanto dolor? Por pensar con la polla. Por haberse dejado llevar por lo que no se debía. Por no haber usado la cabeza de arriba.

Esto es lo más mío de la canción, y creo que es lo que la hace funcionar. Si la letra se quedara en el melodrama, sería una queja más, con referencias cinéfilas para quedar bien. Con «pensar con la polla», el que habla se señala a sí mismo. No echa la culpa al ex. No dice «me has destrozado». Dice: me lo he buscado yo, por calentón.

Hay algo casi de confesionario en esa línea. En la iglesia de mi infancia, o de la infancia de cualquiera en este país, uno se arrodillaba y decía «me acuso de». Aquí el que habla se acusa en público, con rima y con música, de haber pensado con lo que no debía. Es la penitencia más barata del mundo: tres minutos de canción y un poco de vergüenza.

Me río de mí antes que nadie. Es una regla que sigo siempre que puedo. Primero me burlo de mí, y después, si queda munición, del otro.

Y la rima Goya-polla es, lo admito, de las que dan un poco de vergüenza. Es una rima asonante, o-a, de las fáciles. Pero es que la vergüenza ajena también es una herramienta, y de eso escribí en la vergüenza ajena como herramienta para escribir. Una rima que da un poco de vergüenza obliga a sonreír a quien la oye. Y una sonrisa a destiempo, en mitad de un drama, es exactamente lo que quería.

Ya no te quiero

El estribillo es una sola frase, repetida:

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «este dolor es más pesado que un Goya» de «AlmodóVar»
y es que yo / ya no te quiero

Con todas las vocales estiradas. Yoooooo. Quierooooo.

Después de tanto Almodóvar, de tanto Goya y de tanta polla, la frase final es la más simple del mundo. Ya no te quiero. Cuatro palabras que dice todo el mundo y que casi nadie se cree cuando las dice.

En el catálogo tengo una canción entera con ese título, «Ya no te quiero», y en su página escribí que esa frase «es esa mentira que uno se repite para no romperse del todo». Aquí funciona igual. Lo de alargar tanto las vocales delata al que habla. Quien de verdad ya no quiere, lo dice rápido y se va. Quien estira el «quierooooo» durante tres segundos está lejos de haberlo superado. Las vocales largas son el subtítulo de la frase. Dicen: mentira.

Y eso también es muy de Almodóvar, por cierto. Sus personajes dicen una cosa con la boca y otra con los ojos. Lo que se dice no es lo que se siente, y el espectador lo sabe antes que ellos.

Una canción de dos estrofas

«Almodóvar» tiene muy poca letra. Dos bloques casi iguales, el segundo con la variación del Goya, y luego el estribillo repetido varias veces.

Me gusta que haya canciones así en el catálogo. No todas tienen que ser cartas largas con nombres, apellidos y currículum del ex. A veces una idea cabe en cuatro líneas y el resto es repetirla. Es como el tráiler de una película: con un par de planos bien escogidos ya sabes de qué va.

Además, la brevedad es parte del chiste. «No me hagas hablar», dice la letra. Y luego, efectivamente, habla muy poco. Amenaza con contarlo todo y no cuenta nada. Solo deja dos pistas, el Goya y la polla, y repite que ya no te quiere. El resto te lo imaginas tú. Como en las vecinas de verdad, que nunca terminan de contarlo, que te dejan con la miel en los labios y la escalera llena de suposiciones.

El título más corto

Tengo títulos larguísimos. «No puedo desenchufar este ventilador que está esparciendo mierda.» «Me he enamorado de un policía que es dueño de una lavandería.» «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios.» Títulos que parecen titulares del Caso, de los que hablé en títulos largos y raros.

«Almodóvar» es lo contrario. Un apellido. Nada más.

Me pareció que no hacía falta más. Un apellido así, solo, ya es un género. Si pongo «Almodóvar» en la portada, quien lo lee ya sabe que va a haber drama, colores, mujeres al borde y alguna tragedia con delantal. El título es la primera exageración. Antes de oír una nota, ya has entrado en la película.

Sus chicas y las mías

Almodóvar tiene sus chicas. Carmen Maura, Chus Lampreave, Rossy de Palma, Loles León, Marisa Paredes, Penélope Cruz. Actrices que, cuando salen en pantalla, ya traen el drama puesto. No hace falta que hablen. Rossy de Palma entra en un plano con su perfil cubista y el plano ya es de Almodóvar.

Collage con un detalle de la carátula de «AlmodóVar» y las carátulas de «Sing Me a Sad Song», «Lola Flores»

Yo también tengo mis chicas. No son actrices mías, claro, que yo no dirijo a nadie más que a mí mismo, pero son las mujeres que aparecen en los títulos y las letras del catálogo. Carmina Barrios, la madre de Paco León, a la que me habría encantado tener de suegra y así lo dice una canción. Ylenia Padilla, a la que apoyo públicamente en otra. Malena Gracia, candidata en unas elecciones galácticas. Yurena, que no es Tamara la mala. La Veneno, con su «¿y tú quién eres, maricón?».

Si lo piensas, son chicas muy de Almodóvar. Mujeres de la tele, de la copla, de la prensa del corazón, del escándalo. Mujeres a las que España se ha reído mucho y ha querido poco. Almodóvar las sentó en su mesa antes que nadie. Yo, con mucha más modestia, les hago canciones.

Por eso tenía sentido que el apellido del director estuviera en un título mío. Es como poner en la portada el nombre del barrio del que vienen todas.

Pensar con la polla: una tradición de la casa

La frase de la polla no es un accidente en el catálogo. Es casi una línea editorial.

Hay muchas canciones mías donde el que habla se mete en un lío por el calentón. En «Buscando el polvo perfecto» la presión de pasarlo bien se convierte en sentencia: «que si no te diviertes ya estás sentenciado... ¡pringado!». En «Que te mola el cruising» el deseo va por delante de todo lo demás. En «Bareback» hay un rechazo con mucha guasa: «Ni de coña […] Mi niño, es que ni para chapero».

Lo que tienen en común todas es que el deseo nunca sale gratis. Siempre hay una factura. A veces es una risa, a veces una resaca, a veces un dolor más pesado que un Goya.

Y lo que tienen también en común es que no hay sermón. No digo que el deseo esté mal. No digo que haya que pensar siempre con la cabeza de arriba, que menudo aburrimiento. Digo que, cuando piensas con la de abajo, te puede salir caro, y que lo mejor que puedes hacer después es reírte de ti mismo. Esa es toda la ética de la casa en este tema.

En «Almodóvar» la factura está en el último verso del bloque, justo después del bronce y el premio. La pones en la misma frase que el Goya y se nota el contraste. Gala de premios. Calentón. Gala de premios. Calentón. Toda una vida en dos rimas. Y la mía, si soy sincero, cabe en bastantes menos, pero eso ya sería otra canción, y probablemente con título largo.

La canción, en imágenes

Cada canción mía sale con su portada y su videoclip; es una de las reglas de la casa, «cada canción, su imagen». Están todos en la página de vídeos. En una canción titulada «Almodóvar» la tentación sería llenar la imagen de rojo, de tacones, de teléfonos de góndola y de gazpacho. El riesgo de copiar al director es altísimo, y el resultado sería una parodia de mercadillo, de esas de disfraz comprado en un bazar de la calle Toledo la víspera de Carnaval.

No voy a describir aquí el vídeo, que para eso está el vídeo. Lo que sí digo, porque está en la letra, es que la canción usa a Almodóvar como medida, no como disfraz. Una cosa es decir «esto es más dramático que una película suya» y otra disfrazarse de chica Almodóvar. Lo primero es un chiste con homenaje. Lo segundo, un carnaval.

Por qué en «El día de la liberación»

La canción está en el tercer disco, «El día de la liberación». Podría parecer raro, porque es una canción de desamor reciente, de las que suelen estar en el primer disco, con la herida abierta.

Ficha de la canción «AlmodóVar» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Pero mira el estribillo. Ya no te quiero. Aunque sea mentira a medias, aunque las vocales largas la delaten, es una frase de liberación. Es el intento de cortar. Y el disco de la liberación es justo eso: no el día en que ya está todo superado, sino el día en que decides que se acabó, aunque te cueste creértelo.

Lo expliqué en «El día de la liberación» y el día siguiente. La liberación no es un estado. Es una decisión que hay que repetir. Como el estribillo de esta canción: ya no te quiero, ya no te quiero, ya no te quiero. Hasta que, un día, sea verdad.

Almodóvar y el humor queer

No quiero terminar sin decir algo sobre por qué es importante, para mí, que el apellido de Almodóvar esté en el título de una canción mía.

Almodóvar fue de los primeros en poner en el cine español a maricas, travestis, transexuales y mujeres de todas clases como protagonistas, no como chiste de fondo. Lo hizo con humor, mucho humor, pero un humor que se reía con ellos y no de ellos. Esa diferencia, entre la risa ajena y la risa propia, la he pensado mucho y la escribí en de la risa ajena a la risa propia.

Así que usarle como unidad de medida tiene chiste y tiene homenaje, las dos cosas. Es decir: mi drama se mide con tu vara, porque tú fuiste el que nos enseñó que nuestros dramas merecían una película.

Y a la vez, claro, es un chiste. Porque en mi canción el drama es por pensar con la polla. Que también, si lo piensas, es muy de Almodóvar.

Leerla

La letra completa está en su página de letras. Tarda medio minuto en leerse. Recomiendo leerla en voz alta, con la entonación de tu tía en la cocina, para el «no me hagas hablar». Y luego con la voz de un actor recogiendo un premio, para el Goya. Y luego con la voz de quien acaba de darse cuenta de que todo fue por un calentón, para la polla.

Son tres personajes en cuatro versos. Almodóvar habría hecho una película con menos.

Lo que no hay en la canción

No hay nombres. Ni del ex, ni de nadie. En otras canciones pongo nombre, barrio y profesión. Aquí no. El único nombre propio es el de Almodóvar, y está ahí como medida, no como personaje.

No hay detalles de la historia. No sabemos qué pasó, cuándo, ni dónde. Solo que el que habla pensó con la polla, que le duele más que un Goya y que dice que ya no quiere. Todo lo demás lo pone quien escucha. Y creo que por eso la canción funciona para mucha gente: todos tenemos un Goya de esos guardado en algún armario.

Y no hay moraleja. Bueno, quizá una, y es tan seca que casi no cuenta: piensa con la cabeza. Pero eso ya lo sabíamos todos, y aun así seguimos sin hacerlo.

Las mejores frases son las que dicen las tías

Termino donde empecé. «No me hagas hablar.» Muchas de mis mejores frases no son mías: son de las vecinas, de las tías, de las señoras del mercado, de la gente que habla en la cola de la pescadería. Esa forma de exagerar, de amenazar con contar, de comparar cualquier disgusto con una película, es el español de la calle, y lo conté en la exageración del habla cotidiana española y mis letras.

Yo solo le pongo música. Bueno, se la pone la máquina, con mis indicaciones. Pero la frase es de la calle. Y la calle, en este país, siempre ha sido muy de Almodóvar.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Almodóvar»? De un desamor tan dramático que, según la letra, no lo filmaría «ni Almodóvar en sus mejores tiempos». El dolor es «más pesado que un Goya» y todo «por pensar con la polla». El estribillo repite «ya no te quiero».

¿Es un homenaje a Pedro Almodóvar? Usa su cine como unidad de medida del melodrama. Mike Sain't Louis lo plantea como chiste y, a la vez, como un pequeño homenaje a quien puso las historias queer en el centro del cine español.

¿En qué disco está «Almodóvar»? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK de Planeta Gayfolk.

¿Quién escribió «Almodóvar»? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor de Madrid. La música y las voces se producen con inteligencia artificial como herramienta; la letra es suya.

¿Hay otra canción con «ya no te quiero»? Sí, «Ya no te quiero», del primer disco, cuyo texto describe esa frase como «esa mentira que uno se repite para no romperse del todo».

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