
Por Mike Sain't Louis ·
Títulos largos y raros: el caso de «Mitad Venezuela, mitad Pakistán»
Hay quien dice que un título de canción tiene que ser corto. Una palabra, dos como mucho. Algo que quepa en una camiseta y se pueda gritar en un concierto. Tiene su lógica, y muchos de los grandes éxitos del pop la cumplen. Pero yo tengo una debilidad por los títulos largos, raros, de esos que obligan a pararse a leerlos dos veces. Y entre los míos hay uno que es casi un manifiesto de esa debilidad: «Mitad Venezuela, mitad Pakistán».
No voy a contar de qué va la canción. Prefiero hablar de lo que hace el título antes de que suene una sola nota, que es lo que más me interesa de él.
Dos países que no se tocan
Lo primero que provoca es una pequeña confusión geográfica. Venezuela y Pakistán no comparten frontera, ni idioma, ni océano, ni casi nada que se le ocurra a uno de golpe. Están en extremos distintos del mapa. Juntarlos con una coma es como juntar dos piezas de puzles distintos y decir que encajan.
Y sin embargo, la frase suena natural. «Mitad esto, mitad aquello» es una manera muy corriente de describir a alguien. La usamos para hablar de mezclas de familia, de acentos raros, de perros de raza dudosa. El título coge esa fórmula de andar por casa y la llena con dos países que nadie esperaría ver juntos. El resultado es una persona que todavía no conoces pero que ya te da curiosidad.
Eso es lo que espero de un título: que haga aparecer a alguien.
También podría ser otra cosa, claro. Puede que no hable de una persona sino de un amor partido en dos, de alguien que tiene el corazón repartido entre dos sitios o entre dos personas que viven muy lejos una de otra. O de un estado de ánimo, un día en que te sientes de dos lugares a la vez y de ninguno del todo. El título no lo decide por ti. Te da el mapa y te deja elegir el camino, y eso me parece un regalo para quien escucha.
Vivo en Madrid, y en Madrid esa frase no es tan rara como parece. En una misma calle oyes cinco acentos distintos. Hay gente con padre de un sitio y madre de otro, gente que nació aquí con apellidos de allá, gente que tiene la cara de un país y el humor de otro. La ciudad está llena de mitades que se encontraron.
Cuando leo el título, no veo una rareza exótica. Veo a alguien que podría estar sentado en el metro frente a mí. Y eso me gusta, porque el pop en español a veces habla de un mundo muy homogéneo, como si todos tuviéramos los mismos abuelos.
También pienso en quien escucha desde América Latina, que es buena parte de mi público. Para alguien de Caracas, Venezuela no es un dato curioso, es su casa. Que aparezca en un título de pop queer hecho en Madrid, al lado de un país tan lejano, ya dice algo. Que se puede ser de muchos sitios a la vez. Que la identidad no viene en un solo paquete.
Por qué largo
Un título largo es un compromiso. No se puede esconder. Si una canción se llama con una palabra, esa palabra se puede llenar de cualquier cosa. Si se llama con una frase entera, la frase ya está diciendo algo concreto, y la canción tiene que estar a la altura.
A mí ese compromiso me ayuda a escribir. Me obliga a ser específico. No puedo hacer una canción genérica de amor si el título ya ha puesto dos países y una división exacta en mitades. Tengo que ir hasta ahí.
Hay otra razón, más práctica. Con 273 singles publicados en dos años, los títulos de una sola palabra empiezan a confundirse entre sí. Un título largo y raro es difícil de olvidar. Alguien que lo oye una vez lo recuerda al día siguiente aunque no recuerde nada más de la canción. En mi web nueva, mikesaintlouis.com, hay una sección de letras de la A a la Z y un buscador. Ahí se nota mucho qué títulos se encuentran a la primera y cuáles no. Los raros ganan.
El riesgo del título raro
Tampoco quiero hacer como que todo son ventajas. Un título muy raro puede echar para atrás. Hay gente que lo lee y piensa que es una broma demasiado privada, de esas que solo entiende quien estaba en la cena. Otros temen que sea una canción sobre política o sobre geografía y pasan de largo.
Y hay un riesgo más delicado: que nombrar países se entienda como reducir a una persona a su origen. Lo pensé, y no tengo una respuesta del todo cerrada. Creo que el «mitad y mitad» funciona al revés: en lugar de meter a alguien en una caja, le da dos, y al darle dos ya está diciendo que una sola no basta. Pero entiendo que alguien lo lea de otra manera. Por eso mismo no voy a explicar más de lo que el título dice solo.
La tradición de lo raro
El pop, la copla y la canción popular en general tienen una larga historia de títulos estrafalarios. Títulos que son casi un argumento, que ponen nombres de ciudades, de calles, de comidas. Me siento cómodo en esa tradición. Me gusta pensar que alguien, dentro de muchos años, encontrará la canción en una lista y se quedará mirando el título sin entender nada, y que esa incomprensión le hará darle al play.
Eso, al final, es para lo que sirve un título. No para resumir. Para abrir la puerta.
Su letra y su videoclip te esperan en mikesaintlouis.com.