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La música me está salvando: ansiedad, tristeza y respiro en mis letras

«Ni psicólogos, ni amigos, ni hermanos, / Ni psiquiatras, ni médicos, ni novios.»

Así empieza la lista de «La música me está salvando». Y sigue: ni pediatras, ni veterinarios, ni rezar de rodillas, ni ayunos, ni por supuesto ningún político honrado. Todo lo que se supone que debería ayudarte. Todo tachado.

Y entonces el estribillo: «¡La música me está salvando! / ¡La música me está elevando!».

Es una canción de las mías, con su insulto al ex y su mala leche. Pero el estribillo dice algo que es verdad para mucha gente, y que en mi catálogo aparece una y otra vez, a veces con chiste y a veces sin él. Que hay días que pesan demasiado. Y que en esos días lo que te sostiene no siempre es lo que te dijeron que te iba a sostener.

Este texto va de esas canciones. Las de la ansiedad, la tristeza, el cuerpo que recuerda y la habitación de la que no apetece salir. Y de una palabra que se repite en ellas cuando las cosas empiezan a mejorar: respirar.

No es un texto de consejos. No soy médico ni psicólogo, y mis canciones tampoco. Es un texto sobre lo que cuentan las letras.

Lo que el cuerpo recuerda

Empiezo por la canción que tiene el título más claro. «Beat My Post-Traumatic Stress».

El texto que la acompaña la presenta así: es una canción sobre sobrevivir a lo que el cuerpo aún recuerda. Y luego: «Sobre caminar entre el miedo, la ansiedad y el silencio, y convertir todo eso en ritmo».

Me gusta mucho esa idea de que el cuerpo recuerda. Porque es verdad. Uno puede decidir olvidar algo, pero el cuerpo no obedece. Hay sustos que se quedan en el pecho, como dice la página de la canción. Ruidos que te hacen dar un respingo años después. Silencios que pesan más que cualquier grito.

Y la respuesta de la canción no es quedarse quieto. Es bailar. El título en inglés es casi una orden: dale ritmo a eso, gánale con un beat.

La frase que más me toca de ese texto es esta: «Cada sintetizador lleva una cicatriz, cada golpe de percusión es un latido que pensé que había perdido».

Un latido que pensé que había perdido. Eso es lo que hace la música cuando funciona. Te devuelve algo que creías que ya no tenías. No borra la cicatriz. La pone a sonar.

Y el final del texto es la frase que podría resumir todo este artículo: «mi manera de decir: sigo aquí».

Lo que no sale en las fotos

La página de «Beat My Post-Traumatic Stress» tiene dos frases más que quiero rescatar, porque hablan de algo que va más allá de mí.

La primera dice que esa canción es la parte electrónica y nocturna del universo GAYFOLK, «la del club como refugio, que para muchas personas queer ha sido literalmente eso: el sitio donde por fin respirar».

El club como refugio. Esto lo sabe cualquiera que haya crecido marica en un sitio donde no se podía serlo. La pista de baile no era solo diversión. Era el único lugar donde el cuerpo podía moverse sin vigilancia. Donde nadie te miraba raro por cómo movías las manos. Donde, por fin, respirabas. No es casualidad que una canción sobre el trauma acabe ahí. Para muchos de nosotros, el baile ha sido la primera terapia, mucho antes de saber que existía otra.

La segunda frase es la dedicatoria: se la dedicaría «a cualquiera que haya sobrevivido a algo que no sale en las fotos».

Algo que no sale en las fotos. Vivimos enseñando fotos. Las vacaciones, la cena, la fiesta, el novio. Y lo que de verdad nos ha marcado casi nunca sale en ellas. El susto, la pérdida, la noche en la que no podías parar de temblar. Esa canción es para eso que no sale. Y, como dice la página, son muchas más personas de las que creemos.

Entre cuatro paredes

No todas las canciones llegan a la pista. Algunas se quedan en la habitación.

Fotogramas del videoclip oficial de «Beat My Post-Traumatic Stress», de Mike Sain't Louis

«Entre cuatro paredes» es probablemente la letra más triste de mi catálogo. No tiene ni un chiste. Empieza así: «No me aparece una ilusión / No me apetece salir de la habitación / No encuentro la fuerza, la motivación».

Y sigue, verso a verso, con una lista de cosas que no hay. No hay respuestas. No hay colores. No hay calor de ningún amor. No hay final del túnel. Es la tristeza contada como ausencia: no lo que duele, sino lo que falta.

Hay un verso que da título a otro texto de este blog: «Siempre apartado entre tanta gente». La soledad que no es estar solo. La soledad de estar rodeado y no estar con nadie.

Pero lo importante de esta canción es cómo termina. Después de toda esa lista de noes, llega uno distinto: «No, pero algo en mí pide respirar / Tal vez algún día logre despertar».

Tal vez. Ni siquiera es una promesa. Es una posibilidad muy pequeña. Pero está ahí, al final, después de todo lo demás. Y para mí eso es lo más honesto que puede hacer una canción triste: no fingir que todo se arregla, pero dejar una rendija abierta.

Algo en mí pide respirar. Ahí aparece por primera vez la palabra.

Respirar

Si se busca en mis letras la palabra «respirar», sale en sitios muy distintos. Y casi siempre aparece en el mismo momento: cuando algo empieza a mejorar.

En «Un pueblo es», la canción de las cosas sencillas, uno de los versos es este: «Abrir una ventana en la mañana y respirar». Es la imagen contraria a «Entre cuatro paredes». Allí la habitación está cerrada. Aquí alguien abre la ventana.

En «Soy marica sideral» la palabra se vuelve un consejo con retintín, dirigido a quien no soporta verte brillar: «Si te escuece que no ruegue, / baby, aprende a respirar».

En el texto de «Weed, weed, weed» aparece al final, como conclusión de todo: «crear sigue siendo la única forma de respirar».

Y en el de «Flow / We Glow» es el punto de partida: la escribí en un momento en el que todo lo que necesitaba era respirar, dejarme llevar y fluir.

Respirar es lo primero que se pierde con la ansiedad y lo último que se recupera. Por eso me parece significativo que mis letras lo usen como señal. Cuando alguien en mis canciones respira, es que ha pasado lo peor.

Un respiro, no una pose

«Weed, weed, weed» tiene un título que hace sonreír, pero su texto es de los más serios que he escrito.

Empieza así: «Hay días que pesan demasiado. Días de ruido en la cabeza, ansiedad, y esa sensación de que el mundo te exige sonreír cuando por dentro no puedes más».

Esa sensación de que el mundo te exige sonreír. Creo que mucha gente queer la conoce bien. La de tener que estar siempre de fiesta, siempre ingenioso, siempre divertido, porque es lo que se espera del marica gracioso. Y por dentro, no poder más.

Luego el texto dice que para mí la música es lo único que me detiene en esa caída. Que me entretiene, me calma y me da una razón para seguir creando. Y define la canción con una frase que me gusta mucho: «No es una pose, es un respiro».

Ese texto tiene además un párrafo que no esperaba encontrarme en una canción sobre la ansiedad, y que habla del trabajo. Dice que el videoclip está creado con inteligencia artificial, imagen a imagen. Que no tengo un equipo, ni una gran productora, ni medios. «Pero tengo ganas.» Y que la IA me permite seguir adelante y no rendirme. «No es un lujo, es una herramienta para seguir vivo.»

Me parece importante que eso esté ahí. Las letras las escribo yo, y la música y las voces se hacen con inteligencia artificial. Mucha gente lo ve como una trampa. En ese texto aparece de otra manera: como lo que permite que alguien sin medios siga creando en los días en que crear es lo único que le sostiene.

Que voy hasta a un psicólogo

En mis letras, el psicólogo aparece pocas veces, pero cuando aparece dice mucho.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Sobre caminar entre el miedo, la ansiedad y el silencio, y convertir todo eso en ritmo» de «Beat My Post-Traumatic Stress»

En «El narcisista», el ex le va contando a sus compañeros que el narrador es muy falso, que no le hagan caso, «que voy hasta a un psicólogo». Ese «hasta» lo dice todo. Ir al psicólogo usado como prueba de que estás mal de la cabeza. Como argumento para que no te crean.

Es un mecanismo muy conocido. La persona que pide ayuda queda marcada como la que tiene el problema. Y quien no pide ayuda nunca, aunque la necesite, se presenta como el sano. La canción lo coloca en boca del narcisista, que es exactamente donde tiene que estar.

En «Forocoches» la psicóloga aparece de otra manera, más cotidiana: «La psicóloga me dijo que empezara a hacer deporte / Pero estoy sin fuerzas, he perdido el norte». Es un consejo razonable, y la respuesta es la de cualquiera que esté hundido: sin fuerzas. No es una crítica a la psicóloga. Es la distancia, muy real, entre saber lo que te vendría bien y tener energía para hacerlo.

Me gusta que mis letras traten la terapia así, sin solemnidad y sin vergüenza. Como una cosa más de la vida. Ir al psicólogo no es una prueba de nada. Es lo que hace la gente cuando lo necesita.

La música me está salvando

Vuelvo a la canción del principio, porque merece más que una cita.

«La música me está salvando» es, en el fondo, una canción de despecho. Hay un mentiroso al que se le dice que vaya improvisando, que las cosas van cambiando. Pero lo que me interesa es la lista del principio, porque es una lista de todo lo que no funcionó.

Psicólogos, amigos, hermanos, psiquiatras, médicos, novios. Rezar de rodillas. Ayunos. Hasta una astróloga de la tele aparece en la lista.

Leída en serio, es una lista desoladora: alguien que lo ha probado todo y nada le ha servido. Leída con mi humor, es una exageración camp, un «ni la Virgen me ha ayudado». Las dos lecturas son verdad a la vez. Esa es la cuarta regla de mi casa: con humor, también se dice la verdad.

Y luego llega la música. «La música me ha llevado al cielo.» Con la vocal estirada hasta que no cabe en la línea.

No digo que la música sustituya a un psicólogo. La canción tampoco lo dice en serio. Lo que dice es que, en ese momento, a esa persona, fue lo que la sacó del suelo. Y eso le ha pasado a mucha gente.

Cortando cebolla

Hay una canción que cuenta la tristeza escondiéndola. Y es una de las más tristes, precisamente por eso.

Collage con un detalle de la carátula de «Beat My Post-Traumatic Stress» y las carátulas de «La música me está salvando», «Entre cuatro paredes», «Soy marica sideral», «Weed, weed, weed»

En «Un invitado VIP cortando cebolla» el narrador vuelve a los infiernos después de cuatro años como invitado VIP en el cielo. Hay soledad, ausencia, indiferencia. Y un verso que nombra lo que pasa: «Esta temida ansiedad».

La canción no es bonita. Hay noches malas, excesos, un ex al que se quiere olvidar a cualquier precio. Pero el remate es el que me parece genial: si me ven otra vez llorando por las calles de Madrid, que no se preocupen, «es que me acabo de hacer una ensalada y he estado cortando cebolla».

La cebolla como excusa. Es lo que hacemos todos. Llorar y decir que es otra cosa. Que es alergia. Que es el viento. Que es la cebolla.

Hay otro verso en esa canción que no tiene nada de chiste. El narrador no quiere ser «el único idiota que va pintando en invierno / Mariposas en un cuaderno encerrado en mi cuarto».

Mariposas en un cuaderno. En invierno. Encerrado en el cuarto. Es la misma habitación de «Entre cuatro paredes», pero aquí alguien hace algo dentro: dibuja. Y le da vergüenza. Se siente idiota por estar pintando mariposas mientras los demás salen, beben y se lo pasan bien, o eso parece.

A mí ese verso me parece lo más bonito de la canción, aunque el narrador lo diga como si fuera un defecto. Porque pintar mariposas en un cuaderno cuando todo está oscuro es exactamente lo que hacen muchas personas para sobrevivir. Dibujar. Escribir. Hacer algo pequeño con las manos. No es de idiotas. Es de gente que se está agarrando a algo.

Y no está tan lejos de lo que dice el texto de «Weed, weed, weed»: crear sigue siendo la única forma de respirar.

El chiste no quita la tristeza. La hace visible. Porque nadie se cree lo de la cebolla, y la canción lo sabe. Es una manera de pedir ayuda sin pedirla, de enseñar las lágrimas con una excusa en la mano.

El abrazo de Pitufo

En medio de todo esto hay una canción tierna, sin despecho y sin chistes. «El abrazo de Pitufo».

Su texto empieza así: «El abrazo de Pitufo me calma y me alegra cualquier día de la gente falsa». Y describe lo que hace Pitufo: «Pitufo no pregunta, no finge, no exige». Solo se acerca, me mira y se tumba encima de mí como si supiera que me está salvando otra vez.

Me está salvando. Otra vez el verbo de la otra canción. La música me está salvando, Pitufo me está salvando.

Y el texto termina con una frase que dice mucho: «Gracias por ser mi refugio».

En otras letras ya aparecen los animales como compañía preferida. En «Antisocial» el narrador prefiere mil veces a sus animales antes que aguantar a un narcisista. Pero en «El abrazo de Pitufo» no hay comparación con nadie. Solo hay calma. Un animal que no pregunta, no finge y no exige, en un mundo que pregunta, finge y exige todo el rato.

La soledad elegida

«Antisocial» merece un apunte propio, porque es la otra cara de «Entre cuatro paredes».

En las dos canciones el narrador está solo. Pero en una la soledad es una cárcel y en la otra es una decisión. «Es solo que elijo mi propia soledad», dice «Antisocial». Y más adelante: «mi silencio es un castillo, yo una armadura sin llave».

Y luego un verso que lo aclara todo: «Antisocial, por elección y más de un cabrón, no por miedo».

No por miedo. Me interesa esa distinción, porque es una de las cosas que se aprenden con los años. Que no toda soledad es tristeza. Que a veces apartarse es una forma de cuidarse. Que se puede tener un mundo pequeño, con pocos elegidos y algunos animales, y que ese mundo sea, como dice la canción, inquebrantable.

La calma y el mar

Y luego está la canción que nace del lado contrario. De la calma.

Ficha de la canción «Beat My Post-Traumatic Stress» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

El texto de «Flow / We Glow» empieza así: es una de esas canciones que nacen de la calma y del mar. Y dice que no hay historia de amor ni de dolor detrás, solo la sensación de paz cuando el cuerpo y la mente por fin van al mismo ritmo.

El cuerpo y la mente al mismo ritmo. Es justo lo contrario de «Beat My Post-Traumatic Stress», donde el cuerpo recuerda lo que la mente quiere olvidar. Aquí por fin se ponen de acuerdo.

El texto la resume con tres ideas que me gustan mucho: rendirse sin miedo, brillar sin gritar, existir sin prisa. Y propone una manera de escucharla: con auriculares, con las luces bajas y la luna de fondo.

Me gusta que en un catálogo tan ruidoso como el mío haya una canción así. Sin insultos, sin ex, sin narcisistas. Solo el mar.

Noches sin dormir

Hay una frase en el texto de «Tus letras son basura» que conecta todo esto con el trabajo de escribir: «Cada palabra tiene detrás noches sin dormir, recuerdos, miedo, pero también coraje».

Noches sin dormir, recuerdos, miedo. Y coraje. Ese «pero también» es el que me interesa. No dice que las letras salgan solo del dolor. Dice que salen del dolor y de algo más. Del coraje de convertirlo en algo.

Creo que eso es lo que tienen en común todas las canciones de este texto. Ninguna niega lo que duele. «Entre cuatro paredes» no tiene ni un chiste. «Beat My Post-Traumatic Stress» habla de miedo y ansiedad sin rodeos. Pero en casi todas hay un gesto final, a veces muy pequeño, que mira hacia fuera. Algo en mí pide respirar. Sigo aquí. La música me está salvando.

El humor como barandilla

Es fácil preguntarse por qué mezclo tanto humor con cosas tan tristes. Por qué una canción sobre la ansiedad acaba en una ensalada.

Mi respuesta es que el humor, en estas letras, funciona como una barandilla. No te saca del pozo. Pero te da algo a lo que agarrarte mientras subes. La cebolla, la astróloga en la lista de lo que no funcionó, el «baby, aprende a respirar». Son chistes que no tapan el dolor. Lo acompañan.

Y hay canciones donde no hace falta barandilla, porque la tristeza necesita que la miren de frente. «Entre cuatro paredes» es una de esas. Saber cuándo poner el chiste y cuándo quitarlo es, creo, una de las cosas más difíciles de escribir.

Si estás ahí

Termino con algo que no está en ninguna de mis canciones, pero que me parece que hay que decir en un texto como este.

Si estás en una de esas habitaciones de las que no apetece salir, si el cuerpo te recuerda algo que no quieres recordar, si hay días que pesan demasiado, la música puede acompañarte. Pero no tienes que hacerlo solo. Habla con alguien. En España, el 024 es la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible a cualquier hora. Y si no es para tanto, un médico, un amigo, alguien.

La canción del principio tacha de la lista a los psicólogos y a los amigos. Es una canción. Exagera, como todas las mías. Tú no tienes por qué tacharlos.

Y mientras tanto, si te sirve, ahí está la música. La letra de «Beat My Post-Traumatic Stress» está en gayfolkplanet.com/letras/beat-my-post-traumatic-stress. Ponla un sábado por la noche, o un martes cualquiera en el que el cuerpo esté tenso sin motivo. Y respira.

Si este tema te toca de cerca: en la serie «Salud mental sin tabú» hablo abiertamente de mi salud mental (el abuso narcisista, el bullying y los abusos que sufrí de niño, mi diagnóstico a los 41 y la terapia) y reúno dónde pedir ayuda. Si piensas en el suicidio, llama al 024.

Preguntas frecuentes

¿Qué canciones de Mike Sain't Louis hablan de ansiedad o tristeza? Entre otras, «Beat My Post-Traumatic Stress», «Entre cuatro paredes», «Weed, weed, weed», «Un invitado VIP cortando cebolla» y «La música me está salvando». Otras, como «Flow / We Glow» o «El abrazo de Pitufo», hablan de la calma y del refugio.

¿De qué trata «Beat My Post-Traumatic Stress»? De sobrevivir a lo que el cuerpo aún recuerda y de caminar entre el miedo, la ansiedad y el silencio para convertir todo eso en ritmo. Su texto termina con «mi manera de decir: sigo aquí». La letra está en gayfolkplanet.com/letras/beat-my-post-traumatic-stress.

¿Qué papel tiene la inteligencia artificial en estas canciones? Las letras las escribe Mike Sain't Louis; la música y las voces se hacen con inteligencia artificial. En el texto de «Weed, weed, weed» describe la IA como «una herramienta para seguir vivo» que le permite seguir creando sin equipo ni grandes medios.

¿Dónde pedir ayuda si lo estoy pasando mal? En España, el 024 es la línea gratuita de atención a la conducta suicida, disponible a cualquier hora. También puedes acudir a tu médico de cabecera o hablar con alguien de confianza.

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