
Por Mike Sain't Louis ·
Beat My Post-Traumatic Stress: bailar lo que el cuerpo recuerda
El cuerpo tiene memoria aunque la cabeza intente olvidar. Hay sustos que se quedan en el pecho, ruidos que te hacen dar un respingo años después, silencios que pesan más que cualquier grito. De eso habla Beat My Post-Traumatic Stress, con un título en inglés que es casi una orden: dale ritmo a eso, gánale con un beat.
Lo que me interesa de esta canción es que no se queda en la herida. Pasa por el miedo, por la ansiedad, por esos días en los que no te salen las palabras, y en vez de sentarse a llorar en un rincón, se va a la pista. Cada sintetizador tiene algo de cicatriz y cada golpe de percusión funciona como un latido que parecía perdido y vuelve.
Siempre se ha dicho que sanar es cosa de silencio, de calma, de bajar la voz. Aquí se defiende lo contrario. A veces curarse es moverse, sudar, brillar bajo una luz de discoteca y dejar que el cuerpo suelte lo que tenía guardado.
Una canción de supervivencia
Es una historia personal convertida en música, y por eso no necesita grandes explicaciones: es una forma de levantar la mano y decir que sigo aquí. Que lo que pasó, pasó, pero no ganó.
Pertenece al álbum Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk, y dentro de ese universo tiene un papel distinto al de las canciones más cachondas o más de copla. Es la parte electrónica y nocturna, la del club como refugio, que para muchas personas queer ha sido literalmente eso: el sitio donde por fin respirar.
¿Cuándo escucharla? Cuando el cuerpo esté tenso sin motivo aparente. Cuando necesites recordar que la ansiedad no tiene la última palabra. O simplemente un sábado por la noche, con los auriculares puestos y ganas de sacudirte algo de encima.
Se la dedicaría a cualquiera que haya sobrevivido a algo que no sale en las fotos. Que son muchas más personas de las que creemos.