
Por Mike Sain't Louis ·
Carritos de bebé bajo los neones: el videoclip de «No me despiertes al niño», escena a escena
La carátula de «No me despiertes al niño» ya es un chiste a la vista: un cuarto de bebé con su cuna, un peluche en la balda, estrellas pintadas en la pared y dos hombres de la mano, uno con traje de cuadros y el otro con gorrito de encaje, babero y chupete, barba y tatuajes. El niño, en esa foto, es un adulto. Para el videoclip quise hacer justo lo contrario. Nada de cuartos infantiles ni de adultos disfrazados de bebé. Aquí los bebés son bebés, van dormidos dentro de sus carritos, y lo raro es todo lo que pasa a su alrededor.
Lo estrené en YouTube el 8 de septiembre de 2025; son 2:47 de clip. La canción está en el segundo volumen de la trilogía, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». En la descripción solo dejé un puñado de etiquetas: eurodance, tecno, gayfolk, planeta gayfolk. Esa pista ya dice mucho. Es una canción de pista de baile con un título que se pronuncia en susurros, y el clip juega todo el rato con esa contradicción.
Las marcas de tiempo que doy salen del reproductor y son orientativas: pueden desviarse un pelín.
Una calle con escaparates
El clip arranca de noche, en una acera mojada llena de escaparates encendidos. Los rótulos de neón son rojos, rosas y verdes, y se reflejan en el suelo como en una película antigua. Por el centro avanza una mujer rubia platino, con el pelo recogido en ondas y un vestido estampado de flores, empujando un carrito de bebé de capota acolchada. Mira a cámara con una media sonrisa, como quien sabe que está haciendo algo un poco fuera de lugar.

Desde el primer plano queda claro el juego: la estética es de los años cincuenta, con peinados de peluquería, cinturas marcadas y carritos de ruedas grandes, pero la luz es de discoteca. Es como si alguien hubiera sacado a pasear al niño a las tres de la mañana por la calle de los bares.
La marquesina del cine
Hacia el segundo 7 cambiamos de calle. Ahora hay coches antiguos que pasan desenfocados, una marquesina de cine encendida al fondo y charcos por todas partes. Otra mujer, con vestido beige de escote cruzado y el pelo rubio cardado, empuja un carrito en el que se ve con claridad a un bebé dormido, con la manta hasta la barbilla. La mujer camina muy recta, con cara de estar concentrada en no hacer ruido.
Me gusta mucho este plano porque es el que mejor resume la canción. Todo a su alrededor está encendido, los coches pasan, el cine anuncia la sesión de noche, y ella solo piensa en que el niño siga durmiendo.
Escaparates con maniquíes
Muy cerca, sobre el segundo 7 y el 11, aparece un escaparate con maniquíes vestidos de época. Delante, un carrito de bebé de color crema, con destellos de luz morada alrededor como si fueran luciérnagas. La escena dura un instante y no tiene personaje: solo el carrito delante de los maniquíes, como si fuera otro objeto expuesto.
Los maniquíes son un motivo que se repite en varios de mis clips. Me sirven para hablar de los papeles que la gente espera que interpretes: la novia, la madre, el marido, la familia de escaparate. Aquí están detrás del cristal, quietos, mirando cómo pasa el carrito.
La pared de neón turquesa
Hacia el segundo 15, una mujer rubia con vestido verde menta empuja un carrito del mismo color junto a una pared de ladrillo con una tira de neón morado. El bebé se ve de perfil, dormido. En el 19 la escena cambia a un escenario oscuro lleno de líneas de luz turquesa y rosa que se cruzan en ángulos, como un decorado de concurso de televisión de los ochenta. Otra mujer, con vestido de palabra de honor negro, empuja su carrito entre esas líneas.
Esta parte del clip es casi una declaración de estilo. Lo de los años cincuenta está en la ropa; lo de los ochenta y noventa está en la luz; y la música, un eurodance con toques de tecno, pone el ritmo de discoteca. Son tres épocas que no se tocan en la vida real y que en el Planeta Gayfolk conviven sin problema.
La ciudad del futuro de otra época
Sobre el segundo 23 y el 27, una mujer con vestido largo rosa empuja un carrito oscuro delante de edificios curvos, con franjas de luz amarilla y rosa, como una maqueta de ciudad del futuro tal como se imaginaba hace setenta años. Hacia el 31 y el 35 el plano se abre en una plaza con torres de colores pastel, cilindros plateados y una especie de platillo volante encima de un edificio. Una mujer con vestido negro ajustado y tacones está de pie junto a un carrito de mimbre dorado, mirando a cámara con seriedad.
Esta imagen me fascinó desde que la vi. La plaza parece sacada de una ilustración de revista antigua sobre cómo sería el año 2000. Las ciudades del futuro de antes tenían algo ingenuo y optimista, y meter ahí un carrito de bebé de mimbre me pareció lo más lógico del mundo: aunque cambie todo, alguien seguirá teniendo que sacar al niño a pasear.
Geometría flotante
Entre el segundo 39 y el 51 llega el tramo más abstracto. Sobre un fondo azul oscuro flotan prismas y poliedros de cristal, algunos azules y otros violetas, mientras unas líneas de neón blanco cruzan el suelo. Una mujer con vestido largo azul claro empuja un carrito blanco de ruedas altas. A veces la vemos de lado, a veces de frente, y los poliedros siguen girando a su alrededor.

En el segundo 47 hay una variación preciosa: la mujer y el carrito aparecen casi en silueta delante de una pared naranja con un triángulo de neón amarillo dibujado. Es el plano más gráfico del clip, casi un cartel. Solo una figura, un carrito y un triángulo de luz.
Barras de luz y humo
Hacia el 0:55 la mujer camina con su carrito por un escenario oscuro donde cuelgan del techo barras de neón verdes, amarillas y blancas a distintas alturas. Al fondo sube una columna de humo. El plano tiene algo de instalación de museo de arte contemporáneo, de esas salas donde la gente entra en silencio.
Del 0:59 al 1:07 las líneas se vuelven moradas y rosas, rectas y paralelas, como pistas de una carrera de luz. Una mujer rubia con vestido azul y el pelo recogido empuja un carrito turquesa, y otra, unos segundos después, aparece de perfil con la luz de un foco blanco detrás, como si saliera de un túnel.
El paseo rosa
Sobre el 1:11 y el 1:15 todo se vuelve rosa: el vestido, el carrito, los rayos de luz que cruzan el plano y hasta el suelo. Una mujer rubia con vestido de vuelo camina de perfil, sujetando el carrito con una sola mano, a paso rápido. Es el único momento del clip en el que alguien parece tener prisa. Inmediatamente después, en el 1:15, una figura en silueta empuja otro carrito azul por delante de una puerta iluminada de amarillo, con el contorno de la mujer recortado contra la luz.
Si tuviera que elegir el fotograma que mejor resume la estética del vídeo, sería uno de estos dos. El rosa total es puro Planeta Gayfolk; la silueta en la puerta amarilla tiene algo de cine negro.
La mujer del vestido de lunares
Hacia el 1:19 y el 1:23 aparece la que para mí es la protagonista del clip, aunque no lo sea oficialmente: una mujer de pelo platino corto, vestido negro de lunares blancos y collar oscuro. La primera vez la vemos junto a una arquitectura de líneas blancas y luces violetas, con un carrito blanco. La segunda, en un primer plano, sonríe directamente a cámara delante de un edificio de cristal, con las luces de la calle desenfocadas.
Ese primer plano es uno de los pocos del vídeo en los que alguien mira a quien está viendo el clip con complicidad. Como si dijera: sí, ya sé que es raro pasear al niño entre neones, pero aquí estamos.
El vestido de lunares vuelve varias veces: en el 1:39, dentro de un gran triángulo de neón azul doble, como una estrella; hacia el 1:51, con el carrito blanco y el suelo mojado reflejando las luces; y sobre el 2:23 y el 2:27, cuando la mujer avanza hacia la cámara por el centro de una calle mojada, entre escaparates encendidos, con el bebé bien tapado en el carrito.
Cubos de colores y esferas
Entre el 1:23 y el 1:27, y luego hacia el 1:43, el decorado se llena de cubos y esferas. Hay cubos amarillos y rosas que flotan, esferas blancas con un punto de luz dentro y marcos de alambre que dibujan cubos vacíos. Una mujer de pelo rosa claro, con vestido turquesa, se inclina sobre un carrito con el bebé dentro. Al fondo, el humo deja ver a medias una especie de bola de discoteca.
Me gusta mucho que en esta escena la mujer se incline hacia el carrito en vez de empujarlo. Es el único momento de verdadera atención al bebé, el de comprobar que sigue dormido. El gesto que todo el mundo reconoce de la frase del título: asomarse, mirar, contener la respiración.
El vestido dorado y la luz amarilla
Sobre el 1:31 una mujer con vestido estampado dorado, de tirantes, empuja un carrito azul junto a una instalación de tubos de luz amarilla curvados. El bebé, dentro, duerme con los brazos estirados por encima de la cabeza, como duermen los bebés cuando están muy a gusto. Detrás se ve una ventana con cuadrícula de neón azul.
Es de los planos más cálidos del vídeo. Después de tanto azul, morado y rosa, el amarillo funciona como una lámpara de mesilla encendida.
Brillo, purpurina y otra pelirroja
Hacia el 1:59 aparece una mujer de pelo cobrizo ondulado, con vestido blanco de tirantes, de pie en un decorado lleno de purpurina y líneas de neón. Mira a cámara con expresión seria, casi de cansancio. A su lado, el carrito tiene una capota estampada con estrellas sobre fondo azul y franjas, y dentro un bebé tapado hasta el cuello.
En esa misma tanda, sobre el 2:03, otra mujer en silueta empuja un carrito oscuro delante de un triángulo rosa en un escenario turquesa, y en el 2:07 aparece un carrito naranja de capota grande, empujado por una mujer de vestido oscuro con el pelo recogido en un moño alto.
La ciudad bajo la lluvia
Del 2:15 al 2:19 cambiamos de nuevo a una ciudad nocturna, ahora con lluvia. Una mujer rubia con vestido turquesa empuja un carrito negro de ruedas grandes por una plaza mojada, con edificios de cristal y luces rosas al fondo. Cerca de ella flota un pequeño cubo de luz turquesa, como un juguete que se ha escapado del carrito.

Es una escena muy de película de ciencia ficción de los ochenta, de calles empapadas y neones reflejados en el asfalto. Y a la vez es lo más cotidiano del mundo: alguien que vuelve a casa empujando un carrito bajo la lluvia.
La gabardina de satén
Sobre el 2:31 una mujer rubia con gabardina de satén color champán, abierta, sujeta un carrito blanco en una habitación llena de tubos de luz morada. Mira a cámara con una ceja levantada. Detrás, unas escaleras metálicas llevan a ningún sitio. Es el plano más de revista de moda de todo el clip.
Nieve de luz
Hacia el 2:35, el decorado se llena de puntos blancos que caen como nieve sobre un fondo gris azulado, con líneas de luz cruzando en diagonal. Una mujer de pelo rubio, con vestido oscuro, empuja un carrito en silueta, pequeña dentro del plano. Es una imagen silenciosa, casi de tarjeta de Navidad.
Me gusta que el clip se acerque al final con esta calma. Después de dos minutos y medio de neones a todo color, la nieve de luz baja el volumen visual, como cuando por fin el niño se queda dormido de verdad y la casa respira.
El final entre cubos
El clip termina entre el 2:39 y el 2:43 con una mujer de pelo cobrizo y vestido turquesa de manga corta, de pie junto a un carrito oscuro, en una calle de neones violetas. A su alrededor flotan cubos de luz turquesa y rosa, enormes, girando despacio. Ella mira hacia un lado, tranquila, como si estuviera esperando a alguien o simplemente disfrutando de un momento de silencio.
No hay cartel final ni mensaje escrito. El último plano es eso: una mujer, un carrito, unos cubos de luz y la noche.
El ritmo del montaje
Las etiquetas que puse en la descripción, eurodance y tecno, no están ahí de adorno. El montaje del clip sigue el pulso de la canción: casi cada cuatro segundos cambia la mujer, cambia el carrito o cambia el decorado, como si cada golpe de bombo pasara página. Si lo miras sin sonido, parece un pase de diapositivas de una revista de moda antigua. Con el sonido puesto, se convierte en una sesión de discoteca en la que, en lugar de bailarines, desfilan carritos.
Esa velocidad tiene su gracia porque choca con el gesto de las mujeres, que es siempre lento. Ninguna corre, salvo la del paseo rosa. Ninguna baila. Todas empujan con calma, como quien no quiere que una rueda chirríe. El ritmo frenético lo pone la música y el corte; la calma la ponen ellas. Me gusta pensar que así se vive la frase del título: por fuera todo va a mil, y por dentro alguien contiene el aliento.
Una paleta de dulcería
Si haces una lista de los colores del vídeo, sale casi una caja de caramelos: rosa chicle, turquesa, menta, lila, amarillo limón y un azul eléctrico que lo envuelve todo. El negro solo aparece en algunos vestidos y en un par de carritos. No hay grises ni marrones. Es la paleta que más uso cuando quiero que algo cotidiano parezca de otro planeta, y aquí funciona como un filtro de cuento: lo que pasa podría ser real, pero la luz dice que estamos en Gayfolk.
Por qué mujeres de otra época
Puede sorprender que en un videoclip mío, con una portada en la que salen dos hombres, solo aparezcan mujeres con vestidos de los años cincuenta. Para mí tiene que ver con el título. Esa orden del título la hemos oído susurrada en casa, de madres, abuelas, tías y vecinas. Es una frase de cuidado y de cansancio, de las que se dicen con el dedo índice en los labios. Ponerla en boca de esas mujeres de peluquería impecable, en un mundo de neones y música de discoteca, me permitía jugar con la imagen de la madre perfecta de anuncio antiguo y llevarla a otro sitio.
Las mujeres del clip son personajes inventados. No representan a ninguna persona real, ni a ninguna actriz, ni a nadie de mi familia. Cambian de peinado, de color de pelo y de vestido en casi cada plano, y esa variedad es intencionada: no es una madre, son muchas, todas haciendo lo mismo, todas con el mismo cuidado.
El contraste con la portada
Me divierte mucho comparar el clip con la portada. En la portada, el niño es un adulto con barba y la escena es casi una broma de despedida de soltero. En el clip, el niño es un bebé de verdad, la madre es una figura de anuncio de los cincuenta y la broma es otra: que todo lo que rodea al carrito hace muchísimo ruido visual y, aun así, nadie se despierta.
Las dos imágenes cuentan lo mismo desde lados opuestos. La portada se ríe de la frase y la lleva a la picardía. El clip se la toma en serio y la convierte en un paseo nocturno lleno de luz.
Otras nanas del planeta
Esta no es la única canción mía que gira alrededor del sueño. «Nana para adultos» es su prima mayor, la nana para los que ya no tienen edad de cuna. «Holy Stillness» es una canción de cuna en inglés para el niño que fui, y conté su lado más íntimo en «La nana del chico de cuero».
Y si te interesan los clips de neón, hay otros dos que comparten paleta con este: el de «Dubai», que recorrí en «Un arcoíris entre rascacielos», y el de «Tangled Light», en «Un cordón de neón y un salón bajo el agua». Para el lado más castizo de las frases de rellano está «La vecina cotilla».
Ver y oír
El paseo entero de los carritos se puede ver en mi sección de vídeos. Si te apetece meterte en los tres discos uno detrás de otro, dejé un recorrido en esta guía de la trilogía.
Esta canción, como todas las mías, se puede oír y bajar gratis, sin darte de alta en nada, en la sección de descargas de mi web. Llévatela para el carrito o para la pista, como prefieras.
El que empuja el carrito de todo esto
Me defino como el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical. Lo que suena, la música y la interpretación vocal, se genera con IA; las palabras, la estructura, la producción y lo que se ve en cada clip los decido yo. Hay más detalle en mi explicación sobre la autoría.

Para el segundo visionado
Repasa los carritos. Hay de mimbre dorado, blancos de ruedas altas, menta, rosas, naranjas, negros y uno con capota de estrellas. Luego cuenta cuántas mujeres distintas aparecen. Y por último, busca el único momento en que una de ellas se asoma al carrito en lugar de empujarlo. Ese es el corazón del clip.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo salió el videoclip y cuánto dura? Se estrenó el 8 de septiembre de 2025 y no llega a los tres minutos: 2:47.
¿A qué disco pertenece «No me despiertes al niño»? A «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo volumen de la trilogía GAYFOLK.
¿Quiénes son las mujeres del vídeo? Figuras de ficción, imaginadas solo para este vídeo. No retratan a nadie.
¿Dónde se puede descargar? En el apartado de descargas de mikesaintlouis.com, sin coste.