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Café amargo y un cohete inventado: escribir la rutina en dos palabras

Despierto solo. Miradas vacías.

Así empieza. Dos palabras, punto. Dos palabras, punto. Si alguna vez has rellenado un parte de horas en una oficina, de esos donde pones «reunión», «correo», «reunión», «correo» en casillas de media hora, ya conoces el ritmo. La primera mitad de «Elon Musk ha anunciado» es eso: un parte de horas de la tristeza.

Me han preguntado varias veces por qué una canción con un título tan escandaloso empieza tan apagada. Hoy lo cuento desde dentro, desde la mesa donde se escribe, con el café frío al lado.

Un parte de horas de la tristeza

Cuando me puse con esta letra, lo primero que tenía era el estribillo, el del anuncio. Lo segundo, y lo más difícil, era lo de antes. Porque un anuncio solo tiene gracia si llega a rescatarte de algo. Y ese algo tenía que estar escrito de manera que el oyente lo sintiera en el cuerpo antes de que apareciera el cohete.

Probé primero con frases largas. Me salían cosas como «me levanto cada mañana y todo me parece igual que ayer». Correcto, triste, aburrido. Y aburrido de la manera equivocada, porque se notaba el esfuerzo por describir el aburrimiento. Era una redacción de colegio sobre el tedio.

Entonces corté. Corté y corté hasta que solo quedaron dos palabras por verso.

«Trabajo insípido / Café amargo / Todo es tan rígido / Maldito letargo»

Cuando lo leí así, me di cuenta de que ya no estaba describiendo la rutina. La estaba imitando. Las frases cortas, sin verbos casi, sin adornos, son la rutina. Te obligan a respirar en los mismos sitios. Te ponen en fila.

Fue de esas veces en las que la forma hace el trabajo y tú solo tienes que apartarte.

Sin verbos, sin ganas

Fíjate en una cosa, si tienes la letra completa a mano. En esas estrofas casi no hay verbos. Despierto y olvido, y ahí se acaba la acción. El resto son sustantivos con un adjetivo pegado: miradas vacías, rutina fría, calle sin nombre, pasos sin prisa, gente sin rostro, risas distantes, sueños dormidos.

Un verbo es una acción. Una frase sin verbo es alguien que no hace nada, o que hace cosas sin estar ahí. Así me siento yo algunos lunes: como una lista de objetos. El café, el metro, el ordenador, la cola del súper. Ninguno lo elijo, todos me pasan.

Hay otro detalle que me gusta mucho, aunque lo descubrí al releer y no al escribir. Muchos de esos pares van con «sin»: sin nombre, sin prisa, sin rostro, sin risa. La rutina definida por lo que le falta. No es que la calle sea fea; es que no tiene nombre. No es que la gente sea mala; es que no tiene cara.

Y luego está «emociones mutantes», que se me coló entre tanta grisura y que me hace gracia porque es lo único de la primera parte que suena a película de serie B. Como si la ciencia ficción del estribillo ya estuviera asomando la nariz antes de tiempo, por debajo de la puerta.

La prueba del bostezo

Tengo una manía cuando escribo letras así, de frases mínimas: las leo en voz alta con cara de funcionario. Sin entonación, sin gracia, como quien lee el orden del día de una comunidad de vecinos. Si al leerlas así me entra un bostezo, voy bien. Si me entra la risa, también voy bien, pero por otro lado.

Con esta primera parte me pasaron las dos cosas. Bostecé con «pasos sin prisa» y me reí con «maldito letargo», porque esa palabra, letargo, es de novela del siglo XIX, de señorita con jaqueca tumbada en un diván, y metida ahí entre el café y el trabajo queda ridícula de la mejor manera. Es el único momento de la estrofa en el que el aburrimiento se pone dramático. Lo dejé.

La prueba del bostezo no la enseñan en ningún taller. Me la inventé yo, como casi todo lo que hago. Pero me sirve para saber si una estrofa gris está bien gris o solo está mal escrita. Que no es lo mismo.

Rutina, rutina, rutina

Después de las estrofas viene un bloque que funciona como un despertador que no para. La palabra rutina, sola, en una línea. Luego una frase. Rutina otra vez. Otra frase. Todo se repite. Nada me sorprende. Siempre lo mismo.

Fotogramas del videoclip oficial de «Elon Musk ha anunciado», de Mike Sain't Louis

Es una broma bastante evidente, lo sé: para hablar de la repetición, repito. Pero funciona. Es imposible escuchar ese bloque sin sentir un poco el bucle. Como cuando suena la alarma del móvil a las siete, la pospones, vuelve a sonar, la pospones, vuelve a sonar. Rutina. Rutina. Rutina.

Y al final del bucle, la única exclamación de esa parte: me ofende. Con sus signos de admiración y todo.

Me encanta esa palabra ahí. Porque lo normal sería decir «me aburre», «me cansa», «me deprime». Y yo digo que me ofende. Como si la rutina fuera una persona maleducada que te ha dicho algo feo en la cola del Mercadona. Como si el aburrimiento fuera un insulto personal y uno tuviera derecho a sentirse agraviado.

Es lo más mío de toda la primera parte, creo. El paso de la tristeza a la indignación de vecina. Me ofende. Tócate las narices.

Me ofende

Te lo explico un poco más, porque ese verbo es una pequeña bisagra.

Durante media canción, el protagonista se deja llevar por la corriente gris. Es pasivo, no hace nada, no elige. Y de repente dice me ofende y ya no es pasivo. Ya está enfadado. Ya tiene opinión. Ya, en el fondo, está listo para irse.

Pasa mucho en la vida real. Aguantas, aguantas, aguantas una situación que no te gusta, un trabajo, una relación, una ciudad, y no haces nada mientras solo te pone triste. El día que te ofende, en cambio, te levantas. La tristeza te sienta en el sofá. La ofensa te pone los zapatos.

Así que el me ofende no es un chiste suelto. Es el momento en el que el personaje está preparado para escuchar la noticia.

La noticia más falsa del mundo

Y la noticia llega. Menos mal que hoy Elon Musk ha anunciado el primer vuelo tripulado a un planeta recién encontrado llamado GayFolk.

No ha anunciado nada de eso, claro. Me lo inventé yo. Ni existe el planeta en ningún catálogo de la NASA ni el señor Musk ha dicho nunca, que yo sepa, ni media palabra de GAYFOLK. Por eso lo uso: es el personaje perfecto para una noticia falsa. Lleva años prometiendo cohetes, colonias en Marte, coches que se conducen solos y túneles bajo las ciudades, con tanta seguridad que ya no sabes qué anuncio es real y cuál es un meme. Si alguien en el mundo podía anunciar un vuelo a un planeta marica sin que sonara del todo imposible, era él.

Y hay otra capa, que me hace mucha gracia. Pongo a trabajar para mi planeta al hombre que menos pinta tendría de apuntarse. No hace falta que te explique por qué. Es una pequeña venganza de ficción: el señor de los cohetes, de repente, sirviendo a la causa de las locas. En la canción no lo sabe, pero trabaja para nosotras.

En el post sobre por qué el primer disco tiene título de noticia ya conté que me gusta escribir con forma de titular. Esta canción es esa misma manía, llevada al extremo: un telediario de las nueve que anuncia una utopía.

Por qué un titular

Podría haber escrito «me iría a otro planeta». O «ojalá existiera un sitio mejor». La canción entera es, en el fondo, esa idea. Pero dicha así, sin más, es un deseo blando. Se queda en el aire.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Quiero dejar de ser un simple mortal» de «Elon Musk ha anunciado»

Un titular es otra cosa. Un titular tiene fecha, tiene protagonista, tiene una acción concreta. Es hoy, es Elon Musk, ha anunciado. Convierte un deseo en un hecho, aunque sea un hecho inventado. Te pone delante de una puerta y te dice: ya está abierta, ahora decide.

Y además tiene la gracia del lenguaje periodístico, ese «recientemente descubierto» que nadie usa en la vida real. Nadie dice en el bar «he conocido recientemente a un chico». Se dice en los telediarios, en las notas de prensa, en los comunicados. Meterlo en una canción marica de rutina y escape es como ponerle corbata a un perro. No le pega nada y por eso queda bien.

Esa mezcla es lo que más me divierte del oficio. Coger un registro serio, el de la noticia, y llevarlo a un sitio que no le corresponde.

Menos mal que hoy

Hay un detalle del estribillo que la gente pasa por alto y que para mí es la clave: menos mal.

No dice solo que hoy lo ha anunciado. Dice y menos mal que hoy. Ese menos mal es de alivio de madre, de quien llevaba días sin dormir esperando una llamada del médico. Menos mal. Por fin. Ya era hora.

Es la expresión de alguien que estaba al límite. Que no aguantaba ni un lunes más de café amargo. Y que recibe la noticia como quien recibe el resultado de un análisis que ha salido bien.

Ahí está el corazón de la canción, si me apuras. El cohete es el chiste. El menos mal es la verdad. Hay gente que vive esperando que alguien, quien sea, anuncie una salida. Una oferta de trabajo en otra ciudad, una beca, un novio que te saque del pueblo, un premio de la lotería. Y cuando llega, si llega, lo primero que se dice es eso. Menos mal.

¿Te vienes conmigo?

Después de tanto anuncio repetido, la canción cambia de persona. Hasta ahí era un yo y un mundo gris. De pronto aparece un tú.

«Yo ya me he apuntado ¿Te vienes conmigo?»

Me gusta mucho que el protagonista ya se haya apuntado antes de preguntar. No espera a ver si el otro quiere. Ya tiene el billete. La pregunta no es «¿vamos?», es «yo me voy, ¿vienes o te quedas?». Tiene algo de ultimátum cariñoso, y algo de valentía también.

Hay muchas formas de leer ese tú. Puede ser una pareja, una amiga, un desconocido del metro. Puede ser quien escucha la canción. Yo, cuando la escribí, pensaba un poco en todos. Si la pones en el móvil en un vagón lleno a las ocho y cuarto de la mañana, la pregunta va para todos los que van contigo con la misma cara de lunes. ¿Te vienes?

Lo he dicho en la ficha de la canción: si alguien a tu lado sonríe, pregúntale. No hace falta que le expliques nada. Con la cara basta.

Volver a los veinte años

Al final, la canción se pone épica. Hagamos la locura, volvamos a los veinte años, vayamos a GayFolk.

Collage con un detalle de la carátula de «Elon Musk ha anunciado» y las carátulas de «Como en la matanza de Texas», «La boca», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»

Esto lo escribí con una sonrisa torcida, porque soy perfectamente consciente de la trampa. Volver a los veinte años es la fantasía de todo el que ha pasado de los cuarenta. Y es una fantasía bastante tramposa, porque a los veinte años tampoco éramos tan felices. Teníamos menos dinero, más miedo y peor gusto para los hombres. Pero en la memoria, los veinte son el momento en que todavía no había rutina. En que todo podía pasar.

No hablo de la edad del carnet, hablo de la sensación. La de cuando cualquier viernes podía cambiarte la vida. A eso se refiere la canción, creo. A recuperar el estado de ánimo de cuando aún no sabías qué te iba a pasar.

En «Contra la nostalgia» escribí que lo retro me interesa como forma de mirar hacia delante. Esta línea es eso mismo. No es volver atrás, es volver a empezar. Y la manera de volver a empezar, según la canción, es subirse a un cohete inventado.

Un simple mortal

Hay otra frase del final que me hace mucha gracia y a la vez me pone un poco serio.

«Quiero dejar de ser un simple mortal»

En boca de cualquiera sonaría pretencioso. Suena a frase de villano de película de superhéroes, de esos que quieren la inmortalidad y acaban derretidos en un tanque de ácido. Pero aquí lo dice alguien que hace dos minutos estaba describiendo su café amargo y su trabajo insípido. No quiere ser un dios. Quiere dejar de ser una casilla en el parte de horas.

Para mí, dejar de ser un simple mortal es dejar de ser intercambiable. Que la calle tenga nombre. Que la gente tenga rostro. Que el lunes no sea igual que el martes. Es pedir muy poco, en realidad. Pero dicho con mayúsculas de ciencia ficción, parece mucho.

Me gusta esa desproporción. Pedir lo pequeño con palabras enormes. Es una de mis maneras de exagerar, y ya sabes que exagero bastante.

La órbita gravitacional

Y el remate. La letra reconoce el riesgo: nos jugamos la vida, puede que nos quedemos enganchados en otra órbita gravitacional, puede que nunca podamos regresar.

Es el único momento técnico de toda la canción. Órbita gravitacional. Lo metí con todo el descaro, como quien usa una palabra que ha oído en un documental de La 2 a las cuatro de la tarde, medio dormido en el sofá. No sé nada de órbitas. Sé que suena a peligro serio, a película de astronautas con música de violines. Y precisamente por eso: el peligro está dicho con palabras de manual de física, y la conclusión es la de una loca en una despedida de soltera. Hagamos la locura.

Lo que me interesa es la actitud. La canción sabe que puede salir mal. Que igual no volvemos. Y le da igual. Porque quedarse en la rutina, después de haber dicho me ofende, ya no es una opción.

Ahí, por cierto, el chiste se acaba un momento y queda algo bastante limpio: a veces irse da miedo y quedarse da más.

Lo que no voy a hacer

No voy a repetir aquí la historia de los vuelos espaciales de verdad ni a comparar mi cohete con los de los telediarios. Hay gente que sabe mucho más que yo de eso, y en la web hermana del planeta ya hay quien se ha puesto a leer la letra pequeña del billete. Yo soy el que escribió la canción, y lo que sé contar es lo de dentro: por qué esas palabras, por qué ese orden, por qué ese verbo.

Tampoco voy a decirte que esta canción va de huir de tus problemas. No me gusta ese tipo de lectura de psicólogo de revista. Va de lo que va: de que la rutina, a veces, ofende. Y de que imaginar una salida, aunque sea ridícula, es lo que te permite aguantar hasta el viernes.

Una canción de lunes

Si me preguntas cuándo hay que escucharla, te digo lo mismo que en la ficha, pero con más detalle.

Ficha de la canción «Elon Musk ha anunciado» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Un lunes. A las ocho y algo de la mañana. En el metro de Madrid, en la línea que más odies, apretado entre una mochila y un señor que lee el móvil sin cascos. O en el coche, en el atasco de entrada a la ciudad, con el limpiaparabrisas haciendo su propia rutina. O en la oficina, si tienes una de esas donde se puede poner música bajito sin que el jefe te mire mal.

Ahí, en ese momento exacto en que te das cuenta de que todo se repite, ponla. Las primeras estrofas te van a parecer un espejo. Y cuando llegue el anuncio, te vas a reír. Aunque sea por dentro.

Es una canción pensada para ese segundo de risa en mitad del gris. No te arregla el lunes. Te lo hace un poco más corto.

Antes, una matanza; después, una boca

Me hace gracia dónde ha quedado en la discografía de la web. Justo antes está «Como en la matanza de Texas», que es de lo más oscuro que he escrito, todo motosierras y esperanza convertida en sal. Justo después, «La boca». Y en medio, este cohete de color de rosa que viene a decir: vale, ya está bien de sufrir, ¿nos vamos?

No lo planeé así, pero me gusta. Es como si la canción fuera la salida de emergencia entre dos habitaciones muy distintas. Una luz verde encima de una puerta, con un muñequito corriendo.

El segundo disco y las ganas

Está en el segundo disco de la trilogía, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», y no podía estar en otro. Ese disco entero es eso: ganas. Ganas de irse, ganas de llegar, ganas de que exista un sitio donde no haya que dar explicaciones. Lo conté con más calma en la gramática de las ganas, donde hablo de cómo un ojalá cambia una frase entera.

Esta canción es el momento en que las ganas se convierten en billete. El ojalá del título del disco se cumple, aunque sea en una noticia inventada. Hoy han anunciado el vuelo. Ya no es un ojalá. Es un menos mal.

Escrita por mí, hecha con máquinas

Lo de siempre, que lo tengo que decir porque me lo preguntan en cada entrevista: la letra la escribí yo, sin inteligencia artificial. Las dos palabras por verso, el me ofende, el menos mal, el simple mortal, todo eso es mío y salió de mis lunes. La música y las voces están hechas con herramientas de IA, entre ellas Suno. Yo soy letrista, compositor y productor. No soy el que pone la voz.

Tiene su ironía, lo reconozco: una canción que critica la rutina mecánica, hecha con ayuda de máquinas. Pero es que la máquina no tiene lunes. No sabe lo que es un café amargo a las siete. Lo que le pido es que ponga sonido a algo que yo ya he vivido, y para eso funciona muy bien. Hablé de esto más a fondo en La IA no me ahorra trabajo, me lo cambia de sitio, por si te interesa.

Y si alguien me dice que mis canciones las hace un botón, le pediré que escriba él la rutina en dos palabras sin que suene a redacción del colegio. Que pruebe. Ya verás qué risa.

Yo ya me he apuntado

Lo último que te digo es lo mismo que dice la canción, porque no se me ocurre nada mejor.

Yo ya me he apuntado. Llevo apuntado desde que escribí la primera letra del primer disco. El planeta no tiene coordenadas, no lo vas a encontrar en ningún telescopio, y el señor Musk no va a llamarme nunca. Da igual. Para eso están las canciones: para anunciar vuelos que no existen y subirte igual.

¿Te vienes conmigo?

Si te vienes, en Letras tienes el resto del equipaje.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Elon Musk ha anunciado»? De la rutina y de las ganas de escapar de ella. La primera parte describe un día gris con frases de dos palabras, y el estribillo anuncia, en una noticia inventada, el primer vuelo tripulado al planeta GayFolk.

¿Elon Musk ha anunciado de verdad un vuelo a GayFolk? No. Es una ficción de la canción. Mike Sain't Louis usa al personaje por su fama de anunciar cohetes y proyectos espaciales, y le da la vuelta en clave de humor.

¿En qué disco está la canción? En «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo disco de la trilogía Planeta Gayfolk.

¿Quién pone la voz? Las voces y la música están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno. Mike escribe la letra sin IA y es compositor y productor.

¿Dónde puedo leer la letra? Completa, en gayfolkplanet.com/letras/elon-musk-ha-anunciado.

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