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Aquí se publica: las cinco reglas de la casa, explicadas con mis letras

En la página de mi web donde cuento quién soy hay un apartado que se llama «Reglas de la casa». Y encima del título, en letra pequeña, pone: «Colgadas junto a la caja registradora».

Me gusta esa imagen. La web me presenta como el dueño del local, y en todos los locales de verdad hay un cartel junto a la caja. «No se fía.» «Prohibido fumar.» «El cliente siempre tiene razón, salvo cuando no.» Son frases cortas que te dicen en qué casa has entrado.

Las mías son cinco. Las copio tal cual:

Primera: Aquí se publica.

Segunda: La letra manda.

Tercera: Cada canción, su imagen.

Cuarta: Con humor, también se dice la verdad.

Quinta: Sin intermediarios.

Cada una lleva debajo una frase que la explica. Y lo bonito, al repasarlas, es que no hace falta inventarse nada para ilustrarlas. Están en las canciones. Algunas canciones incluso las dicen mejor que el cartel.

Así que este texto es eso: un paseo por la caja registradora, regla a regla, con las letras al lado.

El dueño del local

Antes de las reglas, mi web hace otra cosa que me parece importante. Me presenta con cinco oficios. Lo dice así: «Cinco oficios, un mismo nombre».

Productor, porque construyo cada canción desde cero y decido cómo suena. Escritor, porque todas las letras llevan mi firma. Compositor, porque las melodías van del electropop a la copla, del pop alternativo a la balada. Director artístico, porque las portadas, los videoclips, los títulos y el concepto también son cosa mía. Y CEO de mi propio sello.

Si te fijas, las cinco reglas salen de esos cinco oficios. El escritor dice que la letra manda. El director artístico dice que cada canción tiene su imagen. El CEO dice que aquí se publica y que no hay intermediarios. Y el humor, la cuarta regla, es lo que tienen en común todos ellos cuando se juntan en la misma cabeza.

La biografía de la web lo resume en una frase: hago yo solo todo el recorrido de una canción, de la primera línea de la letra al día del estreno. Eso explica por qué hacen falta reglas. Cuando nadie te para, tienes que pararte tú. Y cuando nadie te empuja, tienes que empujarte tú.

Las reglas son eso: el jefe que no tengo, colgado en un cartel.

Primera regla: aquí se publica

Debajo de la primera regla pone: «Una canción guardada en un cajón no le sirve a nadie. Terminar y sacar es parte del oficio».

Es la regla que más se nota desde fuera. Según la misma página, el catálogo de PLANETA GAYFOLK suma 273 singles y más de 280 videoclips, publicados a lo largo de unos dos años de trabajo. No hay mucho más que explicar. Aquí se publica.

Pero lo que me interesa es lo del cajón. Porque el cajón sale en mis letras.

En «La dieta del cucurucho», en medio de una pelea de celos por culpa de un famoso, la canción se para y suelta esto: «Tenía esta canción / Guardada / En un / Cajón / ¡Qué liberación!».

Y un poco después, por si no había quedado claro: «Tampoco es / una confesión».

Me encanta ese momento porque la canción habla de sí misma. Se reconoce como algo que estuvo escondido y que ahora sale. Y lo que siente al salir no es vergüenza. Es liberación. Sacar una canción del cajón se parece mucho a salir de otro sitio que todos conocemos. Y sienta igual de bien.

En la página de «Tus letras son basura» hay otra frase que remata la idea. Dice que esa canción es, sobre todo, «para quien tiene una libreta llena de canciones guardada en un cajón por miedo a lo que digan».

Ese es el enemigo de la primera regla. No la falta de talento. El miedo a lo que digan. El cajón está lleno de canciones que alguien no se atrevió a enseñar.

La segunda mitad de la explicación también importa: terminar y sacar es parte del oficio. No dice que publicar sea un premio. Dice que es trabajo. Que una canción no está hecha hasta que alguien la puede escuchar. Lo demás son borradores.

Lo que se dice cuando se publica mucho

Publicar tanto tiene un precio, y una de mis canciones lo cuenta con mucha guasa.

Fotogramas del videoclip oficial de «Esta canción es una mierda», de Mike Sain't Louis

En «El productor de Madonna no compra en Mercadona» la letra empieza palabra a palabra, casi tartamudeando, como quien se justifica delante de un tribunal: «Tengo / Que / Demostrar / Constantemente / A / Toda / La / Gente / Talento».

Y luego, más adelante, la propuesta para callar bocas: «Tendré que superar con creces / Cualquier disco tradicional / Noventa y tres canciones en vez de trece». Con sus noventa y tres videoclips incluidos si hace falta.

Es una broma, claro. Pero es una broma con fondo. Cuando haces las cosas de una manera nueva, te piden el doble. Y la respuesta de la casa, a veces, es exagerar hasta el ridículo: ¿queréis pruebas? Tomad noventa y tres.

No es una regla. Es la consecuencia de cumplirla.

Segunda regla: la letra manda

Debajo de la segunda pone: «La tecnología cambia cada mes; lo que se quiere contar es lo único que no se negocia».

Esta es la regla que explica cómo trabajo. Mi web lo cuenta así: la inteligencia artificial es mi herramienta de producción y arreglos, igual que otras generaciones usaron la caja de ritmos o el sintetizador. Y en otro sitio lo dice todavía más claro: todas las letras llevan mi firma. La dirección, el concepto y la palabra son siempre míos.

La tecnología cambia cada mes. Eso es verdad para cualquiera que trabaje con estas herramientas. Lo que ayer sonaba de una manera, mañana suena de otra. Lo que hoy es novedad, dentro de seis meses es viejo. Si mis canciones dependieran del sonido de moda, caducarían a la misma velocidad.

Lo que no caduca es lo que se quiere contar. Y eso no lo decide ninguna máquina.

Hay otro dato de mi web que apoya esta regla. Las canciones de PLANETA GAYFOLK están sobre todo en español, pero también en inglés, francés y portugués. Cambiar de idioma es casi tan radical como cambiar de sonido. Y sin embargo, cuando una letra pasa del español al inglés o al francés, lo que se quiere contar sigue siendo lo mismo. La forma cambia. El fondo manda.

«Esta canción es una mierda» tiene una frase que podría ir debajo de esta regla: «Las letras son mías, la ironía también».

Y «Tus letras son basura» lo dice con todas sus letras: «No las firma una discográfica, no las corrige un productor». Las escribo yo, con mi historia y mi forma de mirar el mundo. Y termina con dos frases que lo resumen: «Y sí, quizás mis letras no sean perfectas. / Pero son mías».

Eso es la letra manda. No que sea perfecta. Que sea mía y que mande sobre todo lo demás.

Discutir con la herramienta

La segunda regla tiene una canción entera dedicada: «Discutiendo con la IA». Ya le dediqué un texto propio, así que aquí solo apunto lo que tiene que ver con la caja registradora.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «nació del cansancio, pero también de la risa» de «Esta canción es una mierda»

La canción le contesta a quien cree que usar IA es apretar un botón. Lo dice con su mala leche de siempre: «Hija mía si usar IA es / dar a un botón / hazlo tú». Y luego se pregunta por qué alguien decía que, como lo mío era IA, no valía, si estoy a todas horas discutiendo con ella.

Discutiendo. Esa es la palabra que la canción elige para describir la relación con la herramienta. No obedeciendo, no apretando un botón. Discutiendo. Y en toda discusión hay alguien que tiene la última palabra.

La regla dice quién: la letra. La herramienta puede cambiar cada mes. Lo que se quiere contar es lo único que no se negocia.

Por eso me presento como el primer cantautor IA y no como otra cosa. La IA hace la música y las voces. La letra la escribo yo. El orden de esa frase es el orden de la regla.

Tercera regla: cada canción, su imagen

Debajo de la tercera pone: «Ningún single sale sin su portada y su videoclip: la estética se piensa a la vez que la letra».

Esta regla es la del director artístico, que es otro de los oficios que aparecen en mi web. Portadas, videoclips, títulos y concepto.

Lo de «a la vez que la letra» es lo importante. La imagen no llega después, como un envoltorio. Según la regla, nace con la canción: título, portada y videoclip se piensan juntos, como partes de la misma idea.

La página de «Tus letras son basura» describe su portada con detalle: «un estudio en penumbra, luces moradas, un teclado y una mano en la barbilla, con cara de estar leyendo una crítica sin inmutarse». Y luego explica por qué: las palabras del título ocupan media imagen, enormes, como si la acusación fuera un cartel publicitario. «Me parece la mejor manera de quitarle importancia.»

Ahí está la regla funcionando. La imagen no adorna la letra. La remata. El insulto se convierte en cartel, y el cartel le quita al insulto todo su peso.

Con «Esta canción es una mierda» pasa lo mismo. Su página dice que la mejor manera de desactivar a un crítico es quitarle la frase de la boca y ponerla en la portada, en mayúsculas. La portada como arma.

Y en el texto de «Cada cornada», que va contra la tauromaquia, hay una serie de frases que podrían ser el manifiesto de esta regla: «Este videoclip no busca agradar. / Busca mostrar. / La imagen no acompaña: corta».

La imagen no acompaña: corta. Me lo quedo.

Cuarta regla: con humor, también se dice la verdad

Debajo de la cuarta pone: «Lo camp, lo exagerado y lo cotidiano son formas serias de hablar de la vida».

Es la regla que más gente malinterpreta. Como mis títulos hacen reír, hay quien piensa que mis canciones son de broma. Y no. Son de verdad. Lo que pasa es que la verdad, a veces, entra mejor con una carcajada.

«Esta canción es una mierda» cuenta su propio origen así: «nació del cansancio, pero también de la risa».

Esa doble raíz es la cuarta regla entera. Cansancio y risa. Si solo hubiera cansancio, sería una queja. Si solo hubiera risa, sería un chiste. Con las dos, es una canción.

La misma letra termina con una idea que a mí me consuela mucho: «lo que duele hoy… mañana será historia».

En «El calcetín», que es la secuela de una historia con un narcisista, el texto lo dice sin rodeos: «Aquí ya no hay dolor, hay ironía». Y la canción termina con el brillo de quien sobrevive a la manipulación y aprende a reírse de ella.

Aprende a reírse de ella. Eso es lo que hace el humor en mis letras. No niega el dolor. Lo convierte en algo con lo que puedes vivir.

Y en «Primer aniversario» la risa apunta a algo más pequeño y más cotidiano: los veinte estados vistos en WhatsApp sin un solo «me gusta». Es una canción sobre la soledad del artista independiente, y la escribí desde la ironía. Porque si te tomas en serio los veinte estados sin respuesta, te hundes. Si te ríes, sigues.

La misma canción recoge una frase que cualquiera que haga algo por su cuenta ha oído alguna vez, la de los que dicen «eso no da dinero, búscate otra cosa». Esa frase es la que llena los cajones. La que convence a la gente de que no merece la pena publicar. Y la respuesta de la canción no es enfadarse. Es convertir la frase en letra. Y publicarla.

Lo cotidiano como forma seria de hablar de la vida. Los estados de WhatsApp. El calcetín. El cajón. Nada de eso es pequeño si lo miras bien.

Quinta regla: sin intermediarios

Debajo de la quinta pone: «El sello es suyo, las decisiones también. Si algo sale mal, se corrige y se vuelve a publicar».

Collage con un detalle de la carátula de «Esta canción es una mierda» y las carátulas de «La Dieta del Cucurrucho», «Tus letras son basura», «El productor de Madonna no compra en Mercadona», «Discutiendo con la IA»

Mi web me presenta como CEO de mi propio sello discográfico independiente, MIKE SAIN'T LOUIS, que publica, distribuye y gestiona todo el catálogo sin intermediarios. Sin discográfica detrás.

Eso tiene ventajas evidentes. Nadie me dice qué título es demasiado bruto, qué letra es demasiado rara, qué tema no va a funcionar. Las decisiones son mías.

Pero la segunda frase de la regla es la que más me gusta, porque es la más humilde: si algo sale mal, se corrige y se vuelve a publicar. No dice que todo salga bien. Dice que cuando sale mal, no hay nadie a quien echarle la culpa, y que la solución es la misma que la primera regla: volver a publicar.

«Tus letras son basura» tiene una línea para esta regla también: es para los artistas independientes que prefieren ser auténticos a ser «comerciales». «Es para quien escribe sin pedir permiso.»

Sin pedir permiso. Eso es sin intermediarios. No hay a quién pedírselo.

La industria y las personas

Hay una canción que ilustra la quinta regla desde el otro lado. No desde mi sello, sino desde la industria que no tengo.

En «Ya no nos gusta La Oreja de Van Gogh» el texto distingue entre las artistas y el aparato. Nos gustan ellas, Amaia y Leire, pero no el envoltorio domesticado en el que la industria convirtió a una banda que un día fue pura emoción. Y lo resume en una frase: «las divas siguen brillando, pero el sistema ya no emociona».

Domesticado. Esa palabra es el miedo que hay detrás de la quinta regla. Que entre tú y tu canción se meta alguien que la suavice, la peine, la haga presentable. Que le quite lo raro para que venda más. Que la domestique.

Sin intermediarios no significa que lo que hago sea mejor. Significa que si sale raro, sale raro porque yo quise. Y si sale mal, se corrige y se vuelve a publicar.

El cartel de la puerta

Si las reglas están junto a la caja, hay una canción que funciona como el cartel de la puerta. La que te avisa antes de entrar.

Se llama «Vas a escuchar un disco muy raro», está en el segundo disco, y empieza así: «Si vienes con prejuicios, échate a un lado».

Luego viene una bienvenida que es una de mis frases favoritas de todo el catálogo: una bienvenida en Ámsterdam con cuatro adjetivos seguidos: «agradable, disfrutable, amable, brutal». Los tres primeros riman y te relajan. El último lo rompe todo.

Eso es el local. Agradable, disfrutable, amable. Y brutal. Si vienes con prejuicios, échate a un lado. Y si entras, ahí están las reglas, junto a la caja, para que sepas dónde estás.

Las cinco juntas

Leídas de una en una, las reglas parecen consejos sueltos. Leídas juntas, se sostienen unas a otras.

Ficha de la canción «Esta canción es una mierda» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Aquí se publica, porque si no publicas, nada de lo demás importa.

La letra manda, porque si publicas mucho y la letra no manda, acabas publicando ruido.

Cada canción, su imagen, porque una letra que manda merece que se la vea.

Con humor, también se dice la verdad, porque sin humor todo esto sería insoportable, para mí y para quien lo escucha.

Sin intermediarios, porque es la única manera de cumplir las otras cuatro sin pedirle permiso a nadie.

Y si algo sale mal, se corrige y se vuelve a publicar. Que es otra forma de decir: vuelve a la primera regla.

Lo que el cartel no promete

Hay algo que me gusta mucho de estas cinco reglas, y es lo que no dicen. Ninguna promete éxito. Ninguna dice «aquí se triunfa», ni «aquí se vende», ni «aquí se hace uno famoso».

Dicen aquí se publica. Que es otra cosa.

«Primer aniversario» lo sabe muy bien. Su texto habla de lo que casi todos sentimos y pocos dicen: que en este mundo digital los sueños se celebran en silencio, que los logros pasan desapercibidos y que los aplausos se los lleva quien no se lo curra. Es una canción escrita desde la ironía y la soledad del artista independiente. Y a pesar de todo, o justo por eso, se publicó.

A veces una canción corre. Mi web recuerda que «Tan Cateto» corrió por TikTok. Y otras veces una canción sale y se queda en veinte estados vistos sin un solo «me gusta». Las reglas son las mismas en los dos casos. Aquí se publica igual.

Creo que eso es lo que separa unas reglas de casa de un plan de negocio. Un plan de negocio te dice qué hacer para ganar. Unas reglas de casa te dicen qué hacer para seguir siendo tú, ganes o no. Y en un catálogo que suma cientos de canciones, seguir siendo tú es lo más difícil.

Por eso están colgadas junto a la caja. Para mirarlas cada vez que algo no sale. Para recordar que la siguiente canción también se va a publicar, que la letra seguirá mandando, que tendrá su imagen, que me reiré de lo que haga falta y que no le pediré permiso a nadie.

La canción que se insulta sola

He dejado para el final la canción que mejor resume la casa. Y es la que lleva el título más feo.

«Esta canción es una mierda» es, según su propia página, más manifiesto que canción al uso. Va dirigida a los que opinan sin entender, a los que critican por criticar. Y tiene una frase que es el centro de todo: «si te molesta mi autenticidad, el problema no es mi canción, es tu filtro».

La página lo explica con una imagen muy de ahora: se habla mucho de filtros en redes, de los que suavizan la piel y borran las ojeras. Aquí el filtro es el del que mira, el prejuicio con el que se escucha.

Si lo piensas, las cinco reglas cumplen en esa canción. Se publicó, con un título que nadie más se habría atrevido a poner. La letra manda, porque es un manifiesto. Su imagen es el insulto en mayúsculas. Nació del cansancio y de la risa. Y salió con mi sello, sin pedirle permiso a nadie.

La letra está en gayfolkplanet.com/letras/esta-cancion-es-una-mierda. Y la caja registradora sigue abierta.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las reglas de la casa de Mike Sain't Louis? Son cinco y están en su página «Sobre»: aquí se publica; la letra manda; cada canción, su imagen; con humor, también se dice la verdad; y sin intermediarios.

¿Qué significa «la letra manda»? Que la tecnología cambia cada mes, pero lo que se quiere contar no se negocia. Mike Sain't Louis escribe todas sus letras y usa la inteligencia artificial como herramienta de producción y arreglos: la música y las voces se hacen con IA.

¿Cuántas canciones ha publicado Mike Sain't Louis? Según su web, el catálogo de Planeta Gayfolk suma 273 singles y más de 280 videoclips, publicados en unos dos años de trabajo con su propio sello, MIKE SAIN'T LOUIS.

¿Qué canción resume mejor estas reglas? «Esta canción es una mierda», que nació, según su letra, «del cansancio, pero también de la risa». La letra está en gayfolkplanet.com/letras/esta-cancion-es-una-mierda.

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