
Por Mike Sain't Louis ·
Cada cornada: un traje de luces rosa contra la violencia
Rosa chicle, oro y perlas. El traje de luces que aparece en la portada de «Cada cornada» es tan bonito que casi distrae. Y esa es precisamente la trampa que quiero señalar: la violencia sigue siendo violencia aunque la adornes con mantillas, bordados y un discurso viejo que ya no se sostiene.
La canción es una toma de postura contra la tauromaquia. No pretende tranquilizar conciencias ni agradar a todo el mundo. Lo que busca es descolocar, mover lo que siempre se ha querido dejar quieto y encender un poco de luz en un rincón donde llevamos décadas acumulando sombra. Me parece una costumbre que resiste más por inercia y por comodidad que por convicción, por esa manía tan humana de mirar solo hacia donde no duele.
Me llama mucho la atención una incoherencia: hay quien se escandaliza por cuatro palabras malsonantes en una canción y luego aplaude sin pestañear un espectáculo cuyo final todos conocemos. Esa contradicción atraviesa la canción de principio a fin.
El título tiene doble filo. Cada cornada es la herida que todos asocian al torero, pero detrás de cada tarde de plaza hay un animal que no eligió estar ahí. La estética torera, llevada a un rosa tan exagerado, se convierte en parodia y en pregunta a la vez. ¿Por qué seguimos tratando como intocable un símbolo que ya no representa a tanta gente?
Que incomode es buena señal. Si molesta, es que ha llegado donde tenía que llegar. En PLANETA GAYFOLK el arte va de la mano de lo que uno piensa, aunque rompa el decorado de siempre.
Se la dedico a quienes han dejado de ir a la plaza, a quienes nunca han ido y a quienes dudan. También a quien todavía defiende las corridas, para que escuche con calma un punto de vista distinto.
Para escucharla, cualquier tarde de feria, mientras otros miran hacia el ruedo.