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Una noria, un carrusel y un vagón que sale volando: la feria de Planeta Gayfolk

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Las ferias tienen un olor que no se parece a nada: azúcar quemado, aceite de churros, gasoil de los generadores, hierba pisada. Tienen también un ruido propio, hecho de música de varias atracciones sonando a la vez, gritos que suben y bajan, la campana de una tómbola y alguien por megafonía anunciando la última vuelta. Planeta Gayfolk no podía no tener una. Lo que no sabía, hasta que me puse a revisar mis videoclips, es que la feria del planeta no está en un solo sitio. Está repartida.

Una noria por aquí, en el vídeo de una canción. Un carrusel por allá, en el de otra. Y una montaña rusa que, curiosamente, aparece en dos canciones distintas, como si fuera la atracción estrella y nadie quisiera quedarse sin subir. Este texto junta todas esas piezas para montar la feria entera, y de paso cuenta por qué una montaña rusa es, para mí, la mejor manera de explicar cómo se sale de un pozo.

La entrada: un cartel de neón sobre los árboles

Toda feria empieza en la puerta, y la de Planeta Gayfolk empieza con un cartel. Al principio del videoclip de «Montaña rusa», publicado el 21 de enero de 2025 a media tarde en Madrid, el título aparece escrito a mano en neón rosa, con letras de trazo largo, sobre una imagen de tonos amarillos. Debajo, dos figuras de espaldas sentadas en un vagón rojo de montaña rusa avanzan hacia una arboleda de otoño, con las hojas doradas. Es una foto que parece sacada de un álbum antiguo, con ese color de las fotos que se han quedado al sol.

Enseguida la cámara se pone detrás de ellos. Uno lleva un jersey de color crema; el otro, una cazadora azul. Se inclinan un poco el uno hacia el otro, mirando el paisaje que tienen delante. No vemos sus caras, solo sus nucas y sus hombros. Y esa forma de empezar, de espaldas, ya dice mucho: lo importante de una montaña rusa no es quién se sube, sino lo que tiene delante.

La atracción estrella

La montaña rusa de Planeta Gayfolk es de las grandes. En el vídeo se ve de muchas maneras. Hay planos sin color de dos chicos riéndose en el vagón, abrazados, con los raíles enredados detrás como un dibujo hecho a lápiz. Hay planos en color de unos raíles azules que dan vueltas entre los árboles, con un tren de vagones rojos y amarillos lleno de gente. Hay una vía que se pierde en la niebla, vacía, recta, entre estructuras de hierro que parecen esqueletos. Y hay planos tomados desde la última fila, con varias cabezas por delante y el cielo al fondo, justo antes de la bajada.

La letra insiste en el nombre de la atracción como quien se agarra a la barra de seguridad:

Hoy es el día montaña rusa montaña rusa montaña rusa montaña ruuuuuuuuusaaaaaaaa

Esa letra ya la desmonté renglón a renglón en otro texto, del vagón que sale volando a la musa muda, así que aquí no voy a repetirla. Solo me quedo con esa última palabra estirada, que sube y baja con sus vocales como el propio vagón: «ruuuuuu» es la subida lenta, con el traqueteo de la cadena; «saaaaaa» es la caída. Una palabra que contiene la atracción entera.

El vagón que se sale de la vía

Hay un momento en el videoclip que siempre hace reír a quien lo ve por primera vez. En mitad de un recorrido normal, con sus curvas y sus loopings, un vagón se suelta de los raíles y sale volando por el aire, con dos pasajeros dentro, como si fuera un coche de dibujos animados. Más tarde es un todoterreno el que salta por encima de la estructura de la montaña rusa, con alguien encaramado al techo. Y en otros planos aparecen humo y llamaradas por todas partes, como si la feria entera se hubiera vuelto loca.

Tres fotogramas de «Montaña rusa»: dos chicos de espaldas en un vagón rojo con luz amarilla, un vagón que sale volando por encima de los raíles azules y un tren de vagones rojos y amarillos entre los árboles

Es exagerado a propósito. Una montaña rusa ya da miedo de por sí, pero el vídeo lleva ese miedo hasta el absurdo: no solo bajas a toda velocidad, es que además el vagón se escapa, el coche vuela y todo arde. Me parece una forma muy honesta de enseñar cómo se viven algunos días. No son días malos sin más. Son días en los que todo lo que podía salir mal sale mal a la vez, y encima de forma ridícula.

Lo bueno es que, al final, la montaña rusa sigue ahí. El vídeo se cierra con el mismo cartel del principio, ya sin color, con los dos chicos abrazados en el vagón. Como si nada hubiera pasado. Como si, después de todo el humo, la atracción siguiera funcionando y se pudiera volver a subir.

La misma montaña rusa en otra canción

Lo curioso es que esa montaña rusa no se quedó en su canción. Unos días después, el 2 de febrero de 2025 de madrugada, publiqué el vídeo de «El señor Garrison», una canción de celos, ordenadores y partidas de parchís que no tiene nada que ver con ferias. Y sin embargo, ahí está otra vez la montaña rusa: los dos chicos abrazados en el vagón en blanco y negro, el humo, los raíles enredados, los vagones de colores en la vía turquesa con nubes de humo detrás.

En «El señor Garrison» la montaña rusa se mezcla con otras cosas: una playa gris, un bailarín de camisa blanca girando en un escenario, un hombre con gafas de aviador. Pero vuelve una y otra vez, como si fuera la música de fondo de la historia. Me gusta que dos canciones compartan atracción. Es lo que pasa en las ferias de verdad: cada uno va con su historia, su pareja, su grupo de amigos o su soledad, y todos acaban haciendo cola en la misma montaña rusa.

Si quieres ver cómo se repite, tienes los dos vídeos en mi web: el de «Montaña rusa» y el de «El señor Garrison». Ponlos uno detrás del otro y verás que la feria es la misma, aunque las canciones cuenten cosas muy distintas.

La noria de neón

La segunda atracción gira en «Can't Wait», cuyo clip subí un domingo de octubre de 2025, el día 12. Es una noria. La primera vez aparece sola, de noche, con los radios iluminados en neón morado y rosa, girando contra un cielo azul oscuro, rodeada de un resplandor que parece niebla. Más tarde la vemos desde abajo, entre los puestos de la feria: casetas blancas con toldos de rayas, gente paseando, y delante, de espaldas, una pareja que mira la noria. Ella, con el pelo rubio platino recogido; él, con una cazadora de cuero negra.

La noria es lo contrario de la montaña rusa. No hay bajadas bruscas, no hay gritos, no hay vagones que salen volando. Sube despacio, se para arriba un momento para que veas la ciudad desde lo alto, y vuelve a bajar despacio. Es la atracción de las parejas, de los que quieren hablar, de los que se dan el primer beso cuando la cabina se queda quieta en lo más alto.

En una feria hacen falta las dos cosas. La montaña rusa, para gritar y soltar lo que llevas dentro. Y la noria, para mirar las cosas desde arriba y darte cuenta de que, vistas desde allí, son más pequeñas de lo que parecían.

Un carrusel de juguete

La tercera atracción es la más pequeña y la más rara. Hay que buscarla en «Contact Overwhelms Me», un clip de diciembre de 2025: entre un observatorio rosa, un vagón de metro vacío y una sala de espera con relojes, aparece de repente un carrusel. No es un carrusel de verdad: parece una maqueta, un juguete de colores pastel, con su toldo de rayas rosas y blancas, sus caballitos diminutos y una estrella dorada en lo alto. Alrededor flotan bolas de colores, turquesa, amarillas, rosas, como globos que se hubieran escapado de un cumpleaños, y unas montañas de color melocotón al fondo.

Mike Sain't Louis con abrigo negro junto a un carrusel de juguete de colores pastel rodeado de bolas flotantes, fotograma del videoclip de «Contact Overwhelms Me»

Es una imagen preciosa y un poco melancólica, porque en ese carrusel no hay nadie. Los caballitos dan vueltas sin jinetes. En un vídeo que habla de lo abrumador que es el contacto con otras personas, el carrusel vacío es como un recuerdo de la infancia que se ha quedado esperando. Algo bonito, pero al que todavía cuesta subir.

Lo que hay alrededor de las atracciones

Una feria no son solo las atracciones grandes. Es todo lo que hay entre ellas: los caminos de tierra, las luces colgadas de un poste a otro, los puestos que venden cosas que nadie necesita y que todo el mundo compra. En los vídeos de Planeta Gayfolk esa parte se ve poco, pero se adivina. En la feria de «Can't Wait» están las casetas blancas con sus toldos de rayas, iluminadas por dentro, con figuras que pasean despacio por delante. En la montaña rusa de «Montaña rusa» se ven, al fondo, los tejados de otras atracciones y una arboleda que rodea el recinto.

El resto me lo imagino. Me imagino una tómbola donde siempre toca un peluche demasiado grande para llevarlo a casa. Un puesto de algodón de azúcar rosa, del mismo rosa que las nubes de mis vídeos. Una caseta de tiro al blanco con patitos de plástico que no caen nunca. Y un camino que lleva de la noria a la montaña rusa, lleno de gente que camina de la mano, que se hace fotos, que se para a comprar una manzana de caramelo.

Me gusta imaginar esa parte porque es la que hace que una feria sea un sitio y no solo una serie de máquinas. Las atracciones te dan el susto o la vista desde lo alto; el camino entre ellas te da la compañía. Y en una recuperación pasa lo mismo: los momentos fuertes, las subidas y bajadas, importan, pero lo que te sostiene de verdad son los caminos de en medio. Las rutinas pequeñas. El café de por la mañana. El mensaje de alguien que se acuerda de ti.

Una feria con raíces de pueblo

No es casualidad que haya una feria en el planeta. Planeta Gayfolk se llama así, en parte, porque tiene mucho de folk en el sentido más castizo de la palabra: lo popular, lo de pueblo, las verbenas de agosto, las coplas, las rumbas. Lo conté con detalle en «Qué tiene de folk el GAYFOLK». La feria es la prima mayor de la verbena: más luces, más ruido, más atracciones, pero el mismo espíritu de salir a la calle a pasarlo bien con los vecinos.

Para mucha gente queer que creció en pueblos y ciudades pequeñas, las fiestas populares fueron un sitio ambiguo. Por un lado, el lugar de la alegría colectiva. Por otro, el sitio donde más se notaba que no encajabas: las parejas de chico y chica en la noria, las miradas en la cola de la tómbola, el miedo a que te vieran de la mano con quien no debías. La feria de Planeta Gayfolk es, en ese sentido, una feria corregida. En la montaña rusa van dos chicos abrazados, riéndose. En la noria, cada uno sube con quien quiere. Y nadie mira mal a nadie.

Es una feria que no existe todavía en muchos sitios, pero que existe aquí, en mis vídeos. Y me gusta pensar que, si existe aquí, algún día existirá en todas partes.

Los días montaña rusa

Te cuento por qué esta feria me importa más allá de lo visual.

Una vía de montaña rusa vacía que se pierde en la niebla entre estructuras de hierro y árboles, fotograma del videoclip de «Montaña rusa»

Me pasé alrededor de veinte años subido a una atracción que no había elegido: dos parejas consecutivas, ambas narcisistas. Ni nombres ni pistas sobre quiénes eran; lo que cuento es mi parte. Con gente así, el trayecto es siempre el mismo: hoy te ponen en un pedestal y mañana te tiran al barro, sin explicación y sin aviso. Y el final fue la peor caída de todas, porque al romper consiguieron poner a buena parte de mi entorno en mi contra. Me quedé casi sin nadie en el vagón.

Hubo un momento en que pensé en el suicidio y estuve cerca de intentarlo. Lo pongo negro sobre blanco porque el silencio no protege a nadie, y porque hoy, por suerte, ese momento me queda lejos. Con 41 años llegaron los diagnósticos: TEPT, depresión mayor de las graves, ansiedad, fobia social y evitación de la personalidad; los repaso uno a uno en el texto de mis diagnósticos. Desde entonces sigo con mi psiquiatra, con mi psicóloga y con mi tratamiento, y estoy muchísimo mejor.

Pero quiero decir algo importante: mejorar no ha sido subir en línea recta. Ha sido, también, una montaña rusa. Hay semanas buenas, en las que escribo tres canciones y salgo a la calle sin pensarlo. Y hay días en que vuelve la bajada, de golpe, sin avisar, y me quedo en casa. La diferencia con antes es que ahora sé que la bajada no es el final del recorrido. Sé que después viene otra subida. Y sé que puedo agarrarme a la barra.

Si te ha tocado una de esas bajadas y no le ves el suelo, no te quedes callado. Desde cualquier teléfono de España puedes marcar el 024: no cuesta nada, no cierra nunca y está pensado tanto para quien tiene ideas de suicidio como para su gente cercana. Ante un peligro inmediato, el 112. Los menores tienen a la Fundación ANAR en el 900 20 20 10. Y si escribes desde otro país, la web findahelpline.com reúne las líneas de ayuda de medio mundo. En este otro texto explico por qué hablar de esto sin miedo salva vidas. Yo pedí ayuda, y por eso sigo aquí, subiendo y bajando, pero aquí.

El plano de la feria

Si tuviera que dibujar la feria de Planeta Gayfolk en el mapa, la pondría a las afueras, en una explanada junto a un bosque de árboles de otoño, que es donde están las montañas rusas del vídeo.

A la entrada, el cartel de neón rosa de «Montaña rusa», escrito a mano.

Nada más entrar, a la izquierda, la gran montaña rusa: la de los raíles azules entre los árboles, la de los vagones rojos, la del vagón que se escapa. Es la que comparten «Montaña rusa» y «El señor Garrison», y siempre tiene cola.

Al fondo, la noria de neón morado de «Can't Wait», con sus casetas de toldos de rayas alrededor. Es la zona de las parejas y de los paseos lentos.

Y en un rincón, casi escondido entre puestos de algodón de azúcar, el carrusel de juguete de «Contact Overwhelms Me», con sus bolas de colores flotando. Es la zona tranquila, la de quien necesita algo más pequeño y más suave.

Me gusta pensar que cada visitante puede hacer su propio recorrido. Hay quien va directo a la montaña rusa. Hay quien prefiere la noria. Y hay quien se queda un buen rato mirando el carrusel, sin subirse, hasta que un día se anima.

Lo que se aprende en una feria

Las ferias tienen algo que me parece muy sabio: están hechas para pasarlo bien con el miedo. Nadie sube a una montaña rusa porque le guste sufrir. Sube porque sabe que el susto tiene un final, que la barra le sujeta y que, al bajar, se va a reír. El miedo controlado, con principio y fin, se convierte en diversión.

Ficha de la canción «Montaña rusa» de Mike Sain't Louis con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», canción n.º 196 de 273

Creo que muchas de mis canciones funcionan así. Hablan de cosas que dan miedo, como las relaciones que hacen daño, la soledad o la ansiedad, pero lo hacen dentro de una atracción con sus barras de seguridad: el ritmo, el humor, el estribillo que vuelve. Te subes, gritas un poco, te ríes, y al final bajas con las piernas temblando pero entero.

Todas las canciones de esta feria tienen su entrada gratis: están en mi página de descargas, para oírlas o bajarlas sin pagar y sin hacerte ninguna cuenta. Si te apetece, móntate tu propia feria en los auriculares: «Montaña rusa» para la subida, «Can't Wait» para la noria y «Contact Overwhelms Me» para el carrusel.

La última vuelta

En todas las ferias llega un momento, ya de madrugada, en que alguien anuncia por megafonía la última vuelta. Las luces siguen encendidas, pero ya hay menos gente. Los puestos empiezan a bajar las persianas. Los niños se han dormido en brazos de sus padres. Y los que quedan suben a la atracción con una mezcla rara de euforia y pena, porque saben que es la última y quieren aprovecharla.

Esa última vuelta es, para mí, la imagen exacta del final de «Montaña rusa». Después de todo el humo, de las llamas exageradas y de los vagones que salen volando, el vídeo vuelve al cartel del principio: dos chicos abrazados en el vagón, riéndose, sin color. Es una despedida, pero no es triste. Es la foto que te llevas a casa.

Me gustaría que esta feria funcionara así para quien la visite. Que uno pudiera entrar con el estómago encogido, subirse a la montaña rusa, mirar el mundo desde la noria, quedarse un rato junto al carrusel, y salir de madrugada con una foto mental de algo bonito. No hace falta que la vida sea siempre una feria. Basta con saber que, cuando todo da vueltas, existe un sitio donde dar vueltas es precisamente la gracia.

El feriante

Toda feria tiene un feriante, el que monta las atracciones, enciende las luces y vigila que todo funcione. En Planeta Gayfolk ese puesto me lo he quedado yo, Mike Sain't Louis, que me defino como el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical. Lo mío son las letras, la producción de cada pista y el montaje de cada clip; lo que suena (música e interpretación vocal) sale de la IA siguiendo esas decisiones. «Montaña rusa» y «El señor Garrison» viven en el disco que abrió la trilogía, el del descubrimiento del planeta, y no es casualidad que compartan atracción: las dos nacieron en la misma época, cuando estaba descubriendo cómo construir este planeta.

Si alguna vez paseas por una feria de verdad y ves una noria iluminada de morado, o un carrusel con bolas de colores, acuérdate de Planeta Gayfolk. Y si estás en la cola de la montaña rusa, con el estómago encogido, recuerda que la bajada dura unos segundos. Después, siempre, viene la subida.

Preguntas frecuentes

¿En qué videoclips de Mike Sain't Louis aparece una feria? En «Montaña rusa» y «El señor Garrison», que comparten imágenes de una montaña rusa entre árboles; en «Can't Wait», donde hay una noria de neón morado y una feria con casetas de toldos de rayas; y en «Contact Overwhelms Me», donde aparece un carrusel de juguete rodeado de bolas de colores.

¿Por qué la montaña rusa sale en dos canciones? Las dos canciones son de la misma época y del mismo disco, y la montaña rusa funciona como una atracción compartida del planeta: dos historias distintas que acaban en la misma cola.

¿Qué significa la montaña rusa en Planeta Gayfolk? Los días que suben y bajan, tanto en una relación que hace daño como en la recuperación posterior, que tampoco es en línea recta. La idea es que la bajada no es el final del recorrido.

¿Quién hace estas canciones? Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical. La música y la interpretación vocal están hechas con IA a partir de sus letras y su producción.

¿Dónde se pueden escuchar y descargar? Gratis y sin registro en la página de descargas de mikesaintlouis.com. Los videoclips están en la sección Planeta Gayfolk de la web.