
Por Mike Sain't Louis ·
Un vagón que sale volando: «Montaña rusa» verso a verso, de la musa muda al coche en llamas
Hay canciones que se explican solas desde el título, y «Montaña rusa» es una de ellas. Un día que no para de subir y bajar, un estómago que se queda arriba mientras el cuerpo ya ha caído. Lo que no se explica solo es lo que hice con esa imagen tan gastada: estirarla hasta que una sola palabra ocupa diecinueve letras, partir un verso justo antes de su palabra más importante y, en el videoclip, mandar por los aires media atracción mientras dos chicos siguen sonriendo a la cámara del móvil.
Este texto es una lectura de la letra verso a verso. Pero no quería hacerla a ciegas. Antes de escribir he vuelto a ver el clip oficial entero, que se subió a YouTube un 21 de enero, en 2025, y dura tres minutos y cuarenta y cinco segundos, sacando un fotograma cada cinco segundos y parándome en los momentos que cambian. También he leído la transcripción automática que ofrece YouTube y he comparado la letra publicada con lo que de verdad se oye. Así que cada estrofa va acompañada de lo que se ve en pantalla mientras suena.
Si te interesa más la idea de la inspiración que se apaga, ya le dediqué un texto entero a la muerte de la musa. Y el pronombre de la canción tiene su propio análisis en el post sobre el tú y el usted. Aquí no repito ninguna de esas dos cosas: aquí voy línea a línea, con el vídeo delante.
Antes de empezar: el tamaño real de la letra
Conviene saber de qué tamaño es lo que vamos a leer. La letra publicada de «Montaña rusa» tiene 42 líneas y 140 palabras. Solo 49 de esas palabras son distintas. La más repetida es «montaña», que aparece dieciséis veces; «rusa», escrita normal, doce; y la versión estirada, «ruuuuuuuuusaaaaaaaa», otras cuatro. Dicho de otra forma: casi una de cada cinco palabras de la canción es el propio título.
La estructura es muy limpia. Hay dos grandes bloques idénticos de 21 líneas cada uno. Cada bloque tiene cuatro piezas: un estribillo de cuatro líneas, una estrofa de nueve que cuenta el motivo del llanto, el estribillo otra vez y una coda de cuatro líneas que añade una desgracia más. Y entre el primer bloque y el segundo solo cambia una cosa, en la última palabra de todas. Llegaré a ella al final, porque es el único giro que tiene el texto.
Una letra tan corta y tan repetida funciona como la propia atracción: el recorrido es siempre el mismo, lo distinto es cómo lo vives en cada vuelta.
El cartel de entrada
El clip arranca con un plano de color cálido, casi amarillo, en el que dos hombres aparecen de espaldas sentados en asientos rojos, mirando un paisaje de árboles. Encima, en letras de neón rosa escritas a mano, el título de la canción y mi nombre. Cinco segundos después estamos en el mismo sitio, más cerca: uno de los dos se gira hacia el otro y le sonríe. No hay vía a la vista todavía. Podría ser un banco de un mirador.
Me gusta que empiece así, con calma y con una pareja, porque la letra no tiene nada de calma. Es como si el vídeo nos enseñara primero lo que se va a perder.
Primer estribillo: «Hoy es el día montaña rusa»
Hoy es el día montaña rusa montaña rusa montaña rusa montaña ruuuuuuuuusaaaaaaaa
Lo primero que llama la atención es la gramática. No dice «hoy es un día de montaña rusa» ni «hoy el día es como una montaña rusa». Dice «el día montaña rusa», sin preposición, como si fuera un nombre propio o una fecha señalada en el calendario: el día de la madre, el día del orgullo, el día montaña rusa. Hay algo de anuncio oficial en esa frase, de cartel que cuelga a la entrada del parque.
Luego vienen dos repeticiones secas del sintagma, sin nada más. Y en la cuarta línea la palabra se estira: una r, nueve úes, una ese y ocho aes. Diecinueve letras para escribir un sonido de cuatro. En la letra escrita se ve como un dibujo, como la caída larga de la vía después de la subida. Es la primera vez que la canción hace algo con la ortografía, y no será la última.
En el vídeo, mientras tanto, la pareja ya está en el vagón. Hay un plano en blanco y negro a los diez segundos: los dos, mejilla con mejilla, con la estructura de la atracción detrás. Y a partir del segundo quince el color vuelve, saturado, y empiezan los selfis: un brazo sostiene el móvil y los dos sonríen. Son personajes del clip, no el retrato de nadie. Detrás se ven las curvas azules y blancas de la vía. Nada se ha roto todavía.
«Y aunque intente contenerme a todas horas»

Y aunque intente contenerme a todas horas Se está muriendo la muuuuuusaaaaaa
Aquí empieza la estrofa, y empieza con una concesión: «aunque intente». No dice que lo consiga. Dice que lo intenta, y que lo intenta todo el tiempo, «a todas horas», que es una expresión de cansancio. Quien se contiene a todas horas no está tranquilo: está apretando los dientes sin descanso.
Lo que viene después es, para mí, la decisión más bonita de toda la letra. El verso se corta en «la». «Se está muriendo la» queda colgando en su propia línea, con el artículo solo al final, y la palabra que lo completa baja a la línea siguiente y además llega deformada: «muuuuuusaaaaaa», con seis úes y seis aes. El lector tiene que esperar para saber qué es lo que se muere. Es exactamente el momento en el que el vagón se queda quieto arriba, una décima de segundo, antes de caer.
En la transcripción automática de YouTube esa espera se nota de otra manera: el reconocimiento escribe «está muriendo la mu» y se corta, como si la máquina tampoco supiera dónde termina la palabra.
En pantalla, hacia el segundo cuarenta y cinco, el vídeo enseña por primera vez la vía sola. Es un plano largo de raíles que se pierden entre la niebla, con árboles a los lados, sin nadie. Justo después aparece un tramo azul muy empinado, también vacío. La atracción se ha quedado sin pasajeros durante unos segundos. Es de los pocos momentos del clip sin nadie en el encuadre, y coincide con la palabra que se muere.
El llanto y una frase a medias
No puedo evitar llorar
Esa línea se sostiene sola, pero no termina ahí. Debajo viene esta otra:
tanto porque
Son dos líneas que parecen una sola partida a la fuerza. «No puedo evitar llorar» se sostiene por sí misma; «tanto porque» no. Es una línea hecha solo de un adverbio y una conjunción, la más pobre de la canción si la miras sola, y por eso funciona: es el sitio donde la frase toma aire antes de dar la explicación.
Fíjate también en el orden. Primero el intento de contenerse, luego la muerte de la musa, luego el llanto que no se puede evitar. No es un llanto de golpe: es lo que sale cuando el esfuerzo de las líneas anteriores ya no da más.
Y aquí el vídeo da su primer golpe. Hacia el segundo cincuenta y cinco, un todoterreno negro aparece cayendo de lado junto a la vía, entre árboles y niebla, con gente dentro. En el segundo sesenta lo vemos girar en el aire. Nadie lo explica. No hay accidente previo, no hay ruido de frenos. Simplemente, en mitad del paseo, un coche que no debería estar ahí sale despedido. A partir de aquí el clip deja de ser un paseo de pareja y se convierte en otra cosa.
El usted y un «si» sin tilde
yo a diferencia de usted
Llega la explicación, y llega con una comparación. El narrador se pone a sí mismo a un lado y a la otra persona enfrente, tratándola con un pronombre de ventanilla. Y la línea siguiente completa la idea:
Si le quería
Lo que se reprocha no es que la otra persona se haya ido, sino que no sentía lo mismo. Toda la pena se apoya en una asimetría. Uno quería y el otro no, o no tanto.
Hay un detalle de escritura que quiero contar con cuidado. En la letra publicada, el «si» va sin tilde: «Si le quería». Gramaticalmente, el sentido de la frase pide el «sí» afirmativo, el de «sí que le quería», y la transcripción automática de YouTube lo recoge así, con tilde. No he tocado la letra, porque la letra se cita tal cual, pero lo señalo porque quien lea el texto en frío puede tropezar ahí y pensar en una condición («si le quería, entonces…»). La canción no plantea ninguna condición. Afirma.
Y está el «le», claro. «Le quería» en vez de «lo quería». Es el uso que se oye en Madrid y en buena parte de España para hablar de una persona, y además encaja con el usted: no se dice «te quería», se dice «le quería», en tercera persona, como quien habla de alguien que ya no está en la habitación. El pronombre pone metros de distancia entre los dos justo cuando la frase confiesa el cariño.
En el vídeo, por estas fechas de la letra, los coches siguen apareciendo. Hacia el segundo ochenta y cinco un todoterreno oscuro, con la matrícula visible, vuela de espaldas sobre la vía. Hacia el noventa hay un plano desde los asientos de atrás en el que dos personas están de pie encima del respaldo, con las piernas en el aire, como si fueran a saltar o ya estuvieran cayendo. Y en el noventa y cinco un coche blanco pasa volando por encima de un arco de la estructura con un hombre agarrado al techo. Son imágenes casi cómicas de puro exageradas, y a la vez dan vértigo.
Tres días de margen

Como quién dice
Tres palabras que anuncian una matización, como quien carraspea antes de rectificar. Y la rectificación llega en la línea de abajo:
Hasta hace tres días
Es el remate de la estrofa y es pura ironía. «Como quién dice», escrito así, con una tilde en «quién» que tampoco he corregido, introduce una aclaración que en realidad es un pinchazo. Le quería, sí… pero hasta hace tres días. Es decir: el amor que se reivindica con tanto llanto tiene fecha de caducidad reciente. Tres días. Ni siquiera una semana.
Leído verso a verso, esta es la línea que da la vuelta a la canción. Hasta aquí todo apuntaba a un drama sin fondo; de repente, el propio narrador se ríe un poco de sí mismo. No dice que ya no le quiera, pero sitúa ese querer en un pasado muy cercano y muy concreto, como quien mira el ticket de una compra que todavía podría devolver.
Y hay otra lectura posible, que no anula la primera. Tres días es lo que dura el primer golpe de una ruptura: el tiempo en el que todavía no te lo crees, en el que te contienes a todas horas, en el que la cabeza no deja de subir y bajar. Así que «hasta hace tres días» también puede ser una forma de decir «esto acaba de pasar». Las dos cosas caben en la misma frase, la burla y la herida, y la canción no elige.
El vídeo acompaña esta línea con un plano de cuatro pasajeros en un vagón inclinado casi en vertical, con el cielo al fondo. La atracción ya no es un paseo: es una caída sostenida.
El estribillo, otra vez, y la coda
Después de un segundo estribillo idéntico al primero, la canción añade cuatro líneas que funcionan como una coletilla de mala suerte. Las dos primeras dicen:
que encima aparte de estar muriendo la musa
Y las dos últimas rematan:
se ha quedado también muuuuuuuuuudaaaaaa
Toda la coda está construida con tres palabras que suman: «encima», «aparte» y «también». Tres maneras de decir «además» en solo cuatro versos. Es la acumulación de quien cuenta sus desgracias y siente que cada una es una capa más.
Aquí la musa sí aparece escrita entera, sin estirar, y sin corte de línea: «aparte de estar muriendo la musa». Ya la conocemos, ya sabemos lo que se muere, así que no hace falta el suspense. El estiramiento se lo lleva la última palabra, «muuuuuuuuuudaaaaaa», que tiene diez úes. Es la más extensa del texto si se cuentan las letras, y es justo la que significa silencio. Una musa muda se escribe ocupando más espacio que ninguna otra cosa. Me parece una pequeña paradoja que dice mucho de lo que es escribir canciones cuando no te sale nada: el hueco de lo que no puedes decir acaba siendo lo más grande de la página.
Fíjate además en la rima. «Rusa», «musa», «muda»: la misma vocal tónica, la misma terminación en a. La canción entera descansa sobre ese sonido, u-a, que es también el de un quejido largo. El estribillo y la coda están cosidos por la misma vocal.
Mientras suena esta coda en el primer bloque, el vídeo entra en el fuego. Hacia el segundo ciento quince los asientos del vagón aparecen envueltos en humo y llamas, con pasajeros que siguen sentados entre el fuego, y hacia el ciento veinte se ven figuras con llamas en los hombros y en la cabeza dentro de una nube gris. Es el momento más oscuro del clip en términos de color: el verde de los árboles desaparece y queda solo naranja y gris.
La segunda vuelta: lo mismo, y no
El segundo bloque repite palabra por palabra el primero: el estribillo, el intento de contenerse, la musa partida en dos líneas, el llanto, el usted, los tres días, el estribillo y la coda. Lo que cambia está en la última línea de la letra. Donde en la primera vuelta ponía «muuuuuuuuuudaaaaaa», en la segunda pone, simplemente, «Muda». Con mayúscula, sin una sola vocal estirada, cuatro letras.

Es el único cambio entre los dos bloques, y por eso pesa tanto. La primera vez, quedarse sin palabras se escribe como un grito largo. La segunda, como un hecho. La musa ya no se está quedando muda: está muda y punto. Es el final de la caída, el momento en el que el vagón ya está abajo y el cuerpo deja de gritar. Si toda la canción es una montaña rusa, esa palabra corta es el andén.
En la transcripción automática hay un detalle curioso en esta zona: un segundo antes de la palabra «muda» de la segunda vuelta, YouTube marca [Risas]. Lo cuento como lo que es, una etiqueta del reconocimiento automático, no como algo que esté en la letra. Pero encaja con el tono de la canción, que llora y se ríe de su propio llanto a la vez. La transcripción, además, sigue después con una tercera entrada del estribillo y de la estrofa que se corta a medias, en «la musa, ah». Esa tercera vuelta incompleta no está en la letra publicada, así que no la cito como letra; solo dejo constancia de que lo que suena se alarga un poco más que lo escrito.
Lo que pasa en el vídeo mientras se repite todo
La segunda mitad del clip mezcla los dos mundos que hasta ahora se alternaban. Por un lado, los coches y el fuego: hacia el segundo ciento treinta se ve desde atrás un vagón lleno de gente que se acerca a una explosión, en el ciento cuarenta y tres un vagón con dos pasajeros de espaldas sigue la vía hacia arriba, y en el ciento cuarenta y cinco un coche entero arde suspendido en mitad del cielo blanco, como un cometa con ruedas. Hacia el ciento sesenta una parte de la estructura se ha convertido en una hoguera enorme con humo negro.
Por otro lado, la pareja. Y aquí está lo que más me gusta del vídeo: los dos siguen sonriendo. En el segundo ciento cincuenta uno de ellos aparece delante de un incendio con cara de euforia. En el ciento setenta los dos posan en su asiento azul con llamas detrás. En el ciento ochenta, el fuego les llega casi a la espalda y ellos siguen abrazados, mirando al móvil. Hacia el doscientos diez, uno echa la cabeza hacia atrás riéndose mientras arde todo alrededor. El clip nunca les quita la sonrisa.
Leído junto a la letra, ese contraste es el corazón de la canción. La letra dice que hoy es un día de subidas y bajadas, que la musa se muere y se queda muda, que el narrador llora sin poder evitarlo. Las imágenes enseñan a dos personas felices en mitad del desastre. No se contradicen: son las dos caras de lo mismo. Así es como se ve una relación desde fuera, o en el recuerdo, cuando ya se ha roto por dentro. Las fotos siguen siendo bonitas. El vagón sigue en la vía. Lo que arde no sale en el selfi.
Hay también un plano que no quiero pasar por alto. Hacia el segundo doscientos diez, la silueta de un coche se recorta contra una nube de fuego naranja, en el suelo, como al final de una película de acción. Es el último plano de catástrofe antes del cierre, y está tomado desde lejos, sin pasajeros a la vista. El ruido se queda atrás.
El final: la misma foto, sin color
Los últimos quince segundos repiten el cartel del principio, pero cambiado. Ya no hay amarillo ni paisaje cálido: hay un selfi en blanco y negro de la pareja, mejilla con mejilla, con la estructura metálica de la atracción detrás. Encima, el título y mi nombre vuelven a aparecer escritos en neón, ahora en violeta y rosa, brillando sobre el gris. Ellos sonríen. Es la única cosa con color de todo el plano.
Me parece un cierre muy honesto con la letra. Al principio la pareja estaba de espaldas, mirando hacia delante. Al final está de frente, pero en blanco y negro, como una foto antigua. Entre medias ha pasado todo el recorrido. Y la última palabra que se ha oído es «Muda», sin estirar. Lo que queda es una imagen que ya no habla, con el nombre de la canción escrito encima en luz.
Lo que el clip hace con la letra
Si junto todo lo anterior, me salen tres ideas que solo se ven cuando lees la canción y miras el vídeo a la vez.

La primera es que la metáfora se toma al pie de la letra. La canción podría haberse quedado en el sentido figurado de «montaña rusa», el de las emociones que suben y bajan. El vídeo, en cambio, va a una atracción de verdad, con su vía, sus vagones y su estructura de acero, y luego la rompe. Lo figurado se vuelve literal y lo literal se vuelve absurdo: coches que vuelan, gente que cae, fuego en el cielo. Es una manera de decir que hay días en los que la metáfora se queda corta.
La segunda es que la sonrisa es una forma de contenerse. «Y aunque intente contenerme a todas horas» es el verso que mejor explica a la pareja del clip. Sonríen porque están intentando que no se note. Siguen haciendo fotos porque eso es lo que se hace en una atracción. Que todo arda alrededor es lo que pasa por dentro.
La tercera es que el final va en blanco y negro. La canción termina en «Muda», el vídeo termina en una foto sin color. Las dos cosas apuntan al mismo sitio: a cuando una historia deja de ser presente y se convierte en recuerdo. «Hasta hace tres días» es exactamente eso, la frontera entre lo que se vive y lo que se recuerda.
Dónde vive esta canción
«Montaña rusa» forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el disco que abre la trilogía, y así lo marca también la descripción del vídeo en YouTube, que lleva la etiqueta del disco. En la discografía de gayfolkplanet.com le corresponde el número 196 de 273, justo detrás de «La casa de los mil cadáveres»; en la sección de videoclips de esa misma web ocupa el puesto 222 de 276 y queda entre «Envejecer» y «Un puñetazo al día».
Me hace gracia ese vecindario, porque las dos canciones de alrededor también hablan, cada una a su manera, del paso del tiempo y de lo que duele. Y si sigues el orden alfabético del catálogo, justo después de «Montaña rusa» viene «Mood», que es otro estado de ánimo convertido en título.
Puedes ver el vídeo completo en su página de Planeta Gayfolk, leer la letra entera en la sección de letras y recorrer el resto de clips en la página de vídeos.
La conexión con «Otro bombardeo»
Hay otra canción mía con la que esta dialoga casi sin querer, y es «Otro bombardeo». Las dos empiezan llorando, las dos repiten una idea hasta gastarla y las dos tienen un vídeo lleno de explosiones. Pero el tono es distinto. En «Otro bombardeo» el narrador no puede escapar y no sabe en quién confiar; en «Montaña rusa» el narrador le habla a alguien de usted y hasta le pone fecha a su cariño. Una canción está dentro del refugio; la otra, dentro del vagón. En las dos hay fuego, pero en esta alguien sigue sonriendo.
Lo que hay detrás de la broma
El «usted» de la letra y los dos chicos del vídeo son personajes. No retratan a nadie, y no tiene sentido buscarles nombre, cara ni fecha: la canción funciona igual para cualquiera que alguna vez haya querido más de lo que le quisieron. Las caras del clip son de figurantes de una ficción, no de gente de mi vida.
«Montaña rusa» tiene esa mezcla de pena y burla que está en muchas de mis letras: llorar y, a la vez, decir «hasta hace tres días» con media sonrisa. Las dos cosas pueden ir juntas, y reírse de uno mismo no le quita verdad al dolor.
Escribir así me ha servido de mucho. Hubo una época en la que estuve muy cerca de no seguir, y si hoy lo menciono es porque puedo contarlo desde el otro lado: acompañado, con tratamiento psiquiátrico y psicológico, y con las canciones como una de las herramientas que me ayudan a poner fuera lo que pesa por dentro. Si estás en uno de esos días en los que todo cae y no ves el andén, no te lo guardes: en España el 024 atiende a cualquier hora, gratis y de forma confidencial. Ante un peligro inmediato, el 112. Si eres menor de edad, la Fundación ANAR está en el 900 20 20 10, y desde fuera de España findahelpline.com te dice a qué número llamar. Las musas se quedan mudas a veces; las personas no tenemos por qué quedarnos solas.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Montaña rusa»? De un día de altibajos después de una ruptura. El narrador intenta contenerse a todas horas, pero llora porque, a diferencia de la otra persona, él sí le quería, «como quién dice, hasta hace tres días». Además, su musa se está muriendo y se ha quedado muda.
¿Cómo es la letra por dentro? Tiene 42 líneas y 140 palabras, con solo 49 palabras distintas. Son dos bloques idénticos de 21 líneas: estribillo, estrofa, estribillo y coda. El único cambio entre los dos está en la última palabra, que primero aparece estirada y al final se escribe solo «Muda».
¿Qué pasa en el videoclip? Dos chicos montan en una montaña rusa y se hacen selfis sonriendo mientras a su alrededor todo se descontrola: todoterrenos que caen de la vía, gente de pie sobre los asientos, vagones envueltos en llamas y un coche ardiendo en el cielo. Termina con un selfi de la pareja en blanco y negro y el título en neón violeta.
¿Cuándo salió y en qué disco está? El videoclip oficial se publicó en YouTube el 21 de enero de 2025 y dura 3:45. La canción pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primer disco de la trilogía, y es la pista 196 de 273 en el listado de gayfolkplanet.com.
¿Quién hizo «Montaña rusa»? La letra y la producción son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid. La música e interpretación vocal están hechas con IA. Se publica en su sello independiente, MIKE SAIN'T LOUIS.