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Diagnóstico a los 41: ponerle nombre a lo que pesaba

Este es el tercer texto de una serie sobre mi salud mental. En los anteriores hablé de las dos relaciones que viví desde que me enamoré a los 22 y de cómo las heridas de mi infancia se convirtieron en una bomba de relojería. Aquí hablo del momento en que esa bomba recibió nombres.

Antes de seguir: si tienes pensamientos de suicidio, llama al 024. Es gratuito, confidencial y atiende las 24 horas. Si la situación es de peligro inmediato, llama al 112. El Teléfono de la Esperanza, en el 717 003 717, también atiende crisis a cualquier hora. La depresión puede hacer creer que nada va a cambiar. Es un síntoma de la enfermedad, no la verdad. Pedir ayuda funciona.

A mis 41 años me diagnosticaron cinco cosas: depresión mayor de gravedad elevada, fobia social, trastorno de estrés postraumático, trastorno de evitación y ansiedad. Las escribo así, una detrás de otra, sin rodeos, porque esconderlas no me ha servido de nada.

No voy a contar aquí cómo fue la consulta ni qué tratamiento sigo. Eso es mío y de quien me trata. Lo que sí quiero hacer es explicar, de forma general y con fuentes fiables, qué significa cada uno de esos nombres. Porque son nombres que se oyen mucho y se entienden poco, y sospecho que mucha gente que lee esto no sabe bien qué significan.

Una advertencia importante: lo que sigue es información general. No sirve para diagnosticarse a uno mismo ni a nadie. Solo un profesional sanitario puede hacer un diagnóstico, después de una evaluación.

Cinco nombres de golpe

Recibir varios diagnósticos a la vez puede asustar. Es fácil pensar: ¿tantas cosas? ¿Tan mal estoy? Conviene saber algo que explican muchos profesionales: es muy frecuente que estos trastornos aparezcan juntos. La depresión y la ansiedad van muchas veces de la mano. El estrés postraumático se acompaña a menudo de depresión. Y la fobia social y la evitación comparten mucho terreno.

No son cinco enfermedades que caen del cielo por separado. Son, de algún modo, distintas caras de una misma historia. En mi caso, la historia de un niño que sufrió acoso escolar y abusos sexuales repetidos, y de un adulto que, tras dos relaciones con personas que entendí que eran narcisistas, ya no pudo sostener más el peso.

Ponerle nombre a cada cara me ayudó a dejar de verme como un desastre sin forma. Empecé a verme como alguien con heridas concretas que se pueden tratar.

Depresión mayor de gravedad elevada

La depresión no es estar triste. O no solo. La Organización Mundial de la Salud la describe como un trastorno mental frecuente que implica un estado de ánimo deprimido o la pérdida del placer o del interés por las actividades durante largos períodos de tiempo. Según la OMS, afecta a cerca del 4 % de la población mundial y es una de las principales causas de discapacidad.

Los manuales diagnósticos, como el DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría o la CIE-11 de la OMS, hablan de un episodio depresivo cuando durante al menos dos semanas hay, casi todos los días, un ánimo bajo o una pérdida de interés, junto con otros síntomas: cambios en el sueño o en el apetito, cansancio, sensación de inutilidad o de culpa excesiva, dificultad para concentrarse y, a veces, pensamientos de muerte o de suicidio. La gravedad se clasifica según cuántos síntomas hay y cuánto afectan a la vida diaria. Gravedad elevada significa que afecta mucho.

Hay una canción mía que describe muy bien cómo se vive esto por dentro. «No me aparece una ilusión» repite una y otra vez «No me apetece salir de la habitación». Y a continuación: «No encuentro la fuerza, la motivación». La letra no avanza. Gira sobre sí misma, como giran los pensamientos en un día malo. Puesta al lado de la descripción clínica de la depresión, la letra se le parece mucho.

La depresión, y esto es importante decirlo claro, se trata. La OMS y los sistemas de salud como el NHS británico señalan que existen tratamientos eficaces, psicológicos y, cuando un profesional lo considera necesario, farmacológicos. No es una cuestión de fuerza de voluntad. Nadie sale de una depresión grave «poniendo de su parte» sin ayuda, igual que nadie se cura una pierna rota a base de ganas.

Fobia social

La fobia social, que los manuales llaman también trastorno de ansiedad social, es mucho más que timidez. El NHS la describe como un miedo intenso y persistente a las situaciones sociales, o a situaciones en las que uno puede ser observado y juzgado. Quien la tiene puede temer hablar con desconocidos, comer delante de otros, hacer una llamada o entrar en una tienda, y a menudo sufre antes, durante y después de esas situaciones, repasándolas una y otra vez.

Fotogramas del videoclip oficial de «No me aparece una ilusión», de Mike Sain't Louis

El final del estribillo de mi canción lo dice con una imagen: «Siempre apartado entre tanta gente». Se puede estar rodeado de personas y sentirse a kilómetros. Y se puede desear estar con otros y, a la vez, temerlo tanto que uno se queda en casa.

La fobia social suele empezar en la infancia o en la adolescencia. No es raro que se relacione con experiencias de humillación o rechazo. No puedo afirmar qué la causó en mi caso, porque eso no lo sabe nadie con certeza. Pero sí sé que el patio del colegio, para un niño que sufría acoso, era un lugar donde ser visto significaba ser señalado.

Trastorno de estrés postraumático

El trastorno de estrés postraumático, TEPT, puede aparecer después de vivir o presenciar hechos traumáticos. Organismos como la Asociación Americana de Psicología y el NHS describen síntomas como revivir lo ocurrido a través de recuerdos intrusivos o pesadillas, evitar lo que lo recuerda, sentir el ánimo y los pensamientos alterados de forma negativa, y estar en un estado de alerta constante, con sobresaltos, irritabilidad o problemas de sueño.

Los síntomas pueden aparecer poco después del trauma o años más tarde. Esto último es algo que mucha gente desconoce, y que a mí me ayudó a entender por qué todo estalló a los 41 y no antes.

Hay una canción mía que lleva el nombre del trastorno en el título: «Beat My Post-Traumatic Stress». Su presentación habla de sobrevivir a lo que el cuerpo todavía recuerda. Esa frase es, probablemente, la mejor definición sencilla de TEPT que conozco.

Trastorno de evitación

Este es el diagnóstico que menos gente conoce. Los manuales lo recogen como trastorno de la personalidad por evitación. El DSM-5 lo describe como un patrón persistente de inhibición social, sentimientos de no estar a la altura e hipersensibilidad a la evaluación negativa. Dicho de forma sencilla: un miedo muy profundo al rechazo y a la crítica que lleva a evitar el contacto con otras personas, aunque se desee.

La palabra «personalidad» asusta, porque parece decir «eres así y no vas a cambiar». No es eso. Significa que es un patrón que viene de lejos y que se nota en muchos ámbitos de la vida. Y se puede trabajar en terapia.

Se parece a la fobia social, y muchas veces van juntas. La diferencia, explicada sin tecnicismos, es que la fobia social se centra en el miedo a las situaciones, y la evitación afecta de forma más amplia a la manera de verse a uno mismo y de relacionarse.

En «Antisocial» escribí que evitaba las miradas y los saludos por la calle, y que mi silencio era un castillo. Hay orgullo en esa canción, y lo hay de verdad. Pero hoy también sé que, a veces, el castillo era una forma de no volver a ser herido.

Ansiedad

La ansiedad es una respuesta normal del cuerpo ante el peligro. El problema aparece cuando se dispara sin que haya un peligro real, o se queda encendida todo el tiempo. La Confederación Salud Mental España y el NHS describen síntomas como la preocupación constante y difícil de controlar, la inquietud, la tensión muscular, el cansancio, la dificultad para concentrarse, los problemas de sueño y, a veces, crisis de pánico con palpitaciones, sensación de ahogo o miedo intenso.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «No encuentro la fuerza, la motivación» de «No me aparece una ilusión»

Los trastornos de ansiedad están entre los problemas de salud mental más frecuentes del mundo, según la OMS. Que sean frecuentes no los hace leves. Vivir con el cuerpo en alerta agota.

Lo que cambió al escuchar los nombres

Un diagnóstico puede vivirse como una etiqueta. Yo prefiero verlo de otra manera: como el reconocimiento de que lo que me pasaba era real. Mucha gente que sufre sin nombre se pregunta durante años si es floja, si exagera o si no sabe vivir como los demás.

Un diagnóstico no te define. Pero te da un mapa. Te dice dónde estás, qué terreno pisas y qué caminos han funcionado a otras personas. Sin mapa, todo era niebla. Con mapa, sigue habiendo niebla, pero ya sé hacia dónde mirar.

Saber qué te pasa también permite ser más amable con uno mismo. Un día en que no se puede salir de casa deja de ser la prueba de que eres un inútil y pasa a ser un día en que la enfermedad pesa más. Eso no lo arregla, pero cambia la conversación que tienes contigo. Y esa conversación importa mucho.

Tener 41 y empezar

Hay quien piensa que a los 41 años ya es tarde para empezar a tratarse. No lo es. Nunca lo es. Muchas personas reciben su primer diagnóstico de salud mental en la edad adulta, a veces después de décadas de sufrir sin nombre.

Además, ser un hombre gay de mi generación añade algo. Muchos crecimos aprendiendo a ocultar lo que sentíamos, por miedo o por vergüenza. A los hombres, en general, se nos ha enseñado poco a pedir ayuda emocional. Y las personas LGTBI, según numerosos estudios sobre el llamado estrés de minoría, tenemos más riesgo de depresión y ansiedad, no por nuestra orientación, sino por el rechazo y la discriminación que vivimos.

Todo eso hace que muchos lleguemos tarde a la consulta. Si es tu caso, que sepas que llegar tarde es mucho mejor que no llegar.

Mitos que hacen daño

Alrededor de la salud mental circulan frases que se dicen con buena intención y que hacen mucho daño. Las repaso porque muchas personas las oyen a diario, y porque desmontarlas ayuda.

«Eso es que no pones de tu parte.» La depresión no es falta de voluntad. Es una enfermedad que afecta precisamente a la energía, a la motivación y a la capacidad de disfrutar. Pedirle a alguien con depresión grave que se anime es como pedirle a alguien con fiebre alta que deje de tener calor.

«Todo el mundo está nervioso a veces.» Es verdad, y por eso confunde. Los nervios de antes de un examen no son un trastorno de ansiedad. La diferencia está en la intensidad, en la duración y en cuánto interfieren en la vida diaria.

«Eres un poco tímido, nada más.» La fobia social no es timidez. La timidez puede incomodar; la fobia social puede impedir trabajar, estudiar, ir al médico o hacer una llamada.

«Lo pasado, pasado está.» El trastorno de estrés postraumático demuestra lo contrario: hay cosas que el cuerpo sigue viviendo como presentes aunque hayan pasado hace décadas.

«Ir al psicólogo es para gente que está loca.» Ir al psicólogo es para gente que quiere estar mejor. Es decir, para cualquiera.

«Hablar del suicidio da ideas.» Los organismos de salud pública, empezando por la OMS, explican que hablar del suicidio de forma abierta y responsable no lo provoca. Preguntar a alguien si está pensando en quitarse la vida puede abrirle la puerta a pedir ayuda.

Cómo contárselo a otras personas

Una de las cosas más difíciles después de un diagnóstico es decidir a quién contárselo y cómo. No hay una regla. Cada persona tiene derecho a compartir su salud mental con quien quiera, cuando quiera, o con nadie.

Collage con un detalle de la carátula de «No me aparece una ilusión» y las carátulas de «Beat My Post-Traumatic Stress», «Antisocial», «Entre cuatro paredes», «El abismo en mi cabeza»

Yo he decidido contarlo en público, en esta serie, porque me ayuda y porque creo que puede ayudar a otras personas. Pero eso no obliga a nadie a hacer lo mismo. Contárselo a una sola persona de confianza ya es mucho.

Si decides hacerlo, puede servir explicar qué necesitas. A veces no queremos consejos, sino compañía. A veces solo necesitamos que alguien sepa por qué no contestamos los mensajes o por qué cancelamos un plan. Decir «tengo depresión y hay días en que no puedo» ahorra muchos malentendidos.

Y si alguien reacciona mal, recuerda que su reacción habla de su falta de información, no de tu valor.

Si acompañas a alguien con un diagnóstico

Si una persona cercana te cuenta que tiene depresión, ansiedad, estrés postraumático o fobia social, lo más útil suele ser lo más sencillo: escuchar sin juzgar, creer lo que te cuenta, no minimizarlo y no intentar arreglarlo todo en una conversación.

Puedes preguntar qué le ayuda. Puedes ofrecer compañía para ir al médico. Puedes respetar sus tiempos y no tomarte como algo personal que cancele planes. Y si en algún momento habla de la muerte o de no querer vivir, tómalo en serio: pregúntale directamente, quédate con esa persona y llamad juntos al 024.

Cuidar de alguien también cansa. Si acompañas a alguien con un problema de salud mental, tú también tienes derecho a pedir apoyo. Las asociaciones de la Confederación Salud Mental España tienen programas para familias y allegados.

Señales para pedir ayuda

No hace falta tener un diagnóstico para pedir ayuda. Si notas algo de esto durante semanas, habla con tu médico de familia o con un profesional de la psicología:

  • Tristeza, vacío o irritabilidad casi todos los días.
  • Pérdida de interés por cosas que antes te gustaban.
  • Cambios grandes en el sueño o en el apetito.
  • Cansancio constante, dificultad para concentrarte.
  • Miedo intenso a situaciones sociales, o evitarlas aunque quieras ir.
  • Recuerdos que vuelven sin querer, pesadillas, estar siempre en alerta.
  • Preocupación que no puedes controlar, o crisis de angustia.
  • Pensar que no vales nada o que serías una carga.
  • Pensar en la muerte o en quitarte la vida. Si es así, llama hoy al 024.

Cómo buscar ayuda profesional

Estos son los caminos que conozco y que puedes seguir en España, y en particular en Madrid:

Ficha de la canción «No me aparece una ilusión» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis
  • Médico de familia. En la sanidad pública, tu centro de salud es la puerta de entrada. Puede valorarte, empezar un tratamiento si es necesario y derivarte a los servicios de salud mental, donde trabajan psiquiatras y psicólogos clínicos.
  • Psicología sanitaria privada. Si eliges esta vía, comprueba que la persona sea psicóloga general sanitaria o especialista en psicología clínica y que esté colegiada. En Madrid puedes consultarlo en el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
  • Servicios LGTBI en Madrid. COGAM ofrece asesoría psicológica gratuita (cita en el 91 523 00 70 o por WhatsApp en el 602 25 22 43). El Programa Madrileño de Información y Atención LGTBI de la Comunidad de Madrid ofrece atención psicológica gratuita con cita previa en el 91 701 07 88. La Línea Arcoíris de FELGTBI+ atiende en el 91 360 46 05. Para personas LGTBI mayores, la Fundación 26 de Diciembre (910 028 417). Para personas LGTBI migrantes y refugiadas, Kifkif.
  • Asociaciones de salud mental. La Confederación Salud Mental España reúne a asociaciones de personas con problemas de salud mental y sus familias en toda España, y publica guías útiles en consaludmental.org.

Pequeño glosario para no perderse

Cuando empecé a leer sobre mis diagnósticos, me perdía entre siglas y nombres distintos para lo mismo. Dejo aquí un pequeño glosario, por si a alguien le sirve para buscar información fiable o para entender un informe:

  • Depresión mayor: también llamada trastorno depresivo mayor o episodio depresivo. La gravedad se describe como leve, moderada o grave. En inglés, major depressive disorder.
  • Fobia social: también llamada trastorno de ansiedad social. En inglés, social anxiety disorder.
  • TEPT: trastorno de estrés postraumático. En inglés, PTSD. Existe además el TEPT complejo, recogido en la CIE-11.
  • Trastorno de evitación: el nombre completo en los manuales es trastorno de la personalidad por evitación, o evitativo. En inglés, avoidant personality disorder.
  • Ansiedad: hay varios trastornos de ansiedad, como la ansiedad generalizada o el trastorno de pánico. Solo el profesional que te evalúa puede decir cuál es el tuyo.
  • DSM-5 y CIE-11: son los dos grandes manuales que usan los profesionales para clasificar los trastornos mentales. El primero es de la Asociación Americana de Psiquiatría; el segundo, de la Organización Mundial de la Salud.

Cuando busques información, prioriza fuentes como la OMS, el Ministerio de Sanidad, los servicios de salud de tu comunidad o la Confederación Salud Mental España. Y desconfía de quien promete curas rápidas.

Lo que quiero que te lleves

Si estás leyendo esto y te reconoces en alguno de estos nombres, quiero decirte tres cosas.

La primera: no estás roto. Estás herido, y las heridas se tratan.

La segunda: pedir ayuda no es un fracaso. En mi caso, la ayuda de una buena psicóloga es lo que me está permitiendo seguir adelante. Le dedicaré un texto entero en esta serie, porque se lo merece.

La tercera: no hace falta que lo hagas solo. Hay profesionales, hay asociaciones, hay líneas de teléfono con personas al otro lado. Y hay gente, como yo, que ha decidido contarlo para que tú no te sientas el único.

Soy letrista, compositor y productor musical, y me presento como «el primer cantautor IA»: las letras son mías y la música y las voces se hacen con inteligencia artificial. Hay más canciones mías sobre estos temas, como «Entre cuatro paredes» o «El abismo en mi cabeza», y en «La música me está salvando» cuento lo que las canciones hacen por mí. En mi página y en las preguntas frecuentes está el resto.

Si hoy lo necesitas

El suicidio se puede prevenir, y hablar de él abiertamente es parte de la prevención. Si piensas en quitarte la vida, o te preocupa alguien:

  • 024: línea de atención a la conducta suicida. Gratuita, confidencial, 24 horas, también por chat.
  • 112: emergencias, si hay peligro inmediato.
  • Teléfono de la Esperanza: 717 003 717, atención en crisis las 24 horas.
  • Fundación ANAR: 900 20 20 10 y 116 111, para menores de edad.
  • Confederación Salud Mental España: consaludmental.org.

Hoy puede parecer que no hay salida. La depresión dice eso. Pero la depresión miente, y con ayuda las cosas cambian.

Serie «Salud mental sin tabú». Este texto es la parte 3 de la serie en la que hablo abiertamente de mi salud mental. Aquí están todos los textos y un mapa de dónde pedir ayuda. Siguiente: «Gracias a mi psicóloga: la terapia y las canciones para seguir».

Preguntas frecuentes

¿Qué diagnósticos ha contado Mike Sain't Louis? Mike cuenta que a los 41 años le diagnosticaron depresión mayor de gravedad elevada, fobia social, trastorno de estrés postraumático, trastorno de evitación y ansiedad. Lo explica en esta serie de textos sobre su salud mental, con información general sobre cada diagnóstico.

¿Qué diferencia hay entre fobia social y trastorno de evitación? Están muy relacionados y a menudo aparecen juntos. En términos generales, la fobia social se centra en el miedo intenso a situaciones sociales en las que uno puede ser juzgado, y el trastorno de la personalidad por evitación es un patrón más amplio de inhibición, sentimientos de inferioridad e hipersensibilidad a la crítica. Solo un profesional puede diagnosticarlos.

¿Se puede tratar una depresión mayor grave? Sí. La OMS y los sistemas de salud señalan que existen tratamientos eficaces, psicológicos y, cuando un profesional lo indica, farmacológicos. El primer paso en España suele ser el médico de familia. Si hay pensamientos de suicidio, el 024 atiende las 24 horas.

¿Puede aparecer el TEPT años después del trauma? Sí. Organismos como el NHS explican que los síntomas del trastorno de estrés postraumático pueden aparecer poco después del hecho traumático o mucho tiempo más tarde.

¿Qué canción de Mike Sain't Louis habla de la depresión? «No me aparece una ilusión» y «Entre cuatro paredes» describen la falta de fuerzas y de ganas de salir de la habitación; «El abismo en mi cabeza» habla de la depresión como un laberinto. Mike es letrista, compositor y productor musical; la música y las voces se hacen con inteligencia artificial.

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