
By Mike Sain't Louis ·
Una hoguera, un planeta rosa y una cala escondida: el videoclip de «La playa del Mal Pas», escena a escena
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Hay canciones que se escriben sobre una persona y otras que se escriben sobre un lugar. «La playa del Mal Pas» es de las segundas, aunque en el fondo hable de muchas personas, empezando por mí. El texto con el que presenté el videoclip en YouTube, y que en la web aparece en el sitio de la letra, empieza así:
La Playa del Mal Pas siempre ha sido mi refugio secreto en Benidorm.
Esta vez no voy a hablar de poesía ni de ríos que van a dar a la mar. Voy a contar lo que se ve en el vídeo, que es corto, tres minutos y dieciocho segundos, y muy particular: no sale ningún personaje. No hay protagonista, ni pareja, ni baile. Hay una playa, una hoguera, el mar, la noche, el día y un planeta rosa que va apareciendo donde menos te lo esperas.
Lo recorro en orden, con los segundos aproximados.
El cartel
El vídeo abre con un plano que funciona como portada. Es de día, con el cielo muy azul. En primer plano, unas palmeras; detrás, unos edificios blancos con una cúpula, en lo alto de una pared de roca. Y encima de todo, ocupando medio cielo, una esfera enorme de color magenta, como un planeta que se hubiera quedado aparcado sobre el pueblo.
Las letras son de neón rosa, escritas a mano: «La playa del Mal Pas» arriba, mi nombre abajo. Tienen ese brillo de rótulo de bar de playa que se enciende cuando cae la tarde.
Es la imagen que resume el vídeo entero. Un lugar real y muy concreto, y encima, algo que no pertenece a este mundo. El planeta Gayfolk ha venido de visita a la cala.
La hoguera
En cuanto desaparece el título, se hace de noche. En la orilla arde una hoguera hecha con troncos apoyados unos en otros, en forma de tienda de campaña. Detrás, el mar oscuro y el cielo con los últimos azules del atardecer. Las chispas suben y se pierden.
Es la imagen más reconocible del verano mediterráneo: la hoguera en la playa, la noche que se alarga, el grupo de amigos que no se ve pero se intuye. Aquí no hay nadie alrededor del fuego. Solo el fuego.
Me parece una manera muy exacta de mirar un recuerdo. De aquellas noches queda la imagen, pero la gente ya no está. Lo que sí está es la sensación de entonces: mirar el mar con ganas de irse lejos y, a ratos, notar que todo tenía sentido.
El planeta que sale del agua
Sobre el segundo ocho, junto a la hoguera, aparece en el cielo una pequeña esfera rosa. Unos segundos después, el fuego desaparece y la esfera se queda sola sobre un fondo negro, enorme, reflejándose en un agua que no vemos pero que adivinamos por el reflejo.
Esa esfera va a ser la protagonista del vídeo. Cambia de tamaño, de textura y de color: a veces es lisa y brillante, como una bola de cristal rosa; a veces tiene bandas, como un planeta gaseoso; a veces lleva un anillo; a veces es casi morada. Pero siempre está ahí, flotando sobre el paisaje, como si alguien la hubiera colgado del cielo para vigilar la cala.
Hacia el segundo dieciséis la vemos con su anillo, girada en diagonal, en mitad del negro. Parece una ilustración de un libro de astronomía para niños. Unos segundos después, el plano se abre y la vemos sobre el promontorio iluminado, de noche, con las luces del paseo encendidas debajo.
El promontorio de noche
El vídeo vuelve varias veces al mismo sitio: el promontorio del casco antiguo, la punta de roca que separa las playas, iluminada de noche con una hilera de farolas amarillas. Lo vemos desde abajo, desde la orilla; lo vemos de perfil, con el mar a los pies; lo vemos con la luna llena encima, o con el planeta rosa ocupando su lugar.

Es la silueta de Benidorm que conoce todo el que ha pasado una noche de verano allí. Las barandillas blancas del mirador, la iglesia en lo alto, las luces reflejadas en el agua. En uno de los planos, hacia el minuto cuarenta, la silueta entera del promontorio se vuelve de color fucsia, como si alguien la hubiera recortado y pintado con rotulador fluorescente.
Me gusta mucho ese efecto, porque hace exactamente lo que hace la memoria: coge un paisaje que conoces de memoria y lo tiñe del color de lo que sentías.
La cala de día
Sobre el segundo veinticuatro llega el primer plano diurno de verdad. Es la cala: una playa pequeña de arena clara, con la pared de roca a un lado, el paseo encima y unos edificios blancos con una cúpula azul. Hay olas suaves y apenas gente. El cielo está algo nublado.
En el texto que escribí para el vídeo la coloco ahí, apretada entre las barcas y las casas viejas, y confieso que fue el sitio donde me hice mayor casi sin notarlo.
Me gusta que el vídeo no la embellezca demasiado en este momento. Es una playa normal, de un día normal, con nubes. Es la playa de alguien que la ha visto muchas veces sin pensar que un día iba a echarla de menos.
La luna y el planeta
Entre el segundo treinta y el cuarenta y cinco el vídeo alterna dos cosas que se parecen mucho: la luna y el planeta rosa. Primero el planeta, rayado como uno de esos gigantes del sistema solar, sobre el pueblo iluminado. Después una media luna azul y blanca, vista desde el espacio, como en las fotos de los astronautas. Luego la luna llena, pequeña y amarilla, sobre el promontorio. Y otra vez el planeta, ahora enorme, saliendo por detrás de la silueta negra del casco antiguo.
Es un juego de sustituciones. Donde debería estar la luna, el vídeo pone el planeta Gayfolk. Donde debería estar el planeta, pone la luna. Al final no sabes muy bien cuál es cuál, y creo que esa es la gracia. En aquella playa, de noche, cualquier cosa que brillara en el cielo podía ser un sitio al que escaparse.
La playa llena
Hacia el segundo cuarenta y cuatro la cámara sube y vemos la cala desde arriba, en pleno verano. La arena está cubierta de sombrillas azules y blancas, todas iguales, alineadas. Hay palmeras en lo alto del paseo y bañistas en el agua turquesa. Sobre el segundo cuarenta y ocho, el planeta rosa se cuela en una esquina del plano, enorme, como si estuviera a punto de aterrizar entre las hamacas.
Es el contraste más bonito del vídeo. Por un lado, la playa de todos, la de las vacaciones, las toallas y las sombrillas de alquiler. Por otro, un planeta que solo ve quien mira de una manera concreta. Las dos cosas en la misma imagen.
El islote en el horizonte
Hay un elemento que se repite en muchos planos de día: un islote en el horizonte, con forma de cuña, recortado sobre el mar. Lo vemos desde el paseo, entre palmeras, con una bandera azul ondeando en la arena; lo vemos desde lo alto de la escalera que baja a la cala; lo vemos al fondo de los planos del final.

Es el horizonte de aquella playa. El que se mira cuando uno está, como dice el texto, «soñando con escapar». Sobre el segundo sesenta y cinco, el planeta rosa aparece flotando justo delante de él, a media altura sobre el agua. Es como si el vídeo dijera: esto es lo que miraba, y esto es lo que veía.
La escalera
Hay un plano breve, hacia el segundo sesenta y cuatro, de una escalera de piedra que baja a la arena entre matorrales, con un pasamanos de madera. No hay nadie bajándola. Es el acceso a la cala, el camino que se hace mil veces en un verano.
Un poco después, el mismo tipo de escalera aparece vista desde arriba, con el planeta flotando en el cielo y una curva de luz azul que parece el borde de la Tierra. Es uno de los planos más extraños del vídeo: una escalera de playa que parece llevar directamente al espacio.
La segunda hoguera
Sobre el minuto veintiocho vuelve la hoguera, ahora de día, con el cielo rosa del amanecer o del atardecer detrás, y unas olas pequeñas rompiendo al fondo. Los troncos son otros, pero la forma es la misma.
Me gusta que el vídeo repita la hoguera en otra luz. Es la misma imagen vista en otro momento de la vida. La primera era de noche, con todo por delante. Esta es de madrugada, cuando la fiesta ya se ha acabado y queda el rescoldo.
Las luces sobre el agua
A partir del minuto y medio el vídeo se vuelve más abstracto. Aparecen destellos de luz, como bengalas o faros, que cruzan el paseo nocturno. Una luz blanca muy intensa se refleja en el agua negra. En un plano dividido en cuatro, la misma luz aparece en distintos colores: rosa, azul celeste, lila.
Es la parte más difícil de describir y la que más me gusta. Ya no es la playa tal cual, ni el planeta tal cual. Es la sensación de la noche en la orilla: los reflejos, el brillo que no sabes de dónde sale, los ojos que se te cierran después de muchas horas despierto.
La cala desde el aire
Sobre el minuto cuarenta y ocho, un plano aéreo enseña la cala entera desde arriba: la media luna de arena, el agua verde clara, la pared de roca blanca a un lado y los edificios del pueblo apretados encima. Un destello de luz rosa flota en mitad del agua.
Luego vemos el promontorio desde el aire, con su forma de península y las torres de la ciudad detrás, y un sol enorme en el horizonte. Y después, desde otro ángulo, el puerto con su espigón, las barcas amarradas y la playa grande llena de sombrillas, con los rascacielos al fondo.
Estos planos aéreos colocan la cala en su sitio. Es pequeña. Comparada con las playas grandes y las torres, es casi un hueco. Y sin embargo es la que importa en esta canción, porque fue testigo de todo: de los veranos, de las heridas y de las ganas de seguir adelante.
El sol rosa en el mar
Hacia el minuto dos y veinticinco hay un plano completamente rosa. El cielo, el mar y la orilla están teñidos de magenta, y en el horizonte brilla un sol blanco, redondo, que deja una estela de luz sobre el agua. No se distinguen detalles. Es casi un cuadro abstracto.
Es el momento más emocional del vídeo, aunque no pase nada. Podría ser un atardecer o un amanecer. Podría ser el planeta saliendo o poniéndose. Es la luz que se queda en la retina cuando miras al sol demasiado rato.
Las palmeras
Después llegan las palmeras. Un plano de palmeras bajas con la cala detrás, de día, con el islote al fondo. Otro, con el planeta rosa flotando entre las hojas, brillante como una bola de cristal. Otro, en la orilla, con una esfera azul y morada medio hundida en la espuma de las olas, como un balón de playa gigante que se le ha escapado a alguien.

Este último plano me hace mucha gracia. Después de tanto planeta en el cielo, uno ha caído al agua. Está ahí, en la orilla, con las olas pasándole por encima, como si fuera un objeto más de la playa.
La escalera del final
Sobre el minuto dos cincuenta vuelve la escalera, ahora con gente. Es una tarde de verano y varias personas bajan a la cala entre flores blancas y palmeras; abajo, unos cuantos bañistas en el agua tranquila. Al fondo, el promontorio con su barandilla blanca y el islote en el horizonte.
Es la única vez que el vídeo enseña la cala con vida. Gente normal, de vacaciones, bajando a darse un baño. No sabemos quiénes son ni importa. Lo que importa es que la playa sigue ahí, sigue recibiendo a gente que no sabe lo que esa playa significa para otro.
El atardecer
Los últimos planos antes del cartel son dos atardeceres casi iguales: el cielo naranja y azul, la silueta oscura de la costa, las olas rompiendo en una orilla de piedras. Son los planos más quietos del vídeo.
Después, una última esfera rosa y morada, grande, sobre fondo negro, y un plano de la playa llena con el planeta pequeñito en el cielo. Y el cierre: el cartel del primer disco de la trilogía, con tres hombres con esmoquin delante de un planeta rosa y las letras «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK».
Noche, día, noche
Si se mira el vídeo de seguido, lo primero que llama la atención es el orden, o más bien la falta de orden. No va del amanecer al anochecer, ni del principio al final de un verano. Salta. Noche con hoguera, noche con planeta, mediodía nublado en la cala, noche con luna, mediodía lleno de sombrillas, atardecer, otra vez noche. Cada plano dura unos pocos segundos y el siguiente casi nunca es del mismo momento del día.
Ese montaje se parece mucho a cómo funcionan los recuerdos de un lugar en el que has pasado muchos veranos. No los recuerdas en orden. Te viene una noche concreta, luego una mañana de hace años, luego una tarde que podría ser de cualquier verano. Todo mezclado, todo en el mismo sitio. El vídeo no intenta contar una historia con principio y final porque la relación con esa playa tampoco la tiene. Es una acumulación.
Me gusta también que algunos planos se repitan con pequeños cambios: el promontorio de noche aparece varias veces, la escalera aparece dos, la hoguera aparece dos. Es lo que pasa con los sitios a los que vuelves. Los ves una y otra vez, y cada vez son un poco distintos, porque tú eres distinto.
Los colores de la cala
Si hubiera que quedarse con los colores del vídeo, serían cuatro. El azul turquesa del agua de día, que es el color de la cala tal como la ve cualquiera. El amarillo de las farolas del paseo de noche. El naranja de la hoguera y de los atardeceres. Y el rosa del planeta, que es el único color que no pertenece al lugar.
El rosa entra en el paisaje sin pedir permiso. A veces como una esfera pequeña, a veces como un filtro que lo tiñe todo, a veces como una silueta pintada encima del promontorio. Es el color del universo Gayfolk, y aquí funciona como una firma: este paisaje real, con su agua y sus farolas, también forma parte del planeta.
Un vídeo sin personajes
Lo que más me llama la atención del vídeo, visto ahora, es que no tiene a nadie. Ni un protagonista que pasee por la arena, ni una pareja, ni un baile. Es un vídeo de paisaje. Y creo que tiene sentido, porque la canción tampoco es de nadie más que del lugar.

El texto habla de cosas muy duras con muy pocas palabras:
En esa misma playa descubrí lo que era el narcisismo, y más tarde, el doble narcisismo.
Y un poco más abajo hay una frase sobre los cuarenta años que todavía hoy me cuesta releer.
El vídeo no ilustra nada de eso. No hay escenas de discusión ni personajes que hagan de malos. Solo hay la playa, que lo vio todo y no dice nada. Me parece la manera más respetuosa de contar algo así: dejar que el lugar hable por sí mismo y que cada uno ponga sus propios recuerdos.
El planeta en la playa
El planeta Gayfolk aparece en muchos vídeos del proyecto, pero pocas veces de esta manera. Aquí no es un destino lejano al que viajar en nave. Está aquí mismo, encima de una cala de Benidorm, entre las palmeras, flotando sobre las sombrillas, medio hundido en la orilla.
Es una idea que me gusta mucho: el planeta como algo que se superpone a los sitios reales de tu vida. La cala de cuando eras pequeño, el paseo de las noches de verano, la escalera de piedra. Todos esos sitios tienen, para quien los ha vivido, un planeta rosa encima que nadie más ve.
Benidorm en el planeta
Benidorm aparece en más rincones del universo Gayfolk. Está en el título de «Madrid to Benidorm», que va del trayecto entre las dos ciudades, y en «La primera drag de Benidorm», cuyo videoclip conté en «Tacones en la arena». En todas aparece la misma ciudad, pero vista de forma distinta: como destino, como escenario de fiesta, como lugar de orgullo.
En «La playa del Mal Pas» es otra cosa. Es la Benidorm pequeña y escondida, la que no sale en los folletos. La de alguien que creció allí sin darse cuenta.
Dónde está la canción
«La playa del Mal Pas» forma parte de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. El videoclip se publicó el 2 de noviembre de 2025. En su ficha está el texto completo.
Qué es mío y qué no
Soy letrista, compositor y productor musical, y en mis canciones la música y la interpretación vocal se hacen con IA. El texto que acompaña al vídeo lo escribí yo, y la playa es la de mis veranos. Si quieres saber con detalle qué parte de cada canción es mía, lo cuento en «Qué es mío en una canción hecha con IA».
Para volver a verlo
Si vuelves al vídeo, te propongo contar cuántas veces aparece el planeta y en qué sitios: sobre el pueblo, sobre el agua, entre las palmeras, sobre la arena, en la orilla. Cada vez está en un lugar distinto, pero siempre en el mismo paisaje.
Y quédate con el texto del final, que es lo que de verdad quería decir con esta canción:
Sigue siendo la misma, aunque yo ya no lo sea. Y eso, quizás, también es amor.
Preguntas frecuentes
¿Qué se ve en el videoclip de «La playa del Mal Pas»? Una cala pequeña de Benidorm de día y de noche, una hoguera en la arena, el promontorio del casco antiguo iluminado, la playa llena de sombrillas vista desde el aire, palmeras, una escalera de piedra que baja al mar y un planeta rosa que aparece flotando sobre el paisaje en casi todos los planos. No sale ningún personaje.
¿Qué es la playa del Mal Pas? En el texto que acompaña al vídeo la describo como una playa pequeña de Benidorm, escondida entre el puerto y el casco antiguo, donde pasé la mayoría de los veranos que recuerdo.
¿Cuándo se publicó y cuánto dura? Se publicó en YouTube el 2 de noviembre de 2025 y dura tres minutos y dieciocho segundos.
¿En qué álbum está? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK.