
By Mike Sain't Louis ·
Patines con calcetines arcoíris, un descapotable rojo y helados de colores: el videoclip de «Me gusta el verano», escena a escena
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La portada de «Me gusta el verano» es un selfi en la playa: el sol de frente, las palmeras inclinadas, el mar turquesa y el título pintado a brochazos en rosa, turquesa y amarillo. No hay doble lectura. Es alguien que está a gusto y quiere que se note. Cuando me puse con el videoclip, tenía claro que debía mantener esa misma franqueza. Nada de metáforas oscuras ni de giros de guion: un verano entero, de la mañana a la noche, contado con colores de polo de hielo.
Lo subí a YouTube el 30 de noviembre de 2025, en pleno otoño, y ocupa 3:07. En la descripción lo etiqueté con palabras como verano, fiesta de verano, música LGTBIQ+, ambiente de playa o verano eterno. Esa última etiqueta es la que mejor lo resume: el clip no tiene principio ni final claros, es un verano que da vueltas sobre sí mismo.
Lo cuento siguiendo el reloj del propio vídeo. Los minutos que doy son orientativos, con margen de un par de segundos arriba o abajo.
El cartel de entrada
El clip arranca con un cartel. En la parte de arriba, en letras rosas enormes con contorno amarillo, pone «ME GUSTA»; debajo, «EL VERANO», y más abajo, en letra de firma, mi nombre. Al fondo, dos chicas en bañador caminan por la orilla llevando una tabla de surf larguísima, rosa y amarilla, que cruza la pantalla de lado a lado.
Es un comienzo de cartel de cine de verano, de los que se pegaban en las paredes de los chiringuitos. Me gustaba que el título no apareciera sobre negro, sino sobre la propia playa: desde el primer segundo ya estamos dentro.
El chico de las gafas de sol
Sobre el segundo 4 aparece el primer personaje: un chico con gafas de sol oscuras y una camisa clara abierta, de tejido satinado, de pie en la arena al atardecer. Detrás de él ondean varias banderas arcoíris clavadas en la playa, y el cielo tiene ese azul con nubes rosas de las tardes que no se quieren acabar.
No hace nada especial. Está ahí, posando, mirando a cámara con media sonrisa. Pero las banderas detrás de él dicen mucho. Esta no es una playa cualquiera: es una playa donde esas banderas no necesitan explicación. Es el verano tal como me gustaría que fuera siempre, un sitio donde nadie tiene que esconder nada.
Dos chicas y un reflejo de colores
Hacia el segundo 12 cambiamos a un plano muy cercano: dos chicas, una con el pelo suelto y otra con un moño alto, casi frente con frente, a punto de besarse. El sol les da de lado y deja en la cara de una de ellas un destello de luz con los colores del arcoíris, como el que hace un prisma colgado en una ventana.
Ese reflejo de colores es uno de los hilos del clip. Volverá varias veces, sobre mejillas, frentes y paredes. Me gusta porque es una manera muy suave de poner la bandera sin poner la bandera: no es un cartel, es la luz misma la que se tiñe.
La tabla de surf
Sobre el segundo 16 aparecen otra vez las chicas de la tabla, ahora de cerca, de pie en la orilla. Una lleva un bañador negro y la otra un bikini. Sujetan entre las dos esa tabla rosa, amarilla y turquesa que ya habíamos visto en el cartel. Detrás, las olas rompen con espuma blanca.
La tabla también es un personaje recurrente. El clip vuelve a ella al atardecer, hacia el segundo 40, con las dos chicas de espaldas mirando el mar, y otra vez casi al final, sobre el minuto 2:12, con la luz ya muy dorada. Siempre la misma tabla, siempre las mismas dos chicas, en tres momentos distintos del día. Es mi pequeño reloj de sol dentro del vídeo.
El primer beso
Hacia el segundo 20 llega un primer plano de dos chicos besándose, de perfil, con los ojos cerrados. Uno tiene la piel oscura y el otro barba rubia. Sobre la mejilla de uno de ellos cae otra vez ese reflejo de colores, como una pincelada de pintura.

No hay música de violines ni cámara lenta exagerada. Es un beso de verano, de los que se dan sin pensar, con sal en los labios. En el universo Gayfolk los besos entre chicos no se presentan como algo excepcional, sino como lo que son: parte del paisaje. Esta escena lo dice con muy poco.
La patinadora del paseo
Sobre el segundo 24 aparece la protagonista secreta del clip: una chica en patines que rueda por un paseo marítimo de baldosas claras. Lleva un top rosa, pantalón vaquero corto y unos calcetines altos con rayas de todos los colores del arcoíris. A su alrededor hay sombrillas rojas, palmeras y bancos, y el mar se ve al fondo.
Le cogí cariño enseguida. Es la que mantiene el ritmo del vídeo. Aparece una y otra vez, siempre rodando hacia la cámara, siempre en un paseo distinto o con ropa distinta: con top amarillo fosforito y pantalón negro sobre las tablas de madera del segundo 44, junto a unas palmeras hacia el minuto 1:16, entre puestos de feria y casetas de colores hacia el 1:44, con un vestido azul ajustado sobre el 2:00, bajo un porche de madera con mesas hacia el 2:28 y, cerca del final, delante de una noria hacia el 2:40.
Lo único que no cambia son los calcetines arcoíris. Ella es el hilo que une las escenas, como si el verano entero fuera un solo paseo largo y ella lo recorriera de punta a punta sin cansarse nunca.
El chico de las gafas naranjas
Hacia el segundo 32 vemos a otro chico en la playa al atardecer. Lleva una camisa blanca abierta, una cadena al cuello y unas gafas de sol con cristales naranjas. A sus lados, más banderas arcoíris clavadas en la arena, y el cielo pasa del rosa al naranja.
Este plano y el del principio son casi un espejo: dos chicos, dos camisas abiertas, dos tipos de gafas, las mismas banderas. Me gusta repetir ideas así, con pequeñas variaciones, porque en una canción pasa lo mismo con los estribillos: vuelven, pero el oído ya no los escucha igual.
Un helado en tres colores
Sobre el segundo 36 hay una de las imágenes más gráficas del clip: dos chicas de perfil, frente a frente, sobre un fondo partido en dos colores planos, turquesa y rosa. Una sostiene un cucurucho con bolas de helado de colores, rosa, amarillo, azul y verde, a la altura de la cara de la otra.
Es casi un cartel publicitario de los años sesenta, de esos de colores sin sombras. El helado vuelve más adelante en otras manos, y siempre con esos mismos colores. El verano del clip sabe a eso: a cosas dulces que se derriten si no te las comes deprisa.
Una cara entre prismas
Hacia el segundo 52 el clip se detiene en un retrato: una chica de pelo corto y oscuro, con flequillo recto, mirando a cámara, muy seria. Sobre su cara caen varios reflejos de colores que le cruzan la frente y las mejillas.
Es el plano más tranquilo de todo el vídeo, casi una pausa. Después de tanta patinadora, tanta playa y tanto beso, alguien se queda quieto y nos mira. Me gustan estos silencios dentro de un clip alegre, porque dejan respirar. Una fiesta sin pausas acaba cansando.
La piscina de los flotadores
Sobre el segundo 56 pasamos a una piscina al atardecer, llena de flotadores redondos de colores, amarillos, verdes, rosas y rojos, con gente tumbada encima. Por el cielo cruzan rayos de luz de colores, como los láseres de una discoteca al aire libre, que salen desde detrás del agua.
Es la primera vez que el clip anuncia la noche. Hasta aquí todo era sol y playa. Con esos rayos de luz el verano empieza a cambiar de piel: de la tarde de toalla a la fiesta. La escena se alarga hasta el minuto 1:00 y deja el ambiente preparado para lo que viene.
El chico del helado y los fuegos artificiales
Hacia el minuto 1:04 llega un plano que repito luego con variaciones: un chico joven, de pelo negro, con camiseta blanca, saca la lengua hacia un cucurucho de helado de bolas de colores. Detrás de él estallan fuegos artificiales blancos y rosas, enormes, como si el helado y los fuegos fueran la misma cosa.

Es un plano exagerado a propósito, y me encanta por eso. El verano también es esto: un helado que parece un espectáculo de pirotecnia, una tontería convertida en fiesta. Hacia el 2:04 el chico vuelve, ahora de noche, con el helado delante de unas luces moradas. La misma escena, otra hora.
El aspersor que hace arcoíris
Sobre el minuto 1:12 el clip se va a un jardín. Dos chicos están en el césped, uno con camiseta blanca y otro sin camiseta, delante de un aspersor que lanza agua. El sol atraviesa las gotas y dibuja un arcoíris de verdad sobre la hierba.
Ese arcoíris no es un efecto de luz como los de antes, sino el de toda la vida, el que hacías de pequeño con la manguera en el patio. Lo uso mucho en la segunda mitad del vídeo. Hacia el 1:32 aparecen dos chicos sin camiseta charlando entre los chorros de agua; sobre el 1:36, otros dos se abrazan delante de un seto con el aspersor detrás; hacia el 1:40, dos más levantan los brazos al cielo bajo el agua, como quien celebra un gol o un día libre. Y hacia el minuto 2:24 dos chicos se abrazan, mojados, envueltos en la neblina del agua y en un arcoíris enorme.
Para mí esas escenas del jardín son el corazón del clip. No hay playa, no hay piscina de lujo: solo un césped, una manguera y gente feliz. El verano que más me gusta es ese, el que no necesita viajar lejos.
Dos chicas en blanco y vaquero
Hacia el minuto 1:20 vuelve una pareja de chicas, ahora vestidas con una camiseta blanca y una camisa vaquera, muy juntas, sonriéndose. La luz de la tarde les cae de lado y vuelve a pintarles reflejos de colores.
Es una escena de complicidad más que de pasión. Se miran como se mira a alguien con quien ya has pasado muchos veranos. Me gustaba que el clip no contara solo flechazos, sino también parejas que llevan tiempo juntas.
El beso contra la pared blanca
Sobre el minuto 1:24 hay otro beso, esta vez contra una pared blanca encalada, con una enredadera que trepa por un lado. Detrás de la pareja, el sol forma un destello tan fuerte que casi la recorta. Es una imagen de contraluz, con la silueta de los dos casi en sombra y el brillo estallando entre sus cabezas.
Me recuerda a esas calles blancas de los pueblos de costa a la hora de la siesta, cuando no hay nadie y el calor aplasta. Es un beso a escondidas del sol más que de la gente. El clip se queda en ese plano unos segundos y luego vuelve a la playa.
El descapotable rojo
Hacia el minuto 1:52 aparece uno de mis planos favoritos: un descapotable rojo, antiguo, de los de cromados brillantes, avanzando por una carretera de costa. Dentro, alguien levanta los brazos al viento. Del coche salen banderitas arcoíris que ondean, y al fondo, sobre el mar, el cielo se llena de luces doradas, como fuegos artificiales congelados.
Ese coche es el verano como huida. Es la escena de película en la que dejas la ciudad atrás, la ropa de trabajo en el asiento de atrás y no sabes muy bien adónde vas. El clip vuelve a él unos segundos después, hacia el 1:56, con el coche ya más cerca.
La noche de los rayos de colores
Sobre el minuto 2:08 el clip entra de lleno en la noche. Una multitud de gente, vista de espaldas y casi a contraluz, levanta los brazos frente a un escenario del que sale un arco de luz con los colores del arcoíris. Hacia el 2:20 se repite la idea con fuegos artificiales rojos y blancos y un anillo de luz de colores que gira sobre la gente, como un platillo volante de neón.

Es la fiesta grande, la verbena o el festival de la playa. No vemos caras, solo siluetas y brazos en alto. Me gusta así, porque en esos momentos nadie es nadie en concreto: todos somos parte de la misma gente que baila.
Helados con maquillaje de neón
Hacia el minuto 2:32 vuelven dos chicas con un helado, pero ahora la imagen es completamente distinta: las dos llevan el pelo recogido en moños altos y la cara iluminada con luces de neón azules, rosas y naranjas, sobre un fondo turquesa y rosa. Una le acerca el helado a la otra, y la escena tiene algo de portada de revista de moda.
Es la versión nocturna de aquel cartel de helado del segundo 36. Lo que de día era un póster de colores planos, de noche se vuelve neón. Me gustan estas rimas visuales dentro de un mismo clip: hacen que el vídeo tenga memoria.
El chico de la camiseta rosa
Sobre el minuto 2:44 aparece un chico con una camiseta rosa palo y gafas de sol, de pie en la arena al atardecer, con una bandera arcoíris enorme ondeando a su lado y otras banderas más pequeñas por detrás. Y hacia el 2:48, dos chicos sin camiseta se ríen juntos en el césped del jardín, con el arcoíris del aspersor a su espalda.
Son dos planos que cierran círculos. El primero responde a los chicos de las gafas del principio; el segundo, a las escenas del jardín. El clip está acabando y empieza a recoger sus propios hilos, como quien recoge las toallas al final de un día de playa.
La piscina de luz azul
Hacia el minuto 2:52 llega la última fiesta: un grupo de chicas en bañadores de colores, metidas en una piscina con luces de neón azules bajo un techo iluminado, levantan los brazos y bailan con el agua por la cintura. El plano se alarga hasta casi el 2:56.
Es una piscina de hotel de noche, con algo de discoteca. Después de la playa, el jardín, el coche y la verbena, el verano termina en el agua, que es donde había empezado.
El baile en la orilla
Sobre el minuto 3:00, el último plano del clip propiamente dicho: un grupo de chicas y algún chico bailan en la orilla con faldas largas de colores, fucsias y moradas, y pañuelos, todos con los brazos arriba, con el mar detrás y el sol de la tarde. Es un baile de grupo, sin coreografía perfecta, como el que se arma en cualquier playa cuando alguien pone música.
Me parecía el final más justo. No un beso, no una pareja, sino un grupo entero bailando. El verano, al final, es eso: un montón de gente distinta que coincide en el mismo trozo de arena.
El cartel del planeta
El vídeo se cierra, hacia el minuto 3:04, con un cartel sobre fondo rosa y morado: tres chicos con esmoquin, muy juntos, y encima el rótulo «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», con mi nombre arriba. Es el título de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», la canción que da nombre al planeta, y funciona como una firma: todo lo que acabamos de ver pasa allí.
Si alguien quiere saber cómo es ese planeta por dentro, escribí sobre su videoclip en «Del perfil de Dios al banquete de bodas».
Por qué el verano
El título lo dice todo, y no quería esconderlo detrás de nada: me gusta el verano. Me gustan los días largos, la ropa mínima, la gente en la calle hasta tarde, el olor a crema solar y a sal. Y me gusta lo que el verano tiene de permiso. En verano parece que hay menos reglas, que uno se puede ir de la mano por un paseo marítimo sin que nadie se gire.

Por eso el clip está lleno de banderas. No como protesta, sino como decorado normal de un día normal. Es la playa que me gustaría encontrar siempre, sin miradas raras, sin comentarios, sin tener que medir cada gesto.
Dentro de la trilogía hay canciones que miran ese mismo calor con otros ojos. En «Honolulu Sand», por ejemplo, la arena y el sol se cruzan con la tristeza, que no se va de vacaciones. Y en «La playa del Mal Pas» la costa es un lugar con su propia historia. «Me gusta el verano» es la cara más luminosa de esa costa: la que no pide nada más que un buen día.
Los personajes
Ninguno de los personajes del vídeo es una persona real. Son figuras inventadas, creadas para el clip, y no representan a nadie en concreto: ni la patinadora, ni las parejas, ni los chicos del aspersor. Me interesaba más que fueran muchos y muy distintos que tener un solo protagonista. Hay pieles de todos los tonos, parejas de chicos y de chicas, grupos, solitarios. El verano del clip es de todo el mundo.
La única figura que se repite de forma clara es la patinadora de los calcetines arcoíris. Si tuviera que darle un papel, diría que es el verano mismo, que pasa rodando y no se para.
Los colores
Si se mira el clip sin sonido, lo primero que llama la atención es la paleta. Hay muy poco gris. Todo es rosa chicle, turquesa, amarillo limón, naranja de atardecer y azul de piscina. Los colores del arcoíris aparecen de muchas formas: en las banderas, en los calcetines, en los helados, en los reflejos de luz sobre la piel, en el agua del aspersor, en los rayos de la fiesta.
Esa repetición no es casual. Quería que la bandera estuviera en todas partes sin que el clip se convirtiera en un anuncio. A veces es un trozo de tela, a veces un helado, a veces una gota de agua atravesada por el sol. Al final, el arcoíris es simplemente el color del verano.
En qué disco vive
«Me gusta el verano» pertenece a «El día de la liberación», el último volumen de la trilogía GAYFOLK, y en el catálogo completo ocupa la pista 160 de 273. Dentro del disco es uno de los momentos más luminosos.
El clip está junto a todos los demás en el apartado de vídeos. Y para quien quiera escuchar los tres discos en orden, dejé un recorrido en «Cómo escuchar la trilogía Gayfolk de principio a fin».
Toda mi música se puede escuchar y descargar gratis, sin registro y sin pagar nada, en mi página de descargas.
Quién hace qué
Soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical, con música e interpretación vocal hechas con IA. Escribo las letras, compongo y produzco cada canción. Quien quiera el reparto de tareas con detalle lo tiene en «Qué es mío en una canción hecha con IA».
Un juego para la segunda vez
Si vuelves a ver el clip, prueba a contar cuántas veces aparece la patinadora y fíjate en que los calcetines nunca cambian, aunque cambie todo lo demás. Después cuenta los helados, y luego los arcoíris del aspersor. Verás que el vídeo está construido como una canción: con un estribillo visual que vuelve, estrofas que cambian y un final en el que todo el mundo baila.
Y si te apetece, ponlo en pleno invierno. Funciona mejor que una estufa.
Preguntas frecuentes
¿Qué fecha y duración tiene el videoclip? Lo subí a YouTube el 30 de noviembre de 2025 y dura 3:07 minutos.
¿A qué álbum pertenece «Me gusta el verano»? A «El día de la liberación», tercera entrega de la trilogía GAYFOLK. En el catálogo completo es la pista 160 de 273.
¿Los personajes del vídeo son personas reales? No. Todos los personajes del vídeo son inventados y no representan a nadie.
¿Dónde se puede escuchar o descargar la canción? En mi web, gratis y sin registro, en la página de descargas, y también en las plataformas habituales.