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Escaleras, columpios y coches sobre la niebla: las nubes de Planeta Gayfolk

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En Planeta Gayfolk hay un piso de arriba. No sale en ningún mapa, no tiene calles ni números de portal, y sin embargo cualquiera que haya visto unos cuantos de mis videoclips sabe llegar. Se sube por una escalera de piedra que empieza en mitad de la nada, o en un columpio que cuelga de unas cuerdas que no se sabe dónde están atadas, o directamente en coche, porque allí arriba los coches no necesitan carretera. Es el barrio de las nubes. Y este texto es un paseo por él.

No voy a contar un videoclip entero de principio a fin, que eso ya lo he hecho con calma en otros sitios. Quiero hacer otra cosa: juntar las nubes de varias canciones, ponerlas una al lado de la otra como quien junta postales de un mismo viaje, y preguntarme por qué vuelven tanto. Porque vuelven. A veces rosas, a veces blancas, a veces doradas por un atardecer que no termina nunca. Y casi siempre aparecen justo cuando una canción necesita decir que algo, por fin, ha dejado de pesar.

El columpio que no cuelga de nada

La primera nube de este paseo es la de «Float», y empieza con un columpio. En el cartel del principio, encima del título escrito en rosa, dos chicos vestidos de blanco se balancean colgados de unas cuerdas, en mitad de una masa de algodón rosa y melocotón. Uno se agarra a la cuerda con una mano y estira la pierna hacia delante; el otro se le echa encima. Unos segundos después la cámara se aleja un poco y los vemos besarse sobre la tabla del columpio, mientras las nubes se mueven a su alrededor como si respiraran.

Del arranque me quedo con la pregunta que deja en el aire, literalmente: ¿de dónde cuelga ese columpio? No hay rama, no hay techo, no hay grúa. Las cuerdas suben y se pierden en la luz. En el mundo de abajo un columpio siempre está atado a algo sólido. En el de arriba, no. Y aun así aguanta. Ese es, para mí, el primer secreto del barrio de las nubes: allí las cosas se sostienen aunque no sepas muy bien de qué.

El resto de «Float» es un desfile de parejas con alas. Dos mujeres con vestidos largos de satén blanco y unas alas iridiscentes, de esas que cambian de color con la luz, se besan frente a frente sobre un suelo de nubes. Una pareja de chico y chica se sienta en la espuma rosa con batas brillantes. Dos chicos con alas grises y blancas se abrazan con los ojos cerrados. Hay planos en los que los cuerpos flotan con las piernas dobladas, como si se hubieran olvidado del suelo a mitad de un salto. Y hay un momento precioso en el que solo se ve una figura de espaldas, con las alas a medio abrir, metiéndose en una nube tan espesa que acaba tragándosela.

La secuencia completa se puede ver dentro de mi web, con el clip de «Float» incrustado. El vídeo salió el 16 de septiembre de 2025, casi a medianoche en Madrid, y dura poco más de tres minutos. Ya escribí sobre ese clip como galería de parejas, y sobre la idea de no pesar en «Hacer el muerto en una nube». Aquí me interesa otra cosa: que las nubes de «Float» no son un decorado bonito, son un suelo. La gente camina sobre ellas, se sienta, se tumba. Y ese suelo blando es justo lo contrario del suelo duro contra el que uno cae en los peores años.

Nubes vacías

Hay dos planos de «Float» que casi nadie recuerda y que a mí me parecen el corazón del vídeo. Pasados los dos minutos, durante unos segundos, no hay nadie. Solo nubes. Primero una luz dorada que se filtra entre masas de color melocotón y ámbar; después un primer plano de algodón rosa y fucsia, tan cerca que parece que la cámara se ha metido dentro. Ni parejas, ni alas, ni besos.

Tres nubes de Planeta Gayfolk: luz dorada entre nubes color melocotón y una figura alada que se mete en algodón rosa en «Float», y coches rosa, morado y arcoíris flotando sobre la niebla en «Brilla Bruma»

Me gustan porque son un respiro dentro de un respiro. Una canción que ya es ligera se toma un momento para ser todavía más ligera, para dejar de contar algo y simplemente estar. Es lo que pasa cuando, después de mucho tiempo con la cabeza llena de ruido, tienes de repente unos minutos en los que no piensas en nada. No es felicidad exactamente. Es ausencia de peso. Y quien ha vivido mucho tiempo con una losa encima sabe que eso, solo eso, ya es muchísimo.

En Planeta Gayfolk esos huecos tienen su sitio. Igual que una ciudad necesita plazas donde no pasa nada, un planeta inventado necesita nubes vacías: rincones sin argumento, sin conflicto, sin nadie que te pida nada. Yo los pongo en los vídeos porque los necesito en la vida.

Coches aparcados encima de la niebla

La segunda parada del paseo tiene ruedas. En el vídeo de «Brilla Bruma», que publiqué el 25 de septiembre de 2025 y que forma parte del tercer disco, «El día de la liberación», las nubes no son de algodón de feria sino de niebla marina, esa bruma blanca que se queda pegada a la costa por las mañanas. Y encima de ella flotan coches.

El primero es un utilitario rosa de los años setenta, con una chica al volante, suspendido sobre un mar de nubes como si estuviera aparcado en una calle invisible. Luego viene uno alargado con la carrocería pintada de franjas de arcoíris, deslizándose por encima de la bruma con la ventanilla bajada. Más adelante la cámara nos enseña el aparcamiento entero: un coche rosa, uno amarillo, uno morado y uno de arcoíris, quietos sobre la niebla, cada uno a su altura, como piezas de un juego que alguien ha dejado a medias. Ni una carretera a la vista.

Me hace mucha gracia ese aparcamiento. Los coches son, en el mundo de abajo, la cosa más pesada que usamos a diario: más de una tonelada de hierro que necesita asfalto, gasolina, aparcamiento, seguro. Ponerlos a flotar es un chiste visual, pero también una pequeña venganza contra la gravedad. Si hasta un coche puede quedarse quieto encima de una nube, qué no podrá hacer una persona que se quita de encima lo que le sobra.

Saltar sin miedo a la caída

«Brilla Bruma» tiene otra imagen que no se me va de la cabeza: grupos de chicos y chicas que saltan a la vez, con los brazos en alto, sobre un fondo de nubes. En un plano están en fila, cogidos de la mano, a punto de despegar. En otro, visto desde abajo, varias figuras dan vueltas en el aire formando un círculo, cabeza abajo, como paracaidistas que se hubieran olvidado del paracaídas y no les importara. Y hay un plano casi final con cuatro cuerpos lanzándose en horizontal por encima del agua, a ras de la bruma.

En ninguno de esos saltos se ve el aterrizaje. Esa es la clave. En el mundo de abajo, cada salto lleva incorporado el miedo a la caída; saltamos calculando dónde vamos a poner los pies. En el barrio de las nubes, el salto no termina. Se queda congelado en el punto más alto, con la ropa de verano ondeando y las caras felices. Es una fantasía, claro. Pero es una fantasía útil: la de alguien que, por una vez, se permite moverse sin estar pendiente de hacerse daño.

Y luego está la pareja. Un chico de traje oscuro y una chica con un vestido de gasa coral caminan cogidos de la mano sobre la niebla, ella con el brazo levantado como si saludara a alguien. Más tarde los vemos bailando a contraluz, recortados contra un atardecer naranja que pinta las nubes de arriba abajo. No pisan nada. Bailan sobre la bruma como si fuera un salón de baile con el suelo encerado.

Una escalera hacia el algodón rosa

La tercera parada es la más silenciosa. «Contact Overwhelms Me» es una canción sobre lo que cuesta estar con gente cuando la gente te desborda, y su videoclip, publicado el 3 de diciembre de 2025, es un recorrido por sitios vacíos de Planeta Gayfolk: un observatorio rosa, un dormitorio lleno de televisores, una sala de espera con relojes, un vagón de metro sin pasajeros. En mitad de ese recorrido, la canción sube al piso de arriba.

Una figura diminuta sube una escalera blanca entre nubes rosas y dos aros de neón rosa, fotograma del videoclip de «Contact Overwhelms Me»

Primero aparece una escalinata de piedra blanca, enorme, que asciende entre nubes pálidas hasta perderse en la luz. Más tarde, en otra escalera, dos aros de neón rosa flotan en el aire, uno a cada lado, como puertas sin marco. Entre ellos, muy pequeña, una figura sube los peldaños hacia una masa de nubes rosas. La cámara se acerca y la vemos de espaldas, con chaqueta oscura y vaqueros, subiendo sin prisa. Nunca le vemos la cara. Nunca sabemos adónde va. Solo que sube, y que las nubes se van cerrando detrás.

Esa figura me representa más que muchas fotos mías. Para alguien con fobia social, el mundo de abajo está lleno de contacto: miradas, conversaciones, roces, preguntas. La escalera de nubes de «Contact Overwhelms Me» es el camino hacia un sitio donde nadie te mira. No es huir, o no solo. Es buscar el silencio suficiente para recuperar el aliento y poder bajar otra vez, más tarde, cuando estés preparado.

Una cama hecha de nubes

Hay una cuarta nube que quiero meter en este paseo, aunque dure solo un instante. En el vídeo de «Can't Wait», entre ángeles dorados, astronautas y un París gris, aparecen dos chicas rubias recostadas en una cama blanca, con nubes de color turquesa saliendo por los lados como si fueran almohadas que se han escapado. Más adelante, un coche rosa avanza entre nubes, primo hermano de los de «Brilla Bruma».

Son guiños pequeños, pero me gusta que estén. Demuestran que el barrio de las nubes no pertenece a una sola canción. Es un sitio compartido, al que distintas historias del planeta suben cuando lo necesitan: una para besarse, otra para aparcar, otra para esconderse, otra para echarse la siesta.

Un mapa del piso de arriba

Si tuviera que dibujar el plano del barrio de las nubes, lo haría así.

En el centro estaría la explanada de «Float», el salón de baile de los enamorados, con su columpio colgado del cielo y sus parejas con alas. Es la zona más concurrida y la más luminosa, con ese rosa melocotón de las seis de la tarde en verano.

Al este, hacia el mar, estaría el aparcamiento de «Brilla Bruma», con sus coches de colores flotando sobre la niebla costera y su grupo de amigos que salta sin aterrizar nunca. Es la zona de las vacaciones, la que huele a crema solar y a girasoles.

Al norte, apartada, subiría la escalera de «Contact Overwhelms Me», con sus aros de neón como faroles. Es la zona tranquila, la de quien necesita estar solo. No tiene bancos ni fuentes, solo peldaños y silencio, y está bien que sea así.

Y en algún rincón, casi escondida, estaría la cama de nubes de «Can't Wait», para quien llega cansado y solo quiere tumbarse un rato.

Me gusta pensar que alguien que visite el planeta puede ir de una zona a otra según cómo se sienta ese día. Los días de amor, a la explanada. Los días de verano, al aparcamiento. Los días de mucha gente, a la escalera. Los días de agotamiento, a la cama.

Por qué las nubes y no el cielo

Podría haber elegido el cielo azul, limpio, sin nada. Pero el cielo vacío da vértigo; no hay donde apoyarse. Las nubes, en cambio, parecen sólidas. Tienen volumen, textura, forma. Desde un avión dan ganas de saltar sobre ellas como sobre un colchón. Sabemos que es mentira, que una nube es agua suspendida y que la atravesaríamos sin tocar nada. Pero la ilusión de que podrían sostenernos es justo lo que las hace tan consoladoras.

Mike Sain't Louis con gorra estampada y camiseta de tirantes junto a tres fotogramas de nubes: amigos saltando de la mano en «Brilla Bruma», dos siluetas aladas a contraluz en «Float» y una escalinata entre nubes en «Contact Overwhelms Me»

Hay tres renglones de mi canción sobre lo que me salvó que explican bien ese movimiento hacia arriba. Después de una lista larguísima de cosas que no le han servido, la canción va subiendo de verbo en verbo:

¡La música me está elevando! ¡La música me está subiendo! La música me ha llevado al cieloooooooooooooooooo,

Esa última palabra, estirada hasta casi romperse, es una escalera hecha de vocales. Cada «o» es un peldaño más. Cuando escribí esa canción no estaba pensando en nubes de colores, pero ahora la leo y veo la escalinata de «Contact Overwhelms Me»: alguien que sube y sube porque abajo ya no se podía respirar.

Lo que pesaba

Te cuento por qué me importa tanto flotar, aunque sea en un vídeo.

Pasé cerca de dos décadas encadenando dos parejas narcisistas, sin apenas respiro entre la primera y la segunda. No voy a dar nombres ni detalles que puedan señalar a nadie; esto va de mí. Lo que sí puedo contar es el peso. Era un peso que se metía en todo: en el cuerpo, en el sueño, en la forma de caminar por la calle con los hombros encogidos. Cuando aquello por fin se rompió, hubo algo peor que la ruptura: se encargaron de que buena parte de la gente de mi alrededor creyera que el culpable era yo. Me quedé con muy pocos apoyos justo cuando más falta me hacían.

Hubo una temporada en la que pensé en el suicidio muy en serio, y estuve cerca. Lo escribo con todas las letras: el silencio sobre esto no salva vidas, y hoy lo miro desde un lugar mucho mejor. A los 41 me pusieron nombre a lo que me pasaba: estrés postraumático, depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y evitación, esta última con etiqueta de trastorno. Ese momento tiene su propio texto: el día que le puse nombre a lo que pesaba. Desde entonces tengo cita fija con psiquiatría y con psicología, no abandono la medicación, y aunque no todo está resuelto, la diferencia es enorme. Ya no camino con los hombros pegados a las orejas.

Por eso, cuando monto un vídeo y aparece un columpio colgado del aire, o un coche que flota, o una escalera que se pierde en algodón rosa, no lo hago solo porque quede bonito. Lo hago porque, durante muchos años, la idea de pesar menos me parecía imposible. Y ahora, a ratos, la siento. Las nubes de Planeta Gayfolk son mi manera de dejar constancia de esos ratos.

Si ahora mismo te toca a ti el sitio del peso, en el de los hombros encogidos y la cabeza llena, quiero decirte una cosa con claridad: no tienes que salir de ahí sin ayuda. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, a cualquier hora, gratis y sin tener que dar tu nombre; al otro lado hay profesionales que saben escuchar. Si la situación es urgente, llama al 112. Para niños, adolescentes o adultos preocupados por uno, está la Fundación ANAR (900 20 20 10). Y quien viva en otro país tiene la lista de líneas de ayuda de cada lugar en findahelpline.com. Le dediqué un texto entero a por qué conviene hablar del suicidio sin tabú. Yo pedí ayuda, y por eso hoy puedo escribir sobre nubes.

Flotar no es escapar

Hay quien podría pensar que tanta nube es una forma de escaparse de la realidad. Lo entiendo, pero no lo veo así. Fíjate en que en ninguno de estos vídeos las nubes son el final. En «Float», después de las parejas con alas, el clip vuelve a las dos mujeres del principio, de pie, mirándose. En «Brilla Bruma», entre coche volador y coche volador hay playas de verdad, pueblos blancos, un descapotable con tres amigas entre girasoles y una tumbona junto a una buganvilla. En «Contact Overwhelms Me», después de la escalera vienen otra vez el vagón de metro, las recreativas y el tocador de espejos. Las nubes son una visita, no una mudanza.

Ficha de la canción «Float» de Mike Sain't Louis con su carátula: disco «El día de la liberación», canción n.º 149 de 273

Esa es la manera sana de flotar, creo. No quedarse a vivir arriba para siempre, sino subir cuando hace falta, descansar, mirar las cosas desde lejos para que vuelvan a tener su tamaño real, y bajar. Mi psicóloga me lo explicaría con otras palabras, más técnicas y más precisas que las mías. Yo lo explico con un columpio colgado de ninguna parte: se balancea hacia arriba, sí, pero vuelve, y en cada vuelta coge impulso.

Tres nubes para llevarte

Si te apetece hacer este paseo tú mismo, te propongo un orden.

Empieza por «Contact Overwhelms Me», que es la más corta, poco más de dos minutos. Espera a la escalera con los aros de neón y fíjate en lo pequeña que es la figura al principio y en cómo va creciendo a medida que la cámara se acerca. Es alguien que no tiene prisa.

Sigue con «Brilla Bruma». Busca el aparcamiento de coches sobre la niebla y cuenta cuántos colores hay. Luego espera a los saltos: ninguno aterriza. Si te sale una sonrisa, misión cumplida.

Y termina con «Float». Deja que el columpio te balancee al principio y, sobre todo, no te pierdas los segundos de nubes vacías que llegan después del minuto dos. Ahí el vídeo deja de contarte algo y simplemente te deja estar.

Por cierto: las tres están en mi web para oírlas y bajártelas gratis. No hay registro, ni pago, ni formulario con tu correo. Llévatelas al móvil y estarán a mano el día que necesites subir un rato al piso de arriba.

Quién hay detrás de estas nubes

Todo lo que se ve en estos vídeos, y todo lo que se escucha, sale de Planeta Gayfolk, el universo que voy construyendo canción a canción a lo largo de una trilogía de discos y de muchas canciones sueltas. Me presento por si llegas nuevo: soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical. La música y la interpretación vocal de mis temas están generadas con IA a partir de lo que yo escribo y produzco; las letras son mías, igual que el sonido que busco para cada tema y el montaje de los videoclips, plano a plano. Las nubes, los coches que flotan y las escaleras que no llevan a ninguna parte son decisiones mías, y cada una tiene un porqué, aunque a veces lo descubra después.

Si quieres seguir viajando por el planeta, la canción que da nombre al segundo disco, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», es una buena puerta de entrada. Y si algún día encuentras otra nube escondida en algún videoclip mío que no haya mencionado aquí, guárdatela. Seguro que también estaba ahí por algo.

Preguntas frecuentes

¿En qué videoclips de Mike Sain't Louis aparecen nubes? Sobre todo en «Float» (parejas con alas y un columpio entre nubes rosas), «Brilla Bruma» (coches y grupos de amigos flotando sobre la niebla), «Contact Overwhelms Me» (una escalera que sube entre nubes rosas con aros de neón) y, de forma más breve, «Can't Wait» (una cama rodeada de nubes y un coche rosa entre ellas).

¿Qué significan las nubes en Planeta Gayfolk? Funcionan como un piso de arriba del planeta: un sitio donde las cosas dejan de pesar. Aparecen cuando una canción quiere hablar de alivio, de descanso o de tomar distancia, sin que eso signifique quedarse a vivir allí.

¿Cuándo se publicaron estos videoclips? «Float» salió el 16 de septiembre de 2025, «Brilla Bruma» el 25 de septiembre de 2025, «Can't Wait» el 12 de octubre de 2025 y «Contact Overwhelms Me» el 3 de diciembre de 2025.

¿Quién hace estas canciones? Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical. La música y la interpretación vocal están hechas con IA a partir de sus letras y su producción.

¿Dónde se pueden escuchar y descargar? En mikesaintlouis.com, desde la página de descargas, de forma gratuita y sin registro. Los videoclips están en la sección Planeta Gayfolk de la web.