
By Mike Sain't Louis ·
Dos toreros de rosa sobre una ola: «Drift Away» y las playas de Planeta Gayfolk
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Si alguien dibujara un mapa de Planeta Gayfolk, tendría mucha costa. El planeta tiene ciudades, plazas de toros, museos, hospitales pintados de rosa y salones de boda, pero vuelve una y otra vez a la orilla. Hay playas de día y de noche, calas escondidas, paseos marítimos con las persianas bajadas, cruceros y mareas que brillan. Y hay una playa en la que los toreros se olvidan de la plaza y se suben a una tabla de surf. Esa playa es la de «Drift Away».
Este texto no recorre el vídeo plano a plano, aunque lo he mirado así, parándolo cada pocos segundos. Lo que quiero es colocarlo en el mapa: qué tiene esta playa que no tengan las otras, de qué otras canciones se acuerda y qué hace con dos de las figuras que más se repiten en el planeta, el torero y la fiesta.
Una canción del segundo disco
«Drift Away» está en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía, el de las ganas de irse. En el catálogo es la pista 151 de 273, entre «Amsterdam» y «Dans la nuit». El vídeo lo publiqué el 15 de agosto de 2025, un viernes, a las tres de la tarde en Madrid, en mitad del verano y con media España de vacaciones. Dura cuatro minutos y cuarenta y un segundos, y en la lista del canal está entre los de «Llorar» y «La lengua equivocada». Lo tienes completo en su página dentro de Planeta Gayfolk.
La letra aún no la he publicado, así que no voy a citar ningún verso. Me quedo con las imágenes, con el título y con las etiquetas que puse en la descripción de YouTube, que en este caso dicen mucho: #pinkbullfighters, #fluorescentbullfighters, #bullfightersurf, #fashiontorero, #surfingatnight, #nightocean, #neonwave, #featherfashion, #mediterraneanvibes, #chilloutvibes.
El rótulo sobre la tabla
El vídeo empieza con mi nombre y el título escritos en neón, rosa y amarillo, sobre una playa al atardecer. Entre las dos palabras, de pie encima de una tabla larga apoyada en el agua quieta, hay un chico con camiseta blanca y pantalón corto, mirando al horizonte.
La portada de la canción ya me ponía a mí sobre una tabla rosa, agachado dentro de una ola fucsia, como cuento en el texto sobre la tabla de surf y el arte de soltar los remos. El rótulo del vídeo coge esa idea y la calma: aquí la tabla no corre, flota. Es la primera señal de lo que es esta playa. No es una playa para hacer nada, sino para dejar de hacer.
Lo que hay en esta orilla
Si junto todo lo que sale en el clip, la playa de «Drift Away» tiene esto: olas verdes y turquesas que se cierran en tubo, surfistas diminutos dentro de ellas, pies descalzos que pisan la espuma con el pantalón remangado, una mano apoyada en una tabla blanca, una chica que medita con las piernas cruzadas en la orilla, alguien sentado en una tabla de noche bajo la luna llena con el agua brillando a su alrededor, un pueblo de casas blancas al fondo de una bahía, banderas de colores clavadas en la arena, siluetas que bailan a contraluz, dos manos que casi se tocan, una paella en mitad de una toalla, farolillos de papel que flotan de noche entre gente bañándose, una hoguera pequeña en un banco de arena, unos drones que vuelan sobre el agua, una figura de plumas tumbada en la arena y un chiringuito con luces de neón al final.
Es mucho, pero no se siente como una lista. Tampoco hay un protagonista claro que vuelva una y otra vez, como pasa en otros vídeos míos: la protagonista es la playa misma, con toda la gente que pasa por ella a lo largo de un día. El vídeo pasa de una cosa a otra al ritmo de las olas, sin prisa, y casi todo lo que enseña cabe en una tarde de verano que se convierte en noche.
Los primeros minutos: agua, pies y una bahía blanca
Los primeros minutos son casi solo mar. Una ola grande de color verde botella que se curva sobre sí misma hasta cerrarse, con la luz atravesándola desde dentro. Un surfista pequeño que baja por la pared de otra ola, tan lejos que parece de juguete. Una orilla con espuma blanca y una figura con su tabla entre la espuma. Y luego, muy cerca, unos pies descalzos que caminan por el agua poco profunda, con el pantalón blanco remangado hasta media pierna, levantando gotas a cada paso.

Esos pies me parecen la mejor entrada posible. Antes de que aparezcan los toreros, la bola de espejos o el chiringuito, el vídeo te pone en el sitio más sencillo: andando por la orilla, con el agua por los tobillos. Es lo primero que hace cualquiera cuando llega a una playa.
Después, un plano abierto de una bahía con un pueblo de casas blancas en la ladera, de esos que se amontonan frente al mar con las fachadas encaladas. No se dice dónde está. Podría ser cualquier costa del Mediterráneo, y precisamente por eso funciona: es la playa que cada uno tiene en la memoria. Más tarde, el mismo tipo de luz baña unas cabezas en primer plano que miran el mar mientras se va el sol, y tres siluetas de pie en la orilla con el cielo color melocotón.
Las otras playas del planeta
Lo bonito de esta playa es compararla con las demás. Cada canción del planeta que va al mar va a un mar distinto.
En «Breeze», la orilla es de una pareja vestida de blanco que camina descalza al atardecer, con un arcoíris sobre las rocas y una cápsula redonda que brilla en el agua. Es una playa romántica, de paseo lento.
En «Flow / We Glow», es de noche: mujeres de blanco caminan por la orilla bajo la luna llena y la marea se enciende en azul alrededor de los cuerpos que flotan. Es una playa casi mágica, sin un solo hombre.
En «Sunset Boulevard», la costa es de dunas, con una bailarina envuelta en gasa, una playa que hace de espejo con la marea baja y gaviotas sobre flores moradas, y la fiesta se queda en el bulevar.
En «La playa del Mal Pas» hay una cala pequeña, una hoguera y un planeta rosa en el cielo. En «La primera drag de Benidorm», unos zapatos de pedrería se quedan en el agua de una playa sin público. En «Croquetas en el crucero», el mar se ve desde la cubierta de un barco lleno de flotadores y buffet.
Y en «Drift Away», la playa es de todo el mundo a la vez. Hay parejas, grupos de amigos, gente sola que medita, fiesta, surf, cena en la arena y noche. Es la playa más poblada del planeta y, al mismo tiempo, la que más espacio deja para no hacer nada.
Los toreros salen de la plaza
La imagen que hace única a esta playa llega en los últimos minutos. Dos toreros con trajes de luces de color rosa fluorescente, con los bordados dorados y los capotes también rosas al viento, surfean cogidos de la mano. A veces van dentro del tubo de una ola enorme, turquesa y blanca, de espaldas a la cámara, con la luna al fondo. A veces los vemos de frente, de pie en la orilla con la espuma detrás, quietos, con las manos juntas. En otro plano están cara a cara, mirándose, con las manos entrelazadas a la altura del pecho. Y en uno de ellos, un dron vuela por encima de sus cabezas.

Antes de esos dos, ya había salido otro torero: uno con traje de luces granate y oro que surfea de pie, con los brazos levantados como para saludar, delante de una multitud que lo aclama desde la arena con banderas de colores. La plaza de toros se ha convertido en una playa, el público está en la orilla y no hay ningún toro.
En el planeta, el torero es una figura que se repite mucho. En «Cada cornada», los toreros lloran de rodillas en una plaza rosa llena de luz. En «Sol e Lua», dos toreros se besan delante de una favela, entre carteles contra la tauromaquia. En «Barcelona», toreros de oro y azul se abrazan entre azoteas. En «Soy marica sideral», desfilan por un salar agrietado.
«Drift Away» da un paso más: los saca del ruedo. Aquí el traje de luces ya no sirve para enfrentarse a nada. Es ropa de fiesta, de pasarela, de ir a la playa a lo grande. Las etiquetas lo dicen sin rodeos: #fashiontorero, torero como moda. Lo que en la plaza era un uniforme para el peligro, en el mar es un disfraz para jugar.
Me gusta mucho que los dos toreros de rosa vayan de la mano. En la plaza, el torero está solo frente al toro. En la ola, van dos, y no compiten. Nadie mira quién lo hace mejor. Se dejan llevar juntos por la misma agua, que es exactamente lo que dice el título.
La bola de espejos en el agua
Hay otra imagen que me hace sonreír cada vez que la veo. Dos personas, metidas en el mar hasta las rodillas al atardecer, levantan entre las dos una bola de espejos enorme, plateada, más grande que sus cabezas, como si la estuvieran llevando hacia dentro o sacándola del agua. La bola refleja el cielo rosa y el mar. El plano sale dos veces, una al principio y otra casi al final.
La bola de espejos es el objeto de la discoteca por excelencia. Meterla en el mar es una forma muy clara de decir que esta playa también es una pista de baile, pero sin techo, sin paredes y sin portero. En el planeta las fiestas suelen pasar en naves, azoteas o salones con humo. Aquí la fiesta se ha mudado a la orilla.
Y se nota en el resto del vídeo. Hay grupos de siluetas que bailan a contraluz en la arena, con el sol poniéndose detrás, levantando los brazos. Hay una multitud con banderas de colores aplaudiendo al torero que surfea. Hay unas banderas arcoíris, de las rayas y de otros colores, clavadas en la arena con el mar al fondo, moviéndose con el viento. No hace falta decir qué playa es: las banderas ya lo dicen.
La noche en el agua
Lo que más me llama la atención de esta playa es lo mucho que dura la noche. El vídeo empieza en un atardecer y termina en otro, pero en medio pasa mucho tiempo a oscuras, y la noche aquí no da miedo.

Hay una persona sentada sobre una tabla bajo la luna llena, con el agua encendida en un azul turquesa alrededor, como si la tabla flotara sobre una lámpara. Hay farolillos de papel encendidos, de los que se sueltan para que suban, flotando sobre el mar mientras varias personas se bañan entre ellos con el agua por el pecho. Hay una hoguera pequeña en un banco de arena rodeado de olas, con un par de figuras alrededor y un surfista que pasa por delante. Y hay dos caras muy cerca, un chico y una chica, mirándose de perfil con la luna detrás.
Una de las etiquetas que puse es #surfingatnight y otra #nightocean. Surfear de noche es algo que casi nadie hace, porque el mar se vuelve oscuro y no se ven las olas. En el vídeo es al revés: el agua brilla, los farolillos alumbran y los toreros fluorescentes son, literalmente, la luz de la escena. Es una noche en la que las cosas brillan por sí mismas.
La zona tranquila del planeta
En el diario de la web hay una entrada titulada «Canciones para bajar el ritmo» en la que conté que, aunque mucha gente conoce sobre todo el lado más festivo del planeta, el catálogo tiene también una zona tranquila. Puse cuatro títulos como ejemplo, cuatro canciones que desde el nombre hablan de dejarse llevar: «Dreams Drift Afar», «Whisper Fade», «Float» y «Drift Away».
Este vídeo es la parte de la playa que pertenece a esa zona. Junto a la fiesta, hay planos que son casi una pausa: la chica que medita en la orilla con los ojos cerrados y las manos sobre las rodillas, la silueta sentada con las piernas cruzadas sobre una tabla en un mar plano y rosa, una mano oscura que se apoya en la tabla sin moverla, la proa de una tabla vista desde encima, apuntando al sol sobre el agua quieta. Son planos largos, sin cortes rápidos, que obligan a bajar el ritmo aunque no quieras.
Lo que me interesa de «Drift Away» es que no separa las dos cosas. En el mismo vídeo está la bola de espejos y la meditación, el torero aclamado y la tabla quieta bajo la luna. Para mí eso es un buen verano: no tener que elegir entre la fiesta y el descanso, y poder pasar de una al otro sin dar explicaciones.
Plumas en la arena
Hay una figura en el vídeo que no se parece a ninguna otra. Tumbada de lado en la arena, al atardecer, con el pelo platino recogido, mucho maquillaje y un abanico de plumas blancas en la mano, lleva un traje de lentejuelas iridiscentes que le cubre las piernas como una cola. Parece una sirena que ha salido a tomar el sol, o una drag que se ha tumbado a descansar después del espectáculo. Sale dos veces.
La etiqueta #featherfashion la cubre a ella. En el planeta las plumas aparecen mucho, sobre todo en los tocados y las boas de las divas de «Sunset Boulevard» o en las figuras de carnaval de «Soy marica sideral». Aquí están en la arena, en un sitio donde las plumas no deberían durar ni un minuto con el agua y el viento. Y sin embargo ahí están, impecables. Es otra manera de llevar la fiesta a la orilla.
La cena en la toalla y los drones
Entre las imágenes más cotidianas hay una que me hace mucha gracia: cinco amigos sentados en una toalla de rayas en la arena, con ropa de colores, alrededor de una paellera enorme puesta al fuego en mitad de la playa. Es lo más mediterráneo de todo el vídeo y conecta con la etiqueta #mediterraneanvibes. Si el planeta tiene costa, tiene paella en la arena.

Y luego están los drones. Uno vuela delante de una chica de espaldas que mira el mar al atardecer. Otro sobrevuela el agua de noche. Otro aparece por encima de los dos toreros de rosa. Son un detalle muy de ahora en un vídeo que, por lo demás, podría ser de cualquier verano. Me gusta pensar que en Planeta Gayfolk también se graban las fiestas desde el aire.
El chiringuito del final
El vídeo termina como empiezan muchas noches de verano: en un chiringuito. Una caseta de madera con tejado de paja sobre la arena, con rótulos de neón rosa y azul, luces encendidas y una fila de banderas de colores ondeando en el techo. Alrededor, gente de pie con algo en la mano, charlando. Es la hora azul, justo después de que se ponga el sol. El último plano lo enseña de lejos, con el mar a un lado y la arena oscura.
No hay cartel final ni portada del disco. La playa simplemente sigue, y el chiringuito queda abierto. Para un vídeo que se llama «Drift Away», me parece el mejor final posible: nadie se va a casa, nadie cierra, la noche se queda flotando.
El título: dejarse llevar por la corriente
«Drift away» en inglés es dejarse arrastrar, irse a la deriva, alejarse poco a poco sin remar. Puede sonar a algo triste, a perderse, pero en esta canción no lo es. Cuando escribí sobre la portada dije que proponía dejar de remar y que el agua eligiera el rumbo, y el vídeo hace justo eso con todo lo que toca.
Lo hace con el agua, que lleva a los surfistas sin que nadie parezca esforzarse demasiado. Lo hace con los farolillos, que flotan hacia donde los empuja el mar. Lo hace con la bola de espejos, que entra en el agua sin que se sepa adónde va. Y lo hace con los toreros, que en lugar de plantarse firmes en la arena, como manda su oficio, se dejan llevar por la ola cogidos de la mano.
En un planeta lleno de canciones sobre resistir, aguantar y plantar cara, me parece importante que también haya una que hable de soltar. No de rendirse, sino de dejar de pelear un rato con el agua. Las dos cosas caben en el mismo verano.
Lo que añade esta playa al mapa
Si «Breeze» es la playa de la pareja, «Flow / We Glow» la de la noche mágica, «La playa del Mal Pas» la de la cala secreta y «La primera drag de Benidorm» la de quien baila sin público, «Drift Away» es la playa de la comunidad. Es la orilla en la que caben todos: el que surfea y el que medita, los que bailan y los que cenan, la figura de plumas y los toreros de rosa.
Y es, sobre todo, la playa en la que el torero deja de estar solo. En el resto del planeta, el traje de luces viene cargado de historia: la plaza, el peligro, el luto, la protesta. En esta orilla, dos chicos lo llevan para surfear de la mano dentro de una ola. Eso es lo que más me gusta de esta canción dentro de la trilogía: que toma una de las imágenes más duras de la tradición y la mete en el agua hasta que se vuelve ligera.
Si te apetece llevarte esta playa contigo, la canción se puede escuchar y descargar gratis en la sección de descargas de la web, directa, sin registrarte ni pagar.
Preguntas frecuentes
¿En qué disco está «Drift Away»? En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk. En el catálogo es la pista 151 de 273, entre «Amsterdam» y «Dans la nuit».
¿Cuándo se publicó el videoclip? El 15 de agosto de 2025. Dura cuatro minutos y cuarenta y un segundos y se puede ver en YouTube y en la web.
¿Salen toreros en el vídeo? Sí. Dos toreros con trajes de luces rosas fluorescentes surfean cogidos de la mano dentro de una ola, y otro torero surfea delante de una multitud con banderas de colores. No hay ningún toro.
¿Qué otras canciones de Planeta Gayfolk pasan en la playa? Entre otras, «Breeze», «Flow / We Glow», «Sunset Boulevard», «La playa del Mal Pas» y «La primera drag de Benidorm».
¿Se puede descargar la canción? Sí, gratis, desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.