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Un sol y una luna sobre la favela: «Sol e Lua» y los toreros que se besan en Planeta Gayfolk

En el cielo de mi planeta el sol y la luna pueden estar a la vez. No es una metáfora, es lo primero que se ve en el videoclip de «Sol e Lua»: un atardecer naranja en el campo, palmeras recortadas, un sol bajo a la izquierda del encuadre y, arriba a la derecha, una luna llena blanca. Debajo, dos hombres se miran y se ríen.

Y lo último que se ve es lo mismo, pero de noche: un sol enorme y anaranjado y una luna creciente, uno al lado de la otra, encima de un cerro lleno de casas con las luces encendidas. Debajo, dos toreros abrazados, de espaldas, mirando ese cielo imposible.

Entre esas dos imágenes pasa de todo: un vaquero, un activista con una camiseta contra la tauromaquia, besos delante de una favela, una calle que se pone a bailar y una marcha con pancartas. Este post no va a recorrer el clip plano a plano, sino a contar algo distinto: dónde encaja «Sol e Lua» en Planeta Gayfolk, qué personajes del planeta reúne y con qué otras canciones mías conversa.

La canción forma parte de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía. Subí el videoclip a YouTube el 19 de abril de 2025, a primera hora de la tarde en Madrid, y dura tres minutos y veintitrés segundos. Lo tienes también en la página del vídeo dentro de mi web, por si quieres ir parándolo mientras lees.

Un título en portugués

Lo primero que llama la atención es el idioma. «Sol e Lua» está en portugués, y no es la única canción de mi catálogo con título en esa lengua: también están «Que isso» y «Pura magia». Planeta Gayfolk es un planeta que se inventó en Madrid, pero no tiene una sola lengua. Hay canciones en castellano, muchas en inglés y unas pocas en portugués, y cada idioma trae su propio clima.

El portugués trae calor, ritmo de calle y una cierta dulzura que en castellano me costaría más. La frase que más se repite, «Sol e lua dança na rua», cabe en una línea y se entiende casi sin saber el idioma: el sol y la luna bailan en la calle. Es casi un dibujo infantil, y el vídeo lo toma al pie de la letra.

La descripción de YouTube también está escrita con ese acento. Arriba dice «videoclipe oficial», con la e final del portugués, y debajo hay una lista larga de etiquetas en portugués y en castellano. Esas etiquetas son una buena guía para entender qué quería hacer con el vídeo, así que las iré usando a lo largo del post.

El vaquero y el chico de la camisa vaquera

La primera pareja del vídeo es la más sencilla. Un hombre con sombrero de vaquero de paja y camisa de cuadros roja y negra, con barba, y otro con camisa vaquera azul, sin sombrero. Están en un camino de tierra entre palmeras y vegetación, al atardecer. Se cogen de la mano, se acercan, se ríen con la boca muy abierta, levantan el puño como si celebraran un gol.

En la descripción puse etiquetas como #SertanejoGay, #SertanejoRomântico y #SertãoQueer. El sertanejo es la música de campo de Brasil, la de los sombreros, las camisas de cuadros y las historias de amor rurales. Ese es el único dato de fuera que necesito para explicar la escena: el vaquero no es un vaquero del oeste americano, es un vaquero sertanejo. Y en mi planeta el vaquero sertanejo tiene novio.

Esto conecta con el nombre mismo del mundo que he construido. Gayfolk es la mezcla de lo gay y lo folk, de lo queer y lo popular, de la pluma y el folclore. En España ese folclore es el flamenco, la copla, la sevillana, la verbena, el torero. En el vídeo de «Sol e Lua» el folclore se va al otro lado del océano y se pone sombrero de paja. La idea es la misma: la música de pueblo, la de toda la vida, también puede contar un amor entre dos hombres.

Hay un momento en que a la pareja la envuelve una nube de polvos de colores, amarillos, naranjas, rosas, verdes, como en una fiesta. Al vaquero se le queda la cara manchada de verde azulado. Se ríen más. Es la imagen más alegre de todo el vídeo y, para mí, una de las más alegres de todo el planeta.

Un paréntesis en blanco y negro

Muy al principio, durante unos segundos, el color desaparece. Aparece un plano en blanco y negro, con grano, de dos chicos jóvenes en una habitación: uno con gafas de aviador y el pelo peinado hacia arriba, el otro sin camiseta, con la mano levantada. Parece una foto de fiesta, de esas de madrugada con flash.

Tres fotogramas de «Sol e Lua»: un vaquero y un chico con camisa vaquera al atardecer con la luna en el cielo, dos toreros que se besan ante una favela y un activista con camiseta contra la tauromaquia junto a un torero

Dura muy poco y luego el vídeo vuelve al campo dorado. Lo menciono porque en Planeta Gayfolk el blanco y negro casi siempre señala otro tiempo: un recuerdo, una noche de antes, algo que ya pasó. Aquí funciona igual. Antes del sol y la luna, hubo otra noche.

El torero frente al activista

El primer torero del clip no llega solo. Delante de él, sonriendo, hay un chico con una camiseta blanca que dice en letras negras «CONTRA LA TAUROMAQUIA», con una señal de prohibido debajo. El torero, con chaquetilla roja bordada en oro, levanta el puño y se ríe. Más adelante aparece otro chico con otra camiseta, «DEFENSA ANIMAL», con la silueta de un perro, y a su lado está el vaquero, ahora con el sombrero de paja y una chaquetilla de torero bordada encima, señalando a cámara.

Esa imagen del vaquero con traje de luces me parece de las más importantes del vídeo, porque junta dos personajes de mi planeta en un solo cuerpo: el hombre de campo del sertanejo y el torero del folclore español. Y lo pone al lado de alguien que está en contra de los toros. No pelean. Se ríen juntos, manchados de polvos de colores.

En la descripción puse #Antitaurino, #NoALaTauromaquia y #StopTauromaquia, pero también #ToreroQueer y #DragTorera. Parecen etiquetas contradictorias. No lo son, y esa es justo la manera en que el planeta trata a los toreros.

Los toreros del planeta

Quien haya seguido mis videoclips sabe que en Planeta Gayfolk hay muchos toreros. En «No te vuelvo a mirar más» hay un torero con alas en una plaza vacía. En «Soy marica sideral» los trajes de luces se van al desierto. En «Barcelona» dos toreros se besan en la portada. En «La música me está salvando» hay una plaza con un toro absurdo. Y en «Cada cornada» la plaza entera se vuelve rosa.

Todos esos toreros tienen algo en común: casi nunca torean. Ninguno mata un toro. El traje de luces les sirve para otra cosa: para volar, para desfilar, para besarse, para llorar. Es la prenda más brillante y más ceñida del folclore español, y en mi planeta se la quedan los que siempre fueron señalados por brillar.

«Sol e Lua» da un paso más. Saca a los toreros de la plaza del todo. Aquí no hay ruedo, ni arena, ni gradas, ni toro. Hay un camino de tierra, una favela, una calle estrecha con casas de colores, una noche con las luces del cerro encendidas. El torero de «Sol e Lua» es un torero que ya no vuelve a la plaza. Y el vídeo termina con él marchando al lado de una pancarta que dice «No a la tauromaquia».

Esa es la idea que más me importa del vídeo dentro del planeta: el traje se queda, el toro se salva. Lo que se conserva del folclore es el brillo, la pluma, el bordado, el baile. Lo que se suelta es la sangre.

Me gusta, además, que el vídeo no convierta al torero en el malo. Sería fácil: poner al activista con razón y al torero avergonzado. No pasa eso. El torero de la chaquetilla roja se ríe con el chico de la camiseta, y el vaquero se pone la chaquetilla encima para estar a su lado. Nadie tiene que renunciar a su ropa para cambiar de idea. En un planeta inventado por alguien que creció oyendo que la pluma era un defecto, eso tiene mucho sentido: no se trata de quitarse el brillo, sino de decidir para qué se usa.

Dos toreros que se besan delante de una favela

La imagen más repetida del vídeo es esta: dos toreros, uno con chaquetilla negra y oro y otro con chaquetilla parecida, se besan en primer plano. Detrás se levanta una ladera entera llena de casas apiladas de colores, verdes, amarillas, naranjas, con ventanas pequeñas y tejados planos. Es una favela, y la descripción lo dice con etiquetas como #FavelasDoBrasil, #AmorNaFavela y #BeijoNaRua, pero también #FavelasColombianas, #GuatapéColorido y #CartagenaQueer.

Collage de «Sol e Lua» con su carátula de dos hombres bailando entre el atardecer y la noche y las portadas de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», «Que isso», «No te vuelvo a mirar más» y «Soy marica sideral»

No elegí un solo país. Las etiquetas hablan de Brasil y de Colombia a la vez, y el decorado se parece a los dos: a los cerros de casas de las ciudades brasileñas y a los pueblos de fachadas pintadas de colores de Colombia. Planeta Gayfolk no es un mapa exacto, es un mapa sentimental. Aquí el barrio es latinoamericano en general, el de las casas de colores que suben por el monte.

En otro plano los dos toreros están en una calle estrecha de ese barrio, entre fachadas azules y blancas, frente a frente. Uno lleva traje rojo y oro; el otro, negro y oro, con la montera puesta. Se dan la mano como dos rivales antes de un duelo, y se miran. Pero no hay duelo. Hay un beso, otra vez, unos planos más tarde.

Un beso entre toreros delante de un barrio popular es, para mí, la versión más pura del gayfolk: el folclore más masculino y la escena más cotidiana, y en medio, el amor que durante tanto tiempo no podía estar en ninguno de los dos sitios.

La noche con dos astros

Cuando el vídeo se hace de noche aparece la imagen que le da el título y que yo uso como cielo del planeta. Un sol grande, redondo, anaranjado, con la textura de una bola de fuego, a la izquierda. Una luna creciente, fina y blanca, a la derecha, con estrellas alrededor. Debajo, el cerro de la favela con cientos de ventanas encendidas y los cables de la luz cruzando el encuadre.

Delante, los dos toreros, en primer plano, frente con frente. Uno le toca la cara al otro. Se acercan, casi se besan. En otro plano, ya al final, se dan la vuelta y quedan de espaldas a la cámara, con el brazo de uno sobre los hombros del otro, mirando los dos astros.

Si en el primer plano del vídeo el sol y la luna convivían en un atardecer, aquí conviven en mitad de la noche. Eso, en el cielo de verdad, no pasa. En el de mi planeta, sí. Y me parece la mejor imagen que he encontrado para una pareja de dos hombres: no son el día y la noche, uno que llega cuando el otro se va. Son dos astros en el mismo cielo, a la vez, sin que ninguno tenga que apagarse.

La luna, por cierto, es una de las grandes protagonistas de mis videoclips. En el de «Me rindo» no se va de la pantalla en tres minutos. Pero allí es una luna solitaria, gigante, que vigila a alguien atado con sábanas. En «Sol e Lua» la luna tiene compañía. Es la misma luna del planeta, en otro estado de ánimo.

Una calle que baila

En la segunda mitad, el vídeo baja a la calle. Una calle empedrada de ese barrio de colores, con banderines de papel colgando entre las fachadas, se llena de gente que baila: muchas mujeres con vestidos cortos de colores, rojo, naranja, rosa, azul, turquesa, y en medio, varios toreros. Uno con traje rojo y negro, otro con chaquetilla negra, otro con traje azul de luces que abre los brazos en medio de la calle. Bailan en pareja, de la mano, girando. Hay nubes de humo de colores y una bandera del arcoíris.

Fotogramas de la calle y la marcha de «Sol e Lua»: toreros que bailan entre carteles de orgullo y toreras con pancartas de justicia trans y contra la tauromaquia

Por encima de las cabezas asoman carteles de cartón. Uno dice «JUSTICE», otro «ORGULLO», otro «JUSTICIA TRANS». La fiesta ya es una manifestación, o la manifestación ya es una fiesta. En mi planeta casi nunca están separadas.

Las etiquetas de la descripción dicen #DançaNaRua, #ProtestoColorido, #ResistênciaLGBT y #ArteNasRuas. Y ahí está otra vez la frase de la canción, «dança na rua», hecha imagen: no es el sol y la luna los que bailan en la calle, son los vecinos, los toreros y las chicas, debajo del sol y de la luna.

Bailar en la calle aparece también en otros vídeos míos. En «I want to be a TikTok star» la gente baila sola, cada uno en su casa, en su cocina o en su azotea. En «Sol e Lua» es al revés: nadie baila solo, todos bailan juntos y en el mismo sitio, en mitad de una calle. Son dos maneras de bailar que tiene el planeta, la de la habitación y la de la plaza del barrio.

La marcha de las toreras

Lo que viene después es lo que más me emociona del vídeo. La calle se convierte en una marcha. Una fila de mujeres con chaquetillas rojas de torera, bordadas en oro, medias y botas, avanza con carteles en alto. «JUSTICIA TRANS» en letras rojas sobre cartón. «NO A LA TAUROMAQUIA» con el dibujo de un toro dentro de un círculo tachado. Entre ellas ondean banderas del orgullo y banderas trans, con sus franjas azul claro, rosa y blanca.

En la descripción las llamé con etiquetas como #ToreraTrans, #ToreraAntitaurina, #TransPoderosas, #MarchaTrans, #TransEnTacones y #VisibilidadTrans. Son toreras trans que marchan contra los toros. Si hay una imagen que resume lo que intenta hacer Planeta Gayfolk con el folclore, es esa: el traje de torero en el cuerpo de una mujer trans, en una marcha contra las corridas, por la justicia trans.

El traje de luces siempre se ha contado como la ropa de un hombre muy concreto, el más valiente, el más macho, el que se juega la vida delante de un animal. En la marcha lo llevan ellas, con tacones, con melena, con pancartas, y les queda perfecto. No hay ni un solo plano en el que parezca un disfraz. Parece suyo. Para mí es la vuelta completa: el folclore que excluía a tanta gente, convertido en uniforme de quienes reclaman su sitio.

A un lado de la marcha, los dos toreros de antes se siguen besando. Y en otro plano, toreros y toreras forman una fila con las manos cogidas y levantadas, como al final de un espectáculo, con la luna saliendo por encima de los cerros y las pancartas detrás.

No he querido que la marcha tenga un enemigo en pantalla. No hay policía, no hay contramanifestantes, no hay nadie gritando contra ellas. Hay solo la marcha, las banderas y el barrio. En mi planeta las marchas no se cuentan desde el miedo sino desde lo que se pide.

El planeta también mira hacia el otro lado del mar

Muchas de mis canciones pasan en sitios muy concretos de España, como «Madrid to Benidorm» o «Barcelona». «Sol e Lua» es de las pocas que se van del todo, a un barrio de casas de colores en Latinoamérica, con palmeras, cables de luz y cerros.

Ficha de «Sol e Lua», canción 54 de 273 del disco «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», con letra y producción de Mike Sain't Louis

Las etiquetas lo dicen sin rodeos: #LatinoaméricaLucha, #LatinoaméricaDiversa, #PrideLatino, #PrideBrasil, #PrideColombia, #ColombiaDiversa, #BrasilQueer. No quise contar ningún hecho de esos países en el vídeo, ni hacer un documental. Quise que mi planeta tuviera también un barrio allí, y que en ese barrio pasaran las mismas cosas que en el resto del planeta: un beso entre toreros, una fiesta, una marcha.

Hay otra cosa que me gusta de ese barrio, y es que nunca se ve vacío del todo. Incluso en los planos de los dos toreros solos hay ventanas encendidas detrás, cables, tejados, la sensación de que alrededor vive gente. Los besos no pasan en un decorado aislado ni en una playa desierta, sino a la vista de un cerro entero. Para una pareja de dos hombres, besarse donde te ven los vecinos es una pequeña conquista, y el vídeo la repite tantas veces que acaba pareciendo lo normal. Que es justo lo que debería ser.

Es la misma idea que hay detrás del título del disco, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». Gayfolk no es un sitio en el mapa. Es un lugar al que me gustaría que se pudiera viajar, y en el que caben un camino de tierra en el sertão, una favela, una calle de Cartagena y una plaza de toros pintada de rosa.

Lo que ya había contado y lo que añade este post

De esta canción ya había escrito sobre su portada en «Mejilla con mejilla», que habla de los dos hombres que bailan en la frontera entre un atardecer y una noche azul. La portada es íntima: una pareja, un baile lento, nada más.

El vídeo amplía esa pareja hasta convertirla en un barrio entero. Empieza con dos hombres en un camino, como en la portada, y termina con una calle llena de gente y una marcha. Es como si la canción, que en la portada es un baile de dos, en el vídeo se hubiera vuelto colectiva.

Eso es algo que me pasa mucho con mis canciones dentro del planeta: lo que empieza como una historia de pareja acaba siendo una historia de comunidad. Los besos y las pancartas están en el mismo vídeo porque en la vida de mucha gente queer están en la misma calle.

Dónde está en el catálogo

Entre las 273 canciones del catálogo, «Sol e Lua» ocupa el lugar 54. Entre los 276 vídeos del canal es el 165, y detrás viene «Tan cateto», que vuelve a la España de pueblo. Me gusta ese paso de un barrio latinoamericano a un pueblo de aquí: son dos caras del mismo folclore.

Yo firmo la letra y la producción, como letrista, compositor y productor musical, y la música e interpretación vocal hechas con IA ponen el portugués en el aire. Los vaqueros, toreros, toreras y vecinos del clip son figuras generadas: ninguno es una persona real.

Para la próxima vez que lo pongas

Primero: en los planos del atardecer del principio, busca la luna. Está arriba a la derecha, pequeña, mientras el sol se pone a la izquierda. Es el anuncio de la última imagen.

Segundo: fíjate en el vaquero cuando aparece con la chaquetilla de torero. Es el momento en que el sertanejo y el folclore español se convierten en el mismo personaje.

Tercero: lee las pancartas de la marcha. Ninguna habla de los toreros; hablan de justicia trans y de los toros. Y quienes las llevan visten de torera.

Preguntas frecuentes

¿Dónde se puede ver el videoclip de «Sol e Lua»? En el canal oficial de YouTube de Mike Sain't Louis y en la sala de vídeos de mikesaintlouis.com. Se publicó el 19 de abril de 2025 y dura tres minutos y veintitrés segundos.

¿En qué disco está «Sol e Lua»? En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk. En la lista del catálogo es la canción 54 de 273.

¿En qué idioma está la canción? En portugués. Su frase más repetida es «Sol e lua dança na rua».

¿Por qué salen toreros en un vídeo contra la tauromaquia? Porque en Planeta Gayfolk el traje de luces se conserva como folclore, brillo y pluma, y el toro se salva. En el vídeo los toreros se besan, bailan y marchan junto a pancartas que dicen «No a la tauromaquia» y «Justicia trans».

¿Dónde está rodado? No es un lugar real: es un barrio de casas de colores inventado para el planeta. Las etiquetas de la descripción hablan de favelas de Brasil y de pueblos y ciudades de Colombia.

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