
Por Mike Sain't Louis ·
«Tú tan cachas, yo tatuado»: el inventario de la pareja gay del año
Una nota doblada en cuatro, flotando en el agua de un váter. Esa es la última imagen de la relación, y la canción tarda dos estrofas en llegar a ella. Antes hace inventario.
«Éramos la pareja gay del año / Tú tan cachas, yo tatuado.»
Así empieza a desmontarse una pareja de escaparate en «Mi novio de Albacete». Ya escribí sobre esta canción en el blog, en mi novio de Albacete, el pueblo, la capital y por qué los tópicos me hacen gracia, y la ficha de la canción cuenta la historia por encima. Aquí no voy a hablar de Albacete ni de lo que pasa en la canción. Voy a hablar de cómo está hecha. De esa manía mía de contar una ruptura como si fuera la lista de la compra de una pareja: tú esto, yo aquello.
Porque esa estructura, que parece la más simple del mundo, es una trampa. Y la trampa me la puse a mí.
Tú esto, yo aquello
La letra está construida a base de parejas. Cada verso coloca a los dos miembros de la relación uno frente al otro, con una sola palabra para cada uno.
Tú tan cachas, yo tatuado. Tú tan fitness, yo tan guapo. Yo currando, tú con lo tuyo. Tú por Grindr, yo disfrazado. Tú pelazo negro, yo encantado. Yo tan bueno, y tú un coñazo. Yo soñando, tú actuando.
Si las lees seguidas, parecen los subtítulos de un álbum de fotos. Cada pareja de palabras es una foto: los dos en el gimnasio, los dos en la playa, los dos en una boda de un primo, los dos en el sofá. Y debajo de cada foto, la misma frase seca que la tacha: me has engañado.
Esta técnica tiene un nombre en la retórica de toda la vida, el paralelismo, y una tradición enorme en la canción popular. Las coplas de desamor la usan mucho. Las sevillanas también. Es la forma más rápida de enseñar una relación: dos columnas, una para cada uno, y que el oyente sume.
Lo que yo hice fue torcer las columnas.
La lista está trucada
Mira con atención lo que dice cada uno.
Al principio, las parejas parecen equilibradas. Cachas y tatuado son dos formas de lucir cuerpo. Fitness y guapo, dos maneras de presumir. Hasta ahí, la pareja gay del año: dos hombres de catálogo, cada uno con su punto fuerte, posando para Instagram. Nadie gana.
Luego la balanza empieza a inclinarse. «Yo currando», dice el narrador, mientras el otro está a otra cosa que la letra deja a medias. «Tú por Grindr, yo disfrazado.» Ahí ya se ve el desequilibrio: uno busca fuera y el otro se esfuerza dentro, con sus disfraces, sus fiestas temáticas, sus ganas de agradar. «Yo tan bueno, ¡y tú un coñazo!» Aquí el narrador ya está repartiendo medallas.
Y entonces llega el verso que lo desmonta todo: «Tú tan p, yo tan fracasado».
Esa palabra cortada en la «p» la dejo para tu imaginación, que seguro que acierta. Lo importante es la segunda mitad. Fracasado. Después de tanta medalla repartida, el narrador se pone a sí mismo la peor etiqueta de la lista. No tatuado, no guapo, no bueno. Fracasado.
Esa es la trampa de la que hablaba. Las listas de «tú esto, yo aquello» suelen servir para quedar bien. El que cuenta la ruptura se coloca en la columna buena y al ex en la mala. Yo empecé así, como todo el mundo. Y a mitad de camino me salió el autorretrato honesto. Porque cuando te engañan, durante un tiempo no te sientes la víctima digna de la película. Te sientes tonto. Te sientes el que no se enteró. Te sientes fracasado.
El pudor de la autoparodia
En mis canciones de ex hay casi siempre un momento así, en el que el narrador se da la vuelta y se señala a sí mismo. En «La casa de los mil cadáveres» hay una pregunta que me hago a gritos, «¿cómo soy tan tonto?». En esta, la palabra es fracasado. En otras será pringado, iluso, idiota.

No lo hago para dar pena. Lo hago porque el chiste que solo apunta hacia fuera se gasta enseguida. Si el narrador es perfecto y el ex es un monstruo, la canción se vuelve un panfleto de venganza y deja de hacer gracia a la tercera escucha. Si el narrador también es ridículo, la canción respira. El oyente se reconoce en los dos lados.
Lo conté en pequeña tipología cómica de exnovios, donde repaso los distintos tipos de ex que aparecen en mis letras. El novio de Albacete es de un tipo muy concreto, el de escaparate: el que queda divino en las fotos y en casa no está. Pero esa tipología tiene una sección oculta, la de los narradores, y en ella el de esta canción sería el del «yo me lo creí todo».
Éramos la pareja gay del año
Ahora la frase que se repite antes de cada inventario. «Éramos la pareja gay del año.»
Esa frase tiene algo de premio de revista. La pareja del año, como el coche del año o la canción del verano. Hay concursos para todo, y la vida gay de redes tiene el suyo invisible: la pareja que todos ponen de ejemplo, la que sale en las fotos de la fiesta del Orgullo con camisetas a juego, la que tiene un perro con nombre de diva del pop.
Me interesa mucho esa presión. Cuando eres una pareja de dos hombres que se ve, que se exhibe, cargas con una especie de responsabilidad absurda: tienes que salir bien, porque hay mucha gente mirando y esperando que salgas mal. La pareja gay del año no puede tener una mala tarde. Tiene que ser fitness, tatuada, guapísima, con cuenta compartida y anillo de compromiso.
La canción dice «éramos», en pasado. Y lo dice tantas veces que el pasado se va volviendo irónico. A la tercera repetición ya no suena a nostalgia, suena a sarcasmo. Éramos la pareja gay del año. Sí, claro. En las fotos.
Sobre esto, sobre las canciones de amor gay que acaban bien y las que no, tengo un texto que va en la dirección contraria: hacen falta canciones de amor gay que salen bien. Lo sigo pensando. Pero también hacen falta canciones que se rían de la pareja perfecta, porque la pareja perfecta es un invento de Instagram y a todos nos sienta mal compararnos con ella.
Me has engañado, otra vez
Hay una frase que se repite más que ninguna en toda la canción, más incluso que lo de la pareja del año: «Me has engañado». Abre cada bloque. Antes de cada inventario, el narrador lo suelta, como quien da un golpe en la mesa para que todo el mundo se calle.
Lo curioso es que la repetición no la vuelve más dramática, sino más cómica. La primera vez, «me has engañado» suena a portazo. La cuarta, suena a disco rayado, a ese amigo que lleva tres semanas contándote lo mismo en cada caña y que cada vez arranca igual: «Es que me engañó, ¿sabes?». Sí, cariño, lo sabemos. Cuéntanos lo del retrete otra vez.
Y eso también es verdad sobre los desengaños. Durante un tiempo no puedes hablar de otra cosa. La canción no esconde ese bucle: lo convierte en estructura. Cada estrofa es otra vuelta a la misma herida, con un detalle nuevo cada vez. El cachas, el fitness, el pelo negro. Como cuando repasas fotos en el móvil a las tres de la mañana buscando la pista que se te escapó.
La salida del bucle llega al final, cuando deja de decir «me has engañado» y dice «ten cuidado». Del yo al vosotros. Ahí se acaba el duelo y empieza el chisme. Buena señal.
Grindr y Wapo
Las aplicaciones tienen papel en la canción, con nombre y apellido. El novio de Albacete anda en Grindr mientras el narrador se disfraza, y en el estribillo ya está colgando en Wapo una foto que, digamos, no es de su cara. La letra lo dice con una exclamación que no repito aquí, pero que es fácil de imaginar.

Me gusta nombrar las apps. Es una de mis manías: si existe una marca concreta, la uso. Decir «una aplicación de citas» es de folleto. Decir Grindr es decir un sonido de notificación, una cuadrícula de torsos sin cabeza, un «hola, qué buscas». Y Wapo, que mucha gente de fuera del ambiente no conoce, es el detalle que hace que la canción suene a verdad para quien sí la conoce.
Lo que hacen las apps en la historia es acelerar. El novio de Albacete no tarda nada en volver al mercado. La letra lo dice con una frase muy española: «Te ha faltado tiempo». Esa expresión la usan las madres cuando alguien se lanza demasiado rápido a algo. «Le ha faltado tiempo para irse con la otra.» Puesta junto a una foto en una app, suena a comedia de vecindario.
Cinco horas para una nota
Y ahora sí, la imagen que abría este texto. «Has viajado cinco horas para dejar una nota / ¡Que ha acabado en el retrete!»
Lo que más me gusta de esa frase es la desproporción. Cinco horas de viaje. Una nota. Para eso no hacía falta moverse: existe el WhatsApp, existe el correo, existe hasta el fax para los nostálgicos. Pero no. El novio de Albacete se toma la molestia de hacer el viaje entero para dejar una despedida por escrito, como en una película de los años cuarenta. Y el destino final de ese gesto romántico de cartón es el váter.
¿La tiró el narrador o acabó allí por accidente? La letra no lo aclara, y yo tampoco pienso aclararlo. Las dos lecturas me hacen gracia. Si la tiró él, es una venganza mínima, doméstica, de tirar de la cadena y adiós. Si fue un accidente, es todavía mejor: el universo se encarga de poner las cosas en su sitio.
Las notas de despedida son un género con mucho peso dramático. Las cartas de amor que nunca se envían, las cartas de suicidio de las películas, la nota en la nevera de «me voy y no vuelvo». En mi catálogo hay canciones enteras construidas como cartas. Aquí la carta dura un verso y termina en el desagüe. Es la versión de saldo del drama epistolar.
Ten cuidado
El final cambia de tono. Deja de hablarle al novio y le habla a todo el mundo. «Ten cuidado con el novio de Albacete», dice, como quien pega un cartel en el portal. Y añade una razón que es un chiste de lengua viperina sobre lo fácil que es el muchacho.

Ese cambio de destinatario me interesa mucho como técnica. Durante toda la canción, el narrador habla con su ex: tú tan esto, tú tan aquello, me has engañado. Al final, se gira hacia el público, como en el teatro cuando un personaje rompe la cuarta pared. Y lo que dice es un aviso a navegantes. La conversación privada se convierte en advertencia pública.
Es la misma operación que hacen muchas canciones mías de narcisistas: primero el ajuste de cuentas, luego el anuncio para la siguiente víctima. En el caso de Albacete no hay narcisismo, solo infidelidad y mucho morro. El aviso es más chismoso que solidario. Pero la forma es la misma: el ex como producto defectuoso, con su etiqueta de advertencia.
Arnés y cortina rosa
La portada pone cara al novio, o a alguien que podría serlo. Un hombre con barba recortada y tupé, sentado delante de una pared de plumas o flecos fucsia que parece la cortina de un camerino de cabaret. Lleva un arnés negro de tiras sobre el pecho desnudo, con un tatuaje enorme de alas en el esternón, y una pierna recogida con pantalón negro de charol. Mira a cámara con media sonrisa, de esas que saben exactamente el efecto que causan.
Mi nombre va arriba, en blanco. El título abajo, en letras altas y estrechas, con un subrayado rosa como de rotulador.
Es la foto de la pareja del año pero con un solo miembro. Falta el otro. Y esa ausencia me parece perfecta para la canción: el narrador no sale, igual que no salía en las fotos importantes, o salía disfrazado. Lo que vemos es el escaparate, el cachas tatuado de la primera estrofa posando para la app. El de «Tú tan cachas, yo tatuado», solo que aquí parece que el tatuado también es él. Se lo ha quedado todo, hasta los adjetivos del otro.
Yo disfrazado
Hay una palabra de la lista que quiero rescatar porque pasa muy deprisa: disfrazado. «Tú por Grindr, yo disfrazado.»
¿Disfrazado de qué? La letra no lo dice, y me gusta que no lo diga. Puede ser literal: el narrador que se pone el traje de marinero para la fiesta temática, el arnés de la noche del cuero, las alas de ángel del Orgullo. Puede ser figurado: el que se disfraza de novio feliz, de pareja estable, de hombre al que no le pasa nada. Las dos lecturas funcionan, y las dos son tristes debajo del chiste.
Porque el disfraz, en esa pareja de palabras, es lo contrario de la app. Uno busca fuera con su cara verdadera, o con lo que no es su cara. El otro se esfuerza dentro con una cara prestada. Ninguno de los dos está siendo del todo él mismo, pero solo uno está engañando.
Yo currando
Y otra más: «Yo currando». El verso se queda cortado después, con la palabra del otro tapada, pero la mitad que se oye ya cuenta mucho.
En mis letras el trabajo aparece poco como tema y mucho como fondo. Hay jefes de servicio, coordinadores, oficinas, turnos. Aquí el curro es una forma de decir quién sostenía la pareja. Mientras uno estaba en lo suyo, el otro pagaba el alquiler, ponía la lavadora, hacía la compra en el Mercadona del barrio. La pareja gay del año, como casi todas las parejas, tenía un reparto desigual de las tareas que no salía en las fotos.
Ese desequilibrio no se dice con queja. Se dice con dos palabras y se pasa a la siguiente. Así son las listas: no se paran a llorar.
Yo soñando, tú actuando
Y el último par que quería comentar, el que cierra la tercera estrofa antes del estribillo final: «Yo soñando, tú actuando».

De todas las parejas de la lista, es la más limpia. Sin palabrotas, sin músculos, sin apps. Dos gerundios. Uno se estaba creyendo una historia y el otro estaba representando un papel. Es la definición más corta que conozco de una relación con engaño, y me salió casi sin buscarla, entre un verso sobre el pelo negro del novio y otro sobre lo coñazo que era.
Ahí la canción pasa del chiste a la herida sin avisar, como pasa en la vida. Estás riéndote del cachas y del retrete y de repente una frase te recuerda que alguien se lo creyó todo. Luego vuelve el estribillo y vuelves a reírte. Pero esa línea queda.
Si tuviera que quedarme con un solo verso de la canción, sería ese.
Lista de reproducción del desengaño
Si te ha gustado la técnica, en mi catálogo hay otras canciones de ex que la usan de forma parecida o que juegan a lo mismo desde otro sitio. «La casa de los mil cadáveres» tiene su ración de autoparodia, y le dediqué la ficha correspondiente. En todos los singles puedes buscar por título, y en la página de letras están todas para leerlas mientras suenan.
Te recomiendo hacerlo con esta: leer la lista de parejas mientras la escuchas. Se ve mucho mejor la trampa cuando tienes las dos columnas delante.
Por qué Albacete
Ya lo expliqué en el otro texto, pero lo repito en una línea: Albacete está ahí porque rima con todo lo que necesitaba que rimara. Retrete, ojete, se la mete. Las tres palabras del estribillo y del final caen sobre la misma terminación. Si el novio hubiera sido de Cuenca, la canción no existiría.
La ciudad no tiene la culpa de nada. Es más, me parece que Albacete sale bastante bien parada, porque la canción le da una fama de lugar de pasiones y no de llanura manchega con navajas.
El disco del primer hallazgo
«Mi novio de Albacete» vive en el primer disco de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK». En cómo escuchar la trilogía Gayfolk de principio a fin propongo un orden para quien quiera recorrerla entera, y esta canción encaja en el tramo de los desengaños de tierra firme, los que todavía pasan en este planeta antes de que el viaje despegue.
Tiene sentido que esté al principio. Es una canción sobre una pareja que se enseñaba demasiado. El planeta Gayfolk que imagino es el sitio donde no hace falta ser la pareja del año para que te dejen en paz. Donde puedes ser una pareja normalita, con sus días grises y sus camisetas que no van a juego, sin que nadie esté esperando a ver cómo te estrellas.
Una lista para ti
Si quieres probar la técnica, te dejo el ejercicio, que es muy fácil y muy cruel. Coge una relación que se te haya terminado. Escribe siete versos con la forma «tú tan X, yo tan Y». Los tres primeros, intenta que sean justos. Del cuarto al sexto, deja que salga el rencor. Y en el séptimo, escribe la verdad sobre ti, aunque duela.
Te sorprenderá lo que aparece en ese último verso. A mí me salió «fracasado». A ti te puede salir «ingenuo», «cobarde», «enamorado». Lo que salga es la canción. Lo de antes es el decorado.
No hace falta publicarlo. Ni enseñárselo a nadie. Basta con que lo escribas entero, con la letra temblona si hace falta, y que lo leas en voz alta una vez, aunque sea delante del espejo del baño.
Luego, si quieres, tiras la lista por el váter. Hay precedentes.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Mi novio de Albacete»? De una pareja gay que parecía perfecta y se rompe por una infidelidad. El novio viaja cinco horas para dejar una nota de despedida que acaba en el retrete. La letra completa está en gayfolkplanet.com/letras.
¿Qué técnica usa la letra? Un paralelismo de contrastes: cada verso enfrenta a los dos miembros de la pareja con una palabra para cada uno, del tipo «tú tan cachas, yo tatuado».
¿En qué disco está? En «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primer disco de la trilogía GAYFOLK.
¿Quién la escribió? Mike Sain't Louis, que firma la letra, la composición y la producción. La música y las voces se hicieron con inteligencia artificial.