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«Tira de hemeroteca»: «I Am Yurena» y el derecho a cambiarse el nombre

«Yo no soy Tamara la mala.»

Así empieza el estribillo de «I Am Yurena», y quien tenga cierta edad y haya visto cierta tele ya sabe de qué va. Para quien no, un resumen corto: hay una artista española que empezó con un nombre, Tamara, tuvo un número uno enorme en el año 2000 con «No cambié», fue carne de programa de sobremesa durante años y, tras perder un pleito por ese nombre artístico, pasó a llamarse Yurena, que es como se llama desde 2005. Con su nuevo nombre siguió, y sigue, siendo un icono para muchos de nosotros.

La canción no cuenta esa historia. La da por sabida. Lo que hace es otra cosa: coge el cambio de nombre y lo convierte en grito de guerra.

Yo no soy Tamara la mala / Tira de hemeroteca

En la ficha de la canción está el resumen. Aquí quiero hablar de nombres. De los que nos ponen, de los que elegimos y de por qué el verso más importante de la canción es una orden a un periodista.

Dos idiomas, dos tonos

La canción tiene dos partes muy distintas y conviene separarlas.

Las estrofas están en inglés: «Neon light, plastic love, / Shining fake, high above. / Cheap romance, fantasy, / I am Yurena, all you see». Luz de neón, amor de plástico, brillo falso, romance barato. Es un inglés de anuncio de perfume caro, de pasarela de Ibiza, de videoclip de los noventa con máquina de humo.

El estribillo está en español. Y en un español de patio de vecinos: «Tira de hemeroteca / Y si te molesta / cómeme las tetas». No hay neón aquí. Hay descaro.

La mezcla es la gracia. El inglés es la imagen que se vende: el neón, el plástico, lo internacional. El español es lo que hay debajo: una mujer de aquí, con su mala leche, que no se deja. Las estrofas son el envoltorio. El estribillo es el caramelo, y pica. Como esos caramelos de la feria que por fuera son rosa chicle y por dentro llevan guindilla.

El plástico, sin vergüenza

«Plastic love.» «Shining fake.» «Plastic tears.» «Plastic crown.» El plástico sale por todas partes en las estrofas.

Podría parecer un insulto. Llamar a alguien «de plástico» suele serlo: falsa, operada, artificial. Y a Yurena se lo han llamado mucho, en la tele, en las revistas, en los foros. Se rieron de su cuerpo, de su cara, de sus operaciones, como se han reído de tantas mujeres que han decidido sobre su propio cuerpo.

En la canción, el plástico se reivindica. «I am Yurena, all you see.» Soy Yurena, todo lo que ves. Si lo que ves es plástico, pues soy plástico. Y qué. Es la misma lógica de quien se pone el insulto como corona. Lo hemos hecho los maricas con «maricón», lo han hecho las travestis con «travelo». Coges la palabra que te tiran y te la pones de sombrero.

Escribí sobre eso, en otro contexto, en cateto, de insulto a bandera. El mecanismo es el mismo. Plástico, de insulto a corona.

Y además hay algo que me gusta del plástico como material, y es que no se esconde. El plástico no finge ser madera. Reluce como plástico. En un catálogo lleno de narcisistas que fingen ser lo que no son, el plástico que dice «soy plástico» es lo más sincero que hay.

Tira de hemeroteca

Ahora, el verso que más me importa: «Tira de hemeroteca».

Fotogramas del videoclip oficial de «I Am Yurena», de Mike Sain't Louis

Hemeroteca. Una palabra que suena a biblioteca municipal, a microfilm, a periódicos amarillentos guardados en carpetas. Es el archivo de prensa. Y «tirar de hemeroteca» es lo que hacen los periodistas cuando quieren pillar a alguien: buscar lo que dijo hace diez años y sacárselo ahora.

En la canción, la orden va al revés. No es «te voy a sacar la hemeroteca». Es «tira tú de hemeroteca». Es Yurena diciéndole al que la confunde con Tamara la mala: vete a buscar, infórmate, mira lo que de verdad pasó. No me cuentes la versión del programa de sobremesa. Lee.

Es una frase de alguien que sabe que su historia ha sido contada mal. Que la versión que circula es la del chiste, la del corte de vídeo sacado de contexto, la del titular cruel. Y que pide que se vaya a la fuente.

Me parece una exigencia muy razonable. Y muy rara, porque casi nadie la cumple. Es más fácil quedarse con el meme que ir a la hemeroteca.

«Tamara la mala»

¿Quién es «Tamara la mala»? No es un invento mío. Es un mote que existió.

En 2004, otra artista que también usaba el nombre de Tamara, una intérprete de boleros, la demandó por el nombre artístico. La santurzana lo tenía registrado y ganó en primera instancia, pero perdió el recurso. Mientras duró el pleito, las dos coincidieron en la tele y en las revistas, y para distinguirlas la prensa y los programas las bautizaron así: «Tamara la buena» y «Tamara la mala». La mala era ella.

Ahí está la gracia, o la rabia, del verso. Cuando el estribillo dice «Yo no soy Tamara la mala», está rechazando un mote que le puso la tele. Y cuando dice «tira de hemeroteca», está diciendo: ve a mirar qué pasó de verdad. Mira quién tenía el nombre registrado. Mira cómo se contó. Mira por qué a una la llamaron buena y a otra mala. Y luego, si todavía quieres, opina. Pero primero lee, que leer no cuesta y ahorra muchas tonterías.

Después de perder el pleito, probó con Ámbar, que también estaba registrado por otra artista. Y a la tercera eligió Yurena. Así que el nombre que reivindica la canción es un nombre que eligió ella después de que le quitaran otro dos veces.

El verso no dice «yo no soy Tamara». Dice «la mala». Lo que rechaza no es su pasado ni su nombre antiguo, que fue suyo y con el que tuvo su número uno. Es el adjetivo. La etiqueta que le pegaron encima.

Esa distinción me parece importante. Cambiarse de nombre no siempre es renegar de lo que fuiste. A veces es la única salida que te dejan. Y entonces lo que haces es elegir bien el siguiente y defenderlo con uñas y tacones.

Cambiarse el nombre

Muchas personas de nuestra comunidad saben lo que es cambiarse el nombre. Las personas trans, sobre todo, que en España pueden hacerlo legalmente sin requisitos médicos desde la ley de 2023. Pero también la gente que se pone nombre artístico, nombre de drag, nombre de guerra.

Yo mismo firmo como Mike Sain't Louis, con ese apóstrofo raro que tanta gente escribe mal. Hay quien escribe Mike Saint Louis, sin apóstrofo, y lo acepto porque es inevitable. Pero el nombre es mío, lo elegí yo, y con él firmo todas las canciones. En una de ellas, «La dieta del cucurrucho», me presento con otro nombre, más de casa: «Soy Miguel Ángel de León». Los dos son verdad.

El nombre que eliges dice quién quieres ser. El que te ponen dice quién creen los demás que eres. Y entre los dos hay a veces una distancia enorme. «Yo soy Yurena» es la frase que salta esa distancia. No te pregunto cómo me llamo. Te lo digo.

«No cambié»

Hay una ironía en esta historia que me encanta y que no quiero dejar pasar.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Yo no soy Tamara la mala Tira de hemeroteca» de «I Am Yurena»

La canción con la que Tamara se hizo famosa se titulaba «No cambié». Diez semanas en el número uno de ventas en el año 2000, por delante de nombres como Madonna o Alejandro Sanz. Un estribillo que se coreó en media España, en bodas, en verbenas, en programas de sobremesa. No cambié. Y unos años después, la misma artista tuvo que cambiar de nombre.

Hay quien vería en eso una contradicción y haría el chiste fácil. «No cambié, dice, y luego se cambia hasta el nombre.» Lo he oído. Lo ha oído todo el mundo.

Yo lo veo al revés. Precisamente porque no cambió por dentro, pudo cambiar por fuera. El nombre es lo de fuera. Lo que la gente usa para llamarte. Lo que sale en los carteles. Lo de dentro, lo que eres, puede seguir igual aunque te llames de otra manera. Es más: a veces cambiar el nombre es la única forma de no cambiar por dentro. De que no te coma el personaje que te inventaron.

«Yo no soy Tamara la mala» y «No cambié» no se contradicen. Se completan. No cambié yo. Cambió el nombre que me pusieron. Y si te molesta, ya sabes.

Neon, plastic, cheap, fantasy

Vuelvo a las estrofas en inglés, porque tienen más trabajo del que parece.

«Neon light, plastic love, / Shining fake, high above. / Cheap romance, fantasy.»

Son sustantivos con adjetivos pegados, sin verbos. Una lista de etiquetas, como las que se ponen en los escaparates. Neón. Plástico. Falso. Barato. Fantasía. Son las palabras con las que se ha descrito a Yurena durante años, y a muchas otras como ella. Las he puesto en fila para que se vean.

Y luego, al final de la estrofa, el verbo: «I am Yurena, all you see». Soy. El único verbo de toda la estrofa es el de ser. Después de una lista de etiquetas, aparece el «yo soy». Las etiquetas son lo que ves. El «soy» es lo que hay.

La segunda estrofa repite el juego con otras palabras: «Glitter night, plastic tears, / Fake desires, empty cheers. / Plastic crown, melody». Purpurina, lágrimas de plástico, deseos falsos, aplausos vacíos, corona de plástico. Y otra vez: «I am Yurena, all you see».

Lo de las «empty cheers», los aplausos vacíos, es lo que más me duele de las dos estrofas. Es el aplauso de plató, el que pide el regidor con un cartel. Muchas de estas mujeres han recibido miles de aplausos así, que no significaban nada. Aplausos para reírse de ellas. La canción los llama por su nombre.

La hemeroteca en tiempos de Google

Una nota sobre «tira de hemeroteca», porque la palabra tiene su gracia en 2026.

Hoy nadie va a una hemeroteca. Ya no hay que ir a la Biblioteca Nacional a pedir el microfilm de un periódico de 2005. Basta con escribir un nombre en Google. Y precisamente por eso la frase pica más. Si es tan fácil informarse, ¿por qué la gente se sigue quedando con el chiste?

Porque el chiste se encuentra antes. Porque en Google lo primero que sale es el vídeo viral, el corte del programa, el meme. La hemeroteca de verdad, la que cuenta las cosas con calma, está en la página tres de resultados, y nadie llega a la página tres.

«Tira de hemeroteca» es, en el fondo, una petición de esfuerzo. Pasa de la página uno. Lee algo más que el titular. Escucha a la persona antes que al meme. Es lo que le pediría yo a cualquiera que me juzgue por un vídeo de quince segundos. Y es lo que me pido a mí cuando me descubro riéndome de alguien sin saber nada.

Lo que no cuento de Yurena

No cuento en este post detalles de su vida, de sus operaciones, de sus relaciones o de sus problemas. No porque no los haya leído, que más o menos todo el mundo los ha leído, sino porque no me corresponde. La canción no los cuenta. Y si la canción pide que se tire de hemeroteca, lo coherente es no hacer yo de hemeroteca barata.

Collage con un detalle de la carátula de «I Am Yurena» y las carátulas de «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», «Vota Malena Gracia»

Lo único que digo es lo que dice la canción: que se llama Yurena, que no es la mala que le inventaron, y que si te molesta, ya sabes lo que tienes que hacer.

Y si te molesta

Y si te molesta / cómeme las tetas

Esto ya es puro estilo de la casa. Después de la reivindicación seria del nombre, el remate grosero. No podía ser de otra manera.

Si te molesta que me llame Yurena, que me haya operado, que sea de plástico, que no sea la mala que querías: cómeme las tetas. Es el «me la suda» con nivel. Es una forma de cerrar la conversación que no deja réplica.

Me gusta que el remate sea corporal. Las tetas. El cuerpo del que tanto se burlaron es el que se ofrece, con sorna, como respuesta. Es darle la vuelta a la burla: te reías de mi cuerpo, pues aquí lo tienes, cómetelo.

Hace falta valor para escribir esas dos líneas en un estribillo y no en una estrofa escondida. En el estribillo se repiten. Se gritan. Se quedan. Y ese era el plan: que todo el mundo que escuche la canción salga gritando «cómeme las tetas» sin darse cuenta.

Un estribillo para gritar

El estribillo de «I Am Yurena» se repite muchas veces. Es de esos que se aprenden a la segunda escucha. Y termina con un «¡Yo soy Yurena!» con exclamación que está hecho para gritarse en grupo, en una pista, a las tantas.

Escribir un estribillo que se ría de ti y contigo a la vez es una de las cosas más difíciles del oficio. Tengo un post sobre eso, cómo se escribe un estribillo que se ríe de ti y contigo. En este caso el estribillo no se ríe de Yurena. Se ríe con ella, de quien la confunde. Y quien lo grita se pone de su lado sin pensarlo.

Ese es el poder de un estribillo: te hace decir cosas en primera persona. Cuando gritas «Yo soy Yurena», durante tres segundos eres Yurena. Tú también reclamas tu nombre. Tú también mandas a alguien a la hemeroteca.

Por qué Yurena es nuestra

Yurena es un icono gay en España, igual que lo fue antes Tamara. Sus canciones llevan años sonando en discotecas de ambiente, y su figura es de esas que cualquier marica de cierta edad reconoce a la primera.

¿Por qué? Por lo mismo que Britney, que Ylenia, que Malena Gracia, que tantas otras. Porque es una mujer de la que se reía todo el mundo y que siguió adelante. Porque es exagerada, artificial, camp, y no pide perdón por ello. Porque le quitaron el nombre y eligió otro, y lo defendió. Porque se rehizo el cuerpo y lo defendió. Porque convirtió las burlas en espectáculo.

Eso, para un marica que creció escuchando cómo se burlaban de él, es un manual de instrucciones.

Escribí sobre la diferencia entre reírse de alguien y reírse con alguien en de la risa ajena a la risa propia. Yurena es el ejemplo perfecto de alguien que pasó de ser objeto de la risa ajena a sujeto de su propia risa.

El camp en estado puro

«I Am Yurena» es probablemente una de las canciones más camp de todo mi catálogo. Y no lo digo como excusa.

Ficha de la canción «I Am Yurena» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

El camp, para mí, no es un chiste. Es una forma seria de mirar el mundo a través de lo exagerado, lo artificial, lo kitsch. Lo expliqué en el camp no es un chiste aunque te rías. Y Yurena es camp de manual: el plástico, el neón, la corona, el nombre artístico, la diva de plató.

Pero el camp de esta canción tiene una cosa más, que me parece importante: no se ríe de Yurena. Muchas veces el camp se usa para burlarse con cariño de lo hortera. Aquí no. Aquí el camp está de su lado. El neón y el plástico son su armadura, no su ridículo.

Dentro de una familia

«I Am Yurena» forma parte de una familia de canciones dedicadas a mujeres de la cultura popular española que han sido maltratadas por la tele y la prensa. Está «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», con su «Yo también soy Ylenia Padilla». Está «Vota Malena Gracia», con las elecciones galácticas. Está «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios».

Si te fijas, varias usan la primera persona. «Yo apoyo.» «Yo soy.» «Yo también.» No son canciones sobre ellas, en tercera persona, como un reportaje. Son canciones donde el que escucha se pone en su lugar. Donde «yo» soy Ylenia, «yo» soy Yurena.

Es una forma de solidaridad muy de barrio. No te defiendo desde fuera. Me pongo tus zapatos, aunque sean de plataforma.

En el disco de la liberación

La canción está en «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. Y encaja de maravilla, porque cambiarse el nombre y defenderlo es una liberación.

Liberarse del nombre que te pusieron. Liberarse del adjetivo. Liberarse de la mala. Liberarse de la versión de ti que circula en los programas de la tele. Todo eso es liberación, y en la canción se hace con un estribillo y un «cómeme las tetas».

El tercer disco está lleno de canciones así. De gente que llega al planeta y, por fin, puede llamarse como quiera.

El cuerpo sin pedir perdón

Una última cosa. «I Am Yurena» habla de un cuerpo que ha sido criticado, juzgado, ridiculizado, y que se reivindica sin pedir perdón. Es un tema que me importa mucho y sobre el que escribí en escribir sobre el cuerpo sin pedir perdón.

En la cultura marica el cuerpo es un campo de batalla. Se exige que sea musculado, joven, depilado, perfecto. Y quien no lo cumple, sufre. Quien lo modifica para cumplirlo, también sufre, porque entonces es «de plástico». No hay forma de ganar.

La canción propone salir de ese juego. Mi cuerpo es como es, natural o de plástico, y es mío. Si te molesta, ya sabes lo que tienes que hacer.

Leerla

La letra completa está en su página de letras. Es corta y se repite mucho, como debe ser un himno de pista. Recomiendo leerla primero para ti mismo, bajito, para fijarte en el contraste entre el inglés de neón y el español de patio. Y luego en voz alta, gritando el estribillo.

Si te da vergüenza gritar «cómeme las tetas» en tu salón, mejor. Esa vergüenza es la que hay que perder. Y si tienes vecinos, que se enteren de una vez de cómo se llama la señora.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «I Am Yurena»? Es un homenaje a Yurena que convierte su cambio de nombre en un grito: «Yo no soy Tamara la mala / Tira de hemeroteca / Y si te molesta / cómeme las tetas / Yo soy Yurena».

¿Por qué mezcla inglés y español? Las estrofas en inglés describen la imagen de neón y «de plástico»; el estribillo en español es el descaro de quien reclama su nombre. El contraste es parte de la canción.

¿En qué disco está? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK de Planeta Gayfolk.

¿Qué significa «tira de hemeroteca»? Es una invitación a informarse en la fuente, en lugar de quedarse con la versión del programa de televisión o el meme. Quien habla pide que se compruebe su historia.

¿Quién escribió la canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor de Madrid. La música y las voces se producen con inteligencia artificial como herramienta; la letra es suya.

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