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Te han visto: la mirada, el chisme y «Que te mola el cruising»

«Vaya, vaya, chiquitín, / Yo estoy fliping, / Que te mola el cruising.» Ni hola, ni buenas tardes. La canción entra como entra la vecina del cuarto cuando se cruza contigo en el ascensor y ya sabe lo de anoche.

Esa primera palabra lo dice todo. «Vaya». No es una pregunta. Es un diagnóstico con la ceja levantada.

En la ficha de «Que te mola el cruising» ya conté lo evidente: el chico con cara de no haber roto un plato, el spanglish de chiringuito, la hipocresía del discreto. Aquí quiero mirar otra cosa, y nunca mejor dicho. Quiero hablar de quién mira. Porque en esta canción todo el mundo está mirando a alguien. El protagonista mira. Los que lo pillan miran. Y el que lo cuenta, que soy yo, mira a los que miran.

Lo tienes todo y también eres mirón

Hay un verso que pasa rápido y que para mí es el centro: «Lo tienes todo / y también / eres mirón».

Lo tienes todo. Guapo, joven, «tan cute, tan clean», con su bañador de marca y su toalla a juego. Y además te gusta mirar. Esa conjunción, «y también», es una pequeña bomba. Lo normal sería pensar que el que mira es el que no tiene. El feo, el viejo, el solo, el que se queda en la esquina. La canción le da la vuelta: el que lo tiene todo también quiere mirar.

Me gusta esa idea porque desmonta un prejuicio muy feo, el de que el deseo de mirar es cosa de perdedores. No. Mirar es de todo el mundo. Lo que pasa es que a unos se les perdona y a otros no.

Y ojo, que el mirón de la canción no se queda en mirar. «No tienes problemas / en pasar / a la acción.» Del ojo a la mano hay un paso, y él lo da sin pensárselo dos veces. Para eso, dice la letra, solo tiene que bajarse el bañador. La logística del deseo cabe en un gesto.

El cruising, para quien no lo sepa

Hay gente que llega a esta canción sin saber qué es el cruising, y me parece bien explicarlo sin rodeos y sin ponerme a dar una clase. Es buscar sexo con desconocidos en sitios públicos o semipúblicos: un parque, una zona de dunas, un rincón de playa, un aparcamiento. Sin app de por medio y sin intercambio de nombres. Miradas, señales, un camino que se mete entre los arbustos.

Es una práctica con mucha historia entre hombres gais, y durante décadas fue una de las pocas formas de encontrarse cuando la vida pública estaba cerrada para nosotros. Hoy convive con Grindr y compañía, y para mucha gente sigue teniendo un atractivo que no tiene el móvil: lo físico, lo inmediato, el riesgo de que te vean.

Yo no hago apología ni sermón. Escribo sobre lo que existe. Y lo que existe es que el chico más mono de la piscina, el que todos dan por formalito, tiene ese gusto. Y que se ha sabido.

Molar

Y un apunte sobre el verbo del título, que no lo elegí al azar. «Que te mola.» No «que te gusta», no «que te encanta». Molar es verbo de instituto, de los ochenta y los noventa, de cuando todo lo bueno «molaba mazo». Tiene un punto de antiguo, casi de cassette, y a la vez sigue vivo en la calle.

Al ponerlo junto a «cruising», que suena a revista extranjera, el título se vuelve un choque de épocas: el patio del colegio y la zona de dunas en la misma frase. Lo de dentro de la canción también viene de ahí, de mezclar lo que se dice en el recreo con lo que se hace de mayor. Por eso la letra, que habla de algo muy adulto, suena a pique entre críos.

Molar, además, quita peso. A alguien le mola el fútbol, le molan las croquetas de su madre, le mola el cruising. Puesto en esa lista, deja de ser un secreto turbio y pasa a ser una afición.

Que te han visto

La palabra que más pesa en la canción no es «cruising». Es «visto».

Fotogramas del videoclip oficial de «Que te mola el cruising», de Mike Sain't Louis

«No te hagas el missing / Que te han visto kissing.» Ahí está la trampa. El protagonista desaparece, se hace el despistado, deja de contestar en el grupo. Y alguien le recuerda que no sirve de nada, porque hay testigos. Te han visto. ¿Quién? No se sabe. Siempre hay alguien. En la vida gay de pueblo, de barrio, de urbanización con piscina comunitaria, siempre hay un testigo.

La frase tiene el ritmo de un chantaje de patio, pero sin maldad. Nadie lo amenaza con contarlo. Ya está contado. Lo que se le pide es que no disimule.

Ese «que te han visto» lo he oído en muchas bocas y en muchos tonos. Dicho con envidia, dicho con escándalo de beata, dicho con cariño de amiga que te quiere ver feliz. La canción elige el último. Es una celebración disfrazada de reproche.

El cotilla como narrador

Escribir una canción desde la posición del cotilla tiene sus ventajas. El cotilla lo sabe todo, no se compromete y puede exagerar sin que nadie le pida pruebas. Es el narrador perfecto para la comedia.

En mi catálogo hay una canción entera dedicada a esa figura, «La vecina cotilla», y le dediqué un texto al personaje: la vecina cotilla, el personaje que todos tenemos en el rellano. «Que te mola el cruising» es su versión de verano. La vecina ha bajado a la piscina con su silla plegable y su abanico, y desde ahí controla las tumbonas, las toallas y las miradas.

Lo que diferencia este cotilleo del otro es el tono. La vecina del rellano juzga. La de la piscina disfruta. No hay escándalo, hay fiesta. Cuando la voz dice «yo estoy fliping» no está horrorizada: está encantada de tener algo que contar.

Y eso también es una forma de cariño. En los grupos de amigos gais el chisme funciona como una red. Te enteras de quién está con quién, de quién ha vuelto con su ex, de quién ha desaparecido del mapa y conviene llamar. El chisme vigila, pero también cuida. Si nadie sabe nada de ti, nadie sabe cuándo necesitas ayuda.

Esto no lo digo por decir. Lo pienso cada vez que alguien se queja de que en el ambiente todo el mundo se entera de todo. Sí. Y menos mal, a veces.

Tan cute, tan clean

Vuelvo al protagonista. La canción lo describe con dos palabras en inglés: «cute» y «clean». Mono y limpio. Esas dos palabras son una etiqueta muy concreta en el mercado del ligue gay.

«Clean» en un perfil de app significa muchas cosas, y algunas son bastante feas. A veces quiere decir que no consume, a veces se usa para hablar de salud sexual de una manera que estigmatiza a otros. En la canción funciona como una ironía: el chico que se vende como impecable, sin una mancha, resulta que se va a los arbustos. La limpieza era de escaparate.

No quiero cargar las tintas. La canción no es un tratado. Pero esas dos palabras están ahí por algo. Son el uniforme del chico que se presenta como el yerno perfecto. Y el chiste consiste en que, debajo del uniforme, hay un bañador que se baja con mucha facilidad.

El perreo, el tonteo, el cancaneo

La segunda estrofa es una lista, y las listas son mi debilidad. El perreo, el tonteo, el cancaneo. Tres palabras que riman y que suben la temperatura de golpe.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «No te hagas el missing Que te han visto kissing.» de «Que te mola el cruising»

Lo que más me hace gracia es «cancaneo». Es una palabra que no existe en el diccionario de la Academia, o por lo menos no con ese uso, y que suena exactamente a lo que describe: moverse, insinuarse, ir y venir con intención. La saqué del cancán, del baile de piernas al aire, y del habla de la calle, donde todo se convierte en verbo si hace falta.

Después viene lo de darse la vuelta muy rápido «para que empiece / a funcionar / la zona de atrás». Aquí no hay metáfora que valga. Es una descripción muy directa y, al mismo tiempo, tiene algo de dibujo animado. La «zona de atrás» suena a plano de una casa, a folleto de inmobiliaria. «Amplia zona de atrás con vistas.» El eufemismo es tan cutre que da la vuelta y se vuelve más gráfico que la palabra fea.

Esa técnica la uso mucho: el eufemismo de anuncio para lo más carnal. Lo expliqué en escribir sobre el cuerpo sin pedir perdón. Si lo dices con la palabra cruda, suena a película para adultos. Si lo dices con el vocabulario de Idealista, suena a comedia.

Spanglish de toalla

Ya hablé del spanglish en la ficha, así que no me repito. Solo quiero añadir una cosa sobre por qué ciertas canciones me salen en ese idioma mezclado y otras no.

El inglés, en boca de un español de a pie, funciona como un disfraz. Cuando decimos «estoy fliping» en vez de «estoy flipando» no estamos hablando inglés: estamos haciendo el payaso, poniéndonos unas gafas de sol que no nos pertenecen. Es la lengua de las vacaciones en Ibiza, de las canciones del verano que nadie entiende del todo, de los influencers que dicen «literal» cada tres frases.

Para una canción de piscina era el idioma justo. Las vacaciones son el momento en que todos fingimos ser otros. Por eso me reí tanto con «No te hagas el missing», que suena a frase de reality y que en realidad dice algo muy de aquí: no te escaquees. Si lo hubiera escrito en castellano limpio, «no te escondas», habría sonado a riña. En spanglish suena a guasa.

En el texto sobre escribir pop en español de España a América hablo de cómo elegir palabras que viajen. Este spanglish no viaja muy lejos, lo reconozco. Es de aquí, de la Península, de la generación que creció con la MTV y los anuncios de colonia. Pero dentro de su radio es infalible.

Un acordeón en la playa

Antes de seguir con la letra, la portada, que tiene su propio chisme.

Un chico sin camiseta, sentado en la arena, con el pecho y los brazos llenos de tatuajes y un bañador rosa que asoma por abajo. Detrás, el mar con la espuma revuelta y una montaña oscura, pelada, de esas que tienen pinta de volcán dormido. Y en las manos, lo que nadie espera en una playa: un acordeón enorme, pintado de rosas rojas sobre fondo negro, con sus botoncitos de nácar. Él mira a cámara serio, muy serio, como quien está a punto de arrancarse con una ranchera.

El título va arriba, en letras gruesas, con «CRUISING» en rosa chicle sobre una franja que parece un subrayado de rotulador.

Me encanta esa mezcla. El tío más de playa nudista del mundo, con su pinta de chulazo de Instagram, cargando con el instrumento de la verbena de pueblo, el del pasodoble y la orquesta de fiestas patronales. Es la misma operación que hace la letra: coger una práctica que mucha gente asocia a lo turbio y vestirla de folclore. El cruising con acordeón.

Y la playa, claro. Los arenales apartados son uno de los escenarios clásicos de lo que cuenta la canción. Las dunas detrás, el paseo hasta la zona del fondo, la mirada que se cruza dos veces. La portada no lo explica, pero lo deja en el aire, como quien no quiere la cosa. Con el bañador puesto. De momento.

Chiquitín y monín

Dos palabras más que no son inocentes: «chiquitín» y «monín».

Collage con un detalle de la carátula de «Que te mola el cruising» y las carátulas de «El anillo de casado», «Buscando el polvo perfecto»

Los diminutivos son la herramienta favorita del cotilleo español. Nadie dice «ese hombre» cuando está criticando con cariño: dice «el chiquitín», «la nena», «el pobrecito». El diminutivo rebaja a la persona y al mismo tiempo la abraza. Es condescendencia con ternura, una mezcla que solo las abuelas y las mariquitas de barra dominamos del todo.

En la canción, «chiquitín» y «monín» van alternándose al principio de cada estribillo. Uno empequeñece, el otro alaba. Es como decirle a alguien «qué rico eres» y «qué poca vergüenza tienes» en la misma frase, con la misma sonrisa. El tono, de hecho, es de tía que pellizca la mejilla.

Y lo que se dice con ese tono no puede ofender. Esa es la trampa del diminutivo: te permite soltar lo más bestia sin que nadie se enfade. «Te mola el cruising, chiquitín.» Si lo quitas, queda una acusación. Con él, queda una broma de sobremesa.

La canción como estribillo que vuelve

La estructura es circular. El estribillo entra, se va un momento para que la estrofa cuente algo nuevo y vuelve a entrar, igual, con el mismo «vaya, vaya». Al final, la canción se cierra repitiendo la estrofa del mirón y la del missing, como si no hubiera nada más que añadir porque ya está todo dicho.

Es el ritmo del cotilleo, otra vez. El chisme no avanza en línea recta, da vueltas. Cada vez que alguien nuevo llega a la mesa, se vuelve a empezar: «¿Te has enterado de lo del chiquitín?». Y otra vez la historia, y otra vez las risas.

Sobre cómo se escriben esos estribillos que se ríen de alguien sin hundirlo tengo un texto entero: cómo se escribe un estribillo que se ríe de ti y contigo. La regla de oro es esa: que el que es objeto del chiste pueda corearlo. Si el chiquitín escuchara esta canción en la piscina, se pondría rojo. Y luego la cantaría con los demás, que para eso la canción no le hace ningún daño.

Vecinas de canción

En el primer disco esta canción tiene compañía de sobra. En el mismo planeta están «El anillo de casado», con su señor que se quita la alianza para salir de fiesta, y «Buscando el polvo perfecto», con su búsqueda sin fin. Las tres hablan del deseo que no se anuncia en público.

La diferencia está en el grado de culpa. En la del casado hay un engaño a un tercero, y eso le da un regusto amargo aunque la letra se ría. En la del polvo perfecto hay una especie de cansancio, de búsqueda que nunca se cumple. En «Que te mola el cruising» no hay ni culpa ni cansancio. Hay ganas. Y alguien que se alegra de esas ganas, aunque las cuente a gritos.

Por eso, si tuviera que recomendar por dónde empezar con mis canciones más picantes, empezaría por esta. Es la más luminosa del grupo. La que se puede poner en una barbacoa sin que la tía Puri pida explicaciones, porque la tía Puri no sabe qué es el cruising y nadie se lo va a explicar con la panceta en el plato.

Lo que la canción no dice

Hay cosas que la letra calla, y me gusta que las calle.

Ficha de la canción «Que te mola el cruising» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

No dice quién lo vio. No dice dónde exactamente. No dice con quién se estaba besando el chiquitín. No sabemos si era alguien de la piscina, un desconocido de las dunas o el socorrista. Esos huecos los rellena cada oyente con su propio chisme, y por eso la canción funciona en cualquier grupo: todo el mundo tiene a alguien en mente.

Ese es un truco que he aprendido a fuerza de escribir canciones de personajes. Si das demasiados detalles, la historia se vuelve de otro. Si das los justos, se vuelve tuya. La canción da el tipo (mono, limpio, formal), da el gusto (el cruising, el perreo, mirar) y da el escándalo (te han visto). El resto lo pones tú con la cara de tu amigo más modosito.

Y sí, ahora mismo estás pensando en uno.

La discreción como deporte nacional

Hay una cosa muy española en esta historia, y es la doble vida. El que en público va de una manera y en privado de otra. En mis canciones aparece mucho: el casado que se quita el anillo, el que no sale del armario, el que tiene novia para la familia y Grindr para los martes.

Aquí la doble vida es mucho más ligera, casi infantil. El protagonista no es un hipócrita peligroso. Es un chico que va de bueno y tiene un gusto que no anuncia. Lo único que se le reprocha es que se haga el sueco. Y ni siquiera se le reprocha mucho.

Esa diferencia de tono es importante para mí. Hay canciones donde la doble vida hace daño, y entonces no me río tanto. Y hay canciones donde la doble vida es solo una mentirijilla de verano, de esas que acaban en anécdota de cena. «Que te mola el cruising» está claramente en el segundo grupo. Aquí nadie sale herido, salvo la reputación de formal del chiquitín, y esa ya venía tocada.

El disco de los descubrimientos

La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primer disco de la trilogía. Ya expliqué por qué el primer disco de Gayfolk tiene título de noticia: es el disco del hallazgo, del «mira lo que hay aquí». Y esta canción es un hallazgo en miniatura. Alguien se entera de algo de alguien y no puede guardárselo.

Me hace gracia pensar en el planeta como en una gran piscina comunitaria donde todo el mundo se entera de todo. No es la peor utopía. Un sitio donde lo que te gusta se sabe y no pasa nada. Donde el «te han visto» no es una amenaza sino una noticia del corazón. Donde nadie tiene que hacerse el missing porque no hay nada que esconder.

Eso, al fin y al cabo, es lo que imagino cuando imagino Gayfolk.

La última mirada

Termino con una pregunta que me hago a menudo cuando escribo canciones de cotilleo: ¿y yo, desde dónde miro?

Porque el narrador de esta canción no es neutral. Se pasa los versos repitiendo que está flipando, y el que flipa, en el fondo, también quiere estar ahí. La envidia está escondida debajo de la guasa. No digo que el narrador quiera hacer cruising. Digo que le gustaría tener la desvergüenza del chiquitín. Esa facilidad para bajarse el bañador sin pensar en quién mira.

Esa envidia es mía. Lo reconozco sin problema. Me paso la vida escribiendo sobre lo que otros hacen sin pudor, y a veces sospecho que escribo para hacerlo yo también, aunque sea en verso. El cotilla es el que vive a través de los demás.

Pues bien. Que me vean.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Que te mola el cruising»? Es una canción de cotilleo en tono de guasa: alguien ha visto a un chico muy formal besándose donde no debía y le dice, sin maldad, que le gusta el cruising. La letra completa está en gayfolkplanet.com/letras.

¿Qué significa cruising? Buscar encuentros sexuales con desconocidos en espacios públicos o semipúblicos, como parques o playas, sin aplicaciones de por medio.

¿En qué disco está? En «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primero de la trilogía GAYFOLK.

¿Quién la ha hecho? La letra, la composición y la producción son de Mike Sain't Louis. La música y las voces están hechas con inteligencia artificial.

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