
Por Mike Sain't Louis ·
La respuesta preparada: «Licenciada en derecho», la rima como escudo y las que subieron la mirada
A todo el mundo le ha pasado. Alguien te suelta un comentario fuera de lugar, te quedas en blanco, sonríes por compromiso y te vas a casa. Y en la ducha, dos horas después, se te ocurre la respuesta perfecta. Los franceses tienen hasta una expresión para eso, «l'esprit de l'escalier», el ingenio de la escalera: la réplica brillante que se te ocurre cuando ya vas bajando y no hay vuelta atrás.
«Licenciada en derecho» es justo lo contrario de eso. Es una respuesta que llega a tiempo. Una frase preparada, guardada en el bolso junto a los libros de leyes, que su protagonista saca en el momento exacto en que alguien le mira donde no debe. Y está hecha para que cualquiera pueda llevársela a casa y usarla al día siguiente.
En la ficha de la canción ya hablé de los tacones, del spanglish y de esa mujer que va de Madrid a Miami sin despeinarse. Aquí quiero centrarme en otra cosa: en la frase en sí, en por qué funciona como un escudo, y en todas las mujeres que, mucho antes que la protagonista de mi canción, tuvieron que pedir que les subieran la mirada para que las tomaran en serio. La letra completa está publicada.
Una frase hecha para dispararse
El estribillo es una sola línea que se repite tres veces seguidas cada vez que aparece: «No me mires el pecho, que soy licenciada en derecho». No tiene adornos, no tiene metáforas, no tiene nada que haya que descifrar. Es una orden y una razón, unidas por un «que» muy castizo.
Me gusta mucho esa estructura porque es la de las respuestas de toda la vida. Las madres y las abuelas las tenían para todo. «Porque lo digo yo.» «Aquí no se viene a calentar la silla.» Frases cortas, contundentes, que no admiten réplica. La protagonista de la canción se ha fabricado la suya, y la ha hecho a medida para la situación que más le molesta.
La repetición triple tampoco es casual. Una frase dicha una vez puede pasar desapercibida. Dicha tres veces se convierte en un mantra, en un lema, en algo que se te queda pegado aunque no quieras. Es lo que pasa con los buenos estribillos, y es lo que pasa con las buenas respuestas: tienen que poder salir solas, sin pensar, porque en el momento de la verdad no hay tiempo para pensar.
Por qué lo que rima parece verdad
Hay un fenómeno curioso que han estudiado los psicólogos: las frases que riman nos parecen más ciertas que las que dicen lo mismo sin rimar. En un experimento muy citado de principios de los años 2000, los investigadores Matthew McGlone y Jessica Tofighbakhsh enseñaron a la gente refranes en versión con rima y en versión sin rima, y los que rimaban se juzgaron más acertados. Lo llamaron el efecto de la rima como razón.
No pretendo que una canción sea un experimento de laboratorio. Pero el hallazgo explica muy bien por qué el estribillo de «Licenciada en derecho» funciona. «Pecho» y «derecho» encajan de una manera que suena inevitable, casi de refranero. Y cuando algo suena inevitable, parece que no hay discusión posible. La frase no solo pide que no la miren así; lo dice con una autoridad que parece venir de siglos atrás.
Los refranes españoles funcionan igual. «A quien madruga, Dios le ayuda.» «Dime con quién andas y te diré quién eres.» Nadie ha demostrado que sean ciertos, pero la rima les da un aire de verdad incontestable. Lo que hace mi canción es usar ese mismo mecanismo para algo muy concreto y muy actual: poner en su sitio a quien confunde una conversación con una inspección.
El pecho y el título, en la misma línea
Lo que más me gusta del estribillo es que junta dos cosas que el machismo de siempre se empeña en separar. El cuerpo y la cabeza. La apariencia y la carrera. Durante mucho tiempo, a las mujeres se les ha dado a elegir: o eras guapa o eras lista, o te arreglabas o te tomaban en serio. La protagonista de la canción se niega a elegir.

Va con tacones, con estilo, arreglada de arriba abajo, y lleva libros de leyes en el bolso. Y lo que pide no es que dejen de verla guapa, sino que no la reduzcan a eso. Que suban la mirada. Que la escuchen.
Es algo que he tocado en otras canciones desde otro ángulo. He escrito sobre escribir sobre el cuerpo sin pedir perdón, y esta letra es la otra cara de esa moneda. El cuerpo se puede mostrar y celebrar sin que eso dé permiso a nadie para ignorar lo demás. Llevar escote no es una invitación; es llevar escote.
Las que subieron la mirada primero
La protagonista de mi canción es un personaje inventado, una abogada de ficción con estilo de icono pop. Pero detrás de ella hay una historia real que me parece importante recordar, porque en España ser licenciada en derecho no siempre fue una opción.
Hasta 1910, las mujeres no podían matricularse en la universidad española en igualdad de condiciones que los hombres. Fue una Real Orden de ese año la que les abrió la puerta sin necesidad de pedir permisos especiales. Y aun así, durante décadas, las que estudiaban derecho eran una rareza absoluta.
Dos nombres son imprescindibles. Victoria Kent, que se licenció en derecho y en 1925 se convirtió en la primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid. Y Clara Campoamor, que terminó la carrera de derecho con más de treinta años, después de haber trabajado durante años en otros oficios, como telegrafista o profesora. Las dos acabaron siendo diputadas en las Cortes de la Segunda República, y las dos tuvieron que demostrar en cada juicio y en cada debate que su cabeza estaba a la altura de cualquiera.
No sé si alguna de ellas tuvo que decir alguna vez una frase parecida a la de mi estribillo. Lo que sí sé es que todas las que vinieron detrás, todas las abogadas, juezas, notarias y fiscales que hoy llenan los juzgados, han heredado algo de esa pelea. La protagonista de la canción camina con tacones por una ciudad que ellas ayudaron a abrir.
La abogada de película
Hay un personaje de cine que se me viene siempre a la cabeza con esta canción: Elle Woods, la protagonista de «Una rubia muy legal», la película de 2001 con Reese Witherspoon. Elle es rubia, va de rosa, lleva un chihuahua en el bolso y todo el mundo da por hecho que es tonta. Entra en la facultad de derecho de Harvard y se pasa la película demostrando que puede ser todo eso y además una abogada brillante.
La película se convirtió en un pequeño clásico, y en buena parte del público gay es un icono absoluto. Entiendo perfectamente por qué. Elle Woods es la historia de alguien a quien juzgan por su apariencia y que se niega a cambiar su apariencia para que dejen de juzgarla. Gana sin disfrazarse de lo que no es. Eso, para muchas personas LGTBI que han tenido que oír que «se les nota demasiado», es casi una fantasía de justicia.
La protagonista de «Licenciada en derecho» es prima hermana de Elle Woods. Las dos llevan tacones y libros. Las dos están hartas de que las subestimen. La diferencia es que la mía no necesita una película entera para demostrarlo: le basta un estribillo.
Lo que esto tiene que ver con la pluma
Puede parecer raro que un letrista gay escriba una canción sobre una mujer harta de que le miren el escote. Pero a mí no me lo parece en absoluto. Hay una experiencia muy parecida que muchos hombres gais con pluma conocemos de sobra: la de que te reduzcan a una sola cosa.

Si tienes pluma, hay gente que solo ve eso. Que no escucha lo que dices porque está demasiado ocupada mirando cómo mueves las manos. Que da por hecho que no sabrás de números, ni de leyes, ni de nada serio. Que te trata como un adorno simpático en lugar de como un profesional. Ese mecanismo, el de reducir a alguien a la parte de su cuerpo o de su manera de ser que más llama la atención, es el mismo.
Por eso la ficha de la canción dice que va también para cualquiera que esté harto de que le reduzcan a su físico. Y por eso me sale con tanta naturalidad escribir desde la piel de esta mujer. La pelea es distinta en los detalles, pero se parece mucho en el fondo. En Con el taconeo ya jugué con esa misma tarima compartida, la del tacón como afirmación y no como disfraz.
Spanglish como pasaporte
La letra está escrita mezclando inglés y español, a veces dentro del mismo verso. «Mi estilo es pretty.» «Sin ninguna doubt.» «Educada y chic.» Es lo que los lingüistas llaman alternancia de código: pasar de un idioma a otro en mitad de una conversación, con total naturalidad.
En la ficha ya conté cómo eso define a la protagonista como una mujer cosmopolita. Aquí quiero añadir otra cosa. El spanglish, en esta canción, funciona también como una forma de poder. Quien domina dos idiomas y salta entre ellos sin pedir permiso está diciendo que se mueve en varios mundos a la vez. Que no cabe en una sola etiqueta. Que es imposible encasillarla.
Y fíjate en un detalle: el estribillo, la frase importante, está en español. Todo lo demás puede ir en inglés, puede tener el brillo de un videoclip de Miami, pero la línea que pone a cada uno en su sitio se dice en castellano, con «pecho» y «derecho» y ese «que» de barrio. Es como si la protagonista guardara su lengua materna para lo que de verdad importa.
He escrito sobre por qué escribo en español aunque mi web también esté en inglés, y esta canción es una de las pocas del catálogo donde el inglés tiene tanto protagonismo. Pero incluso aquí, el golpe final va en español.
Una canción que no pide perdón
Hay una frase en la parte en inglés que resume muy bien el carácter de la protagonista: pide que no la subestimen, y dice que ha venido para quedarse. No hay nada de modestia en esa letra, y me parece perfecto.
A las mujeres, y a muchas personas LGTBI, se nos ha enseñado durante mucho tiempo a hacernos pequeñas. A no ocupar demasiado sitio, a no hablar demasiado alto, a pedir perdón por existir con demasiado brillo. La protagonista de esta canción ha decidido no hacerlo. Se describe como poderosa, como jefa, como alguien que va cumpliendo sus metas. Y lo dice sin un solo «perdona que te moleste».
Esa falta de disculpas es parte del mensaje. No dice «por favor, si no es mucha molestia, ¿podrías mirarme a los ojos?». Dice «no me mires el pecho». Punto. Es una orden, no una petición. Y la orden viene acompañada de su justificación, por si alguien necesitaba una: soy licenciada en derecho.
El humor como arma legal
Por supuesto, la frase tiene mucha gracia. Hay algo de chiste en la idea de que tener un título universitario te proteja de las miradas. Como si los licenciados en derecho tuvieran un campo de fuerza invisible. Como si la carrera viniera con un certificado antimiradas incluido.

Y ahí está precisamente el truco. La frase es graciosa, y por eso funciona. Si la protagonista soltara un discurso serio sobre el respeto, quien la mira se pondría a la defensiva. Con una frase que rima y que hace reír, lo desarma. Le deja en evidencia sin darle opción a discutir. Es difícil enfadarse con alguien que te ha puesto en tu sitio con un pareado.
En el catálogo hay muchas canciones que usan el humor como herramienta de defensa. He escrito sobre cómo se escribe un estribillo que se ríe de ti y contigo, y esta letra es un buen ejemplo. El estribillo no humilla a nadie; simplemente señala lo absurdo de la situación. Y lo absurdo, señalado con gracia, se vuelve imposible de sostener.
La frase como herramienta para quien escucha
Lo que más me ilusiona de esta canción es pensar que alguien pueda usarla de verdad. Que una mujer, o un chico con pluma, o cualquier persona harta de que la miren de una forma que no le gusta, se aprenda la frase y la tenga preparada. Que la próxima vez no se quede en blanco y no tenga que esperar a la ducha para encontrar la respuesta.
Las canciones pueden servir para muchas cosas. Para llorar, para bailar, para enamorarse. Y también para eso: para darte palabras que no tenías. Hay gente que ha encontrado en una canción la forma de decir algo que llevaba años sin saber cómo decir. Me encantaría que «Licenciada en derecho» fuera, para alguien, esa frase guardada en el bolso.
Y aunque nunca llegue a usarla de verdad delante de nadie, saber que la tiene ya cambia algo. Caminar por la calle con una buena respuesta preparada es caminar distinto. Más alta, más segura, con los tacones sonando más fuerte.
Tres escenarios para un mismo estribillo
Me gusta imaginar el estribillo en sitios concretos, porque cada uno le da un matiz distinto. El primero es una oficina. Una reunión con un cliente que no deja de mirar donde no debe mientras ella le explica un contrato. La frase, dicha con una sonrisa, corta la tensión y deja claro quién lleva la reunión. Nadie podrá decir que ha sido maleducada; solo ha recordado cuál es su papel en esa mesa.
El segundo es un bar. Alguien se acerca con más copas de la cuenta y menos educación de la necesaria. Aquí la frase funciona como un portazo con gracia: no hace falta montar un drama ni llamar al camarero. Basta con decirla y darse la vuelta. El pareado hace el trabajo sucio.
El tercero es un juzgado, que es el escenario natural de una licenciada en derecho. Ahí la frase casi no hace falta decirla, porque la toga ya habla por ella. Pero me hace gracia pensar que la protagonista la lleva en la cabeza igual, como quien repasa los argumentos antes de entrar en sala. Es su lema personal, el que la acompaña aunque no lo pronuncie.
Lo bonito de una frase así es que vale para los tres sitios sin cambiar una coma. Esa es la prueba de que está bien hecha: se adapta a cualquier situación porque nombra algo que pasa en todas.
La mirada que pesa
Hay quien piensa que una mirada no es para tanto. Que mirar no es tocar, que no hace daño a nadie, que es una exageración quejarse por eso. Y entiendo que, desde fuera, pueda parecer un asunto menor.

Pero quien lo vive a diario sabe que no lo es. Una mirada insistente en el sitio equivocado te cambia la conversación. Te hace pensar en tu ropa en lugar de en lo que estabas diciendo. Te obliga a cruzar los brazos, a recolocarte, a perder el hilo. Y cuando pasa una vez es una anécdota, pero cuando pasa todos los días se convierte en un peso que llevas encima sin darte cuenta.
Por eso me parece tan importante que la canción lo nombre sin dramatismo y sin pedir perdón. No convierte la mirada en una tragedia, pero tampoco la deja pasar. La señala, la pone en evidencia y sigue caminando. Es una forma muy sana de defenderse: no te comes el mal rato, pero tampoco dejas que te arruine el día.
Y además lo hace con un ritmo que da ganas de moverse. Esa es otra forma de quitarle poder a la mirada ajena: convertir la respuesta en algo que se baila.
Un disco que imagina otro mundo
La canción forma parte de Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk, el segundo disco de la trilogía Planeta Gayfolk. Ese disco tiene mucho de deseo de un lugar mejor, de un planeta donde las cosas funcionen de otra manera. Y la protagonista de «Licenciada en derecho» es, en cierto modo, una habitante de ese planeta: alguien que ya vive como si las normas viejas no existieran, y que se encarga de recordárselo a quien todavía no se ha enterado.
En la lista de singles, la canción está entre No puedo desenchufar este ventilador que está esparciendo mierda y Pura magia. Me hace gracia ese orden: después de una canción sobre alguien que difunde basura sobre ti, llega una mujer que no se deja reducir a nada, y después una noche de baile en portugués. Es casi una secuencia de recuperación: te ensucian, te pones en tu sitio y te vas a bailar.
Para quién es esta canción
Para todas las mujeres a las que alguna vez han hablado mirándoles al escote y se han quedado sin saber qué decir. Para las que estudiaron una carrera difícil y aun así tuvieron que demostrar el doble. Para los chicos con pluma a los que no escuchan porque están demasiado ocupados mirándoles las manos.
Y para cualquiera que quiera salir de casa con una frase preparada. No hace falta ser licenciada en derecho para usarla. Basta con estar harta de que te miren mal.
Cómo escucharla
La canción está en la página de singles y en todas las plataformas, y se puede descargar gratis desde la sección de descargas. Te la recomiendo antes de una entrevista de trabajo, una reunión difícil o cualquier día en que necesites entrar en un sitio pisando fuerte.
Como letrista, compositor y productor musical, me gusta que el catálogo tenga personajes así, que no piden perdón por nada. La música y las interpretaciones se generan con inteligencia artificial, pero la satisfacción de tener la frase justa en el momento justo es de lo más humano que existe.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata Licenciada en derecho? De una mujer con estilo y con carrera que está harta de que le hablen mirándole el pecho. Su respuesta es un estribillo en forma de pareado: que no la miren así, que es licenciada en derecho.
¿Por qué mezcla inglés y español? Porque la protagonista es una mujer cosmopolita que se mueve entre dos mundos. El inglés le da el brillo de videoclip, pero la frase importante, la del estribillo, va en español.
¿La protagonista es una persona real? No. Es un personaje inventado. Las abogadas reales que cito en el post, Victoria Kent y Clara Campoamor, aparecen solo como contexto histórico.
¿Por qué un letrista gay escribe sobre una mujer? Porque la experiencia de que te reduzcan a una parte de tu cuerpo o de tu forma de ser la conocen muchas personas, también muchos hombres gais con pluma. La pelea se parece mucho en el fondo.
¿Quién hace esta canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical que se presenta como «el primer cantautor IA»: escribe las letras y dirige la producción, y la música y las interpretaciones vocales se generan con inteligencia artificial.