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Brillar desde lejos: «I Want to Be a TikTok Star» y la fama a medias

«I want to be a TikTok star.»

Cuatro veces seguidas. Sin variación. Como quien repite un deseo delante del espejo del baño antes de grabar el vídeo número trescientos. Quiero ser una estrella de TikTok. Quiero ser una estrella de TikTok. Quiero ser una estrella de TikTok.

Y luego, la quinta línea, que lo cambia todo: «but I keep shining from afar».

Pero sigo brillando desde lejos.

Esa es la canción entera, si me apuras. Un deseo repetido hasta la saciedad y una confesión pequeña. Quiero ser viral, pero brillo desde lejos. Desde un cuarto. Desde un rincón. Desde la periferia de algo que no termina de llegar.

En la ficha de la canción está lo básico. Aquí quiero hablar de la fama a medias, que es la que tenemos casi todos, y de por qué una canción que parece un chiste sobre TikTok es, en el fondo, una canción sobre la distancia.

El deseo que da un poco de vergüenza

Querer ser famoso en TikTok da vergüenza. Es así. Si dices en una cena que quieres ser escritor, actor o tenor de ópera, la gente asiente con respeto. Si dices que quieres ser estrella de TikTok, la gente se ríe por dentro. Y a veces por fuera.

La canción se pone ese deseo en la boca sin pudor. «I want to be a TikTok star.» Lo dice en inglés, que suaviza un poco el ridículo, como todo lo que se dice en inglés. Pero lo dice. Y lo repite cuatro veces, que es la forma de convertir una vergüenza en un estribillo.

Me interesa mucho ese mecanismo. Coger un deseo un poco ridículo, de esos que no se confiesan, y gritarlo. Es lo que hago con casi todo: con los ex, con los narcisistas, con mis trajes de SHEIN, con mis noches cutres. Si lo dices antes que nadie, nadie te lo puede echar en cara.

Y además, seamos sinceros: todo el que sube un vídeo a TikTok quiere que lo vea alguien. Hasta el que dice que lo hace «para él». Nadie graba un vídeo para que no lo vea nadie. La canción solo dice en voz alta lo que piensa todo el mundo con el móvil en la mano.

Tan Cateto, el que sí corrió

Tengo una relación curiosa con TikTok. Una de mis canciones, «Tan cateto», corrió por esa red, y así lo cuento en mi página «Sobre». Fue mi pequeño momento de viralidad. No de estrella, que conste. Pero sí de esas semanas en las que ves que una canción tuya está en vídeos de gente que no conoces de nada.

Con «I Want to Be a TikTok Star» hay, por tanto, un poco de ironía. Es la canción de alguien que ya ha probado el sabor y quiere más. O la de alguien que sabe que la viralidad es una lotería y que, aunque te toque una vez, no te convierte en estrella. Te convierte en alguien a quien le tocó una vez.

Escribí sobre lo que aprendí de esa red en lo que TikTok y los Shorts me enseñaron sobre las canciones. Lo resumo en una frase: TikTok te enseña a decir lo importante en tres segundos. Y esta canción, curiosamente, tarda bastante más en decirlo.

«Soft little beats in a midnight room»

Hay unas líneas en la canción que me gustan especialmente: «Soft little beats in a midnight room, / a tiny rhythm trying to bloom».

Fotogramas del videoclip oficial de «I Want to Be a TikTok Star», de Mike Sain't Louis

Ritmos suaves y pequeños en un cuarto a medianoche. Un ritmo diminuto intentando florecer.

Es el retrato de cómo se hace casi todo lo que vemos en TikTok. No en un estudio con focos, sino en un cuarto. A medianoche. Con el móvil apoyado en una pila de libros o en un trípode del chino. Con la luz del aro que compraste en Amazon. Con la puerta cerrada para que no entre tu madre o tu compañero de piso.

Y «a tiny rhythm trying to bloom» es lo que siente cualquiera que crea algo pequeño. Un ritmo diminuto, intentando abrirse. No es un éxito. Es un intento. Una semilla en una maceta de balcón.

Me gusta que la canción tenga esa ternura en medio de un estribillo tan descarado. Porque detrás de cada aspirante a estrella de TikTok hay un cuarto a medianoche y un ritmo que intenta florecer. Hay alguien solo intentando que algo salga bien.

Shining from afar

Vuelvo a la frase central: «but I keep shining from afar».

Brillar desde lejos tiene dos lecturas, y me gustan las dos.

La primera es triste. Brillo, pero desde lejos. No llego al centro. No estoy en la página de «Para ti» de millones de personas. Soy una estrella pequeña, de esas que se ven solo si apagas todas las luces de la ciudad. Brillo en la periferia.

La segunda es más digna. Brillo desde lejos, sí, pero brillo. No necesito estar en el centro para tener luz propia. Las estrellas de verdad están lejísimos y siguen brillando. Algunas, incluso, ya se han apagado y su luz todavía llega.

La canción no elige entre las dos. Dice «but», pero. Es una objeción y una afirmación a la vez. Quiero ser estrella de TikTok, pero sigo brillando desde lejos. ¿Es una queja? ¿Es un consuelo? Las dos cosas.

Creo que esa ambigüedad es la de casi todos los que creamos algo sin una gran maquinaria detrás. Brillamos desde lejos. A veces nos duele. A veces nos basta.

La fama de nicho

Escribí un post que se titula mil oyentes fieles: la fama de nicho y por qué me basta. Ahí cuento algo que pienso de verdad: que no necesito millones de reproducciones para que mi trabajo tenga sentido. Que mil personas que escuchan de verdad valen más que un millón que pasan el dedo.

«I Want to Be a TikTok Star» parece contradecir eso. ¿No decías que te bastaba con mil? ¿Y ahora quieres ser estrella?

Y la respuesta es que las dos cosas son verdad a la vez. Uno puede pensar en serio que mil oyentes le bastan y, a la vez, tener una parte que quiere más. Que fantasea con el vídeo viral. Que mira los números a las tres de la mañana. La canción es esa parte. La que no se dice en los posts serios.

Me parece honesto tener una canción así en el catálogo. Una canción que deja ver la costura. Que enseña la parte del creador que mira las estadísticas aunque diga que no las mira. Si solo publicara textos sobre lo bien que llevo la fama de nicho, estaría mintiendo un poco. A ratos la llevo bien. A ratos quiero ser una TikTok star.

«Desde España, con amor»

A mitad de la canción, el inglés se rompe y aparece el español:

Desde España / Con amor / bye bye dolor

Me encanta este giro. Después de tanto «I want to be», tan internacional, tan de influencer de Los Ángeles, de repente: desde España. Con amor. Y un «bye bye dolor» que mezcla los dos idiomas como se mezclan en cualquier conversación de un chaval de veinte años en Madrid.

«Desde España con amor» tiene algo de postal, de despedida de carta, de título de película de James Bond pasado por la Gran Vía. Y «bye bye dolor» es la frase más optimista de todo el catálogo, casi. Adiós, dolor. Así de fácil. Así de ingenuo.

No me lo creo del todo, claro. El dolor no se va con un «bye bye». Pero en una canción de TikTok, donde todo dura quince segundos, a lo mejor sí. A lo mejor durante quince segundos el dolor se va.

Arriba muchachas y muchachos

Y luego llega el saludo más largo de mi catálogo:

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Soft little beats in a midnight room, a tiny rhythm trying to bloom» de «I Want to Be a TikTok Star»

«Arriba muchachas y muchachos / Garotas y garotos, todas y todes / Internacionales y españoles.»

Es un saludo de animador de discoteca, de presentador de verbena, de influencer que empieza el directo. Arriba todos. Pero con una lista que va sumando idiomas y géneros.

«Muchachas y muchachos», en español de toda la vida. «Garotas y garotos», en portugués, que es uno de los idiomas en los que también escribo. «Todas y todes», con el lenguaje inclusivo que tanto molesta a tanta gente. «Internacionales y españoles», que es como decir: a los de aquí y a los de fuera.

Es un saludo que quiere incluir a todo el mundo. Y es, a la vez, un poco ridículo, porque nadie habla así. Nadie dice «garotas y garotos, todas y todes» en la misma frase. Pero en TikTok sí. En TikTok uno saluda a su público imaginario como si fuera la ONU.

Esa es la gracia. El aspirante a estrella saluda a un público que todavía no tiene. Internacionales y españoles. Como si hubiera millones mirando. Y quizá hay doce.

Hablarle a un público imaginario

Me reconozco mucho en eso. Cuando publico una canción, o escribo un post como este, le hablo a alguien que no sé si existe. Le digo «tú». Le digo «si te ha pasado». Le pongo una sección de preguntas frecuentes como si fueran a preguntarme en masa.

Todo creador le habla a un público imaginario. El novelista que escribe en su cocina, el pintor que pinta en su buhardilla, el chaval que graba un baile en su cuarto. Todos imaginan a alguien al otro lado.

Y a veces ese alguien aparece. Y a veces no. Pero el saludo hay que hacerlo igual. Arriba muchachas y muchachos. Por si acaso.

Hay algo muy de pueblo en ese saludo, por cierto. Me recuerda al presentador de las fiestas patronales subido al escenario de la plaza, con el micrófono acoplándose, saludando a «los vecinos y vecinas, a los que han venido de fuera y a los que nos ven desde casa». En la plaza hay cuarenta personas y tres perros. Y él saluda como si fuera la gala de los Goya. Eso es exactamente lo que hace la canción. Y me parece precioso.

«I keep falling for who we are»

La canción empieza con una frase rara, que casi no se entiende fuera de contexto: «but I keep falling for who we are».

Pero sigo enamorándome de quienes somos.

¿Quiénes somos? No lo dice. Pero yo lo leo así: los que hacemos cosas pequeñas en cuartos a medianoche. Los que brillamos desde lejos. Los que saludamos a un público imaginario en cuatro idiomas. Los que queremos ser estrellas y no lo somos.

Es una declaración de amor a la tribu de los aspirantes. A los que nunca llegan del todo. A la periferia de internet, que está llena de gente creando cosas bonitas que nadie ve.

Y es, también, una forma de decir que prefiero eso a la fama. Que aunque quiera ser TikTok star, me enamoro de lo que somos los que no lo somos.

Manifestarlo

Hay una moda en redes que se llama «manifestar». Consiste en repetir lo que quieres conseguir, en voz alta o por escrito, como si ya lo tuvieras, para que el universo te lo traiga. «Soy rica.» «Tengo el trabajo de mis sueños.» «Mi ex vuelve arrepentido.» Hay vídeos de gente escribiendo la misma frase cincuenta veces en una libreta con un bolígrafo de purpurina.

Collage con un detalle de la carátula de «I Want to Be a TikTok Star» y las carátulas de «Tan cateto», «En Canarias No Existen las Sirenas»

Cuando releo el estribillo de esta canción, «I want to be a TikTok star» cuatro veces seguidas, me suena a eso. A manifestar. A una chica en su cuarto repitiendo su deseo con la esperanza de que el algoritmo, que es el universo de ahora, la escuche.

Me hace gracia y me da ternura a la vez. Gracia, porque el universo no funciona así, y el algoritmo tampoco. Ternura, porque todos tenemos una frase que repetimos esperando que se cumpla. Aunque no la escribamos en una libreta de purpurina.

Y luego está el detalle que lo desmonta todo: la quinta línea. Después de manifestar cuatro veces, la canción dice «but I keep shining from afar». Es decir: lo he manifestado, y aquí sigo, brillando desde lejos. El universo no ha contestado. Es la canción de manifestación más honesta que conozco. La que admite que no funciona.

Lo que TikTok le ha hecho a las canciones

Hay algo que se nota en el pop de los últimos años, y no hace falta ser experto para verlo. Las canciones son más cortas. El estribillo llega antes. Los primeros segundos tienen que enganchar, porque si no, el dedo pasa a otra cosa. Mucha música se escribe ya pensando en qué trozo se va a usar en un vídeo.

«I Want to Be a TikTok Star» juega con eso. Su frase principal es un trozo perfecto para un vídeo: corta, repetible, en inglés, con un deseo dentro. Es casi una canción escrita para ser un sonido de TikTok. Y a la vez es una canción sobre querer ser TikTok star. Se muerde la cola.

No me parece mal que el pop se adapte a cómo se escucha. Siempre lo ha hecho. Los singles de los años cincuenta duraban tres minutos porque eso cabía en un disco de 45 revoluciones. Los de ahora duran dos porque eso cabe en la paciencia de un dedo. Cambia el formato. Lo que no cambia es que alguien tiene que escribir algo que merezca la pena en ese tiempo.

Un marica en un cuarto con el móvil

Hay otra lectura de la canción que me importa, y tiene que ver con el planeta.

Para muchos chavales LGTBI de pueblo, TikTok ha sido una ventana. Ahí han visto a otros como ellos, bailando, haciendo chistes, contando su salida del armario, maquillándose, siendo felices. Gente que, hace veinte años, no habría tenido dónde enseñarse. Las estrellas de TikTok queer han hecho más por algunos chavales de Soria o de Jaén que muchas campañas institucionales.

Así que «I want to be a TikTok star», dicho desde el Planeta Gayfolk, tiene también ese sentido. Quiero ser una de esas personas que aparecen en el móvil de alguien que se siente solo. Quiero brillar, aunque sea desde lejos, para que alguien en su cuarto a medianoche vea que se puede.

Es un deseo de fama, sí. Pero también es un deseo de compañía. De ser el ritmo pequeño que florece en el cuarto de otro.

En el disco de la liberación

La canción está en «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. Puede parecer raro que una canción tan ligera esté en el disco de la liberación.

Ficha de la canción «I Want to Be a TikTok Star» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Pero tiene sentido. Liberarse también es permitirse desear cosas que dan vergüenza. Es dejar de fingir que no te importa que te vean. Es decir en voz alta «quiero ser estrella de TikTok» sin que te tiemble la voz. Y es, también, aceptar que brillas desde lejos y que no pasa nada.

El «bye bye dolor» es la frase más liberadora del disco, aunque sea ingenua. O precisamente porque es ingenua. Hay que estar muy liberado para decir algo tan simple sin ironía.

TikTok como escaparate de Planeta Gayfolk

Tengo una página de TikTok en la web, y otra de Shorts, con los vídeos cortos que hago de las canciones. Los hago porque es donde está la gente, y porque una canción guardada en un cajón no le sirve a nadie.

No voy a dar cifras aquí, porque no es el sitio y porque las cifras dicen poco. Solo diré que hacer vídeos cortos te obliga a pensar las canciones de otra manera. Te obliga a encontrar los tres segundos que enganchan. Te obliga a pensar en la imagen tanto como en la letra. Y eso, para alguien que lleva la dirección artística de todo, es un ejercicio buenísimo.

«I Want to Be a TikTok Star» es, en cierto modo, una canción sobre ese ejercicio. Sobre lo que se siente al hacerlo una y otra vez, a medianoche, con la esperanza de que algún día un vídeo explote.

La constancia y el algoritmo

Llevo unos dos años sacando singles y videoclips, y lo conté en dos años sacando singles y videoclips: lo que aprendí de la constancia. Una de las cosas que aprendí es que el algoritmo no premia la calidad. Premia la constancia, la suerte y otras cosas que nadie entiende del todo.

Así que ser TikTok star no depende de ti. Depende de una máquina que decide qué ve la gente. Y eso, para alguien que trabaja con máquinas todos los días, tiene su gracia. Uso la inteligencia artificial como herramienta para producir canciones, y luego otra inteligencia artificial, la del algoritmo, decide si alguien las escucha.

Máquinas por delante y por detrás. Y en medio, un señor de Madrid escribiendo letras. Si alguna vez una de esas letras le cae bien al algoritmo, me pondré la corona de plástico y diré que lo había manifestado. Mientras tanto, sigo escribiendo, que es lo único que depende de mí. La letra la decido yo; a quién le llega, no. Esa división de tareas la tengo asumida, aunque algunos días me cueste.

El miedo a publicar

Hay una cosa que no dice la canción pero que está debajo: el miedo. Querer ser estrella de TikTok implica publicar. Y publicar da miedo. Miedo a que nadie lo vea. Miedo a que lo vean y se rían. Miedo a los comentarios.

Escribí sobre el miedo a publicar. Lo resumo en que el miedo no se va, pero se publica igual. El aspirante a TikTok star de la canción tiene ese miedo, seguro. Y aun así repite cuatro veces que quiere serlo. Esa repetición es su forma de vencer el miedo.

Leerla

La letra completa está en su página de letras. Es corta, repetitiva, ligera. Se lee en veinte segundos, que es casi lo que dura un TikTok.

Y si alguna vez has querido ser estrella de algo, de TikTok, de la tele, de tu barrio, de tu grupo de WhatsApp, esta canción es tuya. Brilla desde lejos. Que también es brillar, y a veces es lo único que hay, y no está nada mal.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «I Want to Be a TikTok Star»? Del deseo de ser famoso en TikTok y de la confesión de que, mientras tanto, se brilla «from afar», desde lejos: desde un cuarto a medianoche, con «soft little beats».

¿Por qué mezcla idiomas? La canción está en inglés y pasa al español con «Desde España, con amor, bye bye dolor», y luego saluda en español y portugués: «Arriba muchachas y muchachos, garotas y garotos, todas y todes».

¿En qué disco está? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK de Planeta Gayfolk.

¿Mike Sain't Louis ha sido viral en TikTok? Su canción «Tan cateto» corrió por TikTok, según cuenta su página «Sobre».

¿Quién escribió la canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor de Madrid. La música y las voces se producen con inteligencia artificial como herramienta; la letra es suya.

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