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Dos años sacando singles y videoclips: lo que aprendí de la constancia

Hoy quiero contarte algo que llevo tiempo rumiando. Hace poco me senté a mirar lo que he publicado en estos dos años de trabajo con PLANETA GAYFOLK y me salieron dos cifras que todavía me cuesta asimilar: 273 singles y más de 280 videoclips. Además de cientos de vídeos cortos que ya ni intento contar.

Escrito así parece la memoria anual de una empresa. Vivido fue otra cosa, bastante menos ordenada.

El ritmo

No hubo un plan maestro. O lo hubo, pero cambió tantas veces que sería mentira llamarlo plan. Lo que sí hubo fue una costumbre: sacar cosas. Una canción, luego otra. Un videoclip, luego el siguiente. Hubo épocas de mucho movimiento y épocas más tranquilas, y no siempre elegí yo cuál tocaba.

Lo curioso de la constancia es que desde dentro no se nota. Un día no parece nada. Una semana tampoco. Es al mirar atrás, con dos años encima, cuando ves la montaña y te preguntas cómo has llegado hasta arriba si solo te acuerdas de haber dado pasos pequeños.

La disciplina

La gente imagina que con inteligencia artificial las canciones salen solas. Conmigo no funciona así. Yo escribo todas las letras. La música la produzco con herramientas de IA, pero soy yo quien decide qué se queda y qué se tira, y se tira mucho. Luego viene lo que no es la canción: la portada, el título definitivo, el momento de publicarla, y sobre todo los videoclips, que dirijo yo. Que haya más videoclips que singles ya te dice algo del tiempo que se me ha ido ahí.

Mi disciplina no ha sido nunca la de las fotos de madrugada con café y agenda de cuero. Ha sido algo más aburrido. Terminar lo que empiezo antes de abrir otra cosa. No dejar un vídeo a medias para mañana, porque mañana habrá otra canción esperando y lo de ayer se convierte en deuda. Las deudas pequeñas, cuando trabajas solo, se acumulan muy rápido.

Y aprendí otra cosa que me costó aceptar. La constancia no depende del entusiasmo. Hay días en los que tiras de ganas y días en los que tiras de pura costumbre. Los dos sirven. Durante mucho tiempo pensé que si no me apetecía, lo que saliera iba a ser peor. No siempre. Algunas de las letras que más me gustan las escribí en días grises, sin ninguna inspiración, solo porque tocaba sentarse.

Las dudas

Tuve muchas, y algunas siguen ahí.

La primera es la obvia: si no estaré publicando demasiado. Con tanta canción saliendo, cada una tiene menos espacio para que alguien la escuche con calma antes de que llegue la siguiente. Hay canciones de estos dos años que me parecen muy buenas y que creo que pasaron casi de puntillas, tapadas por las de alrededor. Eso me da una pena real, de las que no se arreglan con un post.

La segunda duda es más íntima. Me preguntaba si me estaba repitiendo. Si estaba escribiendo la misma canción con otro título. Releo ahora las letras y la respuesta honesta es que algunas veces sí y la mayoría no. Los temas son los mismos porque son mis temas: el amor gay, los exnovios, el orgullo, la autoestima, la vida de cada día. Pero las historias cambian. Entre «La primera drag» y «Mitad Venezuela, mitad Pakistán», por ejemplo, solo con los títulos ya hay mundos distintos. Eso me tranquiliza bastante.

Y luego está el cansancio. No voy a hacer épica con eso. Cansa. Hay momentos en los que la constancia se parece mucho a la terquedad, y no siempre sé distinguirlas.

Lo que haría distinto

Hay cosas de las que no me arrepiento. Publicar tanto me obligó a soltar el perfeccionismo, que en mi caso era una forma elegante de no terminar nada. Y me ha dejado un catálogo grande del que ahora puedo tirar, ordenarlo y contarlo de otras maneras.

Pero cambiaría el reparto. Dejaría más aire entre canción y canción, para que cada single tuviera unos días de vida propia antes de soltar el siguiente. Prefiero que alguien escuche diez canciones mías con atención a que pase por cincuenta sin quedarse con ninguna.

También habría pensado mucho antes en cómo encontrarlas. Durante casi todo este tiempo no existía la web que hay ahora. Desde octubre, cada canción tiene su página en mikesaintlouis.com, con su videoclip, su letra completa y su enlace a Spotify, y hay un buscador y una sección de letras de la A a la Z. Ojalá la hubiera hecho al principio. Habría ayudado a que nadie se perdiera entre tantos títulos, empezando por mí, que alguna vez he tenido que buscar una letra mía como cualquier otra persona.

La trilogía GAYFOLK es en parte una respuesta a todo esto. Coger material de estos dos años y contarlo como una sola historia en tres actos, con su principio y su final, en vez de dejarlo suelto en una lista infinita. Los tres discos se descargan gratis, sin registrarse, y para mí son la puerta más amable para entrar en todo lo demás.

No sé cómo serán los dos próximos años. Sospecho que más lentos. Lo que sí sé es que sin esta constancia un poco cabezota no tendría nada que ordenar, ni este texto que escribirte.

Todo el catálogo, con sus letras, está en mikesaintlouis.com.

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