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El miedo a publicar

Hay un momento que se repite con cada canción y que no he conseguido domesticar. Todo está listo. La letra, la producción, la portada, el videoclip. Solo falta darle al botón. Y ahí, en ese segundo, me entra un miedo pequeño y tonto, como cuando vas a llamar a alguien que te gusta y el dedo se queda quieto encima del nombre.

Con 273 singles publicados, cualquiera pensaría que ya no lo siento. Lo siento. Menos que al principio, pero lo siento. Y he dejado de considerarlo un problema que haya que resolver. Ahora lo veo más bien como un compañero de trabajo un poco pesado que no se va a ir nunca.

De qué tengo miedo exactamente

He intentado ponerle nombre muchas veces, porque un miedo sin nombre es mucho más grande de lo que debería. Y he llegado a la conclusión de que no es miedo a que la canción no guste. Eso pasa, y lo llevo razonablemente bien. Es otra cosa.

Es miedo a que una vez publicada ya no sea mía del todo. Mientras está en mi ordenador puedo cambiarla, mejorarla, tirarla. En cuanto sale, se queda así para siempre. Con sus defectos, con ese verso que no terminaba de convencerme, con ese plano del videoclip que habría montado de otra manera. Publicar es aceptar que algo está terminado, aunque yo sepa que nunca lo está del todo.

Y hay una segunda capa. Mis canciones hablan del amor entre hombres, de exnovios, de autoestima. Con humor, sí, pero el humor no tapa del todo. Cuando publico, enseño algo. No siempre algo íntimo, pero sí algo que me importa. Y enseñar lo que te importa siempre da un poco de frío.

Lo que hice mal al principio

Al principio intenté vencer el miedo con perfección. Pensaba que si la canción estaba perfecta no habría nada que temer. Así que revisaba la letra veinte veces, escuchaba la producción hasta que ya no sabía si me gustaba o no, retocaba el videoclip un fotograma más.

No funcionó. El miedo no bajaba. Lo único que conseguía era retrasar la publicación y llegar al botón agotado, con la canción tan manoseada que había perdido parte de su gracia. La perfección no quita el miedo. Solo lo aplaza y lo engorda.

Tampoco funcionó lo contrario, que fue publicar sin mirar, a lo loco, para no darle tiempo al miedo a aparecer. Eso me dejó algún error que todavía me da rabia y la sensación de no haber cuidado algo que merecía cuidado.

Lo que me funciona ahora

Lo que me funciona es separar dos decisiones que antes mezclaba. Una es si la canción está lista. La otra es si yo me siento listo. Son preguntas distintas, y la segunda casi siempre tiene la respuesta equivocada.

Si la canción está lista, sale. Aunque yo tenga miedo. Mi criterio para saber si está lista es bastante concreto: que la letra se sostenga leída en voz alta, que la producción sirva a la letra y no al revés, que el videoclip no contradiga lo que dice la canción. Si cumple eso, mi estado de ánimo de ese día no tiene voto.

También me ayuda ser CEO de mi propio sello. Suena raro, pero es así. MIKE SAIN'T LOUIS tiene un calendario, aunque lo decida yo, y cuando una canción tiene fecha, le hablo a mi miedo como le hablaría a cualquier otro artista del sello. Con cariño y sin dejarle retrasar el lanzamiento. Es una pequeña ficción que me permite tratarme con algo más de profesionalidad.

Con los videoclips me pasa algo parecido, aunque con un matiz. Como los dirijo yo, el miedo ahí es más visual. Me da miedo que una imagen diga algo que la letra no dice, o que lo diga demasiado. Una canción puede ser ambigua y quedar bien. Un plano mal elegido la cierra, la explica de más, le quita al que mira la posibilidad de imaginar. Con más de 280 videoclips hechos, sigo sintiendo ese pellizco antes de publicar cada uno.

No todo el miedo es malo. Hay una versión que me sirve. Es la que aparece cuando algo en la canción no está bien y yo todavía no lo he visto. Un miedo más concreto, más localizado, que no es «me da vértigo publicar» sino «hay algo raro en el segundo estribillo».

He aprendido a distinguirlos. El miedo general es difuso, me pilla en el estómago y no apunta a nada. El útil señala un sitio. Cuando el miedo señala, vuelvo a ese sitio y casi siempre encuentro algo. Cuando no señala nada, publico.

Lo que pasa después

Lo más curioso es lo que ocurre justo después de publicar. El miedo desaparece casi de golpe. En su lugar llega algo parecido al alivio, y unas horas después, la indiferencia, porque ya estoy pensando en la siguiente canción. Ese contraste me hace gracia. Tanto drama para un segundo, y luego nada.

Por eso intento recordar, en el momento del dedo quieto, que el miedo dura poco. Que dentro de una hora estaré en otra cosa. Que la canción va a seguir su camino sin mí, y que eso, que antes me asustaba, es en realidad lo mejor que le puede pasar.

Si tú también tienes cosas guardadas sin publicar, sean canciones, textos o dibujos, no te voy a decir que pierdas el miedo. No sé hacerlo. Te digo que no le dejes decidir. Puede venir contigo, sentarse al lado, quejarse. Pero el botón lo pulsas tú.

Lo que he publicado con miedo, que es casi todo, está en mikesaintlouis.com.

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