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Lo que TikTok y los Shorts me enseñaron sobre las canciones

Mucha gente llegó a mí por «Tan Cateto». No por un disco, ni por la web, ni por la canción que yo habría elegido como carta de presentación. Por un trozo de «Tan Cateto» que alguien vio en TikTok mientras hacía otra cosa. Me parece justo empezar por ahí, porque esa canción me obligó a pensar en algo que antes daba por hecho: que la gente escucha una canción entera.

No la escucha. Al menos, no la primera vez.

Lo que sé es que «Tan Cateto» se convirtió en la puerta. La gente entraba por ahí y luego algunos se quedaban a mirar qué más había en la casa. Y había bastante donde mirar, porque detrás de ese vídeo estaban dos años de trabajo.

Creo que el título ayudó. «Cateto» es una palabra que en España todo el mundo conoce y que tiene algo de insulto cariñoso, de esos que te sueltan tus amigos cuando haces el ridículo. Es corta, suena bien y se entiende al instante. En un sitio donde la gente decide en un segundo si se queda o sigue bajando con el dedo, una palabra así vale oro. No lo planeé. Me gustaría decir que sí, pero mentiría.

Los primeros segundos

Dirijo mis videoclips, más de 280 a estas alturas, y he montado cientos de Shorts. Haciendo vídeos cortos aprendí algo que nadie me había explicado bien: los primeros dos o tres segundos lo deciden todo. Si al principio hay una intro larga, un plano bonito de nada o una espera, la persona ya se ha ido.

Eso me cambió la forma de pensar los vídeos. Ahora, cuando corto un Short, busco el momento en que pasa algo: una frase con gracia, un cambio brusco en la imagen, el título dicho de golpe. Empiezo por ahí aunque en la canción llegue en el minuto dos. El vídeo corto no respeta el orden de la canción, y he aceptado que no tiene por qué respetarlo.

Lo curioso es que esto también me ha hecho mirar las canciones de otra manera. Me pregunto más a menudo qué pasa en los primeros segundos de una canción completa. Si tarda demasiado en arrancar, a lo mejor sobra algo. No siempre lo cambio. Hay canciones que necesitan su entrada lenta, y no quiero que todo lo que hago suene a anuncio de champú. Pero la pregunta ya no se me va de la cabeza, y eso a veces es incómodo.

El estribillo manda

En TikTok y en Shorts, lo que más circula casi siempre es el estribillo. Es la parte que la gente reconoce, la que se puede repetir y la que sirve para que otra persona haga su propio vídeo encima. Una estrofa cuenta cosas; un estribillo se pega.

Esto tiene una consecuencia que me incomoda un poco. Si sabes que solo va a circular el estribillo, la tentación es escribir canciones que sean un estribillo con relleno alrededor. Y eso no me interesa nada. Las estrofas son donde están los personajes, el detalle raro, la escena. Sin estrofas lo que tienes es un eslogan, y para eslóganes ya están los bancos.

Así que intento las dos cosas a la vez, y no siempre me sale: un estribillo que pueda vivir solo en veinte segundos y unas estrofas que justifiquen quedarse los tres minutos. Cuando me sale, lo noto. Cuando no, también, y entonces el clip funciona y la canción se queda coja.

Veinte segundos contra tres minutos

Esta es la parte que más me hace pensar. Un clip de veinte segundos y una canción completa son dos experiencias distintas, aunque usen el mismo material. En el clip, la gente se ríe, comparte, deja un comentario y sigue bajando. En la canción completa hay tiempo para que una frase te toque algo, para que entiendas quién habla y por qué está tan enfadado o tan enamorado.

Mi miedo, al principio, era que casi todo el mundo se quedara en el clip. Y muchos se quedan, claro. Pero he visto que una parte de la gente hace el camino completo: del vídeo corto al videoclip entero, del videoclip a Spotify, de una canción a otra. No tengo cifras que enseñar y no voy a inventarlas. Lo que tengo es la sensación de que el clip funciona como la muestra que te dan en el mercado. Pruebas el trocito de queso y decides si te llevas la cuña.

He aprendido también a no despreciar el clip. Hubo un momento en que me parecía una versión pobre de la canción, casi un mal necesario. Ahora creo que es otra cosa, con sus propias reglas, y que tiene que estar bien hecha por sí misma. Un Short mal cortado no lleva a nadie a ningún sitio. Uno bien cortado puede llevar a alguien hasta una canción que no habría buscado nunca.

Y hay una contradicción que no resuelvo. Me alegra que «Tan Cateto» abriera la puerta, pero a veces me da un poco de rabia que tanta gente se quede con esa y no pase de ahí. Supongo que le pasa a cualquiera que tenga una canción más conocida que las demás. Uno no elige cuál le van a pedir.

Lo que no ha cambiado

Hay cosas que TikTok no me ha cambiado. Sigo escribiendo letras que tienen sentido de principio a fin. Sigo pensando en los discos como historias que se escuchan en orden, de la primera canción a la última, y eso no cabe en veinte segundos. No pasa nada. Hay sitio para las dos cosas, y cada una alimenta a la otra más de lo que pensaba.

Lo que sí ha cambiado es que ya no doy por hecho que alguien va a llegar a mi música por la puerta principal. Llega por la ventana, o por un vídeo que le mandó un primo a las dos de la mañana. Y está bien. Lo importante es que, cuando entre, encuentre algo más que el trozo que le hizo gracia, y que ese algo esté a la altura.

Si llegaste por un clip y quieres la canción entera, está en mikesaintlouis.com.

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