
By Mike Sain't Louis ·
Un corazón que late en Madrid, otro noble y unos latidos contados: los corazones de Planeta Gayfolk
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Si hiciéramos un recuento de las palabras más repetidas en todas las canciones de la historia, el corazón estaría sin duda en lo más alto. Se rompe, se entrega, se roba, se parte en dos, se regala, se congela. Es tan habitual que ha perdido casi todo su peso. Lo oímos y no sentimos nada, igual que no sentimos nada al leer querido al principio de una carta.
Por eso me llevé una pequeña sorpresa al buscar dónde aparecía en mis propias letras. Esperaba encontrar los tópicos de siempre, y alguno hay, pero sobre todo encontré corazones que hacen cosas inesperadas. Uno retumba en mitad de una ciudad entera. Otro late en el pecho de alguien que ha elegido estar solo. Otro tiene dueña, y la dueña es una sombra. Hay corazones con los que alguien juega, latidos que se cuentan en secreto en una habitación alquilada, corazones que se calman en una noche serena y corazones que saltan cuando el bajo cae en una discoteca.
Este texto sigue ese rastro. No pretende ser un catálogo completo, sino un paseo: de una capital a la costa, de una habitación oscura a una pista llena, de un latido que grita a uno que apenas se oye.
El corazón de una ciudad
El ancla de este recorrido es «Madrid to Benidorm», un himno de orgullo en inglés que traza el camino entre la capital y la costa mediterránea. Y su primer corazón no es el de una persona. Es el de una ciudad. En la primera estrofa, después de presentar unas calles donde el espíritu no se deja domar, aparece la imagen: «Madrid's heart beats loud», el corazón de Madrid late fuerte.

Me gusta mucho esa idea de una ciudad con pulso propio. No es un recurso nuevo, claro, pero aquí tiene un sentido muy concreto. El corazón que late fuerte no es el de los edificios ni el del tráfico. Es el de la gente que ha salido a la calle. Es un corazón colectivo, hecho de miles de corazones individuales que se han puesto a latir al mismo ritmo. Y lo que dice ese latido, inmediatamente después, es que han venido para quedarse.
Ese latido es el contrario del corazón escondido. Durante mucho tiempo, los corazones de personas como yo tuvieron que latir a media luz: con discreción, sin hacer ruido, sin que nadie notara por quién se aceleraban. Que de repente una ciudad entera tenga un corazón que retumba es una forma de reparar ese silencio. Ya no hay que disimular el pulso.
Y luego está el segundo corazón de la canción, el más conmovedor. En la última estrofa, bajo un cielo español muy ancho, la letra se acuerda «For every heart» que ha sido rechazado, de cada corazón «that's been denied». Es una dedicatoria. En mitad de la fiesta, la canción se detiene un momento para pensar en quienes no pudieron llegar a ella, en los corazones a los que se les negó el derecho a querer a quien querían.
Me emociona que un himno tan festivo guarde ese hueco. Las celebraciones de orgullo tienen siempre esa doble cara: la alegría del presente y la memoria de lo que costó llegar hasta aquí. La letra no se olvida de esa memoria. Inmediatamente después de nombrar los corazones negados, los invita a subir a la ola: en el gran océano del amor, dice, cabalgaremos la marea. Nadie se queda fuera.
Entre esos dos corazones, el que retumba y el que fue negado, la letra despliega otras imágenes que no nombran la palabra pero hablan de lo mismo. En la segunda estrofa aparecen «Every color, every hue», todos los colores y todos los matices, y unos brazos abiertos que se abren paso en cada ciudad. Más adelante, en la estrofa que sigue al estribillo, la canción habla de ir «Hand in hand», de la mano, abriendo camino hacia noches más luminosas y días más valientes. Y entre medias deja una frase de tres palabras que funciona como lema: «Love wins», el amor gana, pase lo que pase.
Leídas juntas, estas imágenes dibujan un corazón que no se queda dentro del pecho. Sale a la calle, se reparte en colores, se da la mano con otros. Es un corazón expansivo, que crece a medida que se suma gente. Y eso tiene su lógica en una canción de orgullo: el corazón individual, el que durante tanto tiempo tuvo que esconderse, encuentra por fin un lugar donde latir junto a los demás sin miedo a que se le note.
Me parece significativo que la canción esté en inglés aunque hable de dos lugares tan españoles. Es una manera de decir que este corazón de Madrid y de Benidorm quiere que lo entienda cualquiera, venga de donde venga. El latido local se convierte en un mensaje para todo el mundo.
El clip de la costa
El videoclip de «Madrid to Benidorm» dura 2:36 y se publicó el 2 de diciembre de 2025 a las 14:36, hora peninsular española. Entre los 276 clips del canal es el número 21. Como todos mis clips, está generado para la canción y sus personajes son inventados; los segundos que cito son aproximados.

Es un vídeo luminoso, casi de folleto de vacaciones. Hay terrazas junto al mar con sombrillas y sillas de madera, una pareja mayor que comparte un café frente al agua, tres músicos con guitarras en un estudio blanco, playas de agua turquesa vistas desde el aire, una montaña rojiza que se refleja en una bahía y un volcán que echa humo junto a un mar agitado. Hacia el segundo 55 hay un plano aéreo de una orilla con barcas y palmeras que me parece la mejor postal del clip. Y el final llega al atardecer, con una silueta que agita una capa roja contra el sol.
Lo que más me gusta es la pareja de la terraza. Dos personas mayores, sin prisa, mirando el mar. Si la canción habla de corazones que por fin pueden latir a la vista de todos, esa pareja es la imagen de lo que viene después: muchos años de latidos tranquilos, compartidos, sin esconderse de nadie.
Esa pareja también me recuerda que el orgullo no tiene edad. Los himnos de este tipo suelen ilustrarse con gente joven, con purpurina y carrozas. Aquí, en cambio, el clip se detiene en dos personas que llevan mucho tiempo juntas y ya no necesitan demostrar nada. Su corazón no retumba: late con la calma de quien ha llegado.
Un corazón noble que late a solas
El segundo corazón del recorrido está en el extremo opuesto de la multitud. En «Antisocial», quien narra defiende su derecho a la soledad elegida, a no buscar caras nuevas, a preferir a sus animales y a ese puñado de gente fiel. Y en el estribillo se describe con una frase que lo resume todo: en su pecho late «un corazón noble».
Ese corazón no retumba como el de Madrid. Late hacia dentro, en un mundo pequeño pero inquebrantable, como dice la propia letra. Me parece importante que esté en este recorrido, porque no todos los corazones necesitan una avenida llena para sentirse a salvo. Algunos laten mejor en casa, con pocas personas alrededor, lejos del ruido.
La palabra noble tiene aquí un peso especial. Quien narra ha sido insultado, ha tenido que defenderse de un narcisista, ha levantado un castillo para protegerse. Y aun así reivindica que su corazón es noble. No se ha endurecido. Se ha protegido, que es distinto. Es la diferencia entre cerrar la puerta y tirar la llave al río: la puerta sigue ahí, y los pocos elegidos tienen copia.
Puesto junto al corazón de la capital, este corazón solitario completa el dibujo. El orgullo no es solo salir a la calle. También es tener derecho a quedarse en casa sin que eso signifique esconderse.
Un corazón que pertenece a una sombra
En «Dark Corners» el corazón ya no es de quien lo lleva dentro. Tiene otra dueña. La canción mezcla inglés y castellano para contar la historia de alguien que baila en los rincones oscuros con su sombra, y esa sombra, dice el estribillo, es la dueña de sus noches, «of my heart», de su corazón.
Es un corazón secuestrado, aunque con mucha elegancia. La sombra no parece un monstruo, sino una compañera de baile que se ha quedado con todo. Y en una de las estrofas la letra lo dice en castellano con un suspiro: ay, «mi corazón se va». Se marcha, se escapa, se pierde. Pero inmediatamente después llega la resistencia: quien narra sigue aquí, de verdad.
Ese choque entre el corazón que se va y el cuerpo que se queda me parece de lo más certero de la canción. Retrata como pocas cosas la tristeza profunda, esa en la que uno sigue funcionando por fuera, sigue bailando incluso, mientras por dentro siente que algo se le está yendo. La canción no resuelve esa tensión. Solo la nombra, que ya es mucho.
Si el corazón de Madrid late a la vista de todos y el de «Antisocial» late hacia dentro, el de «Dark Corners» casi no se oye. Está escondido en los rincones, bajo la tutela de una sombra. Es el corazón que más ayuda necesita de todo este recorrido.
Un corazón con el que se juega
En «Not Your Supply» el corazón se convierte en ficha de un juego que nadie ha pedido jugar. La letra repite las excusas del otro: que es solo atracción, que es solo un juego. Y responde con un verso muy claro: cada vez que alguien se pone a «play with hearts», a jugar con corazones, quien acaba en llamas es siempre la misma persona.
El plural es interesante. No dice jugar con mi corazón, sino con corazones, en general. Como si el otro tuviera la costumbre de hacerlo con cualquiera, como un jugador profesional que va de mesa en mesa. Y el resultado siempre es el mismo: uno se divierte y el otro se quema.
Esta canción, como su título indica, es una declaración de independencia. Su estribillo niega ser la fuente de suministro del otro. El corazón deja de estar disponible para ese juego. Y aquí aparece algo que conecta con el principio del recorrido: igual que la ciudad de Madrid da la cara por los corazones negados, esta canción la da por los corazones utilizados. Ninguno de los dos acepta que el corazón sea un objeto con el que otro pueda hacer lo que quiera.
Unos latidos contados a escondidas
«The Great Depression» cuenta la historia de dos hombres que se quieren en el otoño de 1929, en una ciudad golpeada por la crisis, encontrándose en un cuarto alquilado mientras fuera todo se desmorona. Y en una de sus estrofas aparece una imagen que me sigue pareciendo de las más tiernas que he escrito: mientras el casero cuenta lo que se le debe, dentro de la habitación quien narra cuenta latidos, los suyos y los del otro. En inglés, «counted heartbeats».
Es una contabilidad alternativa. Fuera se cuentan deudas, alquileres, monedas que faltan. Dentro se cuentan latidos. Y no es lo mismo, porque los latidos no se pagan ni se cobran. Son lo único que esos dos hombres poseen de verdad en un mundo que les quita todo lo demás.
Pero también hay algo triste en esa imagen. Se cuentan los latidos porque se sabe que son pocos, que el tiempo juntos es limitado, que en cualquier momento alguien puede descubrirlos. Es el reverso exacto del corazón de Madrid. Allí el latido retumba a la vista de todos. Aquí hay que contarlo en susurros, dentro de un cuarto, con la puerta cerrada. Entre una canción y otra hay casi un siglo de diferencia, y ese siglo es precisamente lo que el estribillo de «Madrid to Benidorm» celebra.
Unos corazones que laten despacio
Después de tanto ruido y tanto secreto, un respiro. «Holy Stillness» es una canción de calma, una especie de nana para adultos que habla de una noche serena en la que todo lo roto desaparece. Y en su tercera estrofa, bajo unas estrellas que se inclinan muy bajas, la letra describe manos que tiemblan y corazones que laten despacio: «hearts all slow».
Es el único corazón del recorrido que no está acelerado ni dolido. Simplemente descansa. Después de una lucha, después del llanto, el pulso por fin baja. La letra lo dice justo a continuación: no más llanto, no más pelea, solo queda el amor.
Me gusta pensar en este corazón como el destino de todos los anteriores. El de la sombra, el que se usó como ficha, el que contaba latidos a escondidas: todos merecen llegar algún día a esa noche quieta en la que el pulso puede, por fin, ir despacio.
Unos corazones que saltan en la pista
Y para terminar, dos corazones de baile. En «Barcelona», una canción de luces de ciudad y playa de madrugada, la letra arranca con un corazón que se salta un latido cuando el otro se mueve: «My heart skips». Y en el estribillo los dos bailan pegados, «Heart to heart», corazón con corazón. Aquí el latido ya no es individual ni colectivo. Es de dos, sincronizado.
En «Chihuahua» la pista es aún más festiva: una discoteca con un pinchadiscos, luces que parpadean y un perrito como pareja de baile. Cuando el bajo cae, dice la letra, los corazones vuelan: «hearts fly». Es probablemente el corazón más ligero de todo mi catálogo. No carga con nada. Solo sube.
Entre los dos hay una diferencia que me gusta. El de «Barcelona» late por alguien: se salta un golpe porque otra persona se mueve cerca, y luego busca acompasarse con ella pecho contra pecho. El de «Chihuahua» no late por nadie en concreto, ni siquiera por el perrito. Late por la música, por la noche, por el simple hecho de estar vivo y en movimiento. Uno es el corazón enamorado; el otro, el corazón contento. Y los dos caben en la misma pista sin estorbarse, igual que en una buena fiesta caben las parejas que se miran y los amigos que bailan en corro sin mirar a nadie.
Cerrar con estos dos corazones me parece justo. Después de un recorrido que pasa por la soledad, la sombra, el juego y el secreto, terminar en la pista es una forma de recordar que el corazón también sirve para divertirse. Que no todo latido tiene que doler.
Un músculo, no un adorno
Hay una cosa que me ha quedado clara después de este paseo. En mis canciones el corazón casi nunca es un adorno. No aparece para rimar ni para dar un toque romántico a un verso que no lo necesitaba. Aparece cuando hay algo que decir sobre cómo se vive un afecto: a escondidas o a la vista, solo o acompañado, en manos propias o en manos ajenas.
Y casi siempre el corazón se comporta como lo que es en realidad, un músculo. Late, se acelera, se frena, se salta un golpe, se cansa. Son verbos físicos, no metáforas abstractas. Quizá por eso me resultan más creíbles que los corazones de cristal o de piedra de tantas canciones. Un músculo se puede lesionar, pero también se puede fortalecer con el tiempo y el ejercicio. Y esa idea, la de un corazón que se entrena para volver a latir con fuerza después de una lesión, es la que más se parece a mi propia experiencia.
Lo que dicen todos juntos
Si pongo todos estos corazones en fila, aparece algo parecido a un mapa. En un extremo, el corazón que tiene que esconderse y contar sus latidos en silencio. En el otro, el corazón de una ciudad entera que retumba a la vista de todos. Entre ambos, corazones que eligen la soledad, que se pierden en una sombra, que alguien usa como ficha, que descansan por fin o que saltan en una pista.

Lo que me llama la atención es que casi ninguno es un corazón roto en el sentido clásico. Hay heridos, sí, pero sobre todo hay corazones que se defienden, que se reivindican, que buscan su sitio. Incluso el de la sombra se resiste a desaparecer. Y el de Madrid, que abre este recorrido, lo cierra también de algún modo: un corazón colectivo que se acuerda de todos los demás, de los negados y de los escondidos, y los invita a subir a la ola.
Mi propio pulso
Todos los protagonistas de estas letras son inventados. Pero sé lo que es que el corazón tenga que latir a escondidas y lo que cuesta volver a dejarlo latir a la vista. A lo largo de unos veinte años encadené dos parejas narcisistas, sin apenas tiempo entre el final de una y el comienzo de la otra. Cuando me alejé de cada una, hubo gente cercana que dio por buena la historia contraria, y algunas personas se esfumaron sin despedirse.
Con ayuda profesional, todo aquello tuvo su diagnóstico: trastorno de la personalidad por evitación, depresión mayor grave, fobia social, estrés postraumático y ansiedad. En algún momento estuve al borde de acabar con mi vida. Ahora me va bastante mejor: no he dejado ni al psiquiatra ni la terapia, y estas canciones me han ayudado a escuchar de nuevo mi propio pulso sin miedo.
Si atraviesas una racha muy negra o te ronda la idea de hacerte daño, no te lo quedes dentro. En España, la línea 024 te atiende sin coste, de forma confidencial y a cualquier hora, y también puedes llamar si temes por alguien cercano. Si existe un peligro inmediato, marca el 112.
Escuchar la canción ancla
La ficha de «Madrid to Benidorm» recoge sus versos en inglés junto a un reproductor y un acceso directo al clip. Soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA).

Cada tema citado aquí puede bajarse sin coste ni registro desde la sección de descargas; el catálogo entero figura igualmente en la tienda de Planeta Gayfolk. Una idea para escucharlas: empieza por «The Great Depression» y termina con «Madrid to Benidorm», y fíjate en cuánto cambia el pulso por el camino.
Preguntas frecuentes
¿Qué canciones de Mike Sain't Louis hablan del corazón? Este recorrido toma como ancla «Madrid to Benidorm» y la acompaña con «Antisocial», «Dark Corners», «Not Your Supply», «The Great Depression», «Holy Stillness», «Barcelona» y «Chihuahua».
¿De qué trata «Madrid to Benidorm»? Es un himno de orgullo en inglés que recorre el camino entre la capital y la costa. Celebra el amor sin esconderse y dedica un verso a todos los corazones a los que se les negó el derecho a querer.
¿Qué significa «counted heartbeats» en «The Great Depression»? Mientras fuera se cuentan deudas, dentro de un cuarto alquilado dos hombres cuentan sus latidos. Es una contabilidad del amor secreto en un mundo que no lo permitía.
¿Cuál es el corazón más alegre de este recorrido? Probablemente el de «Chihuahua», donde los corazones vuelan cuando cae el bajo en la pista de baile.
¿Dónde se pueden descargar estas canciones? Gratis y sin registro en mikesaintlouis.com/descargas, y también en la tienda de gayfolkplanet.com.