
By Mike Sain't Louis ·
Humo rosa, guantes rojos y un salto de fénix: el videoclip de «Dientes, dientes», escena a escena
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«Dientes, dientes» es una canción de chulería. Va de la envidia y de la mejor manera de contestarla: con una sonrisa enorme, de las que enseñan todos los dientes. La letra lo deja claro desde el primer verso:
Ten cuidado que la envidia mata
Sobre lo que dice la letra, sobre ese «procedimiento» y sobre cómo se responde a quien te vigila, ya escribí en «Este es el procedimiento». Aquí me toca otra cosa: contar el videoclip. Y el videoclip, curiosamente, no es una fiesta. Es casi lo contrario. En YouTube su descripción lo presenta como «vers. triste + fénix», y esas dos palabras explican muy bien lo que se ve durante cinco minutos y treinta y nueve segundos: primero la tristeza, después el renacer.
Voy en orden y apunto los segundos de forma aproximada, por si alguien quiere seguirlo con el vídeo abierto.
Un hombre de espaldas
El vídeo empieza con un hombre de espaldas. Está desnudo de cintura para arriba, con la piel bronceada y algún tatuaje en la espalda, mirando un paisaje de montañas. Todo está teñido de rosa: el cielo, la niebla que sube por las laderas, las cumbres. Encima, en letras blancas, mi nombre y el título, «DIENTES, DIENTES».
Es un comienzo muy tranquilo para una canción tan descarada. No hay nadie más, no hay ciudad, no hay ruido. Solo un cuerpo delante de un horizonte enorme. Si la letra es una respuesta a quien te mira con envidia, el vídeo empieza justo en el sitio donde no te mira nadie.
La cara de cerca
A los pocos segundos la cámara le da la vuelta. Le vemos la cara, muy de cerca: barba corta, cejas pobladas, el gesto serio, los ojos fijos en la cámara. Detrás, la niebla rosa sigue moviéndose.
No sonríe. Esto es importante. Una canción que se llama «Dientes, dientes» empieza con alguien que no enseña los dientes. Me parece una decisión preciosa, porque convierte la sonrisa en algo que hay que ganarse. Al principio solo hay una mirada cansada, la de quien lleva tiempo aguantando.
El moño y el perfil
Durante el primer minuto el vídeo juega con un mismo personaje en distintas posturas. Ahora lleva el pelo recogido en un moño alto y lo vemos de perfil, con la mandíbula apretada, mirando a lo lejos. Ahora de espaldas otra vez, con los hombros caídos. Ahora con la cabeza girada, como si hubiera oído algo detrás.
Es una coreografía de la espera. No pasa nada, y a la vez pasa todo: el cuerpo está quieto, pero la niebla no para. Va y viene, le tapa la cara, se la devuelve. Hay un plano, hacia el segundo cuarenta y cinco, en el que su perfil prácticamente se disuelve en el humo rosa, como si el paisaje se lo estuviera tragando.
Lo leo como la parte de la canción que no se dice en alto en ningún estribillo: lo que pesa la mirada del otro. La letra lo resume en un verso:
Me controlas cada movimiento
En el vídeo nadie le controla. Está solo. Pero tiene el gesto de quien se siente observado incluso cuando no hay nadie.
Salir del humo
Hacia el minuto y medio la escena cambia de ritmo. El hombre camina hacia la cámara, todavía en la montaña, y a su alrededor el humo rosa se vuelve espeso, casi sólido, como el de una bengala. Sale de él andando, de frente, con los brazos sueltos.
Es la primera vez que avanza. Hasta aquí todo era mirar y esperar. Ahora hay un paso adelante, y el humo, que antes lo envolvía, se queda atrás.
El cohete
Lo que viene después me hace mucha gracia cada vez que lo veo. El hombre se eleva del suelo de golpe, en vertical, impulsado por un chorro de humo rosa que le sale de los pies, como un cohete de dibujos animados. Lo vemos subir por encima de las montañas con las piernas juntas y los brazos pegados al cuerpo.

Esta imagen vuelve más tarde, hacia el minuto dos y medio, todavía más alta: el hombre ya está entre las nubes, y la estela rosa dibuja una columna que sube desde el valle. Es el despegue del fénix, contado sin plumas ni fuego, solo con humo de color.
La letra tiene ese verso que me sigue haciendo gracia:
Yo soy un ave fénix y tu eres una rata
En el vídeo no hay ratas. Solo hay un hombre que sale volando.
El salto al vacío
Entre el minuto dos y el dos y medio hay una serie de planos de vuelo. El hombre se lanza desde lo alto con los brazos abiertos, en cruz, como un saltador de trampolín. Le vemos desde abajo, con el cielo blanco detrás, y desde arriba, con el cuerpo extendido sobre un mar de nubes.
En uno de los planos más bonitos, hacia el segundo ciento cincuenta, la cámara se aleja muchísimo y lo vemos diminuto, una silueta con los brazos levantados, sobre un cañón enorme de paredes rojizas y rosadas. Es la imagen más pequeña del protagonista en todo el vídeo y, a la vez, la más libre.
Me gusta que el vuelo no tenga aterrizaje. No vemos dónde cae. El vídeo corta antes, como si lo importante fuera haberse atrevido a saltar.
La primera sonrisa
Y entonces, sobre el segundo ciento sesenta, llega lo que la canción promete desde el título. En un plano cerrado, con una luz morada y oscura de fondo, el hombre sonríe. Por fin. Una sonrisa amplia, de las de verdad, con los ojos entornados y todos los dientes al aire.
Es el centro del vídeo. Todo lo anterior, la niebla, la espera, el cohete, el salto, era el camino hasta aquí. Después de casi tres minutos sin enseñar los dientes, los enseña. El estribillo cobra entonces su sentido completo:
Dientes, dientes, así su odio no muerde
La sonrisa no es una broma. Es una defensa. Es lo que se le ofrece a la envidia cuando ya no te hace daño.
Los guantes rojos
A partir de aquí el vídeo cambia de escenario. Desaparecen las montañas y aparece un espacio oscuro, sin paredes, lleno de humo de colores: morado, rojo, magenta. El hombre se pone en guardia con unos guantes de boxeo rojos. Lo vemos de cerca, con los puños delante de la cara, bañado en luz roja; luego de cuerpo entero, golpeando el aire.
Es un cambio de tono muy marcado. Si la primera mitad era una huida hacia arriba, esta es una pelea. Pero una pelea contra nadie. No hay rival en el plano. Golpea el humo, golpea la luz, golpea el aire. Me gusta mucho esa idea, porque la envidia ajena es justo eso: algo contra lo que no puedes pelear directamente porque no está delante de ti.
La segunda estrofa de la letra tiene un tono casi de consulta médica:
Debería ponerte en tratamiento Tanta envidia debe ser un sufrimiento
En el vídeo, el tratamiento parece ser este: entrenar. Sudar. Ponerse fuerte. Y no gastar ni un puñetazo en quien no lo merece.
Las nubes de colores
Hacia los tres minutos y veinte el humo deja de ser rosa y se vuelve de todos los colores. Hay nubes blancas, verdes, azules, rosas, mezcladas como en una explosión de polvos de colores. Dentro, apenas se distingue un guante rojo que asoma entre el humo, como un detalle perdido en un cuadro.

En otro plano, el hombre aparece en mitad del humo rosa y azul, de perfil, con la piel iluminada por un arcoíris que le cruza el pecho. Lleva una cadena fina al cuello. Ya no tiene la cara tensa del principio. Está tranquilo.
El salto de fuego
Sobre el minuto tres cuarenta hay el plano más espectacular de todo el vídeo. El hombre, con los guantes puestos, salta en horizontal, en plena patada, y detrás de él estalla una llamarada naranja y amarilla. Todo el fondo es fuego y humo morado.
Aquí el fénix por fin tiene fuego. Si antes renacía con humo rosa, ahora lo hace como manda la tradición: entre llamas. Me encanta que el vídeo haya guardado el fuego para este momento y no lo haya gastado al principio. El pájaro que renace de sus cenizas aparece cuando el personaje ya ha pasado por la tristeza, por el vuelo y por la pelea.
El boxeo en el arcoíris
Durante el siguiente minuto la pelea continúa entre nubes de colores. El hombre golpea, gira, se agacha, levanta los brazos. A veces el humo lo tapa casi entero y solo vemos un hombro, un guante, una sombra. Otras veces aparece nítido, con el torso cubierto de reflejos de colores.
Hay un plano, hacia el minuto cinco, en el que salta entre una explosión de humo naranja, amarillo, verde, azul y rosa, todos los colores de la bandera del arcoíris, uno detrás de otro. Está en el aire, con una pierna doblada, como si estuviera atravesando la bandera de lado a lado.
No hace falta explicar mucho esa imagen. El personaje que empezó solo en una montaña rosa termina peleando dentro del arcoíris.
La multitud pálida
Hay una parte del vídeo que me parece la más inquietante y la más divertida a la vez. Hacia el minuto cuatro y medio aparece una multitud de figuras pálidas, teñidas de rosa, con la piel agrietada y la boca muy abierta, como muertos vivientes. Caminan hacia la cámara en grupo, con los brazos caídos y la mirada perdida. En algunos planos gritan.
El vídeo no dice quiénes son. No les pone nombre ni les da una historia. Pero en una canción que habla de la envidia, la lectura es casi inevitable. Son los que miran. Los que siguen cada paso. Los que no soportan verte bien. Aparecen en grupo porque la envidia casi nunca va sola, y aparecen medio muertos porque, como dice la canción, la envidia mata, y a quien primero mata es a quien la siente.
Me gusta que no se acerquen al protagonista. Están en otro plano, en otro espacio. Él sigue a lo suyo, con sus guantes y su humo de colores. Ellos gritan, pero no llegan.
Dientes, dientes, que es lo que les duele
El cartel del final
Los últimos segundos del vídeo no son del personaje. Son un cartel. Tres hombres con esmoquin, uno con chaqueta de flores, posan juntos delante de un planeta rosa enorme. Encima, mi nombre; debajo, en letras grandes, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK».
Es la portada del primer disco de la trilogía, el disco al que pertenece esta canción. Después de toda la tristeza y todo el renacer, el vídeo termina con una invitación: este es el planeta de donde viene, y hay mucho más.
Una versión triste
Vuelvo a lo de «vers. triste». Me parece muy honesto que la presentación del vídeo lo reconozca, porque la canción, escuchada sin imágenes, suena a revancha alegre, a contestación con gracia. El vídeo enseña lo que hay debajo de esa gracia. Antes de poder sonreír a quien te tiene envidia, muchas veces has pasado una temporada mirando el horizonte, solo, con la mandíbula apretada.

No creo que sean dos cosas contradictorias. La chulería de la letra y la tristeza del vídeo son dos caras de la misma experiencia. Primero duele. Luego te pones los guantes. Y al final sonríes.
El fénix del planeta
El ave fénix es una figura que vuelve a menudo en el universo del planeta Gayfolk. Está en «Tattoo de fénix», donde el pájaro se lleva en la piel, y en otros videoclips que he contado escena a escena, como «De la sal al fénix». En cada sitio aparece de una forma distinta. Aquí no tiene alas ni plumas: es un hombre que despega sobre una columna de humo rosa y que salta entre llamas.
Me gusta esa versión del fénix porque es muy física. No hay magia. Hay un cuerpo que entrena, que se cae, que salta, que vuelve a levantarse. Renacer, en este vídeo, se parece mucho a ir al gimnasio un día que no tienes ganas.
Los colores
Si hubiera que resumir el vídeo en colores, serían tres. El rosa de la primera parte, el de la montaña y el humo, que es suave, casi de acuarela. El rojo y morado del boxeo, más oscuro, más intenso. Y el arcoíris del final, que mezcla todo.
Es una progresión muy clara. De la melancolía a la fuerza, y de la fuerza a la fiesta. El vídeo no necesita palabras para contarlo. Basta con mirar cómo cambia la luz.
Por qué una montaña
Me han preguntado alguna vez por qué el vídeo empieza en un paisaje tan vacío, cuando la canción habla de gente que te vigila. La respuesta que me doy es sencilla: porque la envidia de los demás se nota más cuando te alejas. Mientras estás en medio del ruido, la tomas como parte del ambiente. Cuando te subes a un sitio alto y te quedas solo, te das cuenta de cuánto pesaba.
La montaña es también un lugar de prueba. Se sube con esfuerzo, se mira desde arriba y, si te atreves, se salta. El vídeo usa las tres cosas: la espera en la cima, la vista sobre el valle y el salto. Es un escenario que obliga a decidir. Puedes quedarte mirando el horizonte para siempre o puedes despegar. El protagonista, después de un buen rato dudando, despega.
Tres escenarios
Visto entero, el vídeo se ordena en tres lugares muy distintos, y cada uno tiene su propia luz.
El primero es la montaña. Es un paisaje abierto, con crestas, valles y un cañón de paredes rojizas, todo envuelto en una niebla rosa que lo suaviza. No hay árboles, no hay casas, no hay caminos. Es un sitio para estar solo. La cámara se mueve despacio, y el personaje casi no se mueve. Es el escenario de la tristeza.
El segundo es un espacio oscuro, sin paredes ni suelo visibles, lleno de humo de colores. Podría ser un gimnasio, un escenario o el interior de una cabeza. Aquí la cámara se acerca más, los planos son más cortos y el personaje no para de moverse. Es el escenario de la pelea.
El tercero es el de la multitud pálida, con un fondo azulado y frío, casi de película de miedo. Es el único lugar del vídeo donde hay más de una persona. Y es, precisamente, el lugar donde el protagonista no está.
Esa separación me parece muy bien pensada. El personaje nunca comparte plano con los que gritan. La envidia ocupa su propio espacio, y él ocupa el suyo.
Un solo cuerpo
Casi todo el vídeo se sostiene sobre un único personaje: un hombre joven, fuerte, con barba corta, unas veces con el pelo recogido en un moño y otras con el pelo corto, siempre sin camiseta. Lo vemos de espaldas, de perfil, de frente, de cuerpo entero, de muy cerca. Es casi un retrato hecho en movimiento.

En el universo del planeta Gayfolk el cuerpo masculino aparece mucho, a veces como objeto de deseo y a veces como chiste. Aquí no es ninguna de las dos cosas. Es un cuerpo que carga con algo. Al principio tiene los hombros caídos y la mirada perdida; al final golpea, salta y sonríe. La historia del vídeo está contada en la postura, más que en ningún decorado.
El «¡Don't Worry!»
Hay un verso de la letra que me gusta especialmente por lo inesperado:
¡Don’t Worry! Este es el procedimiento
En mitad de una canción en castellano, de pronto, dos palabras en inglés que suenan a protocolo, a azafata, a manual de instrucciones. Es la manera de decir que todo está bajo control, que esto ya lo has vivido antes y sabes lo que hay que hacer.
El vídeo traduce ese verso a imágenes sin necesidad de subtítulos. El boxeador no tiene prisa. Se pone en guardia, golpea, vuelve a la guardia. Repite. No hay rabia descontrolada en sus movimientos, hay técnica. Es exactamente eso: un procedimiento. Lo que en la letra es una frase con guasa, en el vídeo es una rutina de entrenamiento.
Lo que no sale en el vídeo
Tan interesante como lo que se ve es lo que no se ve. En el vídeo no hay oro ni plata, aunque la letra los nombre. No hay ninguna rata. No hay nadie mirando el móvil, nadie cotilleando, nadie señalando con el dedo. No aparece la persona envidiosa a la que se dirige la canción.
Me parece una decisión acertada. Si el vídeo hubiera puesto cara al envidioso, le habría dado protagonismo. En cambio, lo convierte en una masa anónima y lejana, sin nombre ni rasgos propios. El único personaje con historia es el que aguanta, salta y sonríe. La envidia se queda en el fondo, que es donde tiene que estar.
Dónde está la canción
«Dientes, dientes» forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK. El videoclip se publicó el 17 de noviembre de 2024. En su ficha está la letra completa y el comentario de la canción.
Qué es mío y qué no
La letra de «Dientes, dientes» la escribí yo. Trabajo como letrista, compositor y productor musical, y en mis canciones la música y la interpretación vocal se hacen con IA. El hombre de la montaña, el boxeador y la multitud pálida tampoco salieron de una cámara: el vídeo se montó con imágenes generadas por inteligencia artificial siguiendo lo que yo imaginaba, así que ninguno de ellos es una persona de carne y hueso. El proceso completo está en «Qué es mío en una canción hecha con IA».
Para verlo otra vez
Un consejo para la próxima vez que lo pongas: mira solo la cara del protagonista. Durante los primeros dos minutos y medio no sonríe ni una vez. Y fíjate en cuándo lo hace por primera vez: justo después de haber saltado al vacío.
Me parece una buena lección para una canción sobre la envidia. La sonrisa que desarma a quien te mira mal no se finge. Llega después, cuando ya has saltado.
Yo soy el oro y tú no llegas ni a plata
Preguntas frecuentes
¿Qué se ve en el videoclip de «Dientes, dientes»? Un hombre solo en una montaña cubierta de niebla rosa que sale del humo, despega como un cohete sobre una columna de humo rosa y se lanza al vacío sobre un cañón; después sonríe por primera vez, se pone guantes de boxeo rojos y pelea contra el aire entre nubes de colores y fuego, mientras una multitud pálida avanza en otro plano. Termina con la portada del primer disco de la trilogía.
¿Por qué el vídeo se presenta como versión triste? La descripción del vídeo en YouTube lo llama «vers. triste + fénix». Durante la primera mitad el protagonista está solo y serio, y la segunda mitad es un renacer: vuelo, fuego y una sonrisa.
¿Cuándo se publicó y cuánto dura? Se publicó en YouTube el 17 de noviembre de 2024 y dura cinco minutos y treinta y nueve segundos.
¿En qué álbum está? En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK.
¿Las personas del vídeo son reales? No. Todo el vídeo está hecho con imágenes generadas por inteligencia artificial; ni el protagonista ni la multitud son personas de carne y hueso.