Saltar al contenido
← Canción a canción«Yo, solo, he venido»: una ruptura con palabras de funeral

Por ·

«Yo, solo, he venido»: una ruptura con palabras de funeral

Un portal cualquiera. Alguien ha bajado del autobús dos paradas antes para hacer a pie el último tramo y ensayar la frase. Llama al timbre. Le abren. Sube. No se sienta, no se quita el abrigo, no acepta el café. Dice lo que ha venido a decir y se va.

Esa escena no está en la letra. Es la que yo veo cuando la leo. La letra solo tiene la frase, y la frase es esta: «yo solo he venido a decirte que hoy / es el último adiós».

Soy Mike Sain't Louis, escribo las letras de Planeta Gayfolk, y «Hoy es el último adiós» es la canción más corta de palabras que he escrito nunca. Una sola oración, repetida y troceada. En la ficha de la canción se habla de la repetición y de la fuerza de ese yo inicial. Aquí quiero hablar de otras dos cosas que me interesan más: de dónde viene la expresión último adiós y qué pasa cuando la canción parte por la mitad las palabras yo y solo.

Palabras de tanatorio

En castellano, el último adiós tiene dueño. Es lo que se le da a los muertos. Las esquelas lo dicen, los telediarios lo dicen cuando entierran a una folclórica: miles de personas dieron ayer el último adiós a la artista. Es una expresión de corona de flores, de cinta morada con letras doradas.

Y yo la usé para una ruptura. Para despedir a alguien que está vivo, que abre la puerta, que probablemente tiene el café hecho.

Esa es la crueldad tranquila de la canción. No dice te dejo, ni se acabó, ni no quiero volver a verte. Dice lo que se dice delante de un ataúd. Trata la relación como un difunto y se presenta en el velatorio para cumplir con el protocolo. Es una forma muy educada de decir que, para él, el otro ya está enterrado.

Un insulto con corbata.

Yo, solo

Ahora la parte que más me gusta. La frase completa es yo solo he venido a decirte. Ese solo, sin tilde como se escribe hoy, significa únicamente: he venido únicamente a decirte esto, nada más, no vengo a discutir.

Pero en varias vueltas de la canción la frase se rompe. La letra publicada la parte en líneas separadas: Yo. Solo. Y luego el resto. Y en cuanto separas esas dos palabras, solo cambia de significado. Ya no es únicamente. Es sin compañía. Yo, solo. Yo, que estoy solo.

Es la misma palabra haciendo dos trabajos a la vez. En la frase seguida, el que habla es firme: solo vengo a esto. En la frase rota, el que habla está desamparado: vengo yo, sin nadie. Las dos cosas son verdad en una ruptura. Vas con la decisión tomada y vas tú solo, sin la persona con la que hasta ayer ibas a todas partes.

Me parece de las cosas más bonitas que ha hecho una letra mía, y lo hizo casi sin que yo interviniera: bastó con un salto de línea.

Hoy

La tercera palabra que pesa es hoy. No dice algún día, ni pronto, ni cuando puedas. Hoy.

El hoy es lo que separa esta canción de tantas otras de despedida que se quedan en el condicional. Me iría, debería irme, un día me iré. Los cajones de las canciones están llenos de despedidas que no llegan nunca. Esta llega con fecha. Si fuera una carta, llevaría el día escrito arriba, en la esquina derecha, como en el colegio.

Y hay algo de alivio en ese hoy. Quien lo dice lleva tiempo pensándolo, eso se nota. Por fin pone día al trámite. Como quien lleva meses diciendo que va a darse de baja del gimnasio y por fin entra en la oficina con el formulario.

He venido

He venido. En persona. Subiendo las escaleras.

Fotogramas del videoclip oficial de «Hoy es el último adiós», de Mike Sain't Louis

Hoy se puede romper con alguien con un mensaje de doce palabras, o con un silencio de semanas, o bloqueando un número. La letra elige lo antiguo: presentarse. Y ese gesto ya dice mucho del que habla. Ha tenido el valor de ir. No se ha escondido detrás de una pantalla ni ha desaparecido sin explicaciones, que es lo que tantas veces le han hecho a él en otras canciones mías.

En mi catálogo hay una canción, «No Contact», que celebra lo contrario: cortar todo contacto con quien te hizo daño, cerrar puertas, no mirar atrás en la pista de baile. Las dos son formas legítimas de irse. «No Contact» es la de después. «Hoy es el último adiós» es la visita que, quizá, viene antes: la última vez que se ven las caras.

Una sola frase

¿Se puede escribir una canción con una sola frase? Se puede. Lo difícil no es escribirla, es sostenerla. Una frase repetida durante toda una canción tiene que aguantar el peso de todo lo que no se dice.

Y aquí lo que no se dice es muchísimo. No sabemos por qué se despide. No sabemos cuánto duró la historia, ni quién falló, ni si hubo otro, ni si hubo luz de gas o simplemente cansancio. La canción se niega a explicarse. Y esa negativa es parte de su mensaje: ya no hay nada que explicar. Las explicaciones se dieron antes, en otras conversaciones, en otras canciones.

Cuando escribo estribillos con humor, la repetición es un juego, y lo cuento en cómo se escribe un estribillo que se ríe de ti y contigo. Aquí no hay juego. Aquí la repetición es la de quien ha ensayado la frase en el autobús y la dice una y otra vez porque teme que, si dice otra cosa, se le escape un «bueno, a lo mejor podemos hablarlo».

Las frases que descarté sin escribirlas

Para entender por qué la canción dice exactamente lo que dice, ayuda pensar en lo que podría haber dicho. Hay muchas maneras de romper en castellano, y casi todas tienen un problema.

Te dejo es demasiado activo, casi agresivo: suena a portazo y a maleta en el rellano. Se acabó es impersonal, como si la relación se hubiera terminado sola, igual que se acaba el butano. Hemos terminado mete al otro en la decisión sin preguntarle. Necesito espacio es la frase de las series, la que en realidad significa ya veremos. Tenemos que hablar es peor todavía: es el anuncio de una conversación, no la conversación.

El último adiós no tiene ninguno de esos problemas. No culpa a nadie. No negocia. No promete otra charla. Y además lleva dentro la muerte, que es lo único que no admite recurso. Del funeral no se vuelve.

Por eso, cuando uno la oye, no le queda nada que contestar. Esa es la prueba de una buena frase de despedida: que no deja hueco para la réplica.

El otro no habla

En toda la canción, el otro aparece una sola vez, escondido en una terminación verbal: decirte. Ese te final es todo lo que sabemos de la persona que recibe la despedida.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós» de «Hoy es el último adiós»

No tiene nombre, ni cara, ni voz. No contesta. No sabemos si llora, si se enfada, si se encoge de hombros o si llevaba semanas esperando ese momento. La canción le niega la réplica igual que el que se despide le niega el café.

En muchas de mis letras el otro habla mucho. Los ex mienten, se justifican, hacen luz de gas, mandan audios. Aquí no se le deja. Y esa mudez es una forma de poder. Por una vez, el que tiene la palabra es el que se va, y no la suelta.

Si alguien escucha la canción desde el lado del te, desde el que recibe la noticia, la experiencia es otra. Es oír la frase una y otra vez sin poder meter baza. A lo mejor también hay una canción en eso. Todavía no la he escrito.

Bajar la voz en un catálogo que grita

Mi catálogo es ruidoso. Hay una canción que se llama «Eso es lefa». Hay otra que se llama «Esta canción es una mierda». Hay vampiros, chihuahuas, folclóricas engañadas y pimientos caducados. Si alguien entra en mi página de singles al azar, lo más probable es que se encuentre con un chiste, o con un grito, o con las dos cosas.

En medio de todo ese ruido, «Hoy es el último adiós» baja la voz. No grita, no insulta, no se ríe. Es la canción más callada de su barrio.

Creo que precisamente por eso funciona. Si todo el catálogo fuera susurro, esta sería una más. Rodeada de plumas y de gritos, el silencio se oye. Pasa lo mismo en una fiesta: cuando alguien deja de hablar de golpe, todo el mundo se gira.

Me gusta pensar que alguien que solo me conoce por los títulos escandalosos llega a esta y se queda un poco descolocado. Ah, pero este también sabe callarse. Pues sí. A veces.

Otros adioses

No hace falta que la despedida sea de una pareja. La letra no dice a quién se dirige, y eso deja la puerta abierta a otros usos. Se puede decir el último adiós a un trabajo en el que te hacían sentir pequeño. A una ciudad que no te quiso. A un piso compartido con un casero que no arreglaba la caldera. A una amistad que llevaba años siendo solo tuya.

Incluso a una versión de uno mismo. Hay días en los que uno se planta delante del espejo y se dice algo parecido: yo, solo, he venido a decirte que hoy se acabó esto. El tabaco, el silencio, el miedo, lo que sea.

Si la canción te sirve para cualquiera de esos adioses, es tuya. Las canciones de una sola frase tienen esa ventaja: caben en muchas vidas.

Sin chiste

Esta canción no tiene chiste. Es raro en mí.

Normalmente meto algo: una marca de bañadores, un personaje de la tele, una cucaracha, un chihuahua. Aquí no hay nada de eso. Y no es por falta de ganas, es porque cualquier broma habría roto la frase. Una despedida con chiste es una despedida que deja la puerta entreabierta: nos reímos, nos miramos, ya veremos. Esta la cierra.

Hay una regla de la casa que dice que la letra manda. Normalmente eso significa que la producción tiene que obedecer a lo que cuenta el texto. En este caso significó también que yo, el letrista, tuve que obedecer. La frase pedía estar sola, y la dejé sola.

Adiós, adiós

El final de la letra hace algo que me parece casi físico. La frase se va encogiendo. Primero es la oración entera. Luego queda el último adiós. Luego solo adiós. Y otra vez adiós.

Lo cito tal cual aparece al final de la letra publicada: «El último adiós / Adiós / Adiós».

Es como ver a alguien alejarse por una calle larga. Al principio lo ves entero, con su abrigo y su paso. Luego es una figura. Luego un punto. Luego nada. La letra se despide de sí misma igual que el protagonista se despide del otro: cada vez con menos palabras, hasta que no queda ninguna.

Leer los saltos de línea

Con tan pocas palabras, lo que pasa entre ellas importa mucho. Si se lee la letra publicada despacio, se ve que la frase no se repite siempre igual. A veces va entera en dos líneas. A veces el final se dobla: es el último adiós, y otra vez es el último adiós, como quien repite una cosa porque no está seguro de que el otro la haya oído. Y una vez, solo una, el es aparece con mayúscula, como si empezara una frase nueva en vez de continuar la anterior.

Collage con un detalle de la carátula de «Hoy es el último adiós» y las carátulas de «No Contact», «Entre cuatro paredes», «¿Me Hago un FolclóRica EngañAda?»

Son detalles mínimos, de los que nadie nota al escuchar. Pero quien lee una letra en una pantalla los ve, y cada uno cambia la respiración. La frase doblada suena a insistencia. La mayúscula suena a decisión tomada otra vez desde cero. El corte en Yo y Solo suena a que falta el aire.

Para mí, una letra publicada es también una partitura para el ojo. No todo el mundo escucha con auriculares. Mucha gente lee la letra en el móvil mientras va en el metro, y para ellos los saltos de línea son la música.

Dos veces adiós

El final repite adiós dos veces, cada uno en su línea. No una. No tres. Dos.

Ese doble adiós es el de los andenes de estación y los aeropuertos. El primer adiós se dice mirando a la cara. El segundo, ya de espaldas o desde lejos, con la mano levantada, cuando el otro casi no te oye. Es el adiós que se dice más para uno mismo que para el que se queda.

Me gusta que la canción acabe en ese segundo adiós y no en el primero. El primero es para él. El segundo, para el que se va.

La portada: un corazón con alas

En la portada hay un hombre con tupé, camiseta de tirantes y un tatuaje en el pecho: un corazón con alas. Detrás, rayos de colores en rosa y turquesa, en estilo pop-art, como un cartel de cómic de los sesenta.

El corazón con alas es un tatuaje clásico de marinero, de los que se hacían en los puertos. Y en esta canción lo leo de una forma muy literal: el corazón que se va volando. El que se despide lleva el adiós tatuado en el pecho. El fondo, en cambio, es una explosión de color, nada de luto. Porque esta despedida, aunque use palabras de funeral, no es triste del todo. Tiene algo de fiesta de liberación.

El día de la liberación

Y eso nos lleva al disco. La canción pertenece a *El día de la liberación*, el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. Un último adiós en un disco que se llama así no puede leerse solo como pérdida. Es también una puerta que se abre hacia fuera.

Sobre lo que pasa después de ese día escribí en el día de la liberación y el día siguiente. Porque la liberación tiene una resaca, y la resaca dura más que la fiesta. Pero eso ya es otra canción. Esta se queda en el momento exacto de la puerta.

Salir de las cuatro paredes

El orden del catálogo me regala una lectura que no busqué. En la lista de singles, esta canción es la 210, y justo antes va «Entre cuatro paredes». Esa letra habla de alguien sin ilusión, sin fuerzas, que no quiere salir de la habitación. Y dice algo que enlaza con lo que contaba antes: que está solo entre estas cuatro paredes.

Ficha de la canción «Hoy es el último adiós» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Pongo las dos canciones seguidas y la historia se cuenta sola. El de «Entre cuatro paredes» está solo y encerrado. El de «Hoy es el último adiós» sigue solo, pero ha salido. Ha cogido el abrigo, ha bajado a la calle, ha tomado el autobús y ha llamado a un timbre. Yo, solo, he venido.

No digo que las escribiera pensando en ese orden. Digo que, puestas así, una es la salida de la otra.

Y después, una folclórica

Justo después, en el single 211, llega «¿Me hago un folclórica engañada?», que es justo lo contrario en tono: un padre con refranes, una depilación completa antes de ir a La Tejita, un traicionero y un ¡Next! a gritos. Del adiós seco al drama con volantes.

Me hace gracia que vayan juntas. Es como en la vida: te despides con toda la dignidad del mundo, en una sola frase, sin levantar la voz. Y al día siguiente, en el bar, cuentas la historia con todos los detalles, los gestos y el abanico. Las dos versiones son verdad. Una es para él. La otra es para tus amigas.

Una despedida digna

Hay algo que me importa de esta canción y que quiero decir claro. Durante años se nos ha enseñado a los hombres gais que nuestras rupturas eran dramas de culebrón, escándalos, gritos a la puerta de un bar de Chueca. Y a veces lo son, y está bien, y tengo canciones para eso.

Pero también existe la otra. La despedida digna. La de quien llega, dice lo que tiene que decir y se va, sin escena. Sin pedir nada. Sin rogar. Esa también es nuestra, y merecía una canción que no se riera de ella.

Lo que hago yo y lo que hacen las herramientas

La frase es mía, como todas las letras que publico: escrita sin inteligencia artificial. La música y las voces las produzco con herramientas de IA como Suno. En una canción así, mi trabajo como productor fue sobre todo de contención: elegir, entre las versiones posibles, la que no rellenara el hueco de las palabras que faltan.

Con tan poca letra, la tentación es que la música lo cuente todo, con cuerdas dramáticas y crescendos de final de película. Busqué lo contrario: que la música acompañe a la frase hasta la puerta y la deje salir sola. Cuento cómo elijo entre muchas versiones en el oficio de descartar, y quién soy y cómo trabajo en mi página de presentación.

Dónde leerla y escucharla

La letra completa, con sus cortes de línea tal como se publican, está en su página de letras. Todas las demás están en el archivo de letras de esta web. Para escucharla, Spotify o el videoclip en gayfolkplanet.com.

El portal

Vuelvo al portal del principio. Alguien baja las escaleras. Fuera hace frío, o calor, da igual. Camina hasta la parada del autobús y no mira atrás.

Ha dicho una sola frase. Le ha bastado.

No sé qué pasa arriba, en el piso, cuando la puerta se cierra. La canción no lo cuenta y yo tampoco lo voy a inventar. Lo que sí sé es que el que baja la escalera lleva menos peso que el que la subió. Va solo, sí. Pero va ligero, con el abrigo abierto, y con el corazón con alas del tatuaje haciendo por fin lo que siempre prometía: volar hacia otra parte.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Hoy es el último adiós»? De una despedida definitiva contada con una sola frase: «yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós». La letra la repite y la trocea, y al final la reduce a «Adiós». Usa una expresión propia de los funerales para cerrar una relación con alguien vivo.

¿Por qué la letra separa «Yo» y «Solo»? En algunas vueltas la frase se parte en líneas: «Yo», «Solo». Separadas, «solo» deja de significar «únicamente» y pasa a significar «sin compañía». La misma palabra dice a la vez que viene solo a despedirse y que viene sin nadie.

¿En qué disco está? En El día de la liberación, el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. Es el single 210 del catálogo, entre «Entre cuatro paredes» y «¿Me hago un folclórica engañada?».

¿Quién la escribió? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor madrileño. La letra es suya, sin IA. La música y las voces se producen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

Compartir