
Por Mike Sain't Louis ·
El himno del tercer disco: «El día de la liberación», Benidorm y las canciones a las que responde en Planeta Gayfolk
Una trilogía se puede contar por sus títulos. El primer disco de Planeta Gayfolk se llama «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»: es el momento de encontrar el sitio. El segundo se llama «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk»: es el deseo de llegar, todavía en condicional. Y el tercero se llama «El día de la liberación», como la canción de la que voy a hablar hoy. Descubrir, desear, llegar. Si alguien me pidiera resumir el planeta en tres palabras, serían esas.
La canción «El día de la liberación» es la que le pone nombre al tercer disco, y eso le da un peso especial dentro del catálogo. No es la primera canción que escribí, pero es la que dice con letras grandes cuál es el final del viaje. En la lista de canciones ocupa el lugar 205 de 273. En el canal de vídeos es el 39 de 276, entre «The Northern Lights» y «Flow / We Glow», dos canciones del mismo disco. Su videoclip lo subí a YouTube el jueves 30 de octubre de 2025, a primera hora de la tarde en Madrid, y dura tres minutos y medio. Se puede ver en la sala de vídeos de la web.
De la letra, verso a verso, ya escribí en «Ya hay un vencedor». Aquí quiero hacer otra cosa: mirar la canción desde fuera, como una pieza del mapa. Con qué canciones habla, de cuál toma prestado un estribillo, por qué termina en una playa concreta y por qué su videoclip acaba con el cartel de otro disco.
Un título que es una fecha
Lo primero que hace esta canción es poner una fecha. No un lugar, no un nombre, no un estado de ánimo: un día. «Hoy es el día», dice el primer verso, y el resto de la letra va colgado de ese «hoy».
En el planeta casi todo pasa en un tiempo largo y borroso. Hay canciones que miran hacia atrás, a lo que pasó durante años, y canciones que miran hacia delante con miedo o con ganas. Esta es de las pocas que se planta en un día concreto, el día en que algo termina. Por eso le sienta tan bien a un disco entero llevar su nombre: el tercer disco es ese día visto desde muchos ángulos distintos.
Dentro de la trilogía, el primer disco está lleno de descubrimientos y de sustos, el segundo de nostalgia y de ganas de huir, y el tercero de salidas. Hay canciones del tercero que son tranquilas, otras que son fiesta, otras que son casi un rezo. Pero todas comparten esa idea de que algo ya ha pasado y por fin se puede respirar. La canción que le da el nombre lo dice con un estribillo para gritar.
El estribillo que vuelve del primer disco
Hay un detalle de la letra que mucha gente pasa por alto y que para mí es la clave de su sitio en el planeta. Hacia el final, antes de la última vuelta del estribillo, aparecen tres versos que no son nuevos:
«De mito a vómito ¡Y tú solito! ¡Que bonito!»
Son la frase que abre «De mito a vómito», una canción del primer disco, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». Allí la frase aparece partida en trocitos, una o dos palabras por línea, repetida como quien no se cree todavía lo que está diciendo. Es una canción de rabia reciente, de la que se escribe cuando el golpe aún está caliente.
En «El día de la liberación» la misma frase entra entera, en tres líneas limpias, como una cita. Ya no es rabia: es memoria. Es como si el tercer disco se diera la vuelta un segundo para mirar al primero y le dijera: ¿te acuerdas de esto? Pues ya está.
Me gusta mucho ese gesto porque convierte la trilogía en una historia con continuidad. No son tres discos sueltos con canciones parecidas, sino un viaje en el que las frases de la ida reaparecen a la vuelta, cambiadas de tono. La misma persona que escribió «de mito a vómito» con el pulso temblando la recupera años después con una sonrisa.
La portada y el traje azul
Antes de entrar en el vídeo, conviene mirar la portada de la canción, porque el clip sale de ella. En la carátula hay un hombre de traje azul marino y camisa negra abierta, de pie en la orilla y con los brazos extendidos como quien acaba de llegar a la meta. Detrás tiene una playa al atardecer, con el cielo y el agua teñidos de rosa y una fila de rascacielos con las luces del paseo encendidas, y encima, con letras de brochazo blancas y granates, el título.

El hombre del videoclip lleva un traje del mismo tipo, en un azul más eléctrico, y repite el gesto de la portada una y otra vez: los brazos abiertos en la arena, los brazos abiertos en lo alto de unas escaleras junto al mar, los brazos abiertos en pleno salto. Es como si la portada fuera una foto fija y el vídeo, la película de ese momento.
En el planeta las portadas suelen ser un resumen, y esta lo es de forma literal: alguien con los brazos abiertos delante de Benidorm. No hay nadie más en la imagen. No hay enemigo, ni pareja, ni público en la arena. Solo la persona que ya ha llegado y el sitio al que ha llegado.
Un videoclip del tercer disco que acaba en el primero
El videoclip refuerza esa idea de vuelta al principio de una forma muy visual. Dura tres minutos y medio, y en sus últimos segundos aparece el cartel del primer disco, el de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», con tres chicos trajeados delante de un planeta rosa enorme.
Esto no es una rareza de este vídeo: otros videoclips del canal cierran con ese mismo cartel, porque es la puerta de entrada al planeta. Pero en esta canción tiene un sentido especial. La canción que da nombre al último disco termina enseñando la portada del primero. Es el final que te devuelve al principio, como esos libros que acaban con la primera frase.
Antes de ese cartel, el clip es una celebración. Empieza con un rótulo en cursiva lila, arriba a la derecha, que dice «Versión feliz», con el título y mi nombre abajo, y con un hombre de traje azul eléctrico que salta con los brazos abiertos en un paseo junto al mar. Enseguida llegan la playa y los rascacielos. Ese hombre se pasa el vídeo saltando, bailando y girando en la playa, en unas escaleras junto al mar, por calles de casas blancas, en campos de trigo y de lavanda y en los salones de un palacio con columnas y estatuas. En muchos planos lleva faldas de volantes que se abren al girar: granate, roja, verde, azul, negra.
Las palabras «versión feliz» también están en el título del vídeo en YouTube. No hace falta saber más para entender el tono: esta canción, al menos en este clip, se baila.
Benidorm, el sitio al que se llega
La letra tiene un verso que funciona como un punto en el mapa:

«Yo feliz en Benidorm»
Ese verso no sale de la nada. Benidorm es uno de los lugares que más se repiten en mi catálogo, y no por casualidad: en el planeta es el sitio al que se llega cuando por fin se está bien. No es una capital ni un escenario de drama. Es la playa, el paseo, el sol y los rascacielos, el sitio de las vacaciones de toda la vida convertido en destino final.
En el mismo tercer disco está «Madrid to Benidorm», un himno de orgullo en inglés que dibuja el camino desde las calles de Madrid hasta la costa. Su estribillo habla de bailar bajo el arcoíris de Madrid a Benidorm y de un plural que lo abarca todo: «We're the many, we're the one». Y también está «La playa del Mal Pas», una canción sobre la pequeña cala que hay entre el puerto y el casco antiguo de Benidorm, el Benidorm íntimo que no sale en las postales.
Benidorm ya aparecía antes, en el segundo disco. «La primera drag de Benidorm» es la historia de alguien que se arrastra con tacones rotos y la falda ardiendo, y que al final de todo, cuando ya no le queda nada, baila. Es una canción durísima que termina con una sola palabra de esperanza.
Si pones esas canciones en fila, se ve un recorrido. En el segundo disco, Benidorm es el sitio donde se sufre y, aun así, se baila. En el tercero, es el sitio donde se está feliz. «El día de la liberación» es la canción que hace ese cambio explícito: el mismo lugar, otro estado de ánimo. Y el videoclip lo enseña con la playa de rascacielos de los primeros planos, donde el protagonista salta como si la arena fuera una cama elástica.
La fuente de alimentación
Otra línea de la letra conecta directamente con una canción vecina del mismo disco:
«Otra fuente narci de alimentación»
En inglés, a eso que la letra llama «fuente de alimentación» se le suele llamar supply. Y en el tercer disco hay una canción que se llama precisamente «Not Your Supply», «no soy tu suministro». Su estribillo lo dice sin rodeos: no soy tu suministro, no soy tu droga. Es la misma idea vista desde dentro, en el momento de darse cuenta. Su videoclip, por cierto, tiene una mesa larga preparada para veinte personas con un solo invitado sentado.
Las dos canciones se responden. «Not Your Supply» es la frase que se dice cuando por fin se entiende el mecanismo: alguien que te usa para llenarse y luego se va. «El día de la liberación» es lo que viene después, cuando ya te has salido y el otro tiene que buscarse otra fuente. Una es el diagnóstico y la otra es el alta.
Para mí esta conexión no es un juego de palabras. Durante veinte años estuve con dos parejas narcisistas, una detrás de otra. Cuando por fin se les cayó la máscara, consiguieron poner a parte de mi gente en mi contra, y durante mucho tiempo sentí que nadie iba a escuchar mi versión. Las canciones fueron la forma que encontré de contarla. No nombro a nadie ni voy a hacerlo: lo que me importa es que quien esté pasando por algo parecido sepa que tiene nombre, que no se lo ha inventado y que se sale.
El plural del grito
Hay un momento en la letra en que la canción deja de hablar en primera persona del singular:

«Gritemos con fuerza ¡somos libres!»
Ese plural es muy de Planeta Gayfolk. Muchas de mis canciones empiezan como una historia de uno, una ruptura, un desengaño, una pelea, y en algún punto se abren a un nosotros. En «Madrid to Benidorm» el plural está en el estribillo desde el principio. En esta, aparece en mitad de un ajuste de cuentas y lo transforma en celebración colectiva.
Lo leo como un gesto de comunidad. Cuando te liberas de algo así, no te liberas tú solo. Se liberan contigo las personas que se quedaron a tu lado, las que te creyeron cuando no tenías pruebas, las que te acompañaron a la consulta. Y, de alguna manera, se libera todo el que escucha la canción pensando en lo suyo.
El videoclip, curiosamente, va en dirección contraria: casi siempre enseña a un solo hombre. Salta solo, baila solo, gira solo. Pero no está triste ni aislado: está ocupando todo el espacio, la playa entera, el trigal entero, el palacio entero. Es la alegría de quien vuelve a tener sitio.
Pringles en la arena
En una trilogía con tanto drama, me hace gracia que el símbolo más reconocible de esta canción sea un bote de patatas. La letra manda al otro a nutrirse de patatas de tubo, y el videoclip lo convierte en un objeto con planos propios. Hay un bote de Pringles plantado en la arena junto a una sombrilla, otro que recibe las olas en la orilla, otro al lado de un castillo de arena con su pala de juguete y otro en lo alto de un acantilado sobre un mar azul.
Ese bote es una pieza muy típica de cómo funciona el humor en el planeta. Las cosas que más duelen se cuentan con objetos de supermercado. En otras canciones aparecen croquetas, garrafón, marcas de toda la vida y objetos domésticos. Aquí el objeto es una lata de patatas que se queda sola en la playa mientras el protagonista baila. Es una venganza pequeña y ridícula, y justo ahí está la gracia.
Los paisajes que comparte con «Lai»
Hay otra conexión que se ve más que se oye. En el videoclip, el hombre de las faldas de volantes recorre campos de lavanda con molinos de viento al fondo y con unas naves plateadas flotando en el cielo, quietas, como coches que hubieran despegado del suelo. Más adelante baila en un trigal con esculturas de cristal a su alrededor.
La lavanda también es el primer escenario del videoclip de «Lai», otra canción del tercer disco, donde una bicicleta aparcada espera en un camino entre las hileras moradas. Las dos canciones no se parecen en nada: una es un grito de liberación y la otra una nana casi sin palabras. Pero comparten el paisaje.
Eso me gusta mucho del tercer disco. Muchos de sus vídeos tienen campos abiertos, mar, luz de atardecer, cielo. Después de tantos salones, discotecas y plazas de toros en los discos anteriores, aquí hay mucho aire libre. Visto ahora, tiene todo el sentido: el disco de la liberación respira fuera.
El palacio y las faldas
Hay una parte del clip que parece de otro vídeo. El protagonista entra en los salones de un palacio antiguo, con columnas, techos pintados, estatuas en hornacinas y una escalinata doble de mármol. Ahí ya no lleva traje: lleva una camisa oscura abierta y una falda de volantes roja o granate enorme, que gira y llena el plano. En algunos planos el palacio está entero y brillante; en otros, en ruinas, con cascotes en el suelo.
Dentro del planeta, ese palacio es como un escenario de copla. La falda de volantes, el giro, la escalera, el salón con columnas: son imágenes que vienen del folclore y de la escena, y que en Planeta Gayfolk siempre han sido terreno de la pluma. Aquí el protagonista baila con falda en un palacio y nadie le dice nada. Es otra forma de liberación, más silenciosa que el grito del estribillo: la libertad de vestirse como quieras para bailar donde quieras.
Las canciones que lo rodean en el disco
El tercer disco tiene muchas canciones en inglés y en otros idiomas, y muchas canciones tranquilas. «El día de la liberación» es de las que lo devuelven al castellano y a la mala leche de los primeros discos. Pero en la lista de vídeos le tocó un sitio curioso: entre «The Northern Lights» y «Flow / We Glow», dos canciones del mismo disco que son todo atmósfera, luz y calma. Es como si en mitad de un paseo nocturno por la orilla alguien encendiera de golpe un equipo de música con un himno para gritar.

Ese contraste dice mucho del disco. La liberación no es solo una fiesta. También es la calma que viene después, la orilla, la luna, el mar que brilla. «Flow / We Glow» es la noche tranquila que sigue al día del grito. Si las pones seguidas, se oye el antes y el después.
Lo que esta canción añade al planeta
Si tuviera que decir qué aporta «El día de la liberación» al mundo gayfolk, diría tres cosas.
La primera, una fecha. El planeta tenía lugares, personajes, enemigos y fiestas, pero no tenía un día marcado en el calendario. Ahora lo tiene.
La segunda, una vuelta. Al recuperar el estribillo de «De mito a vómito» y al cerrar el vídeo con el cartel del primer disco, la canción ata el final de la trilogía con su principio. El viaje no es una línea recta: es un círculo que se cierra con otra cara.
La tercera, un destino. Benidorm deja de ser solo un sitio donde pasan cosas y se convierte en el sitio donde se está bien. Después de esta canción, cada vez que Benidorm aparece en otra letra, se oye un poco de esta.
Cómo está hecha
La letra y la producción son mías, como letrista, compositor y productor musical. La música e interpretación vocal hechas con IA ponen el ritmo de himno y el tono de fiesta. Las imágenes del videoclip, con sus faldas, su palacio, sus naves sobre la lavanda y sus botes de Pringles, están generadas para el planeta.
Las etiquetas que puse en la descripción del vídeo dicen bastante de cómo la veo: #SomosLibres, #Benidorm, #PopArt, #MusicaQueer, #PlanetaGayFolk. También puse #Narcisismo y #Manipulador, porque es de eso de lo que se libera la canción, aunque lo haga bailando.
Para quien llega a esta canción desde un sitio difícil
Esta canción la escribí para celebrar, pero sé que mucha gente llega a ella desde el momento anterior, cuando todavía no hay nada que celebrar. Si es tu caso, no pasa nada por no sentirte todavía en Benidorm. El día de la liberación no llega de golpe: llega después de muchos días normales, de pedir ayuda, de que alguien te crea. Yo sigo en tratamiento psicológico y psiquiátrico, y escribir estas canciones ha sido parte de salir, no el final del camino.
Si lo estás pasando mal, no lo cargues solo. En España, el 024 atiende de forma gratuita y confidencial las veinticuatro horas, y en una emergencia está el 112. Hablarlo con alguien de confianza también es una manera de empezar.
Para la próxima vez que la escuches
Primero, espera a los tres versos de «De mito a vómito» hacia el final. Si conoces la canción del primer disco, notarás que la frase llega cambiada de tono.
Segundo, en el vídeo, mira la esquina del rótulo inicial: dice «Versión feliz».
Tercero, cuenta los botes de Pringles: en la arena, en la orilla, junto a un castillo de arena y en lo alto de un acantilado.
Y cuarto, quédate hasta el último segundo. El vídeo del día de la liberación termina con el cartel del disco donde empezó todo.
Preguntas frecuentes
¿En qué disco está «El día de la liberación»? Es la canción que da nombre al tercer disco de la trilogía de Planeta Gayfolk, «El día de la liberación». En la lista del catálogo ocupa el lugar 205 de 273.
¿Qué canción del primer disco aparece dentro de la letra? «De mito a vómito». Sus primeros versos, «De mito a vómito / ¡Y tú solito! / ¡Que bonito!», vuelven hacia el final de «El día de la liberación».
¿Por qué sale Benidorm en la canción? Porque en Planeta Gayfolk Benidorm es el sitio al que se llega cuando por fin se está bien. Aparece también en «Madrid to Benidorm», «La playa del Mal Pas» y «La primera drag de Benidorm».
¿Cuándo se publicó el videoclip? El 30 de octubre de 2025 en el canal oficial de YouTube. Dura tres minutos y medio y en la lista de vídeos es el 39 de 276. El título del vídeo lo presenta como «versión feliz».
¿Con qué otras canciones dialoga? Sobre todo con «De mito a vómito», «Not Your Supply», «Madrid to Benidorm» y «Lai», con la que comparte los campos de lavanda del videoclip.