
Por Mike Sain't Louis ·
«Ya hay un vencedor»: «El día de la liberación» y el permiso para celebrar una ruptura
Un hombre con barba, pelo negro de punta y americana azul marino abierta sobre el pecho tatuado está de pie en una playa, con los brazos extendidos de par en par, como quien abraza el aire. Detrás, el cielo es un incendio rosa y fucsia, el mar se pone del mismo color y, a la izquierda, se levantan los rascacielos iluminados de una ciudad de costa. Sobre su cabeza, en letras de pincel blancas y granates, el título.
Es la portada de «El día de la liberación», y no hace falta ser muy listo para adivinar qué ciudad es. Rascacielos frente al mar, paseo marítimo con farolas, puesta de sol de postal: Benidorm, el sitio exacto que nombra la letra. El hombre de la foto no está triste ni pensativo. Está abierto. Los brazos, el pecho, la americana. Todo en él dice lo mismo que el estribillo.
La canción da nombre al tercer disco de la trilogía, y sobre ese disco ya escribí en «El día de la liberación, y el día siguiente». En la lista completa de singles es el número 205. Su ficha en el blog ya cuenta el humor de la letra. Aquí quiero defender una idea que me parece que hace falta defender más a menudo: que está bien alegrarse cuando se acaba una relación que te hacía daño. Sin matices, sin pena impostada, sin pedir perdón.
Las rupturas tienen mala prensa
Si haces memoria de las canciones de ruptura que conoces, casi todas son tristes. Lágrimas, noches sin dormir, cartas que no se envían, el teléfono que no suena. Es lógico, porque la pena es una de las emociones que más canciones ha dado en la historia.
Pero hay rupturas que no dan pena. Dan alivio. Hay relaciones que, cuando se acaban, lo que dejan es una sensación de poder respirar por fin. Y esas rupturas tienen muy poca música propia. Casi nadie les escribe. Como si alegrarse de que algo se acabe fuera de mal gusto.
Esta canción existe para llenar ese hueco. Es una canción de ruptura en la que no hay ni una lágrima. Hay fiesta.
Un marcador sin empate
El primer estribillo lo dice sin rodeos: hoy es «el día en el que ya hay un vencedor». Y añade enseguida quién no es: el manipulador perdedor.
Me gusta mucho que la letra hable en términos de competición, porque en las relaciones con alguien que manipula hay algo de eso. No porque quien sufre quiera competir, sino porque el otro convierte todo en una batalla. Quién tiene razón. Quién cede. Quién pide perdón. Quién se queda con la última palabra. Durante mucho tiempo, el marcador siempre va a favor del mismo.
Y de repente, un día, el marcador cambia. No por una gran jugada, sino porque una de las dos personas se levanta y se va del campo. Y ese gesto, que parece una retirada, resulta ser la victoria. El único modo de ganar a quien hace trampas es dejar de jugar.
Y me parece justo que la letra lo cuente como una victoria y no como una huida. Durante mucho tiempo, a quien deja una relación así se le mira como si hubiera fracasado: no supo hacerlo funcionar, no aguantó, tiró la toalla. La canción le da la vuelta a esa mirada. Irse no es perder. Irse es, por fin, ganar el partido que el otro llevaba años amañando.
Hoy, no mañana
La canción repite una palabra muchísimas veces: hoy. Hoy es el día. Siempre hoy. Nunca ayer ni mañana.

Me parece significativo. Las relaciones que hacen daño suelen vivirse en otro tiempo. En el pasado, recordando lo bonito que fue al principio. O en el futuro, esperando que cambie, que vuelva a ser como antes. Lo que casi nunca se vive es el presente, porque el presente es justo lo que duele.
Esta canción, en cambio, está plantada en el presente. Hoy. Y eso tiene algo de declaración: ya no vivo de lo que fue ni de lo que podría ser. Vivo de lo que es. Y lo que es, hoy, es que soy libre.
Las heridas que ya no sangran
Hay un verso que la ficha también destaca y que me parece el más fino de toda la letra: hoy es el día en que ya no sale sangre de las heridas que el otro causó ayer.
Fijaos en la precisión. No dice que no haya heridas. No dice que se hayan curado del todo. Dice que han dejado de sangrar. Es un estado muy concreto de la recuperación: el momento en que la herida sigue ahí, se ve, se nota, pero ya no se abre cada vez que te mueves.
Celebrar ese momento me parece muy sano. No hace falta esperar a estar completamente bien para alegrarse. Basta con estar mejor que ayer. Y la letra lo convierte en motivo de fiesta: no estoy curado, pero ya no sangro. Eso merece un estribillo.
La cocina del otro
Luego llega la parte que más risa da de la canción: «que te cocine ahora tu madre», o que se alimente de un bote de patatas de tubo. La ficha ya cuenta lo cómica que es la imagen, y estoy de acuerdo. Pero quiero mirar lo que hay debajo del chiste.
Ese verso habla de dependencia. Si ahora tiene que cocinarle su madre, es que antes le cocinaba otra persona. La persona que habla. Y eso dice mucho del reparto de tareas en esa relación. Uno cuidaba, el otro se dejaba cuidar. Uno sostenía la casa, el otro vivía en ella.
Es muy habitual en relaciones desequilibradas. Quien está con alguien que manipula acaba asumiendo un montón de trabajo invisible: la comida, la limpieza, los recados, los cumpleaños de la familia del otro, los problemas del otro. Y cuando se va, se nota. De repente, la nevera está vacía y nadie sabe encender el horno.
Las patatas de tubo como venganza
Lo de las patatas de tubo me parece una venganza perfecta precisamente porque es pequeña. No hay maldición, no hay deseo de que le vaya fatal en la vida. Solo una imagen: el otro, solo en la cocina, cenando patatas de bote.
Es el tipo de venganza que se permite quien ya está bien. Cuando todavía duele, las fantasías de venganza son grandes y oscuras. Cuando ya no duele tanto, se vuelven cómicas. Y que la canción elija lo cómico dice mucho del momento en que está la persona que habla. Ya no necesita que el otro sufra. Le basta con imaginarlo un poco ridículo.
Benidorm como destino
Mientras el otro cena patatas, el narrador está feliz en Benidorm. La ficha ya apunta que no es una isla paradisíaca ni una playa secreta, y me parece la elección más acertada posible.
Benidorm tiene fama de ser un destino popular, sin pretensiones, con sus rascacielos, sus paseos, su vida nocturna y sus chiringuitos. Es un sitio al que se va a pasarlo bien, no a encontrarse a uno mismo. Y eso es justo lo que necesita alguien que acaba de salir de una relación así. No necesita un retiro espiritual. Necesita sol y gente alrededor, algo de ruido y muchas ganas de reír.
Benidorm sale en más canciones mías. En la lista de singles hay una que se llama «Madrid to Benidorm», y la ciudad vuelve a aparecer en otras letras. Para el Planeta Gayfolk es casi un lugar de peregrinación: el sitio al que se va cuando por fin se puede.
La alegría sin glamour
Me gusta mucho que la liberación no tenga glamour. No hay yate, no hay hotel de cinco estrellas, no hay escapada a Bali. Hay Benidorm y hay un bote de patatas. Todo muy cotidiano, muy al alcance de cualquiera.

Eso tiene un mensaje: liberarse no requiere grandes medios. No hace falta irse al otro lado del mundo para celebrar. Basta con irse a la costa más cercana, ponerse al sol y no tener que dar explicaciones a nadie. La libertad, en esta canción, tiene precio de apartamento de temporada baja.
La portada lo cuenta igual. El hombre está en una playa urbana, con edificios detrás. No es una cala virgen. Es una playa con gente, con farolas, con vida. Y él está en medio, con los brazos abiertos.
La fuente de alimentación
El verso que cierra el estribillo largo es el más técnico de todos: el otro está desesperado por conseguir «otra fuente narci de alimentación». Me parece una expresión muy curiosa, mezcla de jerga psicológica y de lenguaje de la calle.
En la divulgación sobre narcisismo se habla de suministro narcisista, una expresión que se usa para nombrar la admiración, la atención y la validación que alguien con rasgos narcisistas busca constantemente en los demás. La letra lo traduce a algo mucho más físico: alimentación. Como si el otro necesitara comer de alguien para sobrevivir.
Y conecta perfectamente con lo de la cocina. Antes, la persona que habla le daba de comer en sentido literal y en sentido figurado. Ahora no le da ninguna de las dos cosas. Y el otro se queda con las patatas de tubo y con la búsqueda desesperada de otra persona que le alimente. De este concepto hablé también en «Not your supply», que lleva la idea hasta el título.
Desesperado, dice la letra
Fijaos en el adjetivo: desesperado. Mientras uno está feliz, el otro está desesperado. Es la inversión completa de lo que pasaba antes. Durante la relación, quien estaba desesperado era el narrador: por agradar, por entender, por arreglarlo. Ahora le toca al otro.
No lo cuenta con crueldad, sino con una especie de constatación tranquila. Así son las cosas ahora. Tú buscando, yo en la playa. Y no hay que hacer nada para que eso ocurra. Solo hay que irse.
De mito a vómito
En el puente aparece una expresión que tiene canción propia en mi catálogo: de mito a vómito. Es la idea de que alguien a quien tenías en un pedestal acaba dándote asco. La explico en la ficha de «De mito a vómito».
Aquí funciona como un resumen de todo el proceso en tres palabras. Al principio, el otro era un mito. Ahora, ya no. Y que la canción cite otra canción tiene algo de complicidad con quien conoce el resto del catálogo. Es como un guiño entre canciones que hablan de lo mismo desde sitios distintos.
Y tú solito
Justo después llega el remate del puente, el más infantil de la canción: y tú solito, qué bonito. Con exclamaciones. Es una burla de patio de colegio, de las que se dicen con retintín.
Me encanta ese tono porque desarma por completo al otro. Alguien que ha pasado años manipulando, controlando y haciendo sentir mal a otra persona, se merece muchas cosas. Pero quizá lo que menos espera es que se rían de él como se ríe un niño. Sin rabia, sin drama. Solo con un diminutivo y una rima fácil.
Y el diminutivo vuelve a hacer su trabajo: solito. No solo, sino solito. Con ese punto de ternura falsa que lo hace todavía más demoledor.
El plural del estribillo
En el estribillo aparece un cambio de número muy significativo: gritemos con fuerza, somos libres. No dice soy libre. Dice somos.

La ficha ya lo señala como lo más importante de la canción, y no voy a repetir lo que dice. Solo quiero añadir una cosa: ese plural cambia el tipo de fiesta. Una liberación individual se celebra en casa, quizá con una copa. Una liberación en plural se celebra en la calle, con gente, gritando. El estribillo no está pensado para escucharlo con cascos en el metro. Está pensado para que lo grite mucha gente a la vez.
Por qué cuesta alegrarse
Vuelvo a la idea del principio, porque me parece la más importante. A mucha gente le cuesta alegrarse cuando se acaba una relación que le hacía daño. Y no porque no quiera, sino porque siente que no debería.
Hay muchas razones. Una es la culpa: si me alegro, ¿soy mala persona? Otra es la presión social: se supone que una ruptura es triste, y si no estás triste algo raro pasa. Otra es la propia confusión: quieres a alguien y a la vez te alegras de que se haya ido, y esas dos cosas parecen no poder convivir.
Pero pueden. Se puede haber querido mucho a alguien y alegrarse profundamente de que ya no esté. No es contradictorio. Es lo que pasa cuando el amor y el daño iban en el mismo paquete.
El permiso de una canción
Para mí, esta canción funciona como un permiso. Un permiso por escrito, con música, para alegrarse. Para quien lleva semanas sintiéndose culpable por estar mejor sin el otro. Para quien no se atreve a decir abiertamente que está feliz.
A veces lo que necesitas no es un consejo ni una reflexión. Es alguien que diga, con todas las letras, que está bien celebrar. Y que lo diga gritando, con un estribillo pegadizo y un billete a la costa.
El tiempo que se recupera
Hay una consecuencia de la liberación de la que se habla poco y que la letra deja entrever con lo de la cocina: el tiempo. Cuando sales de una relación en la que lo sostenías todo, de repente te sobran horas.
Horas que antes se iban en cocinar para dos, en adivinar el humor del otro, en preparar conversaciones para que no acabaran en bronca, en dar explicaciones por haber llegado tarde o por haber hablado con alguien. Todo ese trabajo, que no se veía, ocupaba una parte enorme del día. Y al irte, se libera.
Al principio puede dar vértigo. No sabes qué hacer con tanto tiempo propio. Pero poco a poco se llena de otras cosas: amigos que habías dejado de ver, aficiones abandonadas, siestas, paseos. Y también playa. Ir a Benidorm es, en el fondo, gastar en ti el tiempo que antes gastabas en otro.
Gritar después del silencio
El estribillo pide gritar con fuerza. Y me parece una petición muy pensada para quien sale de una relación así, porque muchas veces lo que se ha vivido dentro es lo contrario: bajar el volumen.
Bajar el volumen para no provocar. Para no parecer exagerado. Para que no te acusen de montar un drama. Hablar bajito, reírse poco, no llamar la atención. Es una forma de vivir encogido que acaba siendo costumbre.
Por eso gritar tiene tanto sentido aquí. Además de celebrar, sirve para recuperar algo que se había perdido: el derecho a hacer ruido, a ocupar espacio con lo que dices, a que te oigan sin pedir permiso. El día de la liberación es también el día en que vuelves a hablar a tu volumen.
La pena también vendrá
No quiero hacer trampa. Que una canción celebre la liberación no significa que la pena no exista. A menudo, después de la euforia, llega un bajón. Echas de menos cosas. Te preguntas si hiciste bien. Recuerdas los momentos buenos.

Eso es normal y no quita valor a la fiesta. Las dos cosas forman parte del mismo proceso. Hay días de Benidorm y días de sofá. Esta canción es para los primeros. Y está bien tenerla a mano para cuando vuelvan, porque vuelven.
Si en algún momento la pena se hace demasiado grande o dura demasiado, merece la pena hablarlo con alguien de confianza o con un profesional. Salir de una relación así es un proceso, y no hay que hacerlo a solas.
La portada, con los brazos abiertos
Vuelvo a la imagen del principio. El hombre de la portada tiene los brazos tan abiertos que casi se salen del encuadre. Es un gesto de alivio, de alegría, de quien por fin tiene sitio.
Durante una relación que te hace pequeño, uno se encoge. Literalmente: se encorva, se esconde, ocupa menos espacio para no molestar. Y el día de la liberación es el día en que te vuelves a estirar. Los brazos abiertos de la portada son eso. Alguien que vuelve a ocupar todo el sitio que le corresponde.
Y detrás, un cielo rosa. No azul, no gris. Rosa. El color que en este planeta es casi una bandera.
Me gusta también que sea un atardecer y no un amanecer. Lo fácil habría sido poner la salida del sol, el nuevo comienzo, el día que empieza. Pero el día de la liberación, en la portada, está terminando. Como si ya se hubiera vivido entero. Como si la persona de la foto hubiera pasado la jornada celebrando y ahora, al caer la tarde, se quedara un momento quieta para respirarla. Es un final de día de los buenos, de los que te dejan cansado y contento.
Entre una vecina y un narcisista
En la lista de singles, «El día de la liberación» va justo después de «La vecina cotilla» y justo antes de «El narcisista». Me hace gracia el orden: primero la vecina que se entera de todo, luego la fiesta de liberación y luego, como si no hubiera aprendido nada, el retrato del narcisista otra vez.
Pero tiene su lógica. Las canciones de este planeta no van en línea recta. Vuelven, se repiten, se contradicen. Igual que la vida. Hoy celebras y mañana te acuerdas. Y pasado celebras otra vez.
Para el día que toca
«El día de la liberación» es para el día que firmas, el día que devuelves las llaves, el día que bloqueas un número o, simplemente, el día que te levantas y te das cuenta de que ya no te duele tanto. La ficha lo resume bien: ponla ese día.
Y es para quien todavía no ha llegado a ese día, pero lo ve venir. Para que sepa que existe. Que hay un hoy en el que ya hay un vencedor, y no es el otro.
Como letrista, me encanta que el tercer disco de la trilogía lleve el nombre de una canción tan poco solemne, con patatas de tubo y un billete a la costa. Me presento como «el primer cantautor IA» porque la música y las voces las hago con inteligencia artificial, pero esa fiesta es de quien la necesite. Está gratis en descargas.
Preguntas frecuentes
¿En qué disco está «El día de la liberación»? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis, al que da nombre. En la lista completa de singles es el número 205.
¿De qué habla «El día de la liberación»? De celebrar el final de una relación con una persona manipuladora: el día en que las heridas dejan de sangrar, el otro se queda solo y quien habla se va feliz a Benidorm.
¿Qué es la «fuente narci de alimentación»? Es una forma coloquial de referirse a lo que en divulgación se llama suministro narcisista: la atención y la admiración que alguien con rasgos narcisistas busca en los demás.
¿Qué aparece en la portada? Un hombre con americana azul y los brazos abiertos en una playa al atardecer, con el cielo rosa y rascacielos iluminados detrás.
¿Quién hizo la canción? La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se hicieron con herramientas de inteligencia artificial.