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Como diría Antonio Recio: la tele como diccionario del desamor en «Esperma»

Casi siete años. Ni un beso de despedida. Ni un último abrazo. Y entonces, cuando la canción está a punto de ponerse seria, entra por la puerta del portal de Montepinar un mayorista de pescados y mariscos con bigote.

«Como diría Antonio Recio, / Tras tras / Por detrás»

Así, sin avisar. En «Esperma», la cita que sostiene el momento más venenoso de la letra no viene de un poeta del Siglo de Oro ni de una canción de Rocío Jurado. Viene de La que se avecina, de un personaje de comedia de Telecinco que media España conoce mejor que a su propio vecino del cuarto.

Este texto va de eso. De por qué en mis letras cito la tele como otros citan a Lorca. La ficha de «Esperma» ya cuenta la historia de la canción, el bañador de marca y ese final de mito a vómito. Aquí me voy a quedar en la cita. En ese «como diría» que es, si lo piensas, una de las fórmulas más viejas del idioma.

«Como diría» es una puerta

«Como diría mi abuela.» «Como diría el otro.» «Como dice el refrán.» Los españoles llevamos siglos hablando con citas. No nos fiamos de lo que decimos nosotros solos, así que invocamos a alguien con más autoridad. A la abuela, que lo ha visto todo. Al refrán, que lo ha dicho todo. Al «otro», que nadie sabe quién es pero siempre tiene razón.

En mis letras, ese alguien con autoridad muchas veces sale de la pantalla. Y no me parece una frivolidad. Me parece honesto. Porque a mí, y a muchos de mi generación, las frases para nombrar lo que nos pasaba no nos las dio el colegio. Nos las dio la tele del salón, encendida mientras se ponía la mesa, con el volumen alto para que se oyera desde la cocina.

Cuando escribo como diría Antonio Recio, estoy haciendo lo mismo que tu abuela cuando dice «como decía mi madre». Estoy llamando a un testigo. Solo que mi testigo lleva bata de pescadero.

Lo que dice Recio sin decirlo

Lo interesante de la cita en «Esperma» es lo que hace dentro de la canción. La letra viene de una zona dura: casi siete años con alguien que ha sido tan malo que merece el silencio y el castigo. Lo copio porque ahí está el tono justo antes del salto:

«Ese chico con el que he dormido casi siete años / Ha sido tan malo conmigo / Que se merece el silencio y el castigo»

Después de eso, si sigues por el mismo camino, te sale un drama de sobremesa. Y yo no quería un drama de sobremesa. Quería contar que hubo cosas a espaldas de todos, que hubo un «por detrás» en la historia, sin ponerme a detallar como un atestado de la Policía.

Y entonces aparece Recio. «Tras tras, por detrás.» Lo que en prosa seria tardaría dos estrofas en explicarse, con Recio se entiende en tres palabras. Porque el personaje ya trae su mundo puesto: su descaro, su doble moral, su manera de ser un señor de bien que no es de bien ni a media luz. La cita no informa. Insinúa. Y la insinuación, en una canción de ruptura, vale más que la denuncia.

Luego viene un «trakatrá», que es ruido de ametralladora de patio de vecinos, y la canción sigue. Ya está. La puerta se ha abierto y se ha cerrado.

La tele como diccionario

Hay quien piensa que meter personajes de la tele en una letra es poner un chiste fácil. Que es como ponerle a una canción una pegatina de souvenir. Yo lo veo justo al revés: la tele es un diccionario compartido. Si escribo «Antonio Recio», millones de personas ven una cara, un bigote, un tono de voz y una forma de estar en el mundo. No tengo que describir nada. El diccionario ya está en la cabeza del que escucha.

Fotogramas del videoclip oficial de «Esperma», de Mike Sain't Louis

Y eso, para alguien que escribe canciones, es oro. Una canción tiene muy poco espacio. No hay sitio para presentar personajes, para describir habitaciones, para explicar contextos. Cada palabra tiene que llevar mucho dentro. Un nombre propio de la tele es una palabra con un mundo entero empaquetado.

Lo cuento también en otra canción de la trilogía, «Me rindo», donde la pregunta de si todo aquello eran tomas falsas de La que se avecina o de Caso cerrado hace el trabajo de un tratado sobre la mentira. Dos programas de la tele, y ya sabes que la relación era una mezcla de sitcom de vecinos y juicio de plató con la doctora Polo levantando la ceja.

Un panteón de pantalla

Si me pongo a hacer inventario, mis letras tienen un pequeño panteón televisivo y pop, cada uno con su función. No es un plan. Es lo que ha ido saliendo.

  • Antonio Recio, para lo que pasa por detrás.
  • La Veneno, para cuando hay que plantarse delante de alguien y preguntarle quién se cree que es.
  • Carmina Barrios, para la suegra que uno habría querido, en «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios».
  • Caso cerrado, para los juicios de pareja que se celebran en el salón con el mando en la mano.
  • Y el telediario de las nueve, que no sale en ninguna letra mía con nombre, pero que está en todas, porque es el ruido de fondo de las cenas en las que alguien no te habla.

La Veneno, por cierto, entra en «Kaaa-miga» con una cita que es casi un grito de guerra:

«Porque, como diría ella: “¡Yo soy La Veneno, y tú quién eres, maricón!”»

Otra vez «como diría». Otra vez la puerta. Y otra vez la cita hace un trabajo que a mí solo me costaría mucho más: la frase de Cristina Ortiz trae su historia, su valentía y su descaro, y se lo presta a la canción por el precio de una línea.

Citar no es copiar

Aquí hay una cosa que me importa aclarar, porque con lo de la IA siempre aparece la sospecha. Citar no es copiar. Cuando digo «como diría Antonio Recio», no estoy plagiando un guion. Estoy invocando a un personaje y diciendo, con mis palabras, algo que encaja con él. El «tras tras, por detrás» de la canción es mío, escrito para ese momento de esa letra, aunque suene a Recio. Lo que tomo prestado es el personaje, no el texto.

Es lo mismo que hacen las folclóricas cuando en una entrevista dicen «como decía Lola». Ponen a Lola Flores de testigo para decir algo suyo.

Y para que quede claro de nuevo, porque nunca sobra: las letras son mías, escritas sin inteligencia artificial. La música y las voces de mis canciones están hechas con herramientas de IA, como Suno. Soy letrista, compositor y productor; no pongo la garganta. La cita a Recio no la eligió una máquina. La eligió un señor de Madrid con el mando de la tele al alcance de la mano.

Siete años en una línea

Antes de que entre Recio, la canción hace algo que me parece de lo más difícil que hay en una letra: meter siete años en una línea. «Casi siete años», dice. Ni siquiera siete: casi. Ese «casi» es de una precisión dolorosa. Es la diferencia entre redondear y contar los días. Quien dice «casi siete años» es alguien que sabe exactamente cuántos meses faltaban para el aniversario.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Felicidades por tu ascenso. Has pasado de mito a vómito.» de «Esperma»

Siete años es mucho tiempo. Da para dos mudanzas, tres trabajos, una muerte en la familia, cuatro veranos en la misma playa de Cádiz y un perro que ya no es cachorro. Y en la canción no se cuenta nada de eso. Solo el número. El resto lo pone el que escucha, con sus propios siete años o con los de su prima.

Luego viene la sentencia: se merece el silencio y el castigo. Esto ya lo trabajé desde el otro lado en «El castigo más duro», donde el silencio es el arma del otro. Aquí el silencio cambia de manos. Lo uso yo. Ni un beso ni un último abrazo. Es la ley del hielo devuelta al remitente, con acuse de recibo.

Y justo ahí, cuando la canción está más fría, entra Recio. No es casualidad. Después del silencio, hace falta ruido. Después del castigo, un bigote.

Si Recio leyera la letra

Me he preguntado alguna vez qué pensaría el personaje si leyera la canción. No el actor, que bastante tiene, sino el propio Antonio Recio, el de Montepinar, con su bata, su negocio de marisco y su opinión sobre todo.

Seguramente se escandalizaría. Diría que eso no es música, que en sus tiempos las canciones hablaban de amor y no de bañadores manchados, que esto es una vergüenza y que dónde vamos a llegar. Y luego, por detrás, se la pondría en el coche. Tras, tras.

Esa es la gracia del personaje y la razón por la que me sirve tanto: es el señor que critica en público lo que disfruta en privado. La doble careta. Justo lo que la canción le reprocha al ex. Así que la cita hace más que el chiste: hace de espejo. Pongo a Recio en la letra porque el ex y Recio son de la misma familia, la de los que van de decentes y tienen el cajón lleno de cosas que no enseñarían en una comida de domingo.

Si lo piensas, he metido en la canción a un personaje de ficción para hablar de una persona de carne y hueso sin tener que describirla. Con Recio, el retrato ya está hecho. Solo falta firmarlo.

El rótulo y el estribillo

Hay una relación que me gusta mucho entre la tele y el estribillo, y que en «Esperma» se ve muy clara.

Un rótulo de la tele tiene que entenderse en dos segundos, porque la gente está pelando patatas. Un estribillo tiene que entenderse a la primera, porque la gente está bailando, conduciendo o fregando. Los dos son frases que se escriben para alguien que no está prestando toda su atención. Y los dos dependen de lo mismo: una palabra que golpea y que se recuerda.

El estribillo de esta canción tiene esa palabra, la que le da título, gritada con signos de exclamación y seguida de sinónimos de todos los registros, como si fuera un diccionario de urgencias. No la voy a repetir aquí más de lo necesario, que ya está en el título. Pero funciona como un rótulo de última hora: rojo, en mayúsculas, con una sirena de fondo.

La tele me enseñó que una frase en pantalla tiene que ganarse el sitio. Las canciones, igual.

La cita como anestesia

Hay otra función de la cita que me parece la más importante, y es la anestesia.

Collage con un detalle de la carátula de «Esperma» y las carátulas de «Me rindo», «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», «Kaaa Miga», «El castigo más duro»

«Esperma» es una canción muy bestia. Habla de casi siete años, de un final sin abrazo, de un bañador de marca manchado, de algo que pasó a espaldas de todos. Si lo cuentas todo a palo seco, duele demasiado, o da demasiado asco, o las dos cosas. La cita de Recio mete una risa justo antes de la parte más fuerte. Es como el chupito de orujo que te dan antes de sacarte una muela en un pueblo de Galicia.

No es que la risa quite el dolor. Es que lo deja pasar. Con la risa por delante, el oyente baja la guardia y la siguiente frase le entra sin que pueda taparse los oídos.

Hay un texto en el blog sobre la vergüenza ajena como herramienta para escribir que va de algo parecido. Lo que da vergüenza, lo que da asco, lo que no se dice en la mesa, se puede decir si antes alguien se ha reído. La risa es el permiso.

De mito a vómito

La canción termina con una despedida que es también una cita, aunque esta vez la cita soy yo citándome a mí mismo en forma de pancarta:

«Felicidades por tu ascenso. / Has pasado de mito a vómito.»

Me gusta mucho esa frase porque es pura tele. Es un titular de programa del corazón. Es lo que diría una colaboradora de tertulia de tarde con las gafas en la punta de la nariz, mirando a cámara: «Felicidades por tu ascenso». Y el juego de palabras, mito y vómito, tiene esa rima interna que tanto les gusta a los guionistas de los rótulos de Sálvame: corta, fácil de recordar, cruel.

Si la tele me ha dado el diccionario, también me ha dado la gramática. La de los rótulos, los titulares, las frases que caben en una línea en la parte de abajo de la pantalla. Mucho de lo que escribo está pensado así: para caber en un rótulo. Para que alguien lo pueda repetir al día siguiente en la oficina sin necesidad de contexto.

«Has pasado de mito a vómito.» Rótulo. Pantalla. Siguiente noticia.

La tele no es una referencia menor

Hay un desprecio muy extendido, sobre todo en ciertos ambientes culturales, hacia la tele generalista española. Lo de Telecinco es «telebasura», lo de los realities es «para chonis», lo de las tertulias es «para jubiladas». Y yo, que soy marica y de Madrid y me he criado con todo eso, pienso que en ese desprecio hay mucho clasismo y un poco de homofobia disfrazada.

Porque la tele generalista fue durante años el único sitio donde muchos chavales de barrio veían a alguien como ellos. A La Veneno en un plató de madrugada. A una drag en un concurso. A un personaje gay en una serie, aunque fuera de chiste. Para mucha gente, esos fueron los primeros espejos, deformados y cutres, pero espejos.

Lo cuento mejor en un texto del blog sobre la risa ajena y la risa propia en el humor queer: durante mucho tiempo, en la tele se reían de nosotros, y ahora nosotros cogemos esa misma tele y la usamos para reírnos a nuestra manera. Citar a Recio en una canción de un marica madrileño es eso. Es coger un personaje que no se hizo para nosotros y ponerlo a trabajar en nuestro favor.

Y no me parece una referencia menor. Me parece la más mía.

Lo que la cita no puede hacer

Para no venderte la moto, una advertencia de oficio: la cita tiene límites.

Ficha de la canción «Esperma» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

No sirve para todo. En una canción como «Entre cuatro paredes», una cita de Recio sería una falta de respeto. En «Ni con un palo», que es un texto seco sobre el castigo sexual del narcisista, una aparición de Montepinar rompería la frase como un plato en el suelo. Hay letras que tienen que ir sin invitados.

Y tampoco sirve si el que escucha no conoce al citado. Si alguien en México o en Argentina oye como diría Antonio Recio, puede quedarse a cuadros. Es el precio de escribir con un diccionario local. Lo asumo. Mis canciones están escritas en español de España, con Mercadona y con Telecinco, y ahí está parte de su gracia. Si alguien de fuera se pierde con Recio, que pregunte, que es lo bonito.

Ahora, cuando la cita funciona, funciona como nada. Tres palabras y un bigote.

El mando a distancia

Hay una imagen que me sirve para explicar cómo uso estas citas, y es el mando a distancia.

Cuando escribes una letra, vas cambiando de canal sin parar. Estás en el canal del drama, con los siete años y el silencio. De repente cambias al canal de la comedia, y aparece Recio. Luego vuelves al canal del cotilleo, con el trozo de pan. Y terminas en el canal de las noticias, con el rótulo de mito a vómito. Una canción mía, muchas veces, es una tarde de zapping un domingo de lluvia, con la manta por encima y el bocadillo de chorizo en la otra mano.

El zapping tiene mala fama, como si fuera falta de atención. Yo creo que es una forma de contar. Saltar de un canal a otro te permite poner juntas cosas que no deberían estar juntas: un desamor de siete años y un pescadero con bigote. Y de ese choque sale algo que ninguno de los dos canales tendría por separado.

Lo que no hago nunca es dejar el mando en manos de otro. Cambio yo de canal. Decido yo cuándo entra la risa y cuándo se va. Y eso, en una canción tan bestia como esta, lo es todo.

El trozo de pan

Me queda una línea por mirar, porque está justo después de Recio y es casi otra cita, esta vez del refranero: el trozo de pan. Ser un trozo de pan es ser buena persona, bonachón, incapaz de hacer daño. Y la canción lo usa con retintín, como quien dice «mira el santo», mientras señala lo que ha hecho.

Lo bonito es que, entre Recio y el trozo de pan, la canción ha puesto juntas dos tradiciones: la de la tele y la del refrán de toda la vida. La bata de pescadero y la barra de pan. Montepinar y la panadería de la esquina. Y las dos dicen lo mismo: que el que parecía bueno no lo era.

Ese es mi diccionario. Mitad Telecinco, mitad abuela. Y cuando una canción como «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca» o «Esperma» necesita una palabra que yo solo no encuentro, abro una de las dos páginas.

Como diría yo

Para terminar, me cito a mí mismo, que también tengo derecho. En la web, en la página sobre mí, hay unas reglas de la casa, y una de ellas dice que con humor también se dice la verdad. Lo escribí pensando en canciones como esta. En «Esperma», la verdad es fea: casi siete años, un final sin abrazo, un bañador manchado. El humor es Antonio Recio entrando por la puerta con su bigote.

Y entre los dos, una canción que se puede escuchar sin taparse los oídos. Está en el primer disco de la trilogía, *Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK*, y en la lista de singles de esta web.

Como diría Recio: tras, tras. Por detrás. Y tú, solito. ¡Qué bonito!

Preguntas frecuentes

¿Por qué aparece Antonio Recio en «Esperma»? Porque Mike Sain't Louis usa personajes de la tele española como citas dentro de sus letras. En «Esperma», el personaje de La que se avecina sirve para insinuar lo que pasó a espaldas de todos sin tener que explicarlo.

¿Quién escribió «Esperma»? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin inteligencia artificial; la música y las voces se hacen con herramientas de IA como Suno.

¿Qué otras referencias de la tele hay en sus letras? La Veneno en «Kaaa-miga», Carmina Barrios en «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», y La que se avecina y Caso cerrado en «Me rindo», entre otras.

¿Dónde está la letra completa? En gayfolkplanet.com/letras/esperma. La ficha está en mikesaintlouis.com/blog/esperma.

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