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Una noria en la niebla, un tiovivo en la feria vacía y un coche frente al ocaso: las norias de Planeta Gayfolk

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Una noria es una máquina absurda y preciosa. No lleva a nadie a ninguna parte. Te subes en un punto, das una vuelta completa y te bajas exactamente en el mismo sitio. Y, sin embargo, cuando bajas ya no eres la misma persona que subió, porque durante unos minutos has visto la ciudad desde arriba, has visto los tejados, el río, la carretera por la que llegaste. La noria no te cambia de lugar: te cambia la mirada.

Por eso me parece la mejor imagen posible para hablar de lo que significa cambiar de punto de vista. No hace falta huir a otro continente para entender tu vida de otra manera. A veces basta con subir unos metros, con quedarse quieto en lo alto un momento, con mirar desde un ángulo que no habías probado. Desde la cabina más alta, los problemas que en el suelo parecían montañas se ven como lo que son: piedrecitas en una explanada enorme.

Soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Canción a canción he construido un territorio inventado, Planeta Gayfolk, y esta vez te invito a pasear por una de sus ferias. La guía es «La perspectiva», una canción cuyo título ya lo dice todo: lo que importa no es solo lo que miras, sino desde dónde lo miras.

La guía: una canción que cambia el ángulo

El videoclip de «La perspectiva» llegó a YouTube un sábado, el 31 de mayo de 2025. Son 2:55 de metraje y el vídeo número 147 de los 276 que forman, de momento, la transmisión completa del planeta. La canción pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo álbum de la trilogía: el de las ganas de irse.

Para verlo completo, ábrelo en la pantalla del planeta. Es un vídeo corto, casi un poema visual, y está construido con muy pocos elementos: una mujer con un vestido blanco que camina de espaldas, un bosque con rayos de luz, una casa con un columpio, un acantilado al atardecer, un coche antiguo y, sobre todo, una feria. Una feria enorme, gris, silenciosa, con norias que giran sin prisa.

La protagonista casi nunca nos mira. La vemos de espaldas, de lejos, diminuta frente a las estructuras. Y esa decisión es la clave de todo: no estamos dentro de su cabeza, estamos mirando lo que ella mira. Somos un pasajero más en la cabina.

Norias sobre una explanada gris

La primera vez que aparecen las norias, el cielo está blanco como una sábana. No hay sol ni nubes con forma: solo una luz plana, de día nublado, de domingo sin planes. Sobre una explanada de asfalto se levantan varias ruedas blancas, unas más cerca y otras más lejos, con sus radios finos como las varillas de un paraguas abierto. Detrás asoman las curvas de una montaña rusa y los brazos metálicos de otras atracciones.

Y en mitad de todo eso, una figura pequeñísima con vestido blanco. Está de espaldas, mirando hacia las norias, quieta. Es tan pequeña que casi se confunde con un papel que el viento ha dejado en el suelo. La escala es brutal: la persona no llega ni a la altura del primer radio de la rueda.

Me gusta esta imagen porque dice algo que tardé muchos años en aprender: a veces el problema no es lo que tienes delante, sino lo cerca que estás de ello. Cuando te pegas demasiado a una pared, solo ves ladrillo. Cuando te alejas, descubres que la pared era parte de un edificio, y el edificio parte de una calle, y la calle parte de una ciudad entera que no habías mirado nunca.

La feria que nadie ha cerrado

Hay algo inquietante en una feria vacía. Las ferias están hechas para el ruido: para los gritos de la montaña rusa, para la música metálica de los coches de choque, para el olor a algodón de azúcar y a churros. Cuando todo eso desaparece, lo que queda es un esqueleto. Hierros, bombillas apagadas, casetas con las persianas bajadas.

En «La perspectiva» la feria está así, en ese estado intermedio entre la fiesta y el abandono. Las atracciones siguen ahí, enteras, pintadas, preparadas. Pero no hay cola, no hay taquilla abierta, no hay nadie gritando. Solo la mujer de blanco, que camina entre las estructuras como quien pasea por un museo después de la hora de cierre.

Esa feria me recuerda a ciertos momentos de la vida en los que todo lo que antes te hacía feliz sigue en su sitio, pero ya no suena. Los mismos bares, las mismas calles, las mismas canciones de siempre. Todo está, pero en silencio. Y entonces tienes dos opciones: quedarte llorando delante de la noria parada o subirte a ella aunque no haya nadie más, solo para ver qué se ve desde arriba.

Un globo sobre las ruedas

En uno de los planos de la feria, sobre las norias, flota un globo aerostático. Es pequeño, de colores apagados, y está suspendido en el cielo blanco como una nota escrita a lápiz en el margen de un cuaderno. No se mueve casi. Está ahí, mirando la feria desde todavía más arriba.

Fotograma del videoclip de «La perspectiva»: tres norias blancas y una montaña rusa en una feria vacía bajo un cielo nublado, con un globo aerostático en lo alto y una figura diminuta de blanco en la explanada

Es un detalle diminuto que me parece un chiste visual muy bonito. Si la noria es la forma de cambiar de perspectiva sin salir del parque, el globo es el siguiente nivel: la perspectiva de quien ya se ha ido, de quien ha soltado amarras y mira desde una altura que ninguna atracción puede alcanzar. Las norias giran y vuelven siempre al suelo. El globo, no.

Entre una cosa y otra está la figura de blanco, abajo, decidiendo. ¿Me subo a la rueda o me subo al globo? ¿Doy una vuelta y vuelvo, o me voy del todo? La canción no responde. Solo enseña las dos posibilidades, una encima de la otra.

Un columpio junto a una casa

Antes de la feria hay otra estructura que gira, aunque de otra manera. Es un columpio de hierro en el jardín de una casa de madera, de esas casas de tejado a dos aguas con porche y ventanas blancas. Es el anochecer: el cielo se ha vuelto lila y rosa, las farolas de la calle empiezan a encenderse y por el aire cruzan pájaros como pequeñas comas negras.

Fotograma del videoclip de «La perspectiva»: un columpio de hierro vacío en el jardín de una casa de madera, bajo un cielo lila de anochecer cruzado por pájaros

El columpio está vacío. Se ven sus dos cadenas colgando, quietas, y la barra de arriba recortada contra el cielo. Delante, en la hierba, brillan unos puntos de luz naranja, como farolillos o luciérnagas desenfocadas. Es una imagen de barrio tranquilo, de tarde de verano que se acaba.

Un columpio es una noria muy pequeña y muy íntima. No da la vuelta completa, solo va y viene, pero hace lo mismo: te levanta del suelo, te enseña el cielo un segundo y te devuelve abajo. Cuando eras pequeño, el columpio era el primer sitio desde el que veías el mundo un poco más alto. Ahí empezaba la perspectiva.

Un tiovivo con caballos sin jinete

En la feria hay también un tiovivo. Tiene un techo redondo de caseta antigua, con remates y una pequeña cúpula, y debajo los caballos de siempre, esos caballos de madera pintada atravesados por una barra dorada. Junto a él se levanta una de las norias, y la mujer de blanco pasa por delante, con el vestido moviéndose con el viento.

Nadie monta en los caballos. Siguen ahí, con las patas levantadas en mitad del galope, como si alguien los hubiera congelado. Un tiovivo es la versión horizontal de la noria: también da vueltas, también te devuelve al mismo punto, también es una forma de viajar sin ir a ninguna parte. Pero el tiovivo no sube. Gira siempre a la misma altura.

Quizá por eso la mujer pasa de largo. Ya ha dado demasiadas vueltas a la misma altura. Ya ha girado mucho tiempo en un círculo que no le enseñaba nada nuevo. Lo que busca ahora es subir.

Rayos de luz en el bosque

Hay un paréntesis en el vídeo que no tiene nada de feria. Es un bosque de troncos altos y oscuros, con el suelo cubierto de helechos y de hierba muy verde. Entre los árboles caen rayos de luz blanca, gruesos como columnas, y la mujer camina entre ellos con su vestido, alejándose de la cámara.

El bosque es el lugar contrario a la noria. En la feria todo es metal, círculos y vista despejada. En el bosque todo es vertical, orgánico y cerrado. No puedes ver lejos porque los troncos te tapan el horizonte. Solo ves la luz que baja, a trozos, desde un cielo que no alcanzas a distinguir.

Me parece que el vídeo necesita ese bosque para que entendamos la feria. Antes de subir a la noria hay que haber estado en un sitio donde no se veía nada más allá de dos metros. Antes de la perspectiva, la espesura.

Un acantilado al atardecer

Más adelante aparece el mar. Un acantilado de roca oscura cae sobre un agua que el sol, muy bajo, vuelve dorada. En el borde crecen hierbas y flores pequeñas, y el horizonte se ve limpio, como una línea trazada con regla. La mujer aparece de espaldas, sentada o de pie, mirando hacia el ocaso.

Aquí la perspectiva ya no la da una máquina. La da la propia tierra, que se levanta sobre el mar como una noria de piedra. Desde lo alto del acantilado se ve exactamente lo mismo que desde la cabina más alta de una rueda de feria: el mundo entero extendido hacia delante, la luz que se va, la distancia.

En uno de los planos, ella abre los brazos frente al sol. No es un gesto de despedida, es un gesto de respirar. Es lo que haces cuando por fin has llegado a un sitio desde el que puedes ver lejos.

Un coche antiguo frente al mar

Delante de ese mismo acantilado hay un coche. Es un coche antiguo, oscuro, de líneas redondeadas, con los cromados brillando bajo el sol del atardecer. Está aparcado en la hierba, de lado, como si alguien lo hubiera dejado ahí para ir a mirar el mar y no hubiera vuelto todavía. Detrás, las olas rompen blancas contra las rocas.

Fotograma del videoclip de «La perspectiva»: un coche antiguo oscuro aparcado en la hierba frente a un acantilado, con el mar dorado por el sol del atardecer

Un coche es lo contrario de una noria: sirve precisamente para ir a otra parte. Pero este coche está parado, con el motor apagado, mirando el horizonte. Es como si el viaje ya se hubiera hecho y ahora tocara lo importante: quedarse quieto y entender dónde has llegado.

Más tarde aparece otro coche, uno descapotable de color turquesa, aparcado delante de una pared rosa. Ella se apoya en él, de espaldas, con un vestido corto. Es el mismo gesto con otro color: el viaje como posibilidad, el coche como promesa de carretera.

Una cometa sobre la playa

Entre todas las imágenes del vídeo hay una que me parece la más pequeña y la más libre. Es una playa enorme de arena gris, con un mar plomizo y un cielo blanco. Lejos, muy lejos, alguien camina por la orilla, y sobre esa persona vuela una cometa azul, pequeña como un pájaro.

La cometa es la noria de los pobres y la noria de los niños. No necesitas entrada ni atracción ni feria: solo un trozo de tela, un hilo y un poco de viento. Y hace exactamente lo mismo que la noria: sube algo tuyo al cielo para que mire desde allí. Lo que cambia es que la cometa tira. La sientes en las manos. Quiere irse.

Me gusta que en una canción sobre la perspectiva aparezca una cometa tan lejana, casi invisible. Es una forma de decir que la mirada desde arriba no tiene por qué ser espectacular. Puede ser un punto azul en una playa gris.

La feria al anochecer

Al final del vídeo, la feria vuelve, pero ha cambiado. Ya no es la explanada blanca del principio. Ahora es el anochecer y las casetas tienen toldos de rayas rojas y amarillas, las bombillas empiezan a encenderse y las norias se recortan contra un cielo azul oscuro. Hay farolas antiguas de varios brazos y una figura que camina hacia las atracciones, de espaldas, oscura.

Mosaico de cuatro fotogramas de «La perspectiva»: norias sobre una explanada gris y la misma feria al anochecer con casetas de toldos de rayas, farolas antiguas y una noria recortada contra el cielo azul

En uno de los planos la noria se ve enorme, encendida por dentro con luces de colores que forman círculos concéntricos, rosas, naranjas, verdes. Es la misma rueda del principio, pero ahora tiene luz propia. La feria que parecía muerta está despertando.

Esa transformación es para mí el centro emocional del vídeo. No ha cambiado la feria. Ha cambiado la hora. Y con la hora, la manera de mirarla. Lo que por la mañana parecía un cementerio de hierros, por la noche es una fiesta a punto de empezar.

Primera escala: una noria al fondo del paseo marítimo

Las norias no viven solo en «La perspectiva». En el videoclip de «Me gusta el verano» hay un paseo marítimo de madera, luminoso, con barandillas blancas y casetas de colores, y al fondo, sobre el mar, se levanta una noria. Por el paseo pasan personas con patines de ruedas y calcetines de rayas arcoíris.

Es la noria en su versión feliz, de verano, de vacaciones. No está sola ni en silencio: forma parte de un decorado de sol, helados y banderas de colores. Pero cumple la misma función que en la feria gris. Es el punto alto del paisaje, el sitio al que alguien subirá cuando cae la tarde para ver la costa entera.

Me gusta pensar que es la misma noria que en «La perspectiva», solo que en otro día. Un día donde ya no hace falta caminar sola entre los hierros, porque el paseo está lleno de gente y todo suena.

Segunda escala: una esfera rosa que gira sobre la bahía

En «La playa del Mal Pas» no hay norias, pero hay algo que se les parece mucho. Sobre la bahía flota una enorme esfera rosa, luminosa, que a veces parece una luna y a veces un planeta. Aparece entre las palmeras, sobre los acantilados, encima del agua, y siempre está ahí, redonda, mirando la playa desde arriba.

Es una noria sin radios. Un círculo perfecto colgado del cielo. Y hace lo mismo que la rueda de feria: obliga a mirar hacia arriba, obliga a levantar la cabeza. En Planeta Gayfolk abundan estos círculos que giran sobre los paisajes, y creo que todos dicen lo mismo: sube un poco más, mira desde otro sitio.

El color de la mirada

Si te fijas en los colores de «La perspectiva», verás que cambian según el punto de vista. Cuando la protagonista está abajo, en la explanada o en el bosque, todo es gris, verde oscuro, blanco apagado. Cuando la cámara se aleja o sube, aparecen los colores: el lila del anochecer, el dorado del acantilado, el turquesa del coche, el rosa y el naranja de la noria encendida.

Es una manera muy sencilla de contar algo muy complicado. Desde muy cerca, la tristeza lo vuelve todo gris. Desde un poco más lejos, empiezas a ver que había colores que no habías notado. No porque no estuvieran, sino porque no tenías la distancia suficiente para verlos.

Lo que se ve desde lo alto

Desde lo alto de una noria lo primero que notas es el silencio. El ruido de la feria se queda abajo, amortiguado, y de pronto escuchas el viento, el chirrido suave de la cabina, tu propia respiración. Lo segundo que notas es que todo es pequeño. Los coches parecen juguetes, las personas parecen hormigas, las casas parecen piezas de maqueta.

Y lo tercero, que es lo más importante, es que sabes que vas a bajar. La noria no te deja arriba. Te sube, te enseña y te devuelve. Esa es la parte que más me consuela: la perspectiva no es un lugar donde vivir, es un lugar al que se va de visita para luego volver al suelo con otra mirada.

Por qué necesitaba cambiar de perspectiva

Durante veinte años encadené dos parejas narcisistas, y en ese tiempo aprendí a mirarme con sus ojos: torpe, culpable, exagerado. El día que lo entendí y me marché, ellos ya habían repartido su versión, y muchos de los míos la compraron sin preguntarme. De aquel derrumbe salí con varios diagnósticos a cuestas (trastorno de estrés postraumático, depresión mayor en grado grave, ansiedad, fobia social y un trastorno de personalidad evitativa) y hoy los trato semana a semana con mi psicóloga y mi psiquiatra. Hubo meses en los que vivir me parecía demasiado.

Escribir canciones fue mi noria. Me subió unos metros por encima de todo aquello y me dejó ver mi propia historia desde fuera, con otra distancia. Desde allí entendí que lo que me habían contado sobre mí no era la única versión posible. Que había otra perspectiva, la mía, y que merecía ser contada.

Si hoy todo te parece gris y no ves ninguna cabina a la que subir, no cargues con ello sin compañía. Desde cualquier teléfono de España, el 024 te atiende gratis, de día y de noche y sin dar tu nombre, y sirve igual para ti que para alguien que te preocupa. Ante un peligro inminente, marca el 112. Fuera de España, la web findahelpline.com te indica qué número corresponde a tu país. A veces la perspectiva nos la tiene que prestar otra persona durante un rato.

Un segundo disco hecho de ganas de irse

«La perspectiva» forma parte de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el disco central de la trilogía, después del descubrimiento de «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK» y antes de la liberación. Es el disco de las ganas de escapar, de los billetes imaginarios, de los viajes que todavía no se pueden hacer.

Tiene sentido que una canción sobre cambiar el punto de vista esté justo ahí, en mitad del camino. Antes de irte de verdad, necesitas mirar desde otro sitio. Necesitas subirte a la noria y comprobar que el mundo es más grande que la explanada gris en la que llevabas años dando vueltas.

La feria como lugar de paso

Las ferias son lugares de paso por definición. Llegan a un pueblo, se instalan unos días, encienden sus luces y luego se desmontan y se van a otra parte. Nadie vive en una feria. Pero todo el mundo recuerda alguna: la del pueblo de los abuelos, la de las fiestas del barrio, la de aquel verano en la costa.

En «La perspectiva» la feria parece haberse quedado quieta, como si se hubiera olvidado de irse. Y la protagonista también parece estar de paso, caminando entre las atracciones sin subir a ninguna, mirando, decidiendo. Es una feria para pensar, no para gritar. Una feria en la que la atracción más importante es la mirada de quien la recorre.

Para escuchar desde lo alto

«La perspectiva» y el resto de canciones de esta feria son tuyas sin coste: bájalas sin cuenta ni tarjeta en mis descargas gratuitas. La otra puerta abierta está en la tienda del planeta, https://gayfolkplanet.com/tienda, donde también todo se descarga gratis. Las letras que ya están publicadas las encontrarás en la sección de letras.

Te propongo un pequeño recorrido de feria: empieza por «La perspectiva» para subir a la noria vacía, sigue con «Me gusta el verano» para bajar al paseo marítimo lleno de patines y termina con «La playa del Mal Pas» para mirar la esfera rosa que flota sobre la bahía.

Seis vistas para guardar

Las norias blancas sobre la explanada gris, con una figura diminuta mirándolas.

El globo aerostático suspendido encima de las ruedas, en un cielo blanco.

El columpio vacío junto a la casa de madera, con el cielo lila del anochecer.

El coche antiguo aparcado frente al acantilado, con el mar encendido detrás.

La cometa azul sobre una playa gris, casi invisible.

La noria encendida por dentro con círculos de colores, al caer la noche.

Preguntas frecuentes

¿Qué norias aparecen en el videoclip de «La perspectiva»? Varias norias blancas en una feria vacía bajo un cielo nublado, que al final del vídeo vuelven al anochecer con las luces encendidas, junto a un tiovivo, una montaña rusa y casetas con toldos de rayas.

¿Cuándo se publicó el videoclip de «La perspectiva»? El sábado 31 de mayo de 2025, en YouTube. Dura dos minutos y cincuenta y cinco segundos.

¿A qué disco pertenece «La perspectiva»? A «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk.

¿Hay otras norias en Planeta Gayfolk? Sí: en «Me gusta el verano» se ve una noria al fondo de un paseo marítimo de madera, y en «La playa del Mal Pas» una esfera rosa gira sobre la bahía como una rueda sin radios.

¿Se puede descargar gratis «La perspectiva»? Sí, gratis y sin registro, desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.