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Una esfera rosa sobre la bahía, una hoguera en la arena y una luna que se hunde en el mar: las esferas de Planeta Gayfolk

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Hay formas que el ojo reconoce antes de entenderlas. El círculo es la primera de todas. Lo vemos en el sol, en la luna, en la pupila de quien nos mira, en la gota que cae, en la boca abierta de un niño que se asombra. Una esfera es un círculo que ha decidido tener volumen, una promesa de que algo puede ser completo, sin esquinas, sin principio ni final.

Por eso las esferas tienen algo de consuelo. Una esfera no se puede romper por un lado. No tiene un borde afilado con el que cortarte. Si la haces rodar, rueda. Si la iluminas, brilla por todas partes a la vez. Si la pones sobre el mar, el mar la refleja entera, como si de pronto hubiera dos.

Soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). A lo largo de muchas canciones y videoclips he dado forma a Planeta Gayfolk, y en esta ocasión quiero sentarme en una de sus calas a mirar el cielo. La guía es «La playa del Mal Pas», un vídeo en el que una esfera rosa flota sobre una bahía del Mediterráneo y se niega a irse.

La guía: una cala pequeña y una luna que no es luna

El videoclip de «La playa del Mal Pas» se estrenó en YouTube el domingo 2 de noviembre de 2025, ya con el verano bien guardado en los cajones. Tiene una duración de tres minutos y diecinueve segundos y figura como el vídeo 37 de la lista de 276 del planeta. La canción pertenece a «El día de la liberación», el último álbum de la trilogía, el que habla de salir por fin a la luz.

Puedes encontrarlo, junto al resto de vídeos, en la transmisión de Planeta Gayfolk. Es un vídeo sin personas en primer plano. Lo protagonizan un lugar y una forma: una playa pequeña de Benidorm, encajada entre el puerto y el casco antiguo, y una esfera rosa enorme que aparece y desaparece sobre ella a lo largo del día y de la noche.

En el texto que acompaña al vídeo escribí una frase que resume lo que siento por ese rincón: «Cada ola me recuerda algo que ya no soy, pero también lo que he sobrevivido». La esfera rosa es, en cierto modo, esa memoria. Algo redondo y luminoso que flota sobre el sitio donde pasaron muchas cosas.

Una esfera entre palmeras

La imagen más clara de todo el vídeo es también la más sencilla. Es de día, el cielo está de un azul limpio, y en primer plano se recortan los troncos y las hojas de unas palmeras. Detrás, sobre la cala y los edificios blancos del fondo, flota una esfera rosa intensa, perfecta, con un pequeño punto de brillo cerca del centro.

Fotograma del videoclip de «La playa del Mal Pas»: una esfera rosa enorme flota sobre una cala del Mediterráneo, detrás de los troncos y las hojas de unas palmeras, bajo un cielo azul

No proyecta sombra. No tiene cuerdas ni soportes. Simplemente está ahí, más grande que cualquier edificio, como si alguien hubiera pegado una pegatina en el cielo. Y lo extraño es que no desentona. Las palmeras, el mar y las casas siguen con su vida, como si la esfera fuera un vecino más.

Me gusta mucho esa calma. En Planeta Gayfolk lo fantástico no irrumpe con estruendo: se instala. La esfera no aterriza, no amenaza, no explota. Solo acompaña el paisaje, como hacen los recuerdos que no se van.

Una esfera de rayas sobre la cala

En otro plano, la esfera ya no es lisa. Tiene franjas horizontales de rosa, blanco y rojo, como un planeta gaseoso visto a través de un telescopio, y flota sobre una cala con palmeras y casas encaladas en lo alto del acantilado. El agua de abajo es turquesa y transparente.

Esa esfera de rayas me recuerda a los globos terráqueos de las clases, a los planetas pintados en los techos de las habitaciones infantiles, a los balones de playa. Es un objeto entre lo cósmico y lo doméstico. Podría ser Júpiter. Podría ser una pelota olvidada por alguien en la arena que, de pronto, ha empezado a subir.

La bahía desde el aire

Hay un plano tomado desde mucha altura. Se ve la punta del acantilado con el mirador, las calles del casco antiguo trepando por la roca, la línea de la playa grande extendiéndose hacia el fondo con sus torres de apartamentos, y el agua verde y azul alrededor. Es la ciudad entera vista como en un mapa.

Desde ahí arriba se entiende por qué la cala es tan pequeña: está encajada entre la roca y el puerto, protegida, casi escondida. Es uno de esos lugares que solo conoce quien ha estado mucho tiempo allí. Y desde ahí arriba también se entiende la esfera: es la mirada que ve todo eso de una vez, el punto de vista del que lo sobrevuela todo.

Una luz rosa sobre el agua de noche

Cuando cae la noche, la esfera se transforma. En una de las imágenes más bonitas del vídeo, la playa está a oscuras y la esfera se ha convertido en un foco de luz rosa blanquecina que brilla a ras del agua, junto a la orilla. Los acantilados están iluminados por farolas amarillas y la luz rosa se refleja en la arena mojada.

Fotograma del videoclip de «La playa del Mal Pas»: una luz rosa blanquecina brilla a ras de la orilla en una playa a oscuras, con el acantilado iluminado por farolas amarillas

Ya no es un objeto sólido. Es una fuente de luz, casi un faro. Como si de noche la esfera hubiera decidido encenderse para que nadie se perdiera bajando a la cala. Es la misma forma de día y de noche, pero de día se deja mirar y de noche ilumina.

En otra escena nocturna, la esfera aparece reflejada en el agua quieta, una mitad arriba y la otra mitad abajo, dibujando un círculo partido por la línea del horizonte. Es un efecto que todos hemos visto alguna vez con la luna llena sobre el mar, y que aquí se vuelve rosa.

Una línea de neón sobre la bahía

En un momento del vídeo la esfera desaparece y su luz se estira. Sobre la bahía, al anochecer, cruza una línea horizontal de neón rosa intenso, como un rayo láser tendido de un lado a otro del agua. El cielo se tiñe de magenta, las palmeras se recortan negras en primer plano y el agua refleja ese color imposible.

Mosaico de cuatro fotogramas de «La playa del Mal Pas»: una línea de neón rosa sobre la bahía al anochecer, una esfera rosa sobre los edificios a oscuras, el paseo iluminado del acantilado de noche y la costa rocosa al atardecer

Es como si la esfera se hubiera derretido y su luz se hubiera extendido sobre el mar como mantequilla. Me parece una imagen muy de Planeta Gayfolk: coger un paisaje real, reconocible, y teñirlo de un rosa que solo existe en nuestra cabeza. La bahía sigue siendo la bahía, pero ahora es también otro sitio.

Una hoguera en la arena

El vídeo tiene también fuego. En la playa, de noche, arde una hoguera hecha con troncos y ramas cruzados, de esas que se encienden en las noches de verano para quedarse hasta tarde. Las llamas son naranjas y doradas, el humo sube hacia un cielo azul oscuro y al fondo se ve el mar con la última luz del día.

Fotograma del videoclip de «La playa del Mal Pas»: una hoguera de troncos cruzados arde en la arena de la playa al anochecer, con el humo subiendo hacia un cielo azul y el mar al fondo

En otro plano aparece otra hoguera, más alta, con una luna rosa en el cielo justo encima. El fuego abajo y la esfera arriba, uno naranja y la otra rosa, como dos versiones del mismo círculo de calor.

Las hogueras en la playa son, para mucha gente, la memoria más pura del verano. La noche de San Juan, las guitarras, los amigos, los saltos sobre las brasas para dejar atrás lo malo. Una hoguera es una esfera de calor que se apaga al amanecer. Y por eso hay que mirarla mientras dura.

Una luna creciente rosa

Antes de que la esfera aparezca entera, el vídeo juega con fases. En varios planos, sobre un cielo negro, vemos solo una parte iluminada: una media luna rosa, una curva fina de luz, un planeta en sombra del que solo brilla un borde. Hay incluso una que parece la Tierra vista desde lejos, azul y blanca, con su arco de luz.

Es un recordatorio de que las esferas también tienen su lado oscuro. Que lo que vemos como una curva fina es, en realidad, una bola entera de la que solo una parte recibe luz. Me gusta pensar en eso cuando pienso en las personas. A veces solo vemos el borde iluminado de alguien. El resto está ahí, en sombra, esperando.

Una esfera que se hunde en el horizonte

En otro plano, la esfera rosa aparece enorme, apoyada sobre el horizonte del mar, con su parte de abajo ya tocando el agua. Parece un sol poniéndose, pero rosa y de rayas, con la mitad todavía en el cielo. Y en otra imagen, desde un acantilado, solo vemos un resplandor rosa sobre el agua oscura, como el rastro que deja algo después de hundirse.

Esa secuencia tiene algo de despedida. La esfera que nos ha acompañado durante todo el vídeo empieza a bajar, se mete en el mar y desaparece. Pero no del todo: su luz se queda en el agua un rato. Igual que los lugares que nos importan, que se van de nuestra vida pero siguen brillando bajo la superficie.

Una esfera sobre la ciudad blanca

Hay una imagen especialmente rara. De noche, desde el aire, vemos el promontorio del casco antiguo con sus casas blancas iluminadas, y encima, posada casi sobre los tejados, una esfera rosa gigantesca, más grande que todo el barrio. La ciudad parece una maqueta y la esfera, una bola de chicle a punto de aplastarla.

Y en otro plano, una esfera brillante de cristal, de colores rosas y morados, descansa sobre la arena de una playa a pleno sol, con el mar azul detrás, reflejando el cielo como una bola de discoteca caída del cielo.

Estas dos imágenes me parecen las dos caras del mismo sentimiento. A veces un recuerdo es tan grande que aplasta la ciudad entera. Y a veces es tan pequeño y brillante que cabe en la arena, a tus pies, y podrías cogerlo con las manos.

Una playa llena de sombrillas

No todo es noche y fantasía. El vídeo también enseña la cala a pleno día de verano: sombrillas azules alineadas sobre la arena, gente bañándose, el paseo con palmeras, las torres de la playa grande al fondo. Es el lugar tal como lo verías cualquier mañana de agosto, sin esferas ni neones.

Necesitamos esas imágenes para entender las otras. La esfera rosa solo tiene sentido porque la playa es real, porque existe, porque hay un sitio concreto al que se puede bajar a darse un baño. Lo fantástico de Planeta Gayfolk siempre se apoya en algo verdadero.

El paseo iluminado del acantilado

Hay un plano nocturno que no tiene esfera, pero que está lleno de círculos pequeños. Es la playa vista desde la arena, de noche, con el acantilado a la izquierda iluminado por farolas de luz amarilla y, arriba, la barandilla del paseo marcada por una hilera de puntos de luz que se pierde hacia el fondo. Las casas del borde tienen las ventanas encendidas y el agua de la orilla devuelve esos reflejos temblando.

Cada farola es una esfera diminuta. Juntas forman un collar sobre la roca. Me gusta pensar que, cuando la gran esfera rosa se ha ido, la ciudad la sustituye con todas esas luces pequeñas, una al lado de otra, para que la cala no se quede a oscuras. Es una forma muy humilde de acompañar: no hace falta una luna gigante si hay cien bombillas encendidas.

En otro plano, desde lo alto del promontorio, se ve un punto de luz rosa lejano sobre el mar, a ras del horizonte, y debajo el reflejo alargado en el agua negra. Es como un barco que se acerca o una estrella que se ha caído. La esfera no ha desaparecido del todo: está allí, lejos, esperando a volver.

La forma de los recuerdos

Si tuviera que dibujar cómo son los recuerdos, no los dibujaría como fotografías planas, con sus cuatro esquinas. Los dibujaría como esferas. Porque un recuerdo no se mira solo desde un lado: lo rodeas, lo giras, lo ves de día y de noche, cambia de color según la luz con que lo mires. Hay días en los que un mismo recuerdo es una luna rosa preciosa y otros en los que es un planeta en sombra del que apenas se ve un borde.

Eso es lo que hace el vídeo con la cala. No la enseña una sola vez, la enseña muchas: desde el aire, desde la arena, de día, de noche, con hoguera, con neón, con sombrillas, con esfera, sin esfera. Es el mismo lugar visto desde todas las caras de una bola. Y cuando terminas de verlo, te das cuenta de que no has visto una playa, has visto la memoria de una playa.

Creo que todos tenemos un sitio así. Un rincón pequeño, quizá sin importancia para el resto del mundo, que para nosotros es una esfera completa. Vuelves a él aunque no quieras, en sueños, en canciones, en conversaciones que no tienen nada que ver. Y cada vez que vuelves, la esfera ha girado un poco y te enseña una cara nueva.

Primera escala: un planeta con anillos

Las esferas de Planeta Gayfolk no viven solo en esta cala. En el videoclip de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» aparece un planeta gigantesco de franjas rosas, naranjas y blancas, rodeado por un anillo fino que lo cruza en diagonal, flotando sobre un cielo negro lleno de estrellas.

Es la esfera de rayas de la cala, pero ya en el espacio, en su tamaño real. Como si la bola rosa que flotaba sobre la bahía hubiera vuelto por fin a su sitio, entre los planetas. Me gusta pensar que las dos son la misma: que lo que en la playa parecía una luna rara era en realidad un trocito del planeta que venía a visitarnos.

Segunda escala: un planeta rosa entre nubes

En «La despedida» hay otro planeta enorme, rosa, morado y naranja, con remolinos en su superficie, que se levanta sobre un mar de nubes de color violeta. Es una imagen de despedida, como dice el título: el planeta que se ve por la ventanilla cuando uno se va.

Entre la esfera de la cala, el planeta con anillos y el planeta entre nubes se dibuja un recorrido. Primero, la esfera que flota sobre un lugar concreto de la Tierra. Después, la esfera vista desde el espacio. Por último, la esfera que se queda atrás mientras te alejas. Tres maneras de mirar la misma forma redonda.

El color rosa como refugio

No es casualidad que la esfera sea rosa. El rosa ha sido durante mucho tiempo un color señalado, un color que a muchos chicos se les prohibía, un color que se usaba para burlarse. En Planeta Gayfolk el rosa es lo contrario: es el color de la luz que protege, del neón que acompaña, del planeta al que uno quiere ir.

Una esfera rosa sobre la playa donde uno pasó tantos veranos es una forma de reescribir ese lugar. De decir: aquí también cabe esto. Aquí también puede brillar lo que durante años tuve que esconder.

Por qué una esfera sobre esa cala

Durante veinte años viví dentro de dos relaciones con dos narcisistas, una a continuación de la otra, y esta pequeña playa estuvo ahí, de fondo, en muchos de esos años. Fue en ella donde empecé a entender lo que era el narcisismo, y más tarde lo que era vivirlo por partida doble. Cuando me fui, ellos se adelantaron a contar su versión, y buena parte de quienes me rodeaban decidió creerla. Me quedé con heridas que tienen nombre clínico: un trastorno por estrés postraumático, una depresión mayor severa, ansiedad, fobia social y personalidad evitativa. Hoy las cuido en terapia, con una psicóloga y un psiquiatra a mi lado. Durante un tiempo, quitarme de en medio me pareció la única salida.

La esfera rosa es mi manera de volver a esa cala sin que duela tanto. De ponerle encima algo luminoso y redondo que me recuerde que sigo aquí.

Si ahora mismo sientes que no hay salida, no lo guardes para ti. En España el 024 es una línea gratuita y confidencial, abierta sin horarios, pensada para personas con ideas de suicidio y para sus familiares y amigos. Si temes por tu vida en este momento, llama al 112. Y si estás en otro país, findahelpline.com te ayuda a encontrar una línea cercana.

Un disco para salir a la luz

«La playa del Mal Pas» forma parte de «El día de la liberación», el disco con el que cierro la trilogía que empezó con «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK». Si el primer disco era descubrir y el segundo era desear irse, este es el de volver a mirar los lugares de siempre con otros ojos.

Por eso tiene sentido que sea en este disco donde aparece la cala. No se trata de huir de ella, sino de reconciliarse. De bajar otra vez a la arena, encender una hoguera y dejar que una esfera rosa flote sobre el agua.

Para escuchar mirando el mar

Puedes llevarte «La playa del Mal Pas» y las demás canciones del recorrido sin gastar un céntimo: están en la página de descargas gratuitas, sin altas ni contraseñas. Si te quedas con ganas, la tienda de gayfolkplanet.com, en https://gayfolkplanet.com/tienda, tiene más música para descargar gratis. Y en la sección de letras encontrarás las que ya están publicadas.

Mi propuesta para escucharlas es esta: empieza por «La playa del Mal Pas» para sentarte en la cala de noche, sigue con «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» para despegar hacia el planeta de anillos y termina con «La despedida» para mirarlo todo desde la ventanilla.

Seis esferas para guardar

La esfera rosa entre palmeras, sobre la cala, en un cielo azul limpio.

La esfera de rayas rosas y blancas flotando sobre las casas encaladas.

La luz rosa a ras de agua en la playa a oscuras, con las farolas amarillas en el acantilado.

La línea de neón rosa cruzando la bahía al anochecer.

La hoguera de troncos en la arena, con el mar detrás.

La esfera gigante sobre los tejados blancos del casco antiguo, de noche.

Preguntas frecuentes

¿Qué esferas aparecen en el videoclip de «La playa del Mal Pas»? Una esfera rosa lisa entre palmeras, una esfera de rayas sobre la cala, una luz rosa a ras de agua de noche, lunas crecientes rosas, una esfera que se hunde en el horizonte y una bola brillante sobre la arena.

¿Cuándo se publicó el videoclip de «La playa del Mal Pas»? El domingo 2 de noviembre de 2025, en YouTube. Dura tres minutos y diecinueve segundos.

¿A qué disco pertenece «La playa del Mal Pas»? A «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía de Planeta Gayfolk.

¿Hay otras esferas en Planeta Gayfolk? Sí: el planeta de franjas con anillo de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y el planeta rosa sobre un mar de nubes de «La despedida».

¿Se puede descargar gratis «La playa del Mal Pas»? Sí, gratis y sin registro, desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.