
By Mike Sain't Louis ·
Un telón rojo, una butaca con una rosa y siete años en cartel: los escenarios de Planeta Gayfolk
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Un escenario vacío tiene algo de promesa y algo de amenaza. Las tablas esperan, el telón está echado, las butacas miran hacia un sitio donde todavía no pasa nada. Cualquiera que haya entrado en un teatro a deshoras, con las luces de trabajo encendidas, conoce esa sensación rara: el lugar está hecho para que alguien finja, y mientras nadie finge parece casi desnudo.
En Planeta Gayfolk hay muchos escenarios. Algunos se ven en los videoclips, con su terciopelo rojo y sus focos; otros solo existen en las letras, como una palabra que aparece de repente en mitad de una frase y lo cambia todo. Lo curioso es que casi ninguno es un sitio para lucirse. En mi catálogo, el escenario suele ser el lugar donde alguien ha estado actuando sin avisar, o donde uno descubre, tarde, que formaba parte del reparto de una función que no había elegido.
Este texto es un paseo por esas salas. La principal es la de «Una obra de teatro», que convierte siete años de relación en una temporada entera sobre las tablas. A su alrededor hay otros escenarios: uno que arde, uno de marionetas, una pista de baile sin público, un mundo entero convertido en farsa. Los voy a recorrer como se recorre un teatro antiguo, de la platea al foso, de las butacas al camerino.
La sala principal: una pregunta en cartel
«Una obra de teatro» empieza con una pregunta que no lleva signo de apertura, como si se hubiera escapado sin pedir permiso: «Me estás diciendo que todo». Y la frase se rompe en tres renglones, palabra a palabra, hasta llegar al golpe: «Obra de teatro?».
Me gusta cómo está partida. «Era Una» ocupa un renglón entero, como si a quien habla le costara llegar a la palabra siguiente. Es la manera de escribir el titubeo, la frase que se atraganta. Cuando alguien descubre que lo que vivió no era lo que creía, las palabras no salen de corrido: salen de una en una, con pausas, con incredulidad.
Y después viene la cifra. «Siete años en un escenario?». Siete años es mucho tiempo para una función. Es más de lo que dura casi cualquier obra en cartel, incluso las de más éxito. La letra no dice siete años juntos, ni siete años de relación: dice siete años en un escenario. Toda la convivencia, de repente, se ve desde la platea, como algo representado.
Un telón que cae de golpe
En el teatro, el telón cae al final, cuando ya se sabe cómo termina la historia. En esta canción cae a mitad de la vida, y lo que revela no es el final de la obra, sino que había una obra. Esa es la sorpresa que la letra no consigue digerir: «No puede ser cierto».
La imagen de cabecera muestra un escenario vacío con el telón rojo recogido a los lados, una capa magenta y un sombrero negro tirados en las tablas, y las butacas vacías esperando. Es exactamente lo que queda cuando termina una función así: el vestuario abandonado en el suelo, el personaje sin nadie dentro. La capa sigue ahí, pero quien la llevaba ya se fue.
Me sobrecoge que no haya rabia en esa primera parte. Hay estupor. La persona que habla no grita, pregunta. Repite la pregunta. Necesita que alguien le confirme algo que ya sabe y que no quiere saber. Es el momento en el que la sala se queda a oscuras y uno sigue sentado, esperando que alguien encienda la luz y diga que era una broma.
El papel del chiflado
Hay un renglón largo, casi sin respirar, que lo cambia todo: quien habla se declara atrapado y asume que ahora es él el chiflado ante quien conviene ponerse en guardia. Aquí el escenario se vuelve trampa. Quien descubre la farsa no sale de ella como espectador; se queda dentro, y además con un papel nuevo, el peor de todos: el del loco.
Quien ha salido de una relación con una persona narcisista conoce bien este mecanismo. Cuando por fin ves el decorado, la otra persona ya ha repartido los papeles para el siguiente acto. A ti te toca hacer de inestable, de exagerado, de peligroso. Y lo más cruel es que cuanto más intentas explicarlo, más encaja en el papel que te han dado. Por eso la letra se pregunta cómo va a tener que justificarse, encima, quien ha sufrido el engaño. Encima. Además de todo, toca dar explicaciones.
Es un escenario sin salida de emergencia. El público, que son los amigos, la familia, los conocidos, mira desde las butacas y aplaude a quien mejor actúa. Y quien mejor actúa nunca es quien acaba de descubrir que estaba en una obra.
Las lágrimas que no estaban en el guion
«Por eso él no lloraba.». Este verso vuelve una y otra vez, y es el más triste de la canción. Explica, con retraso, algo que entonces no se entendía. Había algo raro en esa falta de lágrimas, pero se le buscaba una justificación generosa: que cada cual es distinto, que no hay una sola forma de sentir.
Cuando la estrofa regresa, la letra añade un detalle que lo agrava: aquellas lágrimas escasas eran fingidas. Ya no es solo que no llorara: cuando lloraba, era parte de la función. Las lágrimas también estaban ensayadas. En teatro hay trucos para eso, gotas, glicerina, un pañuelo con algo que irrita los ojos. La letra sugiere que en esta casa también había atrezo.
Y la frase que más me duele es la de la generosidad: «yo no juzgo». Quien habla se reprocha, sin decirlo, haber sido tan comprensivo. No juzgar es una virtud, salvo cuando alguien la usa como escenario.
El intermedio: una estrofa que vuelve cambiada
La estructura de «Una obra de teatro» funciona como una función con intermedio. Hay un primer acto, con la pregunta partida en renglones, la cifra de los siete años, el renglón largo del atrapado y el estribillo de las lágrimas. Después, el telón baja un momento y el mismo acto vuelve a empezar, casi idéntico. Casi.
En la primera vuelta, la frase sobre las pocas veces que él lloraba se queda colgando en un tiempo verbal extraño, un condicional que suena a duda, como si quien habla todavía no se atreviera a terminar la idea. En la segunda vuelta, la misma frase llega al final y se cierra con la palabra que faltaba: fingía. Entre una vuelta y otra, la sospecha se ha convertido en certeza.
Me parece una forma muy teatral de contar un descubrimiento. En el primer acto el público intuye; en el segundo, comprende. Y la canción no necesita cambiar nada más que una palabra para que ese paso se note. Todo lo demás se repite, igual que se repiten las funciones noche tras noche, con el mismo texto y la misma escenografía, hasta que un día alguien en la platea se da cuenta de que el decorado es de cartón.
Después viene el epílogo, que ya no repite nada. Son cinco renglones nuevos, sin estribillo, como el actor que sale solo al proscenio cuando el resto del reparto ya se ha ido. Ahí están la lástima, la confirmación y el consejo final. No hay vuelta, no hay bis. La obra termina donde termina la decisión.
La rosa sobre la butaca
Una de las imágenes que acompañan este texto es una fila de butacas rojas de teatro, vacías, con una rosa rosa sobre uno de los asientos. Esa rosa resume, para mí, el desenlace, cuando la persona que habla confiesa algo que no esperaba: que, después de todo, todavía le da lástima no poder echarle una mano.

La rosa en la butaca es el gesto del espectador que todavía quiere al actor. Se le lanza una flor al terminar, aunque la obra haya sido una mentira. Es un sentimiento contradictorio y muy humano: saber que te han engañado y, aun así, sentir lástima. La letra no lo resuelve. Lo deja dicho, con toda su incomodidad.
Pero inmediatamente después llega la decisión, dicha con palabras de notario: queda confirmado, queda zanjado. La función ha terminado y no habrá reposición. Y la última línea es un consejo que quien habla se da a sí mismo, o que le da alguien que quiere su bien: «al menos sálvate tú». Ahí uno se levanta de la butaca, deja la rosa donde está y sale del teatro.
El mundo entero como teatro
Si «Una obra de teatro» es una sala concreta, «Mentes diabólicas» amplía el escenario hasta que ocupa el planeta entero. Su letra lo dice entre comillas, como una cita que alguien pronuncia con solemnidad: «“El mundo es un teatro, donde todos actuamos”,». Y enseguida añade el vestuario: «“Con máscaras de hierro, mentiras proyectamos”,».

Es una idea muy antigua, la del gran teatro del mundo, pero aquí no suena a filosofía de salón. Suena a cansancio. Las máscaras no son de cartón ni de seda, son de hierro: pesan, no se quitan con facilidad, aprietan. Y lo que se proyecta desde ellas no son personajes, son mentiras.
Más adelante la canción remata con un verso que podría ser el programa de mano de toda la obra: «Cada uno en la farsa, su papel bien marcado.». La palabra «farsa» es precisa. En teatro, la farsa es un género cómico, exagerado, de enredos y equívocos. Aplicada a la vida, la palabra pierde la gracia y se queda con el enredo. Todos con su papel aprendido, todos fingiendo que no fingen.
Lo que une esta letra con «Una obra de teatro» es la escala. En una, la farsa dura siete años y tiene dos protagonistas. En la otra, dura siempre y el reparto es infinito. Pero la sensación de quien habla es la misma: haber descubierto el decorado detrás del paisaje.
El teatro que ya no puede más
En «Gaslighting» el escenario aparece en un solo verso, pero con toda su fuerza: «Tu teatro ya no puede más». Aquí el teatro no es un lugar, es una estrategia. Es la manera que tiene la otra persona de montar escenas, de inventar diálogos, de reescribir lo que pasó.
Y la letra lo declara agotado. No es que el público haya dejado de creerlo; es que el propio teatro está exhausto, como un edificio viejo al que ya no le caben más funciones. Justo antes la canción dice «Las cadenas quedan atrás», y justo después aparece el neón. El teatro cerrado da paso a la luz de la calle.
Me gusta leer «Gaslighting» y «Una obra de teatro» en orden. La primera retrata el instante en que quien habla se da cuenta de la manipulación y la nombra con su palabra técnica. La segunda es el día después, cuando se hace balance de todo lo que duró. Una cierra el teatro; la otra cuenta los años que estuvo abierto.
Un teatro en llamas
Entre los decorados de «No Contact» hay una sala que siempre me ha parecido la versión visual de todo esto. En el clip, hacia el segundo 24, una figura vestida de rojo baila en mitad de un teatro en ruinas, con las gradas de piedra a su alrededor, llamas en el suelo y fotografías que vuelan por el aire. Para las imágenes de este texto he recortado solo la parte de las gradas, sin la figura: piedra, fuego y papeles.

Es un escenario que arde mientras alguien baila. Me parece la imagen perfecta del contacto cero: el teatro donde se representó la mentira se quema, y quien estuvo atrapado dentro, en vez de huir, baila. No hay rescate, no hay bomberos, no hay aplausos. Solo el fuego que se lleva el decorado y alguien que, por fin, se mueve a su propio ritmo.
Las fotografías que vuelan también me dicen algo. Son los recuerdos, las pruebas, los momentos que se guardaron como si fueran ciertos. En un teatro en llamas, el atrezo es lo primero que arde.
Un escenario de marionetas
El videoclip de «Another Narcissist» lleva la idea del teatro hasta su forma más literal y más inquietante: un teatro de títeres. Hay planos amplios de un coliseo de otra época, con balcones de oro viejo y muros verdosos, donde una marioneta pequeña cuelga de unos hilos sobre el escenario. Hay telones rojos de terciopelo. Y hay una figura de negro con cuernos que sostiene la cruceta.
Las caras de los muñecos no las traigo aquí, pero sí los palcos vacíos, que me parecen de lo más elocuente del clip. Nadie mira. La función de marionetas se representa para una sala sin público, como si la única espectadora fuera la propia víctima, colgada de los hilos.
Si «Una obra de teatro» habla de alguien que actuaba, «Another Narcissist» enseña lo que se siente al otro lado: ser el títere. Moverse cuando alguien tira del hilo. Sonreír cuando la cruceta se inclina. Es el mismo teatro visto desde el escenario y no desde la butaca.
Una pista sin aplausos
No todos los escenarios de Planeta Gayfolk tienen telón. Algunos son pistas de baile, rincones oscuros de un local donde uno se mueve sin que nadie lo mire. En «Dark corners», el estribillo lo resume en cuatro palabras: «Sin aplausos, sin rumores».
Es un escenario elegido. Bailar en los rincones oscuros es bailar fuera del foco, donde no hay que actuar para nadie. Y sin embargo la canción admite que algo de función sigue habiendo: «I fake a show they’ll never know», dice, finjo un espectáculo que nunca sabrán. Y más adelante: «Pero inside es puro papel». El papel, aquí, tiene doble sentido. Es el papel del actor y es también algo frágil, que se rompe con nada.
Me parece una letra muy honesta sobre lo difícil que es dejar de actuar cuando uno ha pasado mucho tiempo en un escenario ajeno. Se sale del teatro, sí, pero la costumbre de fingir sigue en el cuerpo un tiempo. Por eso se busca un rincón sin aplausos: para ensayar, por fin, el no actuar.
Un aplauso que muerde
En «Soy marica sideral» el escenario es la mirada de los demás, y la letra se niega a encogerse para que nadie se sienta cómodo. Lo dice así: «I don't shrink pa' que te sientas» / «más seguro en tu papel.». El papel, otra vez, pero ahora es el del otro: el de quien necesita que tú seas pequeño para sentirse seguro en su personaje.
Y unos versos después, el golpe: «tu aplauso equivale a morder.». Es uno de los versos más afilados del catálogo. Hay aplausos que no celebran, que muerden. Halagos que en realidad son una forma de control. Quien ha vivido con una persona narcisista lo reconoce enseguida: el elogio que se da para luego quitarlo, la ovación que se convierte en deuda.
Frente a ese aplauso, la letra elige no cambiar ni esconderse. Es otro modo de bajarse de un escenario ajeno: dejar de actuar para un público que aplaude mordiendo.
Un escenario que es la noche entera
Para que este paseo no termine solo entre telones tristes, quiero acabar en un escenario alegre. En «Chihuahua» aparece uno de los versos más luminosos del catálogo: «The night’s our stage, the world’s away,». La noche es nuestro escenario, el mundo está lejos.
Aquí el escenario no es una trampa ni una farsa. Es un lugar de juego. Unas patitas que bailan, ladridos que llenan el aire, y nadie mirando. Es la otra cara de todas las salas anteriores: un escenario donde no se finge nada porque no hay a quién engañar. La noche entera como tablas y el mundo, por una vez, fuera de la sala.
Me gusta que esta letra exista en el mismo catálogo que «Una obra de teatro». Recuerda que el escenario no es malo en sí mismo. Lo malo es que alguien te meta en su obra sin decírtelo. Cuando el escenario es tuyo, y bailas porque quieres, vuelve a ser lo que siempre fue: un sitio para la alegría.
Butacas, palcos y bambalinas
Si junto todas estas salas, me sale un mapa curioso del teatro en Planeta Gayfolk. En la platea están quienes miran y no ven: los amigos que aplauden la función equivocada. En los palcos vacíos de «Another Narcissist» está la ausencia de testigos. En el escenario está quien interpreta y quien ignora que interpreta. Entre bambalinas, los hilos.
Y luego están los espacios de salida: la pista de «Dark corners», sin aplausos; el teatro que arde en «No Contact»; la noche abierta de «Chihuahua». En todas las letras hay un momento en el que alguien se baja de las tablas. A veces con rabia, a veces bailando, a veces con una rosa en la mano que deja sobre la butaca.
La función que se puede ver
El videoclip de «Una obra de teatro» dura 4:01, se publicó el 12 de marzo de 2025 y ocupa el puesto 178 de los 276 del canal. La canción pertenece al disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk». El clip se apoya sobre todo en primeros planos de personajes, ninguno de ellos real, y por eso prefiero no traer aquí ningún fotograma suyo: mejor que lo veas tú en su página. Las imágenes de este texto son ilustraciones de escenarios vacíos y recortes sin personas de otros videoclips.
Lo que yo sé de los escenarios ajenos
Ninguno de los personajes de estos clips existe, y estas canciones no reconstruyen escenas reales con nombres y apellidos. Pero el teatro del que hablan lo conozco desde la butaca y desde las tablas. Durante veinte años de mi vida adulta encadené dos parejas narcisistas, una detrás de otra, sin respiro entre ambas. Cuando me fui de cada una, parte de mi entorno eligió quedarse aplaudiendo la otra versión, y algunos amigos y conocidos dejaron de hablarme. El papel de chiflado peligroso no me lo he inventado para una letra.

Los diagnósticos llegaron después: fobia social, ansiedad, depresión mayor grave, estrés postraumático y trastorno evitativo de la personalidad. Llegué a rozar el suicidio. Hoy me encuentro bastante mejor, no falto a psiquiatría ni a terapia, y escribir estas canciones fue mi manera de bajarme del escenario y contar la función desde mi lado.
Si te reconoces en algo de esto, si no encuentras salida o has pensado en hacerte daño, busca ayuda. En España el 024 atiende desde cualquier teléfono, sin coste, de forma confidencial y a todas horas, también a quien está preocupado por otra persona. Ante una emergencia, llama al 112.
Entradas gratis para toda la temporada
La letra completa de la sala principal, con su reproductor, está en la página de «Una obra de teatro». Soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA).
Todas las canciones de este recorrido se pueden escuchar y bajar sin pagar y sin abrir una cuenta en la sección de descargas y en la tienda de Planeta Gayfolk. Si quieres hacer el recorrido completo, prueba este orden: «Gaslighting» para asomarte a la tramoya, «Una obra de teatro» para el telón, «Another Narcissist» para los hilos, «No Contact» para el incendio, «Dark corners» para la pista sin aplausos y «Chihuahua» para salir a la noche. Es una temporada entera en seis funciones, y la entrada es libre.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Una obra de teatro»? De descubrir que una relación de siete años fue, en buena parte, una representación. La letra recorre el estupor inicial, el papel de «loco» que se le asigna a quien descubre la farsa, las lágrimas fingidas y la decisión final de salvarse.
¿Qué otras canciones de Mike Sain't Louis hablan de teatro o escenarios? «Mentes diabólicas» presenta el mundo como un teatro de máscaras; «Gaslighting» declara agotado el teatro del manipulador; «Dark corners» busca una pista sin aplausos; «Soy marica sideral» rechaza un aplauso que muerde, y «Chihuahua» convierte la noche en un escenario alegre.
¿Qué escenarios aparecen en los videoclips? El de «No Contact» incluye un teatro en ruinas con llamas, y el de «Another Narcissist» un teatro de títeres con palcos dorados y telones rojos. Ninguna de las figuras que aparecen es real.
¿Por qué se repite «Por eso él no lloraba»? Porque es la frase con la que quien habla entiende, tarde, algo que entonces no supo leer. Cada repetición suena como una pieza que encaja. En la segunda vuelta se añade que las pocas veces que lloraba, lo fingía.
¿Dónde puedo descargar estas canciones? Gratis y sin registro en mikesaintlouis.com/descargas y en la tienda de gayfolkplanet.com, junto con el resto de mi catálogo.