
By Mike Sain't Louis ·
Plan de noviembre de 2026: lo que quiero trabajar en mi música este mes
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Hay gente que hace propósitos en enero. Yo prefiero hacerlos en noviembre. Enero llega con demasiada presión, con anuncios de gimnasio y con la sensación de que hay que reinventarse entero. Noviembre, en cambio, es un mes discreto. No tiene grandes fiestas, la luz se va pronto y el año ya está casi hecho. Es un buen momento para mirar lo que tienes, ordenarlo y decidir qué quieres cuidar antes de que acabe diciembre.
Así que este texto es eso: un plan de mes escrito en voz alta. No es una lista de lanzamientos ni de fechas cerradas, porque no me gusta prometer cosas que luego dependen de demasiados factores. Es más bien una libreta abierta. Lo que quiero trabajar en mi música durante noviembre de 2026, y por qué.
Lo escribo aquí por dos razones. La primera, porque me obliga. Una cosa que se dice en público pesa más que una que se queda en una nota del móvil. La segunda, porque mucha gente me escucha sin saber cómo trabajo, y me parece justo enseñar un poco la cocina.
Volver a escuchar lo que ya está hecho
Este año ha sido enorme en volumen. La trilogía GAYFOLK tiene 275 pistas repartidas en tres discos, y la tuve que dividir en tres porque las plataformas tienen un límite de 99 pistas por álbum. Eso es mucha música. Y cuando sacas tanta, pasa algo curioso: algunas canciones se quedan sin que nadie las mire, ni siquiera tú.
Lo primero que quiero hacer este mes es escuchar el catálogo de nuevo, con calma y en orden. No para corregirlo, que lo publicado publicado está, sino para entenderlo. Quiero saber qué canciones han envejecido bien en pocos meses, cuáles me siguen emocionando y cuáles merecen que les dedique un texto que todavía no tienen.
Tengo la sensación de que hay canciones pequeñas, de las que no salen en ninguna lista, que dicen cosas importantes. Las quiero encontrar. Y quiero ver si en ese repaso aparecen temas que se repiten sin que yo me diera cuenta: palabras que vuelven, imágenes que se cuelan en varias letras, obsesiones. Uno nunca sabe del todo lo que ha escrito hasta que lo escucha seguido. Todo eso está en la página de singles, por si quieres hacer el repaso conmigo.
Contar los videoclips plano a plano
Una de las cosas que más me gusta de mi trabajo es la parte audiovisual. Cada canción tiene su vídeo, y cada vídeo es un pequeño mundo: un decorado, una luz, una manera de moverse. Pero los videoclips se ven rápido. Se consumen en el móvil, entre otras cosas, y muchas veces nadie se fija en lo que hay detrás.
En noviembre quiero detenerme en eso. En este blog voy a ir contando algunos videoclips plano a plano: por qué empieza un vídeo con una imagen concreta, qué cuenta un cambio de color, cómo se cierra una historia en el último plano. No es un ejercicio de vanidad. Es una forma de ordenar lo que he aprendido y de compartirlo con quien también quiera hacer vídeos con pocos medios.
Además, quiero mirar cómo vive el mismo videoclip en distintas plataformas. No es lo mismo un vídeo en horizontal que un corte vertical de pocos segundos. Cambia el encuadre, cambia el ritmo y cambia lo que la gente espera. Todo lo que tengo está en vídeos, y me apetece revisar esa página como quien revisa un álbum de fotos.
Dos artículos al día, aquí y en el Diario
Este mes también empieza un calendario nuevo de textos. Voy a publicar dos artículos al día en este blog y otros dos en el Diario de Planeta Gayfolk, la web del proyecto. Los de aquí los escribo en primera persona: hablo de mi oficio, de mis canciones, de lo que me pasa cuando creo. Los del Diario tienen otra voz, más de revista, y hablan de cultura LGTBI, de memoria, de humor y del universo del planeta. Si quieres ver el otro lado, el Diario de Planeta Gayfolk está aquí al lado.
La regla que me he puesto es sencilla: no repetir. Ni temas, ni textos, ni frases entre las dos webs. Cada artículo tiene que aportar algo que no esté ya escrito. Eso me obliga a pensar mejor y a buscar ángulos nuevos para canciones que conozco de memoria.
Dos artículos al día es mucho, y lo sé. Pero escribir sobre mis canciones me ayuda a entenderlas, y me ayuda también a que las encuentre gente nueva. Un texto bien hecho es una puerta. Hay personas que llegan a una canción buscando otra cosa en internet, y eso me parece precioso.
El 20 de noviembre y «Franco ha muerto»
Hay una fecha de este mes que tengo marcada. El 20 de noviembre se cumplen 51 años de la muerte de Franco. Tengo una canción que se llama precisamente «Franco ha muerto», y es una de las más gamberras de mi catálogo. Arranca con una parodia del célebre anuncio oficial, con su solemnidad de noticiario:
Españoles, Franco ha muerto, La figura del Caudillo en la historia ha entrado
Y luego se va directamente al patio del colegio, con un estribillo que muchos hemos oído cantar alguna vez: «Franco, Franco, / que tiene el culo blanco». Lo que me interesa de esa canción es el contraste. La voz oficial que exige «serenidad» y «cooperación», y al lado una burla infantil, casi de corro. Es una manera de reírse de un miedo que ya no manda.
Te la dejo arriba, en el vídeo, por si no la conoces. Y si la quieres leer entera, la tienes en su entrada del blog y en su letra completa. Para mí, el 20 de noviembre es un buen día para recordar que hubo un tiempo en que una canción así no se podía cantar. Ni esta ni casi ninguna de las mías.
Cuidar las letras publicadas
Escribo todas mis letras, muchas de ellas autobiográficas. La música se hace con herramientas de IA y lo digo siempre, porque no tengo nada que esconder. Pero precisamente por eso las letras son lo más mío que hay en cada canción, y quiero que estén bien presentadas.
Este mes quiero revisar con calma la sección de letras. Ver que cada una está completa, que se lee bien, que los saltos de línea respetan la forma en que la canto. Una letra mal transcrita es como una foto mal encuadrada: se entiende, pero no luce.
También quiero pensar en cómo se leen las letras sin la música. Algunas funcionan casi como poemas. Otras dependen del ritmo y, sin él, parecen otra cosa. Me interesa esa diferencia, y probablemente escriba sobre ella en algún momento.
Las descargas gratis, explicadas otra vez
Todas mis canciones se pueden descargar gratis. Lo repito porque sigue habiendo gente que no lo sabe, o que piensa que hay truco. No lo hay. En la página de descargas está todo, sin registros raros ni letra pequeña.
Ya escribí hace poco por qué regalo mis canciones, así que no voy a repetir los argumentos. Pero este mes quiero revisar que la página funcione bien, que los archivos estén en su sitio y que sea fácil encontrar una canción concreta. Una descarga gratuita que cuesta encontrar no es tan gratuita.
Apoyar sin pagar, o pagando si se puede
Relacionado con lo anterior: hay gente que quiere apoyar lo que hago y no sabe cómo. La página de apoyo recoge varias formas, y no todas implican dinero. Escuchar una canción entera, compartirla con alguien a quien le pueda gustar, dejar un comentario o guardar un vídeo ya ayuda muchísimo a un artista independiente.
En noviembre quiero hablar un poco más de esto, sin pedir nada con insistencia. Me da cierta vergüenza, lo reconozco. Pero la música independiente vive de esos pequeños gestos, y me parece honesto decirlo en voz alta al menos una vez al mes.
Un ritmo que no me queme
Y por último, lo más importante. Quiero trabajar mucho, pero no quiero quemarme. Hablo abiertamente de mi salud mental porque creo que el silencio hace daño, y sé que el exceso de trabajo es una trampa en la que caigo con facilidad. Ya escribí sobre cómo trabajo cuando los días se acortan, así que aquí solo añado una cosa: este plan es un plan, no una cárcel.
Si una semana no llego, no llego. Si un día una canción me pide más tiempo, se lo doy. Prefiero hacer menos cosas bien hechas que muchas cosas a medias. Y si alguna vez el mes se pone cuesta arriba, sé que puedo pedir ayuda. Tú también: si estás pasando un mal momento, el 024 atiende gratis y a cualquier hora, y en una emergencia está el 112.
Dejar sitio para lo nuevo
Todo lo anterior mira hacia atrás: repasar, ordenar, contar. Pero no quiero que noviembre sea solo un mes de archivo. También quiero dejar huecos en blanco para escribir letras nuevas, aunque no sepa todavía qué saldrá de ahí.
Una letra puede empezar con casi nada. Una frase oída en la calle, una expresión de toda la vida, una palabra que hace gracia o una herida que vuelve sin avisar. Se apunta y se deja reposar. A veces, semanas después, esa frase se convierte en un estribillo. Otras veces se queda en la libreta para siempre, y tampoco pasa nada.
Para que eso ocurra necesito tiempo sin objetivo. Ratos en los que no estoy produciendo nada concreto, solo escuchando y mirando. Es lo primero que se sacrifica cuando hay mucho trabajo, y por eso lo apunto aquí, como una cita más del calendario.
Lo que no voy a hacer
Un plan también se define por lo que deja fuera. Este mes no quiero perseguir cifras. No voy a mirar las reproducciones cada mañana ni a medir cada canción por lo que funciona en una semana. Las métricas sirven para entender algunas cosas, pero cuando se miran demasiado acaban decidiendo por ti qué escribes.
Tampoco quiero entrar en discusiones sobre si lo mío vale o no vale por usar IA. Ya he dicho lo que pienso muchas veces, y prefiero dedicar esa energía a las canciones. Quien quiera escuchar, que escuche. Quien no, tiene todo el derecho a pasar de largo.
Lo que espero al final del mes
Si dentro de cuatro semanas he escuchado el catálogo con calma, he contado algunos videoclips plano a plano, he dejado las letras más limpias y he hablado de mis canciones sin repetirme, me daré por satisfecho. No necesito más.
Y me gustaría que tú también hicieras tu propio plan de noviembre. No hace falta que sea de música. Basta con elegir dos o tres cosas que quieras cuidar antes de que acabe el año. Escríbelas en algún sitio. Dilas en voz alta. Verás que pesan más.
Nos vemos aquí, dos veces al día, durante todo el mes.