
Por Mike Sain't Louis ·
Indie de origen, alternativo por contenido: por qué me defino así
Cuando alguien me pregunta qué música hago, tengo varias respuestas. La larga mezcla pop, copla, electropop, camp y letras sobre exnovios narcisistas. La corta es otra: soy indie alternativo. Dos palabras que parecen un género y que, en realidad, describen una postura. Hoy quiero explicar por qué las elijo, qué significan ahora mismo y por qué lo que hago no cabe en el molde de la industria de siempre.
Dos palabras que nacieron como un sitio, no como un sonido
«Indie» viene de independent, independiente. Al principio no describía cómo sonaba un disco, sino quién lo sacaba. Rafa Cervera lo recuerda en un artículo de Valencia Plaza: todo arranca en Mánchester en 1977, cuando los Buzzcocks pagaron y distribuyeron por su cuenta su primer disco, Spiral Scratch. Hazlo tú mismo. Sin pedir permiso a nadie.
En el Reino Unido, en 1980, se creó una lista de éxitos solo para discos distribuidos de forma independiente. Según resume la entrada de la Wikipedia sobre el rock alternativo, hacia 1985 «indie» ya había pasado a nombrar también un estilo. En Estados Unidos, por la misma época, se hablaba de college rock, porque esas bandas sonaban en las radios universitarias, y poco después se impuso «alternativo»: lo que quedaba fuera del rock comercial de las grandes emisoras.
A España la etiqueta llegó con fuerza a principios de los noventa. Cervera cita a grupos como Los Planetas o El Niño Gusano y a sellos pequeños como Elefant, Subterfuge o Acuarela. Y subraya algo que me parece clave: lo que definía aquello no era un tipo de guitarra, sino la libertad creativa.
Cuando lo alternativo se volvió lo principal
La historia tiene un giro conocido. En 1991, Nevermind de Nirvana lo cambió todo. De repente, lo alternativo vendía, y las grandes discográficas corrieron a fichar a todo lo que se le pareciera. La misma entrada de la Wikipedia recuerda que, en 1993, el New York Times ya escribía que aquel género no parecía tan alternativo. Muchas bandas se quedaron atrapadas entre el éxito y sus ideales de hacerlo todo por su cuenta.
Con el indie pasó algo parecido. Hoy «indie» es, para mucha gente, un sonido reconocible, una estética de festival, una manera de vestirse. El propio Cervera lo dice con cierta melancolía: el término sirve ahora sobre todo a un mercado de ocio, y su conexión con aquella independencia original es residual.
Es decir: hay grupos que suenan «indie» con contratos enormes, y artistas totalmente independientes que no suenan nada «indie». La etiqueta se ha despegado de su origen.
Por qué yo me quedo con el sentido antiguo
Cuando digo que soy indie alternativo, no hablo de guitarras con eco ni de flequillos. Hablo de las dos cosas que significaban esas palabras al principio.
Indie, porque soy independiente de verdad. Publico con mi propio sello, MIKE SAIN'T LOUIS. Ya conté en otro texto lo que significa llevar un sello de una sola persona: la plantilla soy yo, la reunión de los lunes también. Escribo todas las letras de PLANETA GAYFOLK, produzco la música con herramientas de inteligencia artificial que dirijo yo, decido la estética de cada lanzamiento, dirijo los videoclips y elijo cuándo sale cada canción. Si algo sale mal, no hay a quién culpar. Si sale bien, sé por qué.
Alternativo, porque lo que hago no está en el centro. No por pose, sino por contenido. Mis canciones hablan de exnovios narcisistas, de vecinas cotillas, de pluma, de salud mental, de copla y de abanicos. Están en español casi siempre, con humor bruto y con el camp por bandera. En las fichas de mis canciones suelen aparecer las mismas etiquetas: indie pop, pop alternativo, queer pop y camp. Cada una de esas palabras me aleja un poco más del gran público. Y lo sé.
Por qué mi obra no cabe en la industria convencional
No lo digo con rencor. Lo digo como quien describe un mapa. Hay varias razones por las que lo mío no encaja en el circuito de siempre, y casi todas son elecciones.
Primero, el volumen y el ritmo. He publicado 273 singles en unos dos años y he dirigido más de 280 videoclips. Una estructura tradicional difícilmente aprobaría ese calendario. Una discográfica grande suele trabajar con campañas largas, menos canciones y mucha inversión en cada una. Yo trabajo como un cuaderno abierto: escribo, produzco, publico, sigo.
Segundo, la herramienta. La música y la interpretación vocal de mis canciones están hechas con IA, y lo digo abiertamente. Por eso me presento como el primer cantautor IA. Las letras salen de mí; la música la saco de la herramienta a base de dirigirla, descartar y elegir. Para una parte de la industria, eso descalifica de entrada. Ya lo expliqué cuando hablé de la soledad del artista IA independiente: para unos soy demasiado máquina y para otros, demasiado copla.
Tercero, los temas. Una canción sobre una vecina cotilla o sobre un exnovio que tira de gaslighting no está pensada para sonar en un centro comercial. Está pensada para una persona concreta que se ríe y se reconoce. Eso es justo lo contrario de lo que busca un éxito masivo, que necesita agradar a mucha gente distinta a la vez.
Cuarto, la forma de dar la música. La trilogía GAYFOLK se descarga gratis y sin registro desde la página de descargas. En la industria convencional, regalar tres discos enteros sin pedir ni un correo a cambio no tiene mucho sentido. En mi planeta, sí.
Lo que cuentan los datos del sector
Ser independiente ya no es ser marginal. Según los datos de la consultora MIDiA Research recogidos por Hypebot, en 2023 los sellos independientes y los artistas que se autoeditan sumaban el 46,7 % del mercado mundial de música grabada si se mira quién es dueño de los derechos. Casi la mitad. El mundo independiente es enorme.
Lo que pasa es que la IA abre otra frontera dentro de ese mundo. Deezer informó en abril de 2026, según Music Business Worldwide, de que recibía unas 75.000 canciones generadas íntegramente por IA cada día, más del 44 % de todo lo nuevo que llegaba a la plataforma. Esas pistas suponían solo entre el 1 % y el 3 % de las escuchas, y la plataforma detectó como fraudulentas cerca del 85 % de esas escuchas. Deezer las etiqueta y las saca de las recomendaciones automáticas y de las listas editoriales.
Spotify, por su parte, anunció en septiembre de 2025 nuevas medidas: un filtro contra el spam musical, una política contra la suplantación de voces y un sistema para que los artistas declaren en los créditos qué parte de su música se ha hecho con IA. En el mismo anuncio dice que respeta la libertad de los artistas para usar la IA de forma creativa y que toda la música se trata igual, se haga con la herramienta que se haga.
Me parece importante contarlo porque explica el terreno en el que me muevo. Hay una avalancha de canciones hechas en serie, sin nadie detrás, para rascar escuchas. Y hay artistas que usan la herramienta para contar algo propio. Lo segundo existe, pero a menudo se mete en el mismo saco que lo primero. Ser alternativo, para mí, también es eso: demostrar con cada letra que detrás hay una persona.
Los porteros y la discusión diaria
Hay dos canciones mías que explican esto mejor que yo.
«Gatekeeping» está escrita para quienes vigilan la puerta del arte y deciden quién entra. Es seca, en inglés, a golpe de frase corta. Tiene una imagen que resume lo que muchas veces hay detrás del «eso no es música»:
You draw a line around yourself and call it culture.
Trazar una línea a tu alrededor y llamarla cultura. Eso es, muchas veces, la industria convencional cuando se pone a la defensiva: no protege la calidad, protege un territorio. La letra completa es una lista de esas frases de portero, devueltas tal cual.
«Discutiendo con la IA» responde a otra idea muy repetida: que usar IA es dar a un botón. La canción le contesta a ese crítico con una escena casi doméstica:
Si estoy a todas horas discutiendo con la IA
Así se trabaja de verdad con la herramienta. Discutiendo, descartando, volviendo a empezar. Nada de inspiración que baja de una nube. Puedes leer la letra y verás que el estribillo gira como un mantra, igual que el trabajo diario.
La etiqueta como brújula
Las etiquetas tienen mala fama. Encasillan, simplifican, se quedan cortas. Pero yo uso esta como una brújula. Cuando dudo si una canción es demasiado rara, demasiado bruta o demasiado mía, me acuerdo de lo que significa «alternativo»: que no hace falta parecerse a lo que ya suena. Y cuando me pregunto si debería buscar a alguien que me diga qué publicar, me acuerdo de lo que significa «indie»: que puedo decidirlo yo.
No digo que mi camino sea el mejor ni el único. Hay artistas que necesitan un equipo grande y les va muy bien. Yo he elegido un rincón, y ya expliqué en este texto sobre la fama de nicho por qué ese rincón no me parece pequeño.
Una invitación
Si quieres comprobar qué significa todo esto en la práctica, no hace falta que me creas. Escucha. En la lista de singles están todas las canciones, en el archivo de letras puedes leerlas con calma, y si tienes preguntas sobre cómo trabajo con la IA, la sección de preguntas frecuentes responde a las más habituales.
Indie, porque no le pido permiso a nadie. Alternativo, porque lo que cuento no suele contarse. Y cantautor IA, porque las letras son mías y la herramienta la dirijo yo. Esa es la etiqueta completa. Me cabe entera.