
Por Mike Sain't Louis ·
Llevar un sello discográfico de una sola persona: lo que aprendo trabajando sin intermediarios
Al lado de mi nombre pone CEO, y cada vez que lo leo me entra un poco la risa. CEO de MIKE SAIN'T LOUIS, mi propio sello discográfico, en Madrid. Suena a despacho con vistas y a reunión de los lunes. La realidad es que la plantilla soy yo, la reunión de los lunes también soy yo y las vistas dan a mi pantalla.
Aun así, lo de CEO no es una broma. Es una descripción bastante exacta de lo que hago, aunque el tamaño de la empresa sea mínimo. Quiero contar aquí cómo funciona por dentro, porque creo que sirve a cualquiera que trabaje por su cuenta, se dedique o no a la música.
Qué hago yo
En un sello tradicional hay departamentos. Alguien busca artistas, alguien produce, alguien piensa la imagen, alguien coordina los lanzamientos y alguien hace números. En el mío todo eso pasa por la misma cabeza.
Escribo todas las letras de PLANETA GAYFOLK, mi proyecto de pop alternativo queer en español. La música la produzco con herramientas de inteligencia artificial que dirijo yo: decido, descarto y elijo. Hago de director artístico, así que la estética de cada lanzamiento también es cosa mía. Dirijo los videoclips, que ya son más de 280, y los vídeos cortos, que se cuentan por cientos. Decido cuándo sale cada single y en qué orden. Y me ocupo de que todo llegue a Spotify, Deezer y YouTube.
Contado así parece una lista de tareas. En el día a día se parece más a cambiar de sombrero cada media hora.
Lo que significa decidir sin nadie al lado
La ventaja evidente de no tener intermediarios es la velocidad. Si quiero publicar algo, lo publico. No hay comité, ni correo esperando aprobación, ni nadie que me diga que el título es demasiado raro. En unos dos años de trabajo he sacado 273 singles. Con una estructura normal, ese volumen habría tenido que pasar por muchas mesas, y dudo que me lo hubieran aprobado entero. Probablemente con parte de razón.
Esa es la otra cara. Cuando no hay nadie que te frene, tienes que frenarte tú. Y eso cuesta más de lo que parece. El papel más difícil de un sello pequeño es el del que dice que no, y en mi caso ese papel también me toca a mí. Decir que no a una canción que he escrito yo, a un vídeo que he dirigido yo, a una idea que a las dos de la madrugada me parecía brillante.
He aprendido a crear distancia artificial. Dejo reposar las cosas antes de decidir. Me obligo a revisar con otros ojos lo que hice ayer, como si fuera el trabajo de otra persona que me lo trae para que lo apruebe. No siempre funciona. Pero es lo más parecido a un jefe que tengo.
Otra lección: sin intermediarios no hay a quién echar la culpa. Si un lanzamiento no funciona, no fue el distribuidor, ni el equipo de marketing, ni la discográfica que no apostó. Fui yo. Al principio eso pesa. Con el tiempo se vuelve bastante liberador, porque también significa que lo que sale bien sale bien por decisiones que entiendo y puedo repetir.
Regalar música también es una decisión de negocio
Una de las decisiones que más pensé fue que la trilogía GAYFOLK se descargara gratis y sin registro. Son tres discos, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y «El día de la liberación», pensados para escucharse como una sola historia en tres actos.
Pedir un correo a cambio de la descarga habría sido lo habitual. Lo pensé. Al final me pareció que poner una barrera, aunque fuera pequeña, contradecía justo lo que cuentan esos discos, que hablan de llegar a un lugar donde uno puede ser quien es. Así que quité la barrera. Es una decisión que solo puedes tomar rápido cuando el sello eres tú. En una empresa con más gente, eso habría sido una discusión de semanas.
¿Me equivoco dejando de captar datos? Puede ser. Lo apunto como duda abierta y lo revisaré.
La web como catálogo
La pieza que más me ha cambiado la forma de ver el sello es la web. En octubre de 2026 estrené mikesaintlouis.com, en español y en inglés. La pensé menos como página de artista y más como el catálogo de una discográfica.
Cada canción tiene su propia página, con su videoclip, su letra completa y su enlace a Spotify. Hay buscador, una sección de letras ordenadas de la A a la Z, un espacio de prensa y preguntas frecuentes. Y la página de descargas de la trilogía.
Con 273 singles, sin un catálogo ordenado, la música existe pero no se encuentra. Las plataformas de streaming son estupendas para escuchar y bastante malas para entender la obra entera de alguien. La web es el sitio donde el sello pone orden y dice: esto es todo lo que hay, y así se relaciona entre sí.
Para mí ha sido una lección de gestión pura. Producir es la parte vistosa. Archivar, etiquetar, enlazar y mantener el fondo de catálogo es la parte que hace que lo producido tenga vida más allá de la semana de lanzamiento. Me arrepiento de no haberlo construido antes.
Trabajar solo me ha enseñado que la independencia funciona como un oficio con sus propias rutinas, y que la libertad sin método se convierte enseguida en caos. También me ha enseñado que se puede llevar un sello pequeño con criterio de empresa sin perder la parte artística, siempre que separes bien los momentos de crear y los de decidir.
Si tú también trabajas sin estructura alrededor, me interesa saber cómo te pones límites. Yo sigo aprendiendo.
El catálogo del sello está en mikesaintlouis.com.