
Por Mike Sain't Louis ·
«Ignóralo fuerte», dice el que le dedicó una canción entera
Ey, ey, escucha bien. Aquí va la receta.
Así empieza «Manual de escape de un narci», con la chulería de un presentador de teletienda a las tres de la mañana. Como quien te va a vender una sartén que no se pega o un cinturón que quema grasa mientras ves la tele. Solo que lo que yo vendo es una salida. Un manual de instrucciones para escapar de un narcisista, paso a paso, con sus advertencias y su letra pequeña.
Y en el estribillo, el consejo estrella, el que viene subrayado en fosforito:
«Su mayor castigo es verte brillar, / ignóralo fuerte, lo harás colapsar.»
Ignóralo fuerte. Precioso. Lo firmo. Lo pondría en una taza.
El problema es que lo escribí yo. Y que para escribirlo le dediqué a ese señor una canción entera, con su intro, sus estrofas, su estribillo repetido y su coda final. Tres minutos y pico de mi vida, más el tiempo de escribirla, más el de hacerle portada, más el de publicarla. Si eso es ignorar a alguien, que baje Rocío Jurado y lo vea.
La ficha de la canción ya repasa las reglas del manual una por una. En este texto quiero hablar de la contradicción. De por qué escribimos manuales que no cumplimos, de por qué eso no los invalida y de por qué, en mi caso, la canción fue precisamente la manera de empezar a cumplirlo.
Teletienda emocional
Primero, la forma. Porque la forma aquí es medio chiste.
La canción está escrita como un tutorial. Como uno de esos vídeos de YouTube que se titulan «Cinco pasos para…» o «Lo que nadie te cuenta de…». Tiene su arranque para captar la atención, su promesa («no te preocupes, tengo la salida»), su lista de consejos numerados, su resumen en el estribillo y su despedida con «game over». Hasta los emojis que acompañan la letra publicada, fuego, rombo azul, explosión, nota musical, parecen sacados de la descripción de un vídeo de autoayuda con miniatura de cara sorprendida.
Me hacía gracia meter el narcisismo, que es un tema tan serio, en el formato más cutre posible. El de la teletienda. El del gurú de Instagram que te vende un curso de 49,99 euros para «recuperar tu poder». Porque eso también es parte de la historia: cuando sales de una relación así, el mundo se llena de gente que te quiere enseñar a salir. Libros, podcasts, vídeos, cuentas con nombres como «sanando tu niña interior» que te dicen lo mismo con distintas tipografías.
Así que hice mi propio vídeo de autoayuda. En canción. Gratis. Y con un tono de rap de barrio que le quita cualquier pretensión de seminario.
Lo que dice el manual
No voy a repetir las reglas, que para eso está la ficha. Pero sí quiero detenerme en una, porque es la que más me cuesta y la que más me gusta:
«Si amenaza con marcharse, abre la puerta, / jura que se va, pero nunca se aleja.»
Abre la puerta. Qué fácil de decir y qué difícil de hacer.
Porque la amenaza de irse es el arma favorita de cierta gente. «Me voy». «No me vas a volver a ver». «Tú verás lo que haces». Y tú, que lo único que quieres es que no se vaya, que todo vuelva a ser como en los primeros meses, cedes. Pides perdón por cosas que no has hecho. Te tragas el orgullo con una cucharada de azúcar.
La canción dice lo contrario: ábrele la puerta. Hasta sujétasela, si hace falta, como un portero de hotel de cinco estrellas con guantes blancos. Que se vaya. Y verás que no se va. Que se queda en el rellano, fingiendo que busca las llaves, esperando a que lo llames.
Esa imagen, la del que jura que se va y nunca se aleja, me parece de las más exactas que he escrito sobre este tema. Y no tiene ningún adorno. Es casi una observación de entomólogo.
La contradicción
Vuelvo a lo que decía al principio, porque es lo que de verdad me interesa.

Una canción que dice «ignóralo» es, por definición, una canción que no lo ignora. Es como poner un cartel enorme en la puerta de casa que diga «NO PIENSO EN TI». Si no pensaras, no harías el cartel.
Lo sé. Me lo sé de memoria. Y me río de mí mismo cada vez que lo pienso. Soy el tipo que escribe un manual de contacto cero y luego le dedica tres minutos con estribillo pegadizo. Soy la persona que dice «ya ni me acuerdo de él» mientras le hace una portada. Soy una contradicción con patas, y no conozco a nadie que haya salido de algo así que no lo sea.
Pero hay una diferencia. Y es importante.
Una cosa es pensar en alguien. Otra es hablar con él. El manual no dice «no pienses en él», que sería imposible, como pedirle a alguien que no piense en un elefante rosa. El manual dice «no le des reacción». No le contestes. No le expliques. No le pelees. Bloquea su número.
Escribir una canción sobre alguien no es darle reacción. Es al revés. Es sacar la reacción de dentro, ponerla en otro sitio, en un papel, en una canción, en una portada, para que no le llegue a él. La canción es el contenedor donde echo lo que no le voy a decir nunca. Si no la hubiera escrito, a lo mejor le habría mandado un audio de doce minutos a las cuatro de la mañana. Y eso sí habría sido darle reacción.
Nunca expliques
Hay otra estrofa que me parece clave:
Nunca pelees, nunca expliques, él solo busca que tú te compliques.
Esto es lo que más tarde aprendí, y lo digo sin vergüenza. Cuando alguien te manipula, tu primer instinto es explicarte. Contar tu versión. Demostrar que tienes razón. Hacer una presentación de PowerPoint con pruebas, capturas de pantalla, fechas y testigos. Y cada explicación es un regalo para el otro, porque le da material. Le da algo que discutir, que retorcer, que usar.
La gente así no quiere entender. Quiere que te enredes. Y tú te enredas, porque eres una persona normal que cree que, si explica bien las cosas, el otro lo entenderá.
No lo entenderá. No porque no pueda. Porque no le conviene.
Para un narci, todo es conveniencia, dice la letra. Y no hay más.
Te dirá que nadie te va a querer
Ahora una línea seria, de las limpias.
La estrofa que más pesa de toda la canción es esa en la que se anticipa lo que él te dirá: que nadie te va a querer. Que sin él no vas a poder.
Es una frase que aparece en casi todas las historias de este tipo, y cuando alguien la cuenta en una terraza, baja la voz. Porque es la frase que se queda. La que te repites tú solo, años después, cuando alguien nuevo no te contesta un mensaje. Nadie te va a querer.
Es mentira. Siempre es mentira. Pero hay que oírla de alguien que no sea tu propia cabeza para creerlo. Y para eso, a veces, sirve una canción.
Game over
El final de la parte rapeada es un «game over, narcisista». Como en las máquinas recreativas de los bares de los noventa, cuando se te acababan las vidas y la pantalla se ponía en negro con letras rojas pixeladas. Insert coin.

Me gusta mucho esa imagen porque convierte la relación en un videojuego. Y eso, por un lado, es una frivolidad. Pero por otro es exacto. El narcisista juega. Para él, todo es una partida. Tus emociones son puntos. Tus lágrimas son vidas extra. Tus explicaciones son monedas que mete en la máquina para seguir jugando.
El manual, al final, consiste en algo muy simple: dejar de meter monedas. Que se le acabe la partida. Game over.
Y lo mejor de los videojuegos es que, cuando se acaba la partida, no pasa nada. La máquina se queda ahí, con su musiquilla en bucle, esperando a otro jugador. Ya no es tu problema. Se buscará otra víctima nueva, dice la canción. Pero tú ya estás fuera del problema.
La coda que no tiene nada de manual
Y entonces, cuando parece que la canción ha terminado, llega otra cosa. Un murmullo. Un cambio de tono total.
Ya no hay rap, ni consejos, ni chulería de teletienda. Hay un «mmmmmm» y unas frases suaves: si pudiera derretir tu corazón, nunca nos separaríamos. Entrégate a mí. Tú tienes la llave. Estás congelado. You're frozen.
La ficha de la canción lo cuenta como un guiño a «Frozen» de Madonna, y lo es, claro. Madonna es una de las grandes madrinas de cualquier marica que haya crecido con una radio encendida. Pero lo que quiero contar aquí es lo que esa coda hace con el resto de la canción.
Lo desmonta.
Después de tres minutos de «ignóralo, bloquéalo, no le expliques», aparece alguien que todavía quiere derretir ese corazón. Alguien que todavía piensa que, si él se entregara, si él usara la llave, a lo mejor no tendrían que separarse. Es la contradicción de la que hablaba antes, pero puesta en música. El manual por fuera. La esperanza por dentro.
No la quité. Podía haberla quitado y la canción habría quedado más redonda, más coherente, más «empoderada», como dicen en los cursos de 49,99. Pero habría mentido. Porque así es salir de algo así: con el manual en una mano y la llave en la otra, sin saber muy bien cuál soltar primero.
El frío de la casa
Esa palabra, «frozen», la uso más veces en mi catálogo. En «El narcisista» la estiro hasta que no da más de sí, con aquel «frozeeeeen» del lanzallamas. El frío es, para mí, la imagen perfecta de esta clase de relaciones. No es fuego. No hay pasión, ni gritos, ni platos rotos. Hay hielo. Una nevera emocional con la puerta cerrada y la luz apagada.
Y el hielo, a diferencia del fuego, no se ve desde fuera. La gente ve una pareja tranquila, sin peleas, que va a las cenas de amigos y se sienta junta. Nadie nota que en casa hace dos grados bajo cero.
Lo cuento también en «Ni con un palo», donde el castigo es el silencio, y en «El descarte del narcisista», donde el castigo es la indiferencia. «Manual de escape» es la parte práctica de todas esas canciones. Las otras describen el frío. Esta te da una chaqueta y te señala la puerta.
Lo que el manual no dice
Todo manual tiene su letra pequeña. Lo que no cabe en el folleto. Así que, ya que estamos, aquí van cinco cosas que mi canción no dice y que a lo mejor debería haber dicho:

- Que vas a tener días tontos. Días en los que te parecerá que él tenía razón, que exageraste, que no era para tanto. Esos días no se bloquean. Se aguantan con una manta y una serie mala de Netflix.
- Que tus amigas se van a cansar de oír su nombre. Y que tienen derecho. Busca una o dos que aguanten más que las demás y págales las cañas.
- Que vas a querer contárselo a todo el mundo, empezando por su nueva pareja. No lo hagas. Tiene que darse cuenta por su cuenta, como te la diste tú.
- Que te va a escribir por la red social más rara. Si le bloqueas en WhatsApp, aparecerá en LinkedIn. Si le bloqueas en LinkedIn, en Wallapop, preguntando por un sofá que no estás vendiendo.
- Que algún día te dará igual. No mañana. Ni el mes que viene. Pero algún día, en la cola de la carnicería, te acordarás de él y no sentirás nada, y te parecerá tan raro que casi te reirás.
Esa última es la única que importa. Las otras cuatro son para pasar el rato hasta que llegue.
Contacto cero no es castigo
Hay una confusión muy extendida con esto de ignorar, y quiero aclararla, porque la letra se puede leer mal.
Cuando la canción dice que su mayor castigo es verte brillar, parece que la idea es castigarle. Que ignorarle es una forma de venganza, una estrategia para hacerle sufrir. Y sí, la letra juega con eso, porque tiene gracia imaginarse al narcisista mordiéndose las uñas mientras tú te vas de cañas.
Pero el contacto cero, en el fondo, no va de él. Va de ti. No le ignoras para que sufra. Le ignoras para dejar de sufrir tú. Si encima a él le escuece, mejor, pero eso es el postre, no el plato principal.
Si te pasas el día pendiente de si le escuece o no le escuece, de si ha visto tu historia de Instagram en la playa, de si se ha enterado de que tienes novio nuevo, no le estás ignorando. Le estás haciendo un seguimiento. Y eso es justo lo contrario del manual.
Mi catálogo está lleno de canciones sobre esta clase de personas, con títulos como «Vampiro emocional» o «Perverso narcisista», que no dejan lugar a dudas. Y en casi todas hay un momento de revancha. En esta también. Pero la revancha de verdad, la que dura, es la que no necesita espectador.
Entre «Llorar» y «El calcetín»
En el catálogo completo de gayfolkplanet.com, «Manual de escape de un narci» es la pista 136 de 273. La de antes se llama «Llorar». La de después, «El calcetín».
Y no se me ocurre un orden mejor para contar una salida. Primero lloras. Luego lees el manual. Y luego, en «El calcetín», ya estás en esa fase en la que la autoestima, como digo en aquella letra, se lava, se cuelga y se estrena limpia. Tres canciones seguidas que, sin proponérselo, cuentan la historia completa: el llanto, la estrategia y la colada.
Las tres están en el primer disco de la trilogía, Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK, que es el disco del descubrimiento. Y una de las cosas que descubres cuando llegas a un planeta nuevo es que te puedes ir del anterior.
Una jaula con neón
La portada lo cuenta mejor que yo. Un hombre con traje azul eléctrico y la camisa abierta, encerrado en una jaula redonda de barrotes metálicos, con un aro de neón rosa arriba y otro abajo, en una sala oscura con el suelo mojado que refleja las luces. Se agarra a los barrotes con las dos manos. A la izquierda, en letras enormes, blancas y rojas: MANUAL DE ESCAPE DE UN NARCI.

Lo que más me gusta es la contradicción, otra vez. El título dice «escape» y la imagen enseña a alguien que todavía no ha escapado. Está dentro. Agarrado a los barrotes. Mirando hacia fuera.
Y eso es lo honesto. Nadie escribe un manual de escape desde la playa, con un mojito en la mano. Se escribe desde dentro de la jaula, mientras buscas la cerradura. Los barrotes de neón, además, son bonitos. Brillan. Por eso cuesta tanto salir: porque la jaula, desde dentro, a veces parece una discoteca.
Un rap de alguien que no rapea
Otra cosa que me hace gracia de esta canción es el género. Es casi un rap. Y yo no soy rapero, ni lo pretendo. Soy un letrista de Madrid con mucha copla en la cabeza y mucho pop en los cascos.
Pero el rap tiene una cosa que le venía perfecta a este manual: es el género de la instrucción. Del consejo dicho con chulería. Del «escucha bien» que te mira a los ojos. Un manual en balada habría sonado a lamento. En rap suena a advertencia.
La letra es mía, con sus rimas de andar por casa: reacción con emoción, suplique con derrite, fachada con apuñala. No son rimas de concurso, y no lo necesitan. Son rimas de patio. La música y las voces de Planeta Gayfolk se hacen con herramientas de inteligencia artificial, como Suno, y eso lo cuento sin esconderme en las preguntas frecuentes de esta web. Pero la decisión de que esto fuera un rap de teletienda y no una balada triste, esa la tomé yo.
Cómo se escribe un estribillo que se ríe
El estribillo tiene algo que me gusta mucho, y es que se ríe del narcisista sin dejar de ser un consejo serio. Mientras más insista, más va a temblar. Lo harás colapsar.
Hay una idea de fondo que tiene que ver con cómo escribo estribillos en general, y que conté en cómo se escribe un estribillo que se ríe de ti y contigo. Un buen estribillo tiene que poder gritarse en grupo. Tiene que funcionar en una despedida de soltera, en una cena de amigas, en un coche con las ventanillas bajadas. Y este funciona, porque tiene esa mezcla de autoayuda y de mala leche que se grita bien con una copa en la mano.
Imagínate a cuatro amigas en el coche, de vuelta de la playa, gritando «ignóralo fuerte, lo harás colapsar» mientras una de ellas mira el móvil con la tentación de contestar a quien no debe. Para eso está la canción. Para que, en ese momento exacto, las otras tres le quiten el móvil.
Para la próxima vez que me tiente
Termino con una confesión, que es lo que mejor se me da.
No sé si he cumplido siempre mi propio manual. Probablemente no. Probablemente he desbloqueado algún número alguna vez, he mirado algún perfil, he escrito algún mensaje que luego borré antes de mandar. Como todo el mundo. Los manuales están para eso: para tenerlos a mano el día que te fallan las fuerzas, no para cumplirlos a la primera.
Por eso escribí este en canción. Porque un manual en un libro se queda en la estantería. Una canción se te mete en la cabeza y te asalta en el momento justo, en la ducha, en el metro, con el dedo encima del botón de «desbloquear».
Ignóralo fuerte.
Y si no puedes ignorarlo fuerte, ignóralo un poco. Que también cuenta.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Manual de escape de un narci»? Es una canción escrita como un manual de instrucciones para salir de una relación con un narcisista: no darle reacción, no explicarse, abrirle la puerta si amenaza con irse y bloquear su número. Termina con una coda suave que hace un guiño a «Frozen» de Madonna.
¿No es contradictorio escribir una canción para alguien a quien dices que hay que ignorar? Sí, y la canción lo sabe. Ignorar a alguien no es dejar de pensar en él, es dejar de darle reacción. Escribir la canción fue una forma de sacar fuera lo que no le iba a decir nunca.
¿En qué disco está? En Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK, el primer disco de la trilogía GAYFOLK. En el catálogo de gayfolkplanet.com es la pista 136 de 273, entre «Llorar» y «El calcetín».
¿Quién la escribió? La letra es de Mike Sain't Louis. La música y las voces se hicieron con herramientas de inteligencia artificial, y el single sale con el sello MIKE SAIN'T LOUIS.