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«Conmigo también»: «El descarte del narcisista» y el día que dos exes comparan notas

Es de noche y llueve a cántaros sobre una carretera. Las farolas se pierden en fila hacia el fondo y un coche oscuro tiene los faros encendidos. En primer plano, tirado sobre el asfalto mojado, hay un hombre con un traje azul roto y manchado, la mejilla pegada al suelo y la mano tatuada abierta, como si acabara de caer. Detrás, de pie junto al coche, otro hombre vestido de cuero negro se ríe a carcajadas bajo la lluvia, con una mano en el bolsillo. Arriba a la izquierda, el título: la palabra DESCARTE en rojo, el resto en blanco.

Es la portada de «El descarte del narcisista», y la imagen no deja mucho a la interpretación. Uno está en el suelo. El otro se ríe. Y el coche, con el motor en marcha, sugiere que está a punto de irse. Descartar, literalmente: dejar a alguien en la cuneta y seguir conduciendo.

La canción está en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía, que tienes explicado en la página del Planeta Gayfolk. En la lista completa de singles es el número 80. Su ficha en el blog ya cuenta que es una canción de solidaridad y que su mensaje cabe en tres palabras. Aquí quiero fijarme en el momento que hace posible esa solidaridad: el día en que dos personas que han pasado por el mismo hombre se sientan, comparan lo que les contó a cada una y se dan cuenta de que era mentira.

Una canción escrita en segunda persona

Lo primero que llama la atención de esta letra es a quién habla. No habla al narcisista, al menos al principio. Tampoco habla de sí misma. Habla a otra persona: alguien que llora a solas y que no entiende nada.

Eso cambia por completo el tono de la canción. Muchas canciones de desamor son monólogos: yo sufro, tú me hiciste daño, ojalá te vaya mal. Esta empieza como una carta a una desconocida. A alguien que está ahora mismo donde el narrador estuvo antes.

Y la primera frase lo deja claro: yo sé que tú también lloras. Ese también es la clave. Lo que conecta a las dos personas no es una amistad previa ni un parentesco. Es una experiencia compartida. Y el narrador la reconoce desde fuera, porque la ha vivido.

La soledad de después

La primera estrofa describe con mucha precisión cómo se siente alguien justo después de una relación así. Piensa que nadie la apoya. Que nadie la comprende. Que todos mienten, «incluso tu gente».

Esa última parte me parece la más dolorosa. Cuando alguien ha estado mucho tiempo con una persona que manipula, es frecuente que acabe desconfiando de todo el mundo. No solo del que le hizo daño, sino también de sus amigos, de su familia, de quien intenta ayudarle. Si una persona en la que confiabas tanto te mentía, ¿por qué no van a mentirte los demás?

Es un efecto secundario muy cruel. El daño no se queda en la relación. Se extiende a todas las demás. Y por eso la persona se queda sola justo cuando más necesitaría compañía.

El inventario de mentiras

Luego viene la parte de la letra que, para mí, es el corazón de la canción. Lo que más cuesta aceptar, dice, es haberse creído tanta falsedad. Y entonces enumera: «edad, nacionalidad, color de ojos», el puesto superior en el trabajo, el jefe de todo.

Es una lista rarísima, y eso es lo que la hace tan potente. No habla de grandes mentiras sobre sentimientos. Habla de datos básicos. La edad. El país de origen. El color de los ojos. Cosas que normalmente no se ponen en duda. Cosas que das por hechas cuando conoces a alguien.

Lo del color de ojos me parece especialmente desconcertante. ¿Cómo se miente sobre el color de los ojos? Pues con lentillas, con filtros, con fotos retocadas. Es una mentira que se puede ver y, sin embargo, te la crees. Y si te mintieron hasta en eso, ¿qué queda de verdad?

Pieza a pieza

La ficha de la canción dice que el desengaño no llega de golpe, sino pieza a pieza, y estoy muy de acuerdo. Pero quiero añadir algo: muchas veces esas piezas no las encuentras tú solo. Te las da otra persona.

Fotogramas del videoclip oficial de «El descarte del narcisista», de Mike Sain't Louis

Es lo que ocurre cuando dos exes hablan. Uno dice: a mí me dijo que tenía tantos años. Y el otro contesta: a mí me dijo otros. Uno dice: me contó que era de tal sitio. El otro: a mí, de otro distinto. Y así, dato a dato, el personaje que cada uno conocía se va deshaciendo. Lo que parecía una persona se revela como un disfraz que se adaptaba a cada público.

Esa conversación es durísima, pero también es liberadora. Porque por fin hay alguien que confirma lo que sospechabas. No estabas loco. No te lo imaginabas. Las piezas no encajaban porque no podían encajar.

El jefe de todo

Me detengo un momento en el último elemento de la lista: el puesto superior en el trabajo, el jefe de todo. Es una mentira distinta a las demás. La edad y la nacionalidad son datos. Ser el jefe es una imagen.

Presentarse como alguien importante, con poder, con un cargo, es una forma muy habitual de impresionar. Y la letra lo resume con una expresión casi infantil: el jefe de todo. Como cuando un niño dice que su padre es el más fuerte del mundo. Tiene algo de fanfarronada que, vista desde fuera y con distancia, hasta hace gracia.

Pero mientras estás dentro no hace gracia. Te lo crees. Y te crees también todo lo que viene con eso: que está muy ocupado, que tiene mucha responsabilidad, que por eso a veces no contesta o desaparece.

No estás sola

En mitad de la estrofa llega la frase que la ficha destaca como mensaje central: no estás sola. Va con exclamación, como un grito de ánimo. Y me parece muy significativo dónde está colocada.

No llega al final, como conclusión. Llega justo después del inventario de mentiras. Primero se enumera todo lo que era falso. Y, a continuación, lo único verdadero: yo estoy contigo. Es como si la canción dijera: todo lo que te contó era mentira, pero esto no.

Me gusta mucho esa estructura. Ante un mundo donde todo parece falso, la canción ofrece una sola certeza. Y la ofrece alguien que no tiene ningún interés en engañarte, porque ha pasado por lo mismo.

Haberse creído tanta falsedad

Hay una palabra en la primera estrofa que me parece muy importante y que pasa casi desapercibida: creíste. Lo que cuesta aceptar, dice la letra, es que creíste tanta falsedad. No que te mintieran, sino que te lo creyeras.

Ahí está una de las trampas más dolorosas de después. Quien ha sido engañado así suele acabar culpándose a sí mismo. ¿Cómo no me di cuenta? ¿Cómo pude ser tan ingenuo? ¿Cómo me tragué lo del color de ojos? Y esa culpa añade una segunda herida encima de la primera.

Por eso me parece tan valiosa la estructura de la canción. Justo después de nombrar esa dificultad, llega alguien que dice: a mí también me pasó. Si a otra persona le contaron las mismas mentiras y también se las creyó, entonces el problema no era tu ingenuidad. El problema era alguien que mentía muy bien.

Creer a quien quieres no es un defecto. Es lo normal. Las relaciones funcionan así: das por hecho que lo básico es verdad. Quien se aprovecha de eso es el responsable, no quien confió.

Una mentira para cada público

Hay otra cosa que se entiende cuando dos exes comparan notas: que las mentiras no eran las mismas para todos. A cada persona se le contaba una versión ligeramente distinta, ajustada a lo que esa persona quería oír.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «edad, nacionalidad, color de ojos» de «El descarte del narcisista»

Eso explica la lista tan rara de la letra. La edad, la nacionalidad, el color de ojos, el cargo. Son exactamente los datos que se pueden adaptar según quién tengas delante. Si a alguien le gustan los mayores, se suman años. Si a otro le atrae lo exótico, se cambia de país. Si alguien valora el éxito, se asciende en el trabajo.

Es una forma de seducción muy calculada. Y, vista desde fuera, tiene algo de patético. Un personaje que cambia de vestuario según el escenario y que acaba no teniendo ninguno propio.

Cómo se habla con la siguiente

La canción plantea algo que en la vida real es delicado: acercarse a otra persona que ha pasado por el mismo hombre. Y no siempre sale bien. A veces esa persona todavía está dentro, todavía le cree, y lo que tú le cuentes le suena a celos o a venganza.

Por eso me gusta tanto cómo empieza la letra. No empieza acusando, ni contando todo lo que sabe. Empieza diciendo: sé que lloras. Primero reconoce el dolor del otro. Luego ofrece compañía. Y solo después cuenta su propia historia.

Si alguna vez te encuentras en esa situación, quizá sea una buena guía. Primero escuchar. Luego estar. Y contar lo tuyo solo si la otra persona quiere oírlo.

Lo que queda cuando cae el personaje

Cuando se cae el inventario entero, queda una pregunta incómoda: ¿a quién quise entonces? Si la edad era falsa, el país era falso, el cargo era falso y hasta los ojos eran falsos, ¿de quién me enamoré?

La respuesta, por dura que sea, tiene algo de alivio. Te enamoraste de alguien que no existía. Un personaje construido a tu medida. Y eso significa que lo que sentiste era real, pero el objeto no. Tu capacidad de querer está intacta. Lo que se ha roto es una ficción.

Me parece una idea importante para quien está en la fase de llorar a solas. No has perdido al amor de tu vida. Has perdido un disfraz. Y el amor que pusiste en ese disfraz sigue siendo tuyo, para dárselo algún día a alguien que tenga los ojos del color que dice tener.

Qué es el descarte

Luego la letra explica por qué el narrador sabe todo esto: conmigo también aplicó el descarte. Y lo define con una precisión que me parece muy útil: la indiferencia más absoluta, como si todo hubiera sido el rollo de una noche, algo que usas y tiras a la basura.

En la literatura divulgativa sobre relaciones con personas narcisistas se habla a menudo de un ciclo de tres fases: primero la idealización, cuando te ponen por las nubes; luego la devaluación, cuando empiezan las críticas, los desprecios, la sensación de no hacer nada bien; y por último el descarte, cuando de repente dejas de existir. No es una ruptura con conversación y explicaciones. Es un silencio.

Lo que la letra captura muy bien es que el descarte no se vive como un final, sino como un borrado. Meses o años de relación tratados como si no hubieran pasado. Como si fueras un ligue de una noche del que ni se acuerda el nombre. Y eso duele de una forma muy particular, porque no solo pierdes la relación: pierdes también la confirmación de que existió.

La portada, otra vez

Vuelvo a la imagen de la carretera porque ahora se entiende mejor. El hombre del suelo no está peleándose con nadie. No hay golpes. Está simplemente tirado, como algo que se ha caído de un coche. El otro no le está atacando. Se ríe y se va a ir.

Collage con un detalle de la carátula de «El descarte del narcisista» y las carátulas de «El narcisista», «Perverso narcisista», «Gaslighting», «Tattoo de fénix»

Eso es el descarte. No es una agresión visible. Es una indiferencia que te deja en la cuneta. Y la risa del de cuero negro añade lo peor: no solo te deja, sino que parece que le da igual. O que le divierte.

La lluvia también cuenta. Todo está mojado, reluciente, frío. Es la noche más desagradable posible para quedarse tirado en una carretera. Y nadie para. Ni siquiera el coche, que tiene los faros encendidos apuntando al hombre del suelo y no hace nada por ayudarle. La luz está ahí, pero no sirve para socorrer. Solo para iluminar la escena, como si el que se ríe quisiera verla bien.

Las consecuencias, sin maquillaje

La letra no esconde lo que deja el descarte. Habla de alguien que llora todos los días. Y el narrador cuenta que el descarte le ha dejado con antidepresivos.

Me parece importante que una canción diga esto con tanta naturalidad. Durante mucho tiempo, hablar de antidepresivos se ha vivido como algo vergonzoso, algo que se esconde. Aquí aparece en mitad de la letra, sin dramatismo, como un dato más. Y eso, para quien está en la misma situación, quita mucho peso. Tomar medicación prescrita por un profesional no es un fracaso. Es una forma de cuidarse.

Si estás pasando por algo parecido y no has hablado con nadie, este es un buen momento. Con alguien de confianza, con tu médico de cabecera o con un profesional de la salud mental. Lo que describe esta canción tiene tratamiento, y no hay que atravesarlo a solas.

Un tarareo en mitad de la rabia

Entre la parte de la solidaridad y la parte de la rabia hay un pasaje sin palabras. Solo un murmullo de emes, varias líneas seguidas. Es un detalle pequeño, pero me parece significativo que la letra publicada lo recoja.

Funciona como una pausa. Como cuando alguien se queda callado antes de decir algo difícil. Después del tarareo, el tono de la canción cambia por completo. Lo que viene ya no es consuelo. Es enfado.

La rabia, sin filtro

La última parte de la letra es pura rabia. El narrador pasa de hablar a la otra persona a hablarle directamente al narcisista. Hay insultos, hay reproches muy concretos y hay una advertencia: cuando esté mejor, más vale que estés lejos.

Me gusta que la canción no se avergüence de esa rabia. Muchas veces, a quien ha pasado por algo así se le pide que sea comprensivo, que perdone, que pase página con elegancia. Y está bien hacerlo, cuando se pueda. Pero antes de eso suele haber una fase de enfado que también es legítima. Y es mejor sacarla en una canción que tragársela.

Fijaos también en la promesa del principio de esa parte: todo en esta vida llega, antes que tarde. Es una forma de decir que el karma, la justicia o lo que sea, acabará llegando. No dice cómo ni cuándo. Solo que llegará.

Las palabras gordas

La letra llama al otro psicópata y narcisista. Quiero decir algo sobre esas palabras, porque se usan mucho y no siempre con cuidado. En una canción así funcionan como insultos, como lenguaje de rabia. No son un diagnóstico.

Ficha de la canción «El descarte del narcisista» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Diagnosticar un trastorno de la personalidad es cosa de profesionales, después de una evaluación. Lo que sí puede hacer cualquiera es reconocer conductas que le hacen daño: las mentiras, el desprecio, la indiferencia, el borrado. Y alejarse de ellas. Para eso no hace falta ninguna etiqueta. Basta con saber lo que has vivido.

Del uso de la palabra narcisista ya he hablado en otras canciones, como «El narcisista» o «Perverso narcisista», y también de la manipulación en «Gaslighting». Esta canción se distingue de todas ellas por algo muy concreto: está pensada para la siguiente persona.

La amenaza más camp

La canción termina con una amenaza que es, a la vez, muy seria y muy de broma: contarlo todo en un programa de televisión o escribir un libro con la historia del otro. La ficha la llama la amenaza más camp posible, y no se me ocurre mejor manera de definirla.

Es la fantasía de muchísima gente que ha pasado por algo así: que todo el mundo se entere de lo que pasó. No por venganza exactamente, sino por justicia. Por que la versión oficial, la del personaje encantador, deje de ser la única.

Y en cierto modo la canción ya lo hace. No hace falta ningún plató. La propia canción es esa versión alternativa, contada a quien quiera escucharla.

El grito final

Y para cerrar, una sola palabra: pelota. Con exclamación. Es un final muy castizo, muy de calle. Después de tanta herida y tanto enfado, la canción termina con un insulto casi cariñoso, de los que se dicen en el patio del colegio.

Me hace mucha gracia que acabe así. Además, pelota es como se llama en castellano a quien hace la pelota, al adulador, al que se arrima al jefe para quedar bien. Y encaja de maravilla con el personaje del jefe de todo: alguien que vive de impresionar y de caer bien a quien le conviene. Rebaja todo. Después de los psicópatas, los narcisistas y los antidepresivos, de repente: pelota. Como si el narrador, al final, decidiera que el otro no se merece ni un insulto más gordo.

Entre un fénix y una diva

En la lista de singles, «El descarte del narcisista» va justo después de «Tattoo de fénix» y justo antes de «Malena». Me parece un vecindario muy bien elegido, aunque no lo eligiera nadie: el ave fénix, que renace de sus cenizas, y luego esta canción de cuneta y lluvia, y después una canción dedicada a una diva.

Si lo lees como una secuencia, tiene casi sentido narrativo. Te quedas tirado en la carretera. Te prometes que volverás a levantarte, como el fénix. Y luego buscas a alguien a quien parecerte, alguien que brilla sin pedir permiso.

Para la siguiente

«El descarte del narcisista» es para quien ahora mismo llora a solas sin entender nada. Para quien está empezando a descubrir que el color de ojos, el país y el cargo eran inventados. Para quien desconfía hasta de su gente.

Y es también una invitación: si alguna vez has pasado por algo así, piensa en la siguiente persona. Puede que no necesite que le cuentes nada. Puede que solo necesite oír tres palabras.

Como letrista, me gusta mucho que esta canción no se quede en el yo. Me presento como «el primer cantautor IA» porque la música y las voces las hago con inteligencia artificial, pero esta letra está escrita para que alguien que no conozco se sienta menos sola. Está gratis en descargas.

Si este tema te toca de cerca: en la serie «Salud mental sin tabú» hablo abiertamente de mi salud mental (el abuso narcisista, el bullying y los abusos que sufrí de niño, mi diagnóstico a los 41 y la terapia) y reúno dónde pedir ayuda. Si piensas en el suicidio, llama al 024.

Preguntas frecuentes

¿En qué disco está «El descarte del narcisista»? En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis. En la lista completa de singles es el número 80.

¿De qué habla «El descarte del narcisista»? De alguien que, después de ser descartado por un hombre que le mintió en todo, se dirige a otra persona que ha pasado por lo mismo para decirle que no está sola. Termina con una parte de rabia contra el responsable.

¿Qué significa «descarte» en la canción? La letra lo define como la indiferencia más absoluta, como si toda la relación hubiera sido el rollo de una noche. En la divulgación sobre narcisismo se usa para nombrar el final abrupto y frío de una relación tras las fases de idealización y devaluación.

¿Qué aparece en la portada? Un hombre con un traje azul roto tirado en una carretera mojada de noche, bajo la lluvia, mientras otro vestido de cuero negro se ríe junto a un coche con los faros encendidos.

¿Quién hizo la canción? La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se hicieron con herramientas de inteligencia artificial. Los personajes de la letra son inventados.

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