
By Mike Sain't Louis ·
Un sombrero de fieltro frente a las chimeneas, una gorra de oficial y una boina en el tren: los sombreros de Planeta Gayfolk
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Hay prendas que abrigan y prendas que cuentan. El sombrero hace las dos cosas. Te protege de la nieve y del sol, sí, pero también dice quién eres, a qué te dedicas, en qué época vives, cómo quieres que te miren. Un sombrero de fieltro no cuenta lo mismo que una gorra de oficial, ni una boina lo mismo que una chistera. Basta un sombrero para cambiar a un personaje entero.
Me he puesto a buscar sombreros en mis videoclips y he encontrado un armario lleno. Los hay elegantes y los hay de uniforme, los hay de fiesta y los hay de luto. Y casi todos están en la cabeza de alguien que está a punto de despedirse o de volver.
Soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Con mis canciones he ido levantando un mundo que llamo Planeta Gayfolk, y hoy quiero abrir su armario de sombreros. La guía es «Holy Stillness», el clip donde más sombreros hay por metro cuadrado, todos en blanco y negro, todos bajo la nieve.
La guía: un invierno de otra época
El videoclip de «Holy Stillness» se publicó en YouTube el miércoles 24 de diciembre de 2025, en Nochebuena, y dura cuatro minutos y veintinueve segundos. En mi canal es el vídeo 7 de 276. La canción forma parte de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía.
Lo puedes ver entero en el reproductor de Planeta Gayfolk. Su letra está publicada, en inglés, y empieza con dos líneas que marcan el tono de todo:
Holy stillness, gentle night, The world exhales, the dark turns kind,
Quietud sagrada, noche suave. El mundo exhala, la oscuridad se vuelve amable. Es una nana para cuando todo se calma, y el clip la pone en un invierno antiguo, de los años cuarenta, en blanco y negro, con calles nevadas, coches de época, casas con guirnaldas de luces y estaciones de tren llenas de vapor.
La gorra de oficial
El sombrero que más se repite en «Holy Stillness» es la gorra de plato de los oficiales. La llevan hombres de uniforme que se despiden o se reencuentran en las aceras nevadas, en los andenes, delante de las puertas de casas con coronas navideñas. La gorra tiene visera brillante y una insignia en el centro, y a veces se ladea un poco cuando el hombre inclina la cabeza para abrazar a alguien.

Me impresiona cómo una gorra así cambia el sentido de un abrazo. Un abrazo entre dos personas en la calle es solo eso. Pero si una de ellas lleva gorra de oficial y abrigo militar, el abrazo se vuelve despedida o regreso. Sabemos que hay una guerra en algún sitio, aunque no la veamos. Sabemos que ese abrazo puede ser el último o el primero después de mucho tiempo. La gorra lo cuenta todo sin una palabra.
En un plano, junto a un tren del que sale vapor, un oficial con la gorra puesta sujeta a una mujer por la cintura mientras ella le mira con los ojos brillantes. En otro, delante de una casa blanca con luces en el porche, una pareja se abraza en la nieve, pequeña, en medio del encuadre. La gorra apenas se distingue, pero sabemos que está ahí.
El sombrero de fieltro
El otro gran sombrero del clip es el de fieltro, de ala ancha y copa hundida, el de los detectives y los oficinistas de las películas antiguas. Lo lleva un hombre con abrigo de lana que aparece varias veces, siempre solo, siempre mirando a lo lejos.
Hacia el segundo 216 hay un plano que me parece de los más bellos de todo el vídeo. El hombre del sombrero está de espaldas, en primer término, y al fondo, al otro lado de un terreno nevado, se levantan las chimeneas altísimas de una fábrica, echando humo blanco hacia un cielo gris. No le vemos la cara. Solo el ala del sombrero, el cuello del abrigo levantado y esas chimeneas que parecen centinelas.
Ese sombrero tiene algo de soledad elegante. No es el sombrero de quien va a una fiesta, sino el de quien vuelve a casa tarde, por calles vacías, pensando en algo que no puede contar. Me reconozco mucho en esa figura. El que se viste bien para salir aunque por dentro esté roto. El que se cala el sombrero para que no le vean los ojos.
Un andén lleno de vapor
Hay un momento, al principio, en el que el sombrero de fieltro y el andén se juntan. Un hombre con sombrero y una mujer con un tocado pequeño se dan las manos junto a un vagón, y el vapor de la locomotora lo envuelve todo, blanco, espeso, como una nube que se ha posado en la estación. Él inclina el ala del sombrero hacia ella. Ella sonríe.
Las estaciones son lugares de sombreros. Antes, nadie viajaba con la cabeza descubierta, y los andenes estaban llenos de alas, viseras y plumas. En el clip esa costumbre se convierte en poesía: cada sombrero en el andén es una historia de alguien que se va o que llega. Y el vapor, que lo borra todo, hace que esas historias parezcan sueños.
Una boina junto a la ventanilla
No todos los sombreros de «Holy Stillness» son de hombre. Hay una mujer joven sentada en un autobús o en un tranvía, junto a la ventanilla, con una boina ladeada sobre el pelo oscuro. Fuera, la ciudad nevada pasa despacio, con un coche antiguo blanco de nieve. Ella mira hacia delante, quieta, pensativa.
La boina es un sombrero humilde, de diario. No es de gala ni de uniforme. Es el de alguien que va a trabajar o vuelve de visitar a un familiar. Y precisamente por eso me conmueve. Es el sombrero de la gente que espera. La que se queda en casa mientras otros se van con gorra de oficial. La que coge el tranvía cada mañana sin saber cuándo volverá a ver a quien quiere.
La casa con luces
Muchas escenas del clip suceden delante de casas. Casas de madera blanca, con porches, columnas, escalones nevados y coronas de acebo en las puertas. Una de ellas tiene una guirnalda de bombillas a lo largo de todo el tejado del porche, y delante, en la nieve, una pareja se abraza, pequeña, iluminada por esas luces. Es la imagen de la Navidad que vuelve, de alguien que llega por fin a casa.

En esas escenas los sombreros se quitan. O casi. Al llegar a la puerta, el hombre ya no necesita protegerse. Me gusta pensar que esa es la última parada de todo sombrero: el perchero de la entrada de una casa donde te esperan.
Lo que dice la letra del invierno
La letra de «Holy Stillness» no habla de sombreros, claro. Habla de calma después de la tormenta. Pero tiene versos que encajan con esas figuras abrigadas en la nieve:

The air is warm, the stars lean low, Hands are trembling, hearts all slow,
El aire es cálido, las estrellas se inclinan. Las manos tiemblan, los corazones van despacio. Es justo lo que pasa en los reencuentros del clip. Las manos tiemblan al tocar otra vez una cara que no veían desde hacía meses. Y luego llega la promesa de que todo ha terminado:
No more crying, no more fight, Only love remains tonight.
No más llanto, no más lucha. Solo queda el amor esta noche. Escrito así, en un invierno en blanco y negro, con gorras de oficial que vuelven a casa, ese verso suena a fin de una guerra. Y para mí también es el fin de otra guerra, la mía, de la que hablaré más abajo.
Primera escala: los sombreros de la diva
Si «Holy Stillness» tiene los sombreros más sobrios del planeta, «Malena» tiene los más festivos. En ese clip la protagonista es una diva que cambia de look sin parar, como en un carrusel, y los sombreros forman parte del espectáculo, junto a flores rojas y vestidos de colores. No hay nieve ni andenes. Hay ciudad de neón, parejas de chicos que pasean y un planeta rosa que se asoma a la ventana.
Me gusta poner los dos clips uno al lado del otro. En uno el sombrero esconde; en el otro, exhibe. En uno es abrigo; en el otro, adorno. Son dos maneras de estar en el mundo, y las dos caben en mi planeta. Hay días de fieltro gris y días de flores rojas.
Segunda escala: un sombrero negro sobre el hielo
Hay un sombrero en el planeta que da un poco de miedo. Es el sombrero negro de «El narcisista», un clip de mares helados, lanzallamas y hogueras en una plaza. Ahí el sombrero no protege a nadie. Es parte de un disfraz, el de alguien que se presenta impecable por fuera y quema todo lo que toca.
Ese sombrero negro es el reverso de los de «Holy Stillness». Allí el sombrero es de quien vuelve a casa para cuidar. Aquí es de quien llega para destruir. Y me parece importante que los dos existan en el mismo planeta, porque así es la vida: hay quien se cala el sombrero para esconder una herida y quien lo hace para esconder sus intenciones.
Tercera escala: una chistera en un súper inundado
El sombrero más surrealista del planeta está en «No Contact». Hay un cliente con sombrero de copa paseando por un supermercado inundado, entre estanterías y agua, como si nada. Es una imagen absurda y elegante a la vez, de esas que solo caben en un sueño.
Me hace gracia esa chistera porque es el sombrero de las grandes ocasiones llevado al lugar más cotidiano. Y quizá esa es la lección de «No Contact», una canción sobre cortar el contacto con quien te hizo daño: que puedes volver a vestirte de gala para tu propia vida, aunque esté inundada. Que mereces el sombrero de copa también en el súper.
Cuarta escala: una gorra ante la multitud
Y hay una gorra en «Punto muerto». La lleva un hombre con camiseta de tirantes y los brazos tatuados, delante de una multitud enorme en un concierto, mientras los láseres cruzan un cielo lleno de galaxias. Es una gorra de calle, informal, la de alguien que va a bailar.
Es el sombrero más joven del planeta, el más despreocupado. Después de tanto fieltro, tanta gorra de oficial y tanta chistera, me gusta terminar el armario con una gorra puesta del revés para ir a una fiesta. Porque eso también es liberación: ponerte lo que te apetece sin pensar en lo que dirán.
Los que no llevan sombrero
En «Holy Stillness» también hay gente con la cabeza descubierta, y casi siempre está dentro de casa. Una mujer joven sentada sola a una mesa, con una vela encendida y un plato vacío delante, mirando al frente. Otra, con delantal, coloca adornos en un árbol de Navidad en un salón con papel pintado de flores. Un hombre mayor, en penumbra, se inclina hacia una radio antigua como si esperara una noticia.
Son las personas que esperan. No necesitan sombrero porque no salen. Su mundo es el interior de la casa, la mesa puesta, el árbol, la radio. Y su espera es tan importante como el viaje de los que llevan gorra de oficial. Quizá más. El plato vacío frente a la vela me parece una de las imágenes más tristes y más bonitas de todo mi catálogo: un sitio guardado para alguien que todavía no ha llegado.
Cuando el que vuelve cruza la puerta y se quita el sombrero, esas dos mitades del clip se juntan. El de fuera y la de dentro. El abrigo y el delantal. Es el momento que toda la canción está esperando.
El gesto de tocarse el ala
Hay un gesto que ya casi no existe y que el clip me hizo recordar: el de tocarse el ala del sombrero para saludar. Un leve movimiento de la mano hacia la cabeza, a veces una inclinación, y ya está. Un saludo sin palabras, educado, discreto.
Me parece un gesto precioso para alguien con fobia social. Saludar sin tener que hablar, reconocer al otro sin exponerse del todo. En otra época yo habría sido muy feliz con un sombrero y ese gesto. Ahora mis saludos son las canciones: pequeños movimientos de ala dirigidos a quien quiera recibirlos.
El blanco y negro
Hay algo que no quiero pasar por alto: «Holy Stillness» es el único clip de este paseo en blanco y negro. Todo el planeta está lleno de rosa, de neón, de láseres de colores. Y de repente, en Nochebuena, llega un vídeo sin color. Solo grises, blancos de nieve y negros de abrigo.
Creo que el blanco y negro cambia la manera de mirar los sombreros. Sin color, lo que importa es la forma. El ala ancha del fieltro, la visera brillante de la gorra, el redondo de la boina. Las siluetas se recortan contra la nieve con una nitidez que el color a veces difumina. Es como mirar un álbum de fotos de tus abuelos y fijarte por primera vez en lo que llevaban en la cabeza.
Los sombreros que me pongo
Yo también tengo mis sombreros. En muchas de mis fotos aparezco con gorra, a veces de lado, a veces bien calada hasta las cejas. No es casualidad. Durante años la gorra fue mi pequeño techo portátil, una manera de llevar un poco de sombra encima cuando salir a la calle me costaba tanto. Debajo de la visera me sentía un poco menos expuesto.

Con el tiempo esa gorra ha cambiado de sentido. Ya no la llevo solo para esconderme. Ahora también me la pongo porque me gusta, porque forma parte de cómo quiero que me vean. Es curioso cómo una misma prenda puede pasar de escudo a estilo sin cambiar de forma. Solo cambia quien la lleva por dentro.
Por eso me fijo tanto en los sombreros de mis clips. Detrás de cada uno imagino a alguien que, igual que yo, eligió qué enseñar y qué guardar. El oficial que esconde el miedo bajo la visera. El hombre del fieltro que esconde la tristeza bajo el ala. La mujer de la boina que esconde la espera. Y la diva de «Malena», que no esconde nada y lo enseña todo.
Una nana para los que vuelven
«Holy Stillness» es, en el fondo, una nana. Una canción para dormir después de mucho miedo. Y por eso tiene sentido que el clip esté lleno de gente que vuelve a casa. Los sombreros, las gorras, las boinas, son lo último que te quitas antes de descansar. Al colgarlos en la entrada dices: ya estoy aquí, ya no tengo que protegerme. Y entonces, por fin, puedes cerrar los ojos y dormir sin miedo.
Me gusta muchísimo que esta canción saliera en Nochebuena. Es la noche en la que mucha gente vuelve a casa, y también la noche en la que más se nota quién no está. Para quien no tiene a nadie esperando, la Nochebuena puede ser durísima. Quise que esa noche hubiera una nana en el planeta para esas personas.
Por qué necesitaba esta nana
Pasé veinte años junto a dos personas narcisistas, en dos relaciones seguidas. Cuando por fin salió a la luz lo que eran, se encargaron de que mucha gente de mi alrededor creyera su versión de los hechos en lugar de la mía. De aquello me quedaron un estrés postraumático, una depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y personalidad evitativa, que hoy trabajo con mi psicóloga y mi psiquiatra. Hubo días en los que no quería seguir aquí.
Durante mucho tiempo yo era el hombre del sombrero de fieltro frente a las chimeneas. Bien vestido por fuera, solo por dentro, mirando a lo lejos sin saber cómo volver a casa. «Holy Stillness» es la canción que habría querido escuchar entonces. Una nana que dice que ya no hay más lucha, que solo queda el amor. Escribirla fue contarme mi propia versión con ternura, la que nadie quiso oír.
Si estás pasando por un invierno así, no lo atravieses en silencio. En España puedes llamar al 024, gratuito y disponible las veinticuatro horas, si tienes pensamientos de suicidio o si te preocupa alguien. En caso de urgencia, al 112. Si estás fuera de España, findahelpline.com te indica la línea de ayuda de tu país. Siempre hay una casa con luces esperando, aunque cueste verla.
Un sombrero en el disco de la liberación
Que «Holy Stillness» pertenezca al tercer disco, el de la liberación, me parece lógico. Es el disco del regreso, del momento en que la guerra termina y se puede volver a casa. Los dos primeros discos de la trilogía son el descubrimiento del planeta y las ganas de llegar. El tercero es la llegada. Y al llegar, lo primero que haces es quitarte el sombrero.
Para escuchar con el abrigo puesto
Todas las canciones de este paseo, y el resto de mi catálogo, se descargan gratis y sin registro en mi página de descargas. En la tienda de gayfolkplanet.com, https://gayfolkplanet.com/tienda, también encontrarás descargas gratuitas y otras cosas del planeta.
Te propongo un orden: «Holy Stillness» para el invierno en blanco y negro, «Malena» para los sombreros de fiesta, «El narcisista» para el sombrero que da miedo, «No Contact» para la chistera en el súper y «Punto muerto» para la gorra frente a la multitud.
Cinco postales para guardar
El hombre del sombrero de fieltro, de espaldas, frente a las chimeneas humeantes.
El oficial con gorra de plato abrazando a una mujer junto a un tren lleno de vapor.
La mujer de la boina mirando hacia delante junto a la ventanilla nevada.
La pareja pequeña delante de la casa con la guirnalda de luces en el porche.
El andén borrado por el vapor, con un sombrero inclinado hacia otro.
Preguntas frecuentes
¿Qué sombreros aparecen en el videoclip de «Holy Stillness»? Gorras de plato de oficial, sombreros de fieltro de ala ancha, tocados pequeños y una boina, todos en un invierno de los años cuarenta en blanco y negro.
¿Cuándo se publicó el videoclip de «Holy Stillness»? El miércoles 24 de diciembre de 2025, en Nochebuena. Dura cuatro minutos y veintinueve segundos.
¿A qué disco pertenece «Holy Stillness»? A «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía de Planeta Gayfolk.
¿Qué otros sombreros hay en Planeta Gayfolk? Los sombreros de la diva de «Malena», el sombrero negro de «El narcisista», la chistera de «No Contact» y la gorra de «Punto muerto».
¿Se pueden descargar gratis estas canciones? Sí, todas, sin registro, desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.