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Un planeta con anillos, un coche entre dunas rosas y un mar de color salmón: los horizontes de Planeta Gayfolk

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El horizonte es la frontera más honesta que existe. No la ha dibujado ningún gobierno ni la vigila ninguna policía. Es simplemente el sitio donde tus ojos dejan de alcanzar. Y tiene una propiedad maravillosa: nunca se puede llegar a él. Cuanto más caminas hacia el horizonte, más se aleja. Siempre está ahí delante, a la misma distancia, invitándote a seguir.

Por eso el horizonte es la imagen perfecta del deseo. Lo que queremos y todavía no tenemos se parece mucho a esa línea lejana. La vemos con claridad, sabemos en qué dirección está, pero no podemos tocarla. Solo podemos caminar hacia ella y, mientras caminamos, ir descubriendo todo lo que hay entre medias.

Soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Planeta Gayfolk nació en mis canciones como un sitio al que poder escapar, y hoy quiero mirar sus horizontes, esas líneas lejanas donde el cielo se junta con la tierra o con el mar. La guía es «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», la canción que le da nombre al segundo disco y que está hecha, de principio a fin, de ganas de llegar a un lugar que todavía no existe.

La guía: un viaje que es un deseo

El videoclip de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» apareció en YouTube un sábado de otoño, el 18 de octubre de 2025. Es largo para lo que suelo hacer: cinco minutos y cuatro segundos. En la lista de 276 vídeos del planeta ocupa el puesto 48. Y es la canción que da título al disco central de la trilogía, el que va después de «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK» y antes de «El día de la liberación».

Lo tienes, como todos, en la transmisión de Planeta Gayfolk. Cuando lo publiqué escribí un texto para acompañarlo en el que decía que el vídeo es un viaje interior, la metáfora de querer huir de lo que duele y encontrar un lugar donde el amor no duela y la identidad no se negocie. Terminaba con una despedida que me sigue gustando mucho: «Nos vemos al otro lado del espejo».

El vídeo empieza en la Tierra, en habitaciones, pasillos, bosques, ciudades. Y poco a poco se va despegando. Al final ya no hay suelo conocido: hay dunas rosas, mares de colores imposibles, planetas con anillos y lunas blancas. El viaje consiste, precisamente, en ir cambiando de horizonte.

Un osito en una urna de cristal

Antes de los grandes paisajes hay una imagen muy pequeña que me parece el punto de partida perfecto. En una habitación luminosa, sobre un pedestal dorado, hay una urna de cristal redonda, como esas campanas que protegen los relojes antiguos. Dentro, sentado, un osito de peluche de color miel.

El osito no tiene horizonte. Su mundo termina en el cristal. Está protegido, a salvo, bonito, pero no puede ir a ningún lado. Es la imagen de la infancia guardada, de lo que se conserva intacto a costa de no dejarlo salir nunca. Y me parece que todo el vídeo es la respuesta a esa urna: si el osito pudiera salir, ¿qué vería?

Todos hemos tenido alguna vez una urna así alrededor. A veces la pusieron otros, por miedo o por control, y a veces la pusimos nosotros mismos, para que el mundo no nos hiciera más daño. Dentro se está tranquilo, sí, pero el cristal deforma lo que hay fuera, y con los años uno olvida que existía un paisaje más allá del pedestal. Salir de la urna es el primer paso de cualquier viaje hacia el horizonte.

La boca de un túnel con neón

Uno de los primeros horizontes del vídeo no está al aire libre. Es un túnel antiguo de ladrillo, abovedado, con el suelo cubierto de agua quieta. Al fondo, donde el túnel se abre, brillan dos líneas de neón horizontales, una azul y otra rosa, y una niebla morada flota sobre el agua.

Fotograma del videoclip de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»: un túnel abovedado de ladrillo con el suelo cubierto de agua y dos líneas de neón azul y rosa al fondo entre una niebla morada

Es un horizonte encerrado, pero un horizonte al fin y al cabo. La salida del túnel es esa línea de luz al fondo, y el agua refleja el neón como si el camino estuviera pintado de colores. Todo el mundo ha estado alguna vez dentro de un túnel así, en sentido figurado: ese momento en el que no ves nada a tu alrededor salvo una luz muy lejana que te dice por dónde se sale.

Me gusta que el vídeo no nos lleve directamente a las estrellas. Primero pasamos por aquí. Primero el túnel, el agua, la oscuridad. Luego el espacio.

Flamencos sobre un hielo que brilla

En otra escena, el horizonte es un lago helado al atardecer. La superficie del hielo está agrietada en formas que brillan de rosa, como si por debajo corriera luz en vez de agua. Unos flamencos blancos y rosados caminan sobre él con sus patas largas, y el cielo, al fondo, es de un naranja muy suave que se funde con el azul.

Es un horizonte frío y cálido a la vez. El hielo es invierno, el atardecer es verano, los flamencos son trópico. Nada encaja y todo encaja. Así son los paisajes de Planeta Gayfolk: mezclas que en la Tierra no podrían existir, pero que en un sueño parecen lo más natural del mundo.

La Tierra vista desde la órbita

Cuando el viaje despega de verdad, aparece la Tierra vista desde fuera. La curva azul del planeta se ve a través del ventanal de una estación espacial, con sus nubes y sus mares, mientras dentro alguien se prepara para salir. Es la primera vez que el horizonte se curva.

Esa curva lo cambia todo. Desde el suelo, el horizonte parece una línea recta, y por eso durante siglos se creyó que la Tierra era plana. Desde arriba, la línea se dobla y descubres que vivías sobre una esfera. Lo que parecía un límite era solo el borde de algo redondo que se podía rodear.

Un coche entre dunas rosas

La imagen que más me gusta de todo el vídeo está en el tramo final. Es un paisaje de dunas, pero no de arena dorada: las dunas son de un rosa intenso, casi fucsia, como si alguien hubiera teñido un desierto entero con zumo de frambuesa. Entre ellas avanza un coche todoterreno, visto desde atrás, con una franja de luz azul en el techo, levantando un poco de polvo.

Fotograma del videoclip de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»: un todoterreno visto desde atrás avanza entre dunas de color rosa intenso bajo un cielo negro con estrellas

El horizonte, aquí, es una cordillera de dunas iluminadas que se recortan contra un cielo negro con estrellas. En el aire flotan pequeñas luces, puntos brillantes que podrían ser luciérnagas o restos de una galaxia. Y el coche sigue, sin prisa, hacia esa línea rosa que nunca va a alcanzar.

Es el road movie de Planeta Gayfolk. La carretera ha desaparecido, el asfalto se ha vuelto arena rosa, pero la sensación es la misma que conduciendo de noche por una autopista vacía: el horizonte delante, la música dentro, y la certeza de que lo importante no es llegar sino seguir avanzando.

Un pasillo de cubos de luz

Hay una escena en la que el horizonte es una geometría. Es una sala enorme, oscura, con el suelo cubierto por filas y filas de cubos que brillan con una luz azul celeste, como pequeñas pantallas o bloques de hielo iluminados desde dentro. Entre ellos se abre un pasillo estrecho por el que caminan dos figuras, pequeñas, alejándose hacia el fondo, donde las filas de luz se juntan en un punto.

Es la perspectiva de los cuadros antiguos, la que se aprende en el colegio: todas las líneas paralelas se encuentran en un punto de fuga en el horizonte. Aquí ese punto es una oscuridad azul hacia la que van las dos figuras, sin mirar atrás. Los cubos a los lados podrían ser recuerdos, archivos, vidas posibles. Ellos no se detienen en ninguno.

Me parece una imagen muy precisa de lo que se siente cuando decides marcharte de un sitio. No sabes bien qué hay al fondo, pero sabes que tienes que caminar por el pasillo. Y que lo que brilla a los lados, por bonito que sea, ya no es para ti.

Un corazón dentro de una jaula

Entre tanto paisaje abierto, el vídeo guarda una imagen cerrada que me conmueve. Es una jaula grande de barrotes finos, de esas antiguas de pájaro, y dentro no hay ningún pájaro: hay un corazón humano, rojo, realista, colgado en el centro. Alrededor revolotean mariposas de colores, algunas dentro de la jaula y otras fuera, entrando y saliendo entre los barrotes.

Es el corazón sin horizonte. El que alguien ha guardado entre rejas para que no se escape, para que no sufra, para que no quiera a quien no debe. Y las mariposas son lo que no se puede encerrar: el deseo, las ganas, la ilusión, que pasan por los huecos como si los barrotes no existieran.

Creo que todo el viaje del vídeo empieza en esa jaula. Antes de mirar dunas rosas y planetas con anillos hay que reconocer que el corazón llevaba mucho tiempo encerrado. Y que las mariposas, que nunca dejaron de entrar y salir, estaban señalando la puerta.

Una luna blanca sobre el desierto rosa

En otro plano, el coche ya no está. Solo queda el desierto rosa, una llanura ondulada de dunas suaves que se extiende hasta el fondo, y sobre ella, en un cielo que pasa del azul oscuro al lila, una luna blanca en cuarto creciente. Es una luna nítida, recortada, casi de papel, colgada sobre un paisaje que no se parece a ninguno de los nuestros.

Fotograma del videoclip de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»: una luna blanca en cuarto creciente sobre una llanura de dunas rosas al atardecer

Ese contraste me hace sonreír cada vez. La luna es la de siempre, la que vemos desde cualquier ventana, pero el suelo que ilumina ya no es el nuestro. Es la manera más sencilla de decir que hemos llegado a otro sitio sin dejar de ser nosotros: la misma luna, otro horizonte.

Hay algo muy sereno en esa imagen. No pasa nada. Nadie camina, nada se mueve. Solo la luz del atardecer sobre las dunas y las lunas esperando la noche. Es el horizonte como lugar de descanso, después de tanto viaje.

La curva rosa de un planeta

Más adelante el vídeo se aleja todavía más. Ahora vemos un planeta entero desde el espacio, o mejor dicho, vemos su borde: una curva enorme que ocupa la parte de abajo de la pantalla, de color rosa y malva, con una línea de luz brillante en el límite de la atmósfera. Arriba, un cielo azul oscuro lleno de estrellas y alguna galaxia lejana.

Es el horizonte desde el otro lado. Si en el desierto mirábamos el cielo desde el suelo, aquí miramos el suelo desde el cielo. La línea es la misma, pero ahora sabemos que es redonda, que se puede rodear, que tiene detrás una noche entera llena de estrellas.

Esa imagen me parece la más esperanzadora del vídeo. Porque dice que el planeta existe. Que no es solo un deseo, una frase, un ojalá. Que si te alejas lo suficiente puedes verlo entero, con su luz rosa en el borde.

Un planeta con anillos

Y entonces llega el planeta de los anillos. Flota en el negro del espacio, enorme, con franjas horizontales de rosa, naranja, crema y lila, y lo cruza en diagonal un anillo fino de luz blanca. Parece Saturno, pero teñido con los colores de un atardecer de verano. En algunos planos se ve entero; en otros, aparece por la ventanilla de una nave, con dos figuras mirándolo de espaldas.

Fotograma del videoclip de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»: un planeta de franjas rosas, naranjas y crema atravesado en diagonal por un anillo de luz blanca sobre el negro del espacio

Este planeta no tiene horizonte propio que podamos ver, porque lo miramos desde fuera. Pero es el horizonte de todo el vídeo, el sitio hacia el que se dirige el viaje. Es GAYFOLK, o al menos así me lo imagino: una esfera de colores cálidos con un anillo que lo abraza.

Un mar de color salmón

Hay un plano que siempre me deja un poco en silencio. Es un mar, o algo parecido a un mar, de color salmón y rosa, con olas pequeñas que brillan bajo una luz anaranjada. No se ve tierra por ningún lado. Solo agua de colores extendiéndose hasta un horizonte difuso, donde el mar y el cielo se confunden en el mismo tono.

Es el horizonte sin frontera, el que no tiene línea. El momento en el que ya no sabes dónde termina el agua y dónde empieza el aire. Hay personas que sienten miedo delante de un paisaje así, porque no hay referencias. A mí me da paz. Es como cerrar los ojos y que todo siga siendo de color rosa.

Una nave de cristal entre nubes rosas

Antes del final, una nave pequeña, plateada y con una cúpula de cristal, vuela entre nubes enormes de color rosa algodón. Dentro, dos figuras pequeñas viajan juntas. El horizonte ha desaparecido entre las nubes: ya no hay arriba ni abajo, solo un cielo blando que lo rodea todo.

Y el vídeo se despide con otra nave, esta vez con los colores del arcoíris, flotando sobre un atardecer naranja mientras dos siluetas de la mano la miran desde el suelo. Es el último horizonte: el sol poniéndose detrás de una nave que acaba de llegar o que está a punto de irse.

Primera escala: la Tierra por una ventanilla

Los horizontes curvos no viven solo en este vídeo. En «La despedida», del primer disco, aparece una nave rosa que sobrevuela la Tierra, y por los ventanales redondos de una cabina se ve el planeta azul con sus nubes, cada vez más lejos.

Es el viaje en sentido contrario. En «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» miramos hacia el planeta al que queremos llegar. En «La despedida» miramos hacia el planeta que dejamos atrás. Los dos vídeos comparten esa curva azul o rosa al otro lado del cristal, y los dos hablan de lo mismo: de lo que se siente al cambiar de mundo.

Segunda escala: el ocaso desde un acantilado

En «La perspectiva» el horizonte vuelve a ser terrestre y recto. Desde un acantilado de roca oscura se ve el mar dorado por el sol que se pone, con una línea limpia separando el agua del cielo. Una figura de espaldas abre los brazos frente a esa luz.

Me gusta pensar que esa figura está mirando hacia GAYFOLK. Que el horizonte del mar, ese que nunca se alcanza, es en realidad la puerta del planeta. Y que lo que hace falta para viajar no es una nave, sino quedarse quieto un momento y mirar lejos.

El rosa como color del deseo

Si te fijas, casi todos los horizontes del vídeo son rosas. Las dunas, el mar, el borde del planeta, las nubes, las franjas del planeta con anillos. No es solo una elección estética. Para mí el rosa es el color de lo que uno desea y no se atreve a pedir, el color que tantas veces tuvimos que esconder.

Pintar los horizontes de rosa es una manera de decir que el futuro también puede ser nuestro. Que la línea hacia la que caminamos tiene el color que nos negaron. Y que llegar o no llegar importa menos que el simple hecho de poder mirarla.

Por qué necesitaba otro horizonte

Pasé dos décadas en dos relaciones sucesivas con personas narcisistas. En todo ese tiempo mi horizonte se fue estrechando hasta caber en una habitación: sus enfados, sus reglas, sus versiones de las cosas. Cuando salí, ellos ya se habían ocupado de contar lo ocurrido a su manera, y no fueron pocas las personas cercanas que se quedaron con esa versión. Me dejó secuelas serias: estrés postraumático, una depresión mayor de intensidad grave, ansiedad, fobia social y un trastorno de personalidad evitativa. Con ellas trabajo ahora junto a mi psicóloga y mi psiquiatra. Hubo días en los que no veía ningún horizonte, solo ganas de que todo terminara.

Inventar Planeta Gayfolk fue inventarme un horizonte. Una línea lejana hacia la que caminar cuando la habitación se hacía demasiado pequeña. Este vídeo es, de alguna manera, la foto de ese deseo.

Si tú ahora mismo no ves ninguna línea hacia la que caminar, no esperes a encontrarla tú solo. El 024 es el teléfono que en España atiende de forma gratuita y a cualquier hora a quien piensa en el suicidio, y también a quien está preocupado por otra persona. Si hay riesgo inmediato, el número es el 112. Y fuera de España, findahelpline.com te enseña qué línea de ayuda tienes más cerca.

El disco de las ganas de irse

«Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» no es solo una canción: es el corazón del segundo disco, el que lleva su mismo nombre. Si el primer disco era el asombro de descubrir el planeta y el tercero es la liberación, este es el del deseo puro. El disco de mirar por la ventana, de hacer maletas imaginarias, de soñar con un billete que no existe.

Por eso el vídeo está lleno de horizontes. Porque el deseo es eso: mirar una línea lejana y querer estar allí.

Para escuchar mirando lejos

Esta canción y las otras que salen en el paseo se descargan sin pagar nada y sin darte de alta en ningún sitio, desde mi página de descargas. Para más música gratuita del planeta, pásate por la tienda de gayfolkplanet.com: https://gayfolkplanet.com/tienda. Y las letras publicadas hasta ahora te esperan en la sección de letras.

Para un viaje completo, prueba este orden: «La perspectiva» para mirar el mar desde el acantilado, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» para cruzar las dunas rosas y llegar al planeta de los anillos, y «La despedida» para ver la Tierra alejarse por la ventanilla.

Seis horizontes para guardar

La salida del túnel de ladrillo, con dos líneas de neón reflejadas en el agua.

El coche avanzando entre dunas rosas bajo un cielo negro con estrellas.

El desierto rosa con una luna blanca en el cielo del atardecer.

La curva rosa de un planeta visto desde el espacio, con su borde de luz.

El planeta de franjas rosas y naranjas atravesado por un anillo blanco.

El mar de color salmón que se funde con el cielo.

Preguntas frecuentes

¿Qué horizontes aparecen en el videoclip de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»? La salida de un túnel con neón, un lago helado con flamencos, la Tierra desde la órbita, dunas rosas con un coche, un desierto con una luna blanca, la curva de un planeta rosa, un planeta con anillos y un mar de color salmón.

¿Cuándo se publicó el videoclip de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»? El sábado 18 de octubre de 2025, en YouTube. Dura cinco minutos y cuatro segundos.

¿A qué disco pertenece «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»? Al disco del mismo nombre, el segundo de la trilogía de Planeta Gayfolk.

¿Hay otros horizontes en Planeta Gayfolk? Sí: la Tierra vista por las ventanillas de una nave en «La despedida» y el mar dorado desde un acantilado en «La perspectiva».

¿Se puede descargar gratis «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK»? Sí, gratis y sin registro, desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.