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Un corazón de neón entre alas y una columna de luz: «Fly Away» y el cielo de Planeta Gayfolk

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De pequeño, casi todos hemos soñado alguna vez que volábamos. No con avión ni con capa: con el cuerpo, simplemente, levantándonos del suelo sin esfuerzo y viendo los tejados desde arriba. Es uno de los sueños más repetidos del mundo y, curiosamente, casi nunca da miedo. Da libertad.

«Fly Away» es ese sueño convertido en videoclip. Durante cuatro minutos y veintitrés segundos, en el cielo nocturno de una ciudad, hombres con alas despegan desde las azoteas, cruzan tormentas, se buscan en el aire y se abrazan. Hay alas negras de plumas largas, alas rosas que brillan como un letrero de neón, alas blancas casi transparentes. Hay rayos, estrellas, un corazón de luz y una columna dorada que baja del cielo como si alguien hubiera abierto una puerta allá arriba.

Antes de despegar, las presentaciones. Soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA), y mis canciones van construyendo, una a una, un sitio que llamo Planeta Gayfolk. En ese sitio también hay cielo. Hoy subimos a verlo.

Un jueves de agosto

El clip salió en YouTube el jueves 7 de agosto de 2025, en pleno verano, cuando las noches son largas y templadas y apetece mirar hacia arriba. Es el vídeo número 118 de los 276 que tengo en el canal, colocado justo después del de «Sonne und Wind».

Dentro de mi catálogo, «Fly Away» ocupa la posición 105 de 273, y la canción que viene a continuación es «Another Narcissist». Me parece una vecindad elocuente: primero el vuelo, después el retrato de aquello de lo que se escapa.

La canción está en «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo volumen de la trilogía, el que imagina el viaje hacia un planeta donde nadie tenga que esconderse. Si quieres ir mirando las escenas mientras lees, el vídeo entero está en la sala de clips del planeta. Y si te interesa saber más de la portada, la cuento en la ficha de «Fly Away».

De «Fly Away» no he publicado todavía la letra, así que aquí no aparecerá ni una línea suya. Lo que cite entre comillas sale de otras canciones mías que ya tienen la letra en la web, reproducido sin cambiar una sola palabra.

El título que vuela

El vídeo abre con el título escrito a mano en neón: «Fly» en rosa, «away» en amarillo, con trazo redondo y un poco tembloroso, como de cartel de bar antiguo. A la derecha, mi nombre en los mismos colores. Detrás, ya en movimiento, un hombre con alas negras atraviesa la pantalla y otro, más lejos, con alas rosas, le sigue.

Me gusta que el título no esté quieto. Las letras parpadean un poco, y las alas pasan por encima, casi tapándolas. Es como si el vídeo tuviera prisa por despegar y no quisiera perder tiempo con presentaciones.

Correr por la azotea

Las primeras escenas pasan sobre los tejados de una ciudad de noche. Un hombre de alas rosas corre por una azotea con los brazos abiertos, y detrás de él viene un grupo entero, todos con alas, todos a la carrera. Es el momento antes del salto. Las alas todavía no se han abierto del todo; los pies todavía tocan el suelo.

Ese instante me parece precioso porque es reconocible. Todos sabemos lo que es correr hacia algo que da vértigo. Uno coge carrerilla para declararse, para irse de casa, para decir por fin lo que lleva años callando. En el clip, ese impulso se vuelve físico: correr, correr, y al borde del tejado, dejar de pisar.

La tormenta de las alas negras

Enseguida el cielo cambia. Aparecen nubes oscuras y rayos, muchos rayos, que cruzan el fondo en zigzag. Sobre el borde de una azotea hay un grupo de hombres con alas negras enormes, de plumas largas, agachados como gárgolas, mirando hacia la cámara. Llevan ropa oscura y botas. La escena tiene algo de amenaza y algo de guardia: no sabes si vienen a atacar o a proteger.

Durante un buen rato las alas negras dominan el vídeo. Vuelan en formación entre los rayos, se posan en los tejados, se quedan de pie con las alas abiertas de punta a punta. Uno de ellos, con el pelo largo, aparece solo sobre unas piedras, con una luna creciente pequeña en el cielo y las alas desplegadas detrás como una capa.

Yo no leo las alas negras como villanos. Las leo como la parte de uno mismo que ha atravesado tormentas. Son alas que han aguantado el viento, el agua y los rayos. No son bonitas en el sentido fácil, pero son fuertes. Y en este vídeo nadie las rechaza: conviven con las otras.

Alas que brillan como neón

Las alas rosas son otra cosa. No son de plumas normales: brillan desde dentro, como si estuvieran hechas de tubos de luz. Cuando un grupo de hombres con alas rosas cruza el cielo en formación, abiertos en abanico, parece una bandada de letreros luminosos. Hay un plano, hacia el segundo 114, en el que vuelan siete u ocho a la vez, a distintas alturas, con el cielo azul oscuro detrás.

Tres franjas del videoclip de «Fly Away»: una bandada de hombres con alas rosas luminosas volando en formación en el cielo nocturno, parejas con alas blancas que se encuentran junto a una columna de luz dorada y una pareja abrazada en el centro de una lluvia de chispas

Hay algo muy queer en esas alas. Son exageradas, brillantes, casi de cabaret. No tienen ninguna intención de pasar desapercibidas. Y, sin embargo, el vídeo las trata con total naturalidad, igual que a las negras. En este cielo nadie tiene que elegir entre ser discreto o ser luminoso.

Cuatro ventanas

Hacia el segundo 72 la pantalla se divide en cuatro recuadros, como una tira de cómic. En cada uno hay un hombre con traje oscuro y alas blancas, en un fondo claro, casi de estudio: uno de pie con el brazo extendido, otros dos frente a frente muy cerca, otro de perfil. Es el único momento del vídeo en el que los alados no están en el cielo nocturno, sino en una especie de habitación luminosa y vacía.

Ese cambio me parece un guiño. Durante unos segundos, los ángeles se ponen traje, como si fueran a una cita o a una entrevista de trabajo. Las alas siguen ahí, detrás de las chaquetas, imposibles de esconder. Es la vida diaria de alguien que ya sabe volar: va a la oficina, se arregla, se sienta frente a otro, y lleva las alas puestas aunque nadie las mencione.

Ángeles de carne y hueso

Otra cosa que me importa mucho de este clip es cómo son los cuerpos. Estos alados no son ángeles de estampita, rubios y lampiños. Son hombres con barba, con el pelo rizado o largo, con camisetas de tirantes, chalecos, vaqueros y botas. Algunos van con el torso al aire; otros, muy abrigados. Tienen edades distintas, pieles distintas, formas distintas.

Me gusta que el cielo de Planeta Gayfolk esté poblado así. Que para tener alas no haga falta parecerse a ninguna escultura. Durante mucho tiempo, a muchos de nosotros nos hicieron creer que la belleza y la ligereza eran para otros. Este vídeo dice lo contrario: cualquiera puede despegar, con el cuerpo que tenga.

La ciudad de abajo

Mientras todo esto pasa en el aire, abajo sigue la ciudad. Casi siempre la vemos de reojo: tejados de pizarra, chimeneas, alguna ventana encendida, calles muy pequeñas iluminadas en naranja. Nadie, abajo, mira hacia arriba. La gente duerme, o trabaja, o cena, sin enterarse de que sobre sus cabezas hay una fiesta de alas.

Esa indiferencia de la ciudad no es hostil. Es tranquila. Los hombres alados no necesitan que los vean para existir. Y eso, para quien ha vivido muchos años pendiente de la mirada ajena, es casi un descubrimiento: que se puede ser feliz sin pedir permiso a nadie de abajo.

Parejas en el aire

Poco a poco el vídeo empieza a juntar a la gente. Ya no vuelan solos ni en formación: vuelan de dos en dos. Un hombre de alas rosas abraza a otro en mitad del cielo; una pareja de alas brillantes se sostiene con las frentes juntas; otra, de alas naranjas y rosas, gira sobre sí misma rodeada de chispas. Hay incluso una pareja en la que uno lleva alas rosas y el otro negras, abrazados sobre unas ruinas.

Esa última imagen es mi favorita del vídeo. Las alas negras y las rosas, juntas, no se anulan. Se complementan. Es la tormenta y el neón, la parte que ha sufrido y la parte que brilla, en un mismo abrazo. Si tuviera que resumir el clip en un solo fotograma, sería ese.

El corazón de neón

Hacia la mitad del vídeo llega la escena que más gente recuerda. En el cielo se enciende un corazón enorme de neón rosa, y alrededor, en círculo, flotan hombres con alas blancas, como si lo estuvieran sosteniendo entre todos. En el centro, debajo del corazón, una pareja se abraza.

Es una imagen de verbena celestial. Un corazón de letrero luminoso, de esos que se cuelgan en la puerta de un bar, flotando en mitad de la noche y rodeado de ángeles con el torso al aire. Tiene humor y tiene ternura a partes iguales. Y tiene algo de ceremonia: el círculo de alas parece un corro de testigos en una boda.

Justo después, un grupo de hombres con alas rosas y blancas se abraza en piña bajo la luz del corazón. Ya no es una pareja: es una familia. La familia elegida, la que uno se encuentra cuando por fin deja de esconderse.

El caleidoscopio

Hay un pasaje en el que el vídeo se vuelve abstracto. La imagen se dobla y se multiplica como en un caleidoscopio: las alas blancas se reflejan unas en otras formando un dibujo simétrico, y en los bordes aparecen, repetidas, varias figuras con alas negras inclinadas hacia el centro. Es un momento de mareo bonito, de esos que pasan en los sueños cuando todo se mezcla.

Me gusta que el clip se permita ese desorden. No todo tiene que ser narrativo. A veces volar es simplemente perder la referencia de arriba y abajo y dejar que el mundo gire alrededor.

La silueta contra el sol

Hacia el segundo 205 aparece uno de los planos más sencillos y más bonitos del vídeo. Desde abajo, entre dos tejados oscuros que se recortan a los lados como paredes de un pasillo, se ve el cielo nublado. Arriba, un sol muy blanco, o una luna muy llena, y delante, una sola figura con alas negras abiertas, suspendida en el aire, de espaldas a la luz.

Fotograma del videoclip de «Fly Away»: una figura pequeña con alas negras abiertas suspendida en el cielo nublado, de espaldas a un sol blanco, entre dos tejados oscuros

Es el único momento del vídeo en que alguien vuela completamente solo. Y no transmite tristeza. Transmite calma. Es como si después de toda la fiesta, del corazón y de los abrazos, el vídeo quisiera recordar que también hay que saber estar a solas en el cielo. Que volar acompañado es maravilloso, pero que primero uno tiene que aprender a sostenerse con sus propias alas.

La columna de luz

El tramo final gira alrededor de una columna vertical de luz dorada que baja del cielo y parte la pantalla en dos. Alrededor flotan parejas con alas blancas que se acercan desde ambos lados, se tocan las manos y se abrazan justo en el centro, dentro de la luz. Caen chispas como si fuera nieve de oro.

En otro plano, dos hombres con alas rosas y azules se encuentran en esa misma columna, uno cayendo y el otro subiendo. Y en el último de todos, una pareja se abraza en el centro mientras a su alrededor, a distintas alturas, flotan otros hombres con alas negras y blancas, mirándolos. La lluvia de luz lo llena todo.

Esa columna funciona como un altar, pero sin ninguna religión concreta. Es un punto de encuentro. Todos los que vuelan acaban yendo hacia ella, y cuando llegan, se abrazan. Es la forma que tiene el vídeo de decir hacia dónde va todo este vuelo: no hacia arriba sin más, sino hacia alguien.

Los besos del final

En los últimos segundos hay besos. Dos hombres barbudos con alas se besan en primer plano, sobre el cielo nocturno; otra pareja de alas rosas y negras se besa sobre los tejados de la ciudad, con las luces de las ventanas debajo. Son besos tranquilos, sin prisa, de gente que ya no tiene que mirar si alguien les ve.

Pensando en el conjunto, me doy cuenta de que el vídeo cuenta una historia muy clara aunque no tenga diálogos: empieza con hombres que corren por las azoteas para escapar, sigue con una tormenta, pasa por la fiesta del corazón de neón y termina con parejas que se besan en el cielo. Es el camino que va del miedo al encuentro.

Plumas que caen

Hay un detalle pequeño que recorre todo el vídeo y que se descubre al verlo por segunda vez: las plumas sueltas. Cada vez que alguien bate las alas con fuerza, se desprenden unas cuantas y caen despacio hacia la ciudad, girando en el aire. Son negras cuando vienen de la tormenta, rosas cuando vienen de la fiesta, blancas junto a la columna de luz.

Ilustración sin personas de los tejados de una ciudad dormida de noche, con un corazón de neón rosa en el cielo, una columna de luz dorada y plumas negras, rosas y blancas cayendo sobre las chimeneas

Nadie las recoge. Caen sobre los tejados, sobre las chimeneas, sobre las calles donde la gente duerme. Me gusta imaginar que a la mañana siguiente alguien abrirá la ventana y encontrará una pluma rosa en el alféizar sin saber de dónde ha salido. Es lo que hacen a veces las canciones: dejan algo en tu casa sin que sepas muy bien cómo ha llegado.

Volar es también aterrizar en alguien

Si miro el clip entero de un tirón, lo que más me llama la atención es cuánto tiempo pasan estos hombres buscándose. Al principio corren, saltan, atraviesan rayos, cada uno a su aire. Pero a partir de la mitad todo el movimiento tiene un sentido: ir hacia otro. Las parejas se acercan desde lados opuestos de la pantalla, se rozan las manos, se agarran por la cintura, se quedan quietas en el aire abrazadas. Es como si el vuelo solo tuviera sentido cuando acaba en un abrazo.

Esa idea, la de que la libertad no consiste en irse lejos sino en llegar a alguien, la he ido aprendiendo muy despacio, y en «Light It Up» o en las nubes de «Float» aparece de otras maneras. En «Fly Away» se ve con una claridad casi de dibujo infantil.

Ecos de otras canciones

Hay versos míos que parecen escritos para este cielo. En «Boys Like Us» aparece, casi como un pie de foto del corazón luminoso:

Foto real de Mike Sain't Louis con gorra junto al verso de «Boys Like Us» «We turn the night into gold»
Neon hearts

Y en la misma canción hay otra línea que resume la columna de luz dorada del final:

We turn the night into gold

En «Tattoo de Fénix», que es otra canción de renacer, hay un verso que podría ser el lema de estos hombres:

vuelo entre beats, en el club despecho

Y en «Dark corners», una canción mucho más oscura, hay una frase que funciona como contrapunto perfecto:

Ain’t no rainbow in my sky

La pongo aquí porque «Fly Away» es, en cierto modo, la respuesta a esa línea. Si en «Dark corners» el cielo no tenía arcoíris, en este clip el cielo se llena de alas de todos los colores. No es que la tormenta desaparezca; es que aprendes a volar dentro de ella.

Lo que hay debajo de las alas

Este vídeo tiene una raíz muy personal. Viví casi veinte años atrapado en dos relaciones con narcisistas. Cuando por fin se vio lo que eran, todavía les dio tiempo de convencer a mucha gente de mi entorno de que el problema era yo. Me quedé solo, con un estrés postraumático, una depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y una personalidad evitativa que hoy trabajo en consulta con una psicóloga y un psiquiatra. Hubo una época en la que no veía razones para seguir vivo.

Durante aquellos años, yo era el hombre agachado en el borde de la azotea, con las alas negras pegadas al cuerpo, esperando a que pasara la tormenta. No sabía que se podía volar. Escribir canciones, y luego imaginar sus vídeos, fue mi manera de contarme otra historia: la de que esas alas que yo creía un peso también servían para despegar. «Fly Away» es, en ese sentido, uno de mis clips más optimistas.

Si te sientes en el borde de un tejado, no te quedes ahí sin hablar con nadie. En España tienes el 024, una línea gratuita que atiende las veinticuatro horas a personas con pensamientos suicidas y también a sus familiares y amigos. Si el peligro es ya, llama al 112. Y si estás en otro país, findahelpline.com te dice adónde llamar. Que alguien te sostenga un rato en el aire no es debilidad: es justo lo que pasa en este vídeo.

Un vuelo del disco de las ganas

«Fly Away» encaja muy bien en el disco central de mi trilogía, el del deseo de llegar a un planeta propio. Si el primer disco es el descubrimiento y el tercero es la liberación, este es el del viaje imaginado. Y no hay viaje más imaginado que volar con alas.

Lo que me gusta de cómo cierra el vídeo es que el destino no es un lugar, sino un abrazo. Los hombres no aterrizan en ningún planeta concreto. Llegan unos a otros. A veces pienso que eso es Planeta Gayfolk en realidad: no un sitio en el mapa, sino el momento en que encuentras a tu gente y ya no tienes que esconderte.

Para escucharla

Puedes llevarte «Fly Away» gratis, igual que el resto de mis canciones, desde la sección de descargas, sin registro y sin pagar nada. Y si te apetece pasear por otra tienda del planeta, en gayfolkplanet.com hay más descargas y cosas gayfolk en https://gayfolkplanet.com/tienda.

Te propongo escucharla tumbado, con la luz apagada y los ojos cerrados, de esas veces en que uno deja que la música le levante un palmo del colchón.

Cuatro momentos para no perderse

Uno: el grupo de alas negras agachado en el borde de la azotea, con los rayos detrás.

Dos: el corazón de neón rosa rodeado por un círculo de alas blancas.

Tres: la silueta solitaria contra el sol, entre dos tejados.

Cuatro: el abrazo dentro de la columna de luz dorada, con la lluvia de chispas cayendo.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se publicó el videoclip de «Fly Away»? El jueves 7 de agosto de 2025, en YouTube. Dura cuatro minutos y veintitrés segundos.

¿A qué disco pertenece? A «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk.

¿Qué se ve en el clip? Hombres con alas negras, rosas y blancas que despegan desde las azoteas, vuelan entre rayos, forman un corazón de neón en el cielo y se abrazan dentro de una columna de luz dorada.

¿Qué significan las alas de distintos colores? Las negras son las que han atravesado tormentas; las rosas brillan como el neón; las blancas acompañan. En el clip conviven todas, y a veces se abrazan entre ellas.

¿Se puede descargar gratis? Sí. Toda la música se descarga gratis y sin registro desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.