Skip to content
← Song by songUn antídoto contra la soledad, una carcajada idiota y una sonrisa por compromiso: las risas de Planeta Gayfolk

By ·

Un antídoto contra la soledad, una carcajada idiota y una sonrisa por compromiso: las risas de Planeta Gayfolk

This article is only available in Spanish. Leer en español

La risa es un sonido raro. No se aprende como se aprende un idioma, no se puede fingir del todo sin que se note y casi nunca sale cuando uno la busca. Llega de golpe, a veces en el peor momento, y desarma. Por eso me sorprendió, al repasar mis letras con calma, descubrir que en ellas se ríe muy poco. Hay mucho llanto, mucha rabia, mucha pista de baile. Pero las risas se cuentan casi con los dedos de una mano.

Y, sin embargo, cuando aparecen, pesan. Ninguna está de relleno. Hay una risa que cura, una sonrisa que tapa, una carcajada que se burla, una risa que desafía y otra que falta, que brilla por su ausencia. Cada una dice algo distinto sobre quien la escucha o quien la suelta. Reunidas, forman un pequeño mapa emocional del planeta.

Lo que sigue es ese mapa. Empieza en una parada de guagua con un perrito de corazón acelerado y termina en una rutina gris donde nadie se ríe. Entre medias hay una luna con mal humor, un abismo que se carcajea, una sonrisa de compromiso y un consejo para reírse en la cara de quien hace daño.

La risa que cura

El punto de partida es «Como a mi chihuahua», una de mis letras más cortas y, creo, una de las más tiernas. Empieza como una confesión en cadena. Cinco veces se repite la fórmula «Te voy a contar», y cada vez anuncia una fragilidad distinta: el telediario evitado, la indignación ante lo injusto, la desconexión de lo que pasa ahí fuera, la incapacidad de presenciar el llanto ajeno y esa costumbre de recibir las catástrofes con retraso, «por Twitter», cuando ya han dejado de quemar.

Es el retrato de alguien con la piel muy fina, alguien a quien el mundo le hace daño con facilidad y que ha aprendido a protegerse llegando tarde a todo lo que duele. Después la letra gira hacia el otro con una pregunta directa: quiere saber si tú «también lo sientes», si al cruzaros el pecho te va «a mil por hora», con ese pulso disparado que tienen los perros más pequeños.

Y entonces llega el último renglón, anunciado como «algo más personal». Es la frase que convierte toda la canción en otra cosa: lo que neutraliza el aislamiento, dice, es «tu risa», un «antídoto contra mi soledad». Las cinco confesiones del arranque se entienden de repente. Si el mundo duele tanto, hace falta un remedio, y el remedio no es una pastilla ni una huida. Es el sonido de alguien riéndose cerca.

Por qué la risa y no otra cosa

Me gusta mucho que el antídoto sea la risa y no un beso, un abrazo o una promesa. De hecho, la letra deja claro que los besos no llegaban: la otra persona se subía al autobús sin dar ninguno, y la letra lo cuenta con una palabra muy canaria, guagua. No hay romance correspondido en la canción. Lo que hay es algo más pequeño y, a la vez, más valioso: la compañía de una risa.

Tarjeta de rimas con cuatro parejas de finales de «Como a mi chihuahua»: noticias e injusticias, real y llorar, chihuahua y guagua, personal y soledad

La risa ajena tiene esa capacidad. No exige nada, no obliga a responder, no plantea preguntas. Basta con oírla para sentir que no estás solo en la habitación. Y la palabra antídoto lo dice muy bien. Un antídoto no cura la enfermedad entera, neutraliza un veneno concreto. La soledad sigue siendo el problema de fondo, pero esa risa la desactiva mientras dura.

Además, es el final de la letra. No hay estribillo que vuelva, no hay coro. La canción termina en esa risa, como si después de nombrarla ya no hiciera falta decir nada más.

Reírse alto para no hundirse

La siguiente risa del recorrido es muy diferente. Está en «Ni un pimiento», una canción que mezcla el refranero con una rabia muy castiza. El estribillo sostiene que no vale un pimiento «llorar por el pasado», y justo después ofrece la alternativa: «Mejor ríe alto», porque «el mundo está marcado».

Aquí la risa no llega de fuera. Es una decisión. Es casi una orden que quien narra se da a sí mismo o le da a quien escucha. Frente al llanto, que mira hacia atrás, la carcajada sonora mira hacia delante. No niega lo que ha pasado. Lo pone en su sitio.

Me interesa ese adverbio. No dice ríe, sin más, dice ríe alto. Es una risa que quiere oírse, que ocupa espacio, que se impone al ruido de fondo. Es la risa de quien ha pasado por algo malo y decide no esconderse. Y en el contexto de la canción, que habla de una estafa emocional, esa risa alta funciona casi como un acto de dignidad: el que se ríe así ya no está dispuesto a seguir llorando por alguien que no lo merece.

La sonrisa que tapa

Si la risa de «Ni un pimiento» es un arma, la de «Dark Corners» es un escudo. La letra habla de alguien que se despierta tarde, sin sol, y que nota cómo sus colores se apagan «behind my smile», detrás de la sonrisa. Más adelante lo confiesa sin rodeos: sonríe «pa’ no sentir».

Esta es quizá la sonrisa más triste de todo el planeta. No expresa alegría, la sustituye. Es una máscara que se pone para que nadie note lo que pasa por dentro, para poder seguir bailando en la pista sin que nadie pregunte. La canción mezcla inglés y castellano, y ese cambio de idioma refuerza el mecanismo: la sonrisa está en inglés, el motivo de fingirla está en castellano, como si la explicación íntima solo pudiera decirse en la lengua de casa.

Cualquiera que haya pasado una depresión reconoce esta sonrisa. Es la que se lleva al trabajo, a las cenas familiares, a las fotos de grupo. Funciona tan bien que casi nadie se da cuenta. Y precisamente por eso es tan agotadora: hay que mantenerla viva todo el tiempo, como quien sostiene una puerta que pesa.

Sonreír por obligación

Muy cerca de esa sonrisa está la de «Tu mendigo», una de las letras más duras que he escrito sobre la dependencia afectiva. En una de sus estrofas aparece quien narra «sonriendo por compromiso», y en el renglón siguiente, por contraste, llorando sin que nadie lo vea.

Las dos imágenes van juntas y se explican la una a la otra. La sonrisa es pública y el llanto es privado. Delante de los demás se cumple con lo que se espera, se sonríe como quien firma un formulario. A solas, se llora. Es la descripción exacta de una vida partida en dos, en la que el gesto amable ya no tiene nada que ver con lo que se siente.

Lo que me duele de esa sonrisa es la palabra compromiso. Sugiere deuda, obligación, contrato. No se sonríe porque apetezca, sino porque se debe. Y ese deber lo impone alguien que se considera con derecho a recibir la sonrisa aunque haya provocado las lágrimas. Es una risa sin risa, un gesto vacío que se entrega como un pago.

Las risas que se burlan

No todas las risas del planeta son de quien narra. Algunas son de fuera, y no son amables. En «Ruido en mi mente» hay varias, y todas apuntan contra el protagonista. Primero, «La luna se burla», y lo hace con una «carcajada idiota». Después, la salida del laberinto también «se ríe distinto», como si se riera de los intentos fallidos de encontrarla. Más adelante, hasta el silencio juzga y se ríe sin fe.

Es una canción en la que el mundo entero parece reírse de quien sufre. La luna, la salida, el silencio. Objetos y elementos que normalmente serían neutros se vuelven burlones. Y esa es una sensación muy reconocible en los momentos de ansiedad: la impresión de que todo te mira, de que todo te juzga, de que hasta lo que no tiene ojos se está riendo de ti.

La carcajada de la luna me parece una imagen especialmente potente. La luna, que en tantas canciones de amor es cómplice, aquí es una espectadora cruel. Se ríe con una carcajada que la letra llama idiota, y ese adjetivo le quita un poco de poder: es una risa tonta, sin gracia, que no merece respeto. Llamarla así ya es empezar a defenderse.

El abismo que se carcajea

La misma idea vuelve en «El abismo en mi cabeza», una letra sobre la tristeza que no se ve desde fuera. En el estribillo, el propio abismo se ríe «de mi torpeza». No es una persona la que se burla, es el vacío interior, ese pozo que parece tener personalidad propia y un humor bastante cruel.

Me interesa que la torpeza sea el motivo de la risa. No se ríe de un fracaso grande ni de una tragedia. Se ríe de la torpeza, de lo pequeño: de no saber salir, de tropezar con las mismas cosas, de dar vueltas en un laberinto sin puertas. Es la burla más humillante porque se dirige a lo cotidiano. Quien la escucha no puede siquiera sentirse héroe de su propio drama.

Juntas, la carcajada de la luna y la risa del abismo dibujan el lado oscuro de la risa en el planeta. Una risa que no acompaña, sino que aísla. Exactamente lo contrario del antídoto de la canción del chihuahua.

Reírse en la cara

Frente a esas risas que se burlan, hay una letra que propone devolver la jugada. En «Manual de escape de un narci», una especie de lista de instrucciones para salir de una relación con alguien manipulador, uno de los consejos es tajante: si te insulta, si te ataca, «ríete en su cara». Y la letra explica enseguida el efecto: «su rabia se desata».

Aquí la risa es una herramienta táctica. No nace de la alegría ni del humor, nace de la estrategia. Quien la usa sabe que la otra persona se alimenta de la reacción, del drama, del sufrimiento visible. Reírse le quita el combustible. Es una risa que dice no me afectas, aunque por dentro afecte, y que desactiva el juego del otro.

Me gusta pensar que esta risa es la versión adulta de la sonrisa de compromiso de «Tu mendigo». Las dos son gestos que no nacen de la alegría. Pero la primera se entrega como un pago y la segunda se usa como un escudo activo. Una obedece y la otra desobedece. Entre una y otra está todo el camino de salida.

Cuando falta la risa

La última parada del recorrido es una ausencia. En «No quiero otro novio cojín» hay una estrofa que describe una vida gris en cuatro renglones muy cortos: una calle sin nombre, unos pasos sin prisa, gente sin rostro y, al final, una «Rutina sin risa». Más adelante aparecen también unas «Risas distantes», que se oyen pero no llegan.

Es la imagen más triste de todas porque no hay nada que discutir. No hay luna burlona ni sonrisa forzada. Simplemente no hay risa. La rutina lo ha absorbido todo, y lo único que queda son ecos lejanos de risas ajenas, de otras vidas, de otros pisos.

Esa estrofa me hace pensar en el antídoto de la canción del chihuahua. Si la risa es lo que neutraliza la soledad, una rutina sin risa es la soledad en estado puro. Y las risas distantes son la prueba de que el remedio existe, pero queda fuera del alcance. Para mí es la estrofa más precisa sobre lo que se siente en la depresión: no es que todo duela, es que nada hace gracia.

Una risa que no se escribe

Hay un detalle formal que me llamó la atención al hacer este repaso. En ninguna de mis letras publicadas aparece una risa escrita como sonido. No hay jajás, ni jejés, ni nada parecido. La risa siempre se nombra, nunca se transcribe. Se dice que alguien ríe, que alguien sonríe, que hay una carcajada, pero nunca se imita el ruido.

Creo que tiene que ver con el tipo de risa que me interesa. Una risa transcrita es una risa presente, que suena en ese momento. Las risas de mis canciones son casi siempre recordadas, deseadas, temidas o fingidas. Son risas que se piensan más que se oyen. La del chihuahua es la de otra persona, evocada desde la soledad. La de la luna es imaginaria. La de la rutina gris es una ausencia. Escribirlas como sonido las habría vuelto más ligeras de lo que son.

También hay algo de pudor. Poner un jajá en una letra es pedir complicidad, como el emoticono que se añade a un mensaje para que no se malinterprete. Mis canciones prefieren arriesgarse a que la risa se lea en serio.

El humor que no ríe

Paradójicamente, muchas de estas canciones tienen títulos que hacen gracia. Un pimiento que no vale nada, un novio que es un cojín, un perrito con el corazón a mil. El humor está por todas partes en el planeta, en los nombres, en las comparaciones, en el vocabulario de andar por casa. Pero los personajes casi nunca se ríen.

Esa distancia me parece interesante. El humor lo pone la canción y la risa la pone quien escucha. Los personajes están demasiado ocupados sufriendo, huyendo o fingiendo como para reírse de su propia situación. Somos nosotros, desde fuera, quienes podemos permitirnos esa carcajada. Y quizá esa sea otra forma del antídoto: escribir algo triste con palabras graciosas para que, al menos, quien lo oiga pueda reírse por los dos.

Una pequeña gramática de la risa

Si pongo todas estas risas en fila, aparecen algunas regularidades que no había buscado al escribirlas. La primera es que se ríe mucho más de lo que se sonríe, pero se sonríe en los momentos más tristes. Las dos sonrisas del recorrido, la de «Dark Corners» y la de «Tu mendigo», son falsas. Las risas, en cambio, son siempre verdaderas, aunque no siempre amables.

Tarjeta oscura con seis risas y sonrisas de las letras de Planeta Gayfolk y la canción de cada una: Como a mi chihuahua, Ni un pimiento, Dark Corners, Tu mendigo, Ruido en mi mente y No quiero otro novio cojín

La segunda es que importa mucho quién ríe. Cuando ríe el otro, como en la canción del chihuahua, la risa es un regalo. Cuando ríe el mundo, la luna, el silencio o el abismo, es una amenaza. Y cuando ríe quien narra, en «Ni un pimiento» o en el manual de escape, es una decisión, una manera de recuperar el control.

La tercera es que la risa nunca está sola. Casi siempre aparece al lado del llanto. En «Ni un pimiento» se ríe en vez de llorar. En «Tu mendigo» se sonríe en público y se llora en privado. En «Dark Corners» se sonríe para no sentir. Mis letras no conciben la risa como lo contrario de la tristeza, sino como su vecina de rellano.

El clip del chihuahua

Las imágenes de «Como a mi chihuahua» se publicaron el 21 de mayo de 2025, a las 10:15 hora peninsular española, y duran 4:27. La canción forma parte de mi segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK». Todas las figuras son inventadas para el tema, y los momentos los doy a ojo.

Mosaico de cuatro recortes sin caras del videoclip de «Como a mi chihuahua»: el hocico de un perrito en primer plano, dos chihuahuas paseando por una calle encalada, el mar ante acantilados de arena negra y una guagua verde envuelta en llamas

El clip juega con el contraste entre lo pequeño y lo enorme. Por un lado están los chihuahuas, que pasean en grupo por una calle encalada llena de buganvillas, por el césped de un jardín palaciego o por una playa de arena negra, y que en algunos planos aparecen acurrucados en una cesta o en primer plano con los ojos muy abiertos. Por otro, un volcán en erupción, una guagua verde envuelta en llamas y una isla atravesada por ríos de lava, vistos además a través de un televisor en varias casas. Es la traducción visual de la letra: las grandes desgracias del mundo llegan por pantalla, de lejos, mientras lo cercano, lo diminuto, lo que tiembla, es lo que de verdad sostiene. Sobre el volcán y la isla ya se ha escrito en otros sitios del planeta. Aquí me quedo con los perros.

Lo que me devolvió la risa

Los personajes de estas canciones son inventados, pero la ausencia de risa la viví de cerca durante años. A lo largo de unas dos décadas encadené dos relaciones con parejas que tenían rasgos narcisistas, y en ellas fui perdiendo poco a poco la capacidad de reírme sin miedo. Al salir de cada una, parte de quienes me rodeaban dio por buena la versión del otro, y me quedé sin algunas amistades.

En consulta me fueron poniendo nombre a lo que tenía: fobia social, ansiedad, estrés postraumático, trastorno de la personalidad por evitación y depresión mayor grave. Hubo un momento en que pensé seriamente en suicidarme. Ahora estoy bien, mucho mejor que entonces, sigo yendo a mi psiquiatra y a terapia, y las canciones me han ayudado a recuperar algo de esa risa que creía perdida.

Si al leer esto te reconoces en una rutina sin risa, o te asaltan ideas de quitarte la vida, por favor, habla con alguien. En España tienes el 024, un teléfono gratuito y confidencial de atención a la conducta suicida que responde a cualquier hora y que también puede orientar a quien llama por un amigo o un familiar. Si la situación es de vida o muerte, llama al 112.

Dónde escucharlas

La ficha de «Como a mi chihuahua» reúne los versos tal como se publicaron, un reproductor y el clip; sobre la parada de la guagua y el tamaño de lo que duele escribí también en Del telediario a la parada de la guagua. Soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA).

Foto real de Mike Sain't Louis con camiseta de tirantes en un marco negro sobre fondo crema, junto a su nombre y el texto letrista, compositor y productor musical

Todas las canciones de este recorrido se pueden bajar gratis, sin crear cuenta y sin pagar nada, en la sección de descargas de esta web, y también se encuentran en la tienda de Planeta Gayfolk. Un experimento para escucharlas: pon seguidas «Ruido en mi mente» y «Como a mi chihuahua», y compara la risa que asusta con la risa que salva.

Otros recorridos por el planeta

Las risas tienen su contrario en las lágrimas de Planeta Gayfolk, donde se llora sin testigos, bajo una farola o delante de una musa que no contesta. Y el pulso disparado del chihuahua, ese que no baja nunca, tiene parientes en otras letras donde el corazón se acelera por alguien que no lo merece.

Preguntas frecuentes

¿Qué papel tiene la risa en «Como a mi chihuahua»? Es el remedio final. Después de enumerar todo lo que le duele del mundo, quien narra confiesa que la risa de la otra persona es lo único que neutraliza su soledad.

¿Por qué hay tan pocas risas en las letras de Mike Sain't Louis? Porque muchas de sus canciones nacen de etapas de tristeza. Cuando aparece una risa, por eso mismo, tiene mucho peso y nunca es decorativa.

¿Qué diferencia hay entre las sonrisas y las risas del planeta? Las sonrisas suelen ser forzadas, para tapar la tristeza o cumplir con otros. Las risas son sinceras, aunque a veces sean crueles, como la carcajada de la luna en «Ruido en mi mente».

¿Qué significa reírse en la cara en «Manual de escape de un narci»? Es una estrategia para no alimentar el drama de quien manipula: si no hay sufrimiento visible, su juego pierde fuerza.

¿Dónde puedo descargar estas canciones? Gratis y sin registro en /descargas, y también en https://gayfolkplanet.com/tienda.